Disco del mes (marzo)

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Hoy vamos a descubrir un tesoro escondido. El pasado día 25 salió un disco perdido de Johnny Cash, Out among the stars.
A principios de los 80, el legendario compositor grabó estos temas. Su hijo, John Carter Cash, descubrió el material en el estudio de su padre en Nashville, y ahora ha decidido compilarlo en forma de álbum. En sus palabras, “este disco ha sido como encontrar un van Gogh en el armario”.
Out among the stars contiene duetos con otras estrellas del country como Waylon Jennings o su esposa June Carter. “El hombre de negro”, como se conocía a Cash, atravesaba sus horas más bajas en el terreno personal, y encima su éxito se había resentido en los últimos tiempos. Quizá por ello la discográfica de Cash, Columbia Records, no se atrevió a publicarlo.
Consta de 12 temas, poco más de media hora en total, que van desde la temática sombría de She used to love me a lot a otra más humorística, patente en If I told you who it was. Otros se quedan a medio camino, como I drove her out of my mind.
Más de una década después de su muerte, el sello Legacy Records se ha apuntado un tanto con esta recuperación.
Os dejo con el único single que ha salido hasta la fecha, She used to love me a lot, en el que se aprecia el sello personal de Johnny Cash.

Y ahora escuchad el tema que da título al disco, Out among the stars. Country puro.

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The lost highway. Leon Payne, 1948

El “baladista ciego”, como era conocido Leon Payne, fue el autor de una de las melodías más populares del mundo de los vagabundos, tan en boga en los años difíciles de la Gran Depresión.
Payne nació ciego de un ojo, perdió la visión del otro durante su infancia, y estudió en una de las escuelas para invidentes que proliferaban en el sur de Estados Unidos, la Texas School for the Blind.
Aunque él fue el primero que grabó este tema, Hank Williams lo hizo célebre al año siguiente, y su versión tuvo tanto éxito, que aún hay gente que le atribuye la autoría.
La historia de esta composición es curiosa. Payne, a la sazón de 31 años, estaba haciendo autostop entre California y su localidad natal de Texas para visitar a su madre. Nadie le prestaba ayuda y, desesperado, escribió esta melodía, hasta que el Ejército de Salvación acudió en su rescate y pudo llegar a su destino.
La influencia de The lost highway en el devenir de la música ha sido enorme, y, a modo de ejemplo, una de las mejores canciones del siglo XX, Like a rolling stone, de Bob Dylan, debe su título al primer verso de este clásico de Payne.
La letra habla de un vagabundo perdido, que ha pagado con creces por su vida disoluta. Ahora solo posee una baraja de cartas, una jarra de vino y las mentiras de una mujer. El narrador se identifica con el oyente (“solo tenía 22 años; no era ni bueno ni malo, sólo un chico como tú”), y al final aconseja: “No empecéis a vagar por la carretera equivocada o la angustia será vuestro único destino y maldeciréis el día en que os empezasteis a deslizar por la carretera perdida”. Un tema perfecto para todo aquel que se sienta perdido en la vida. Os dejo con él.

Bob Wills, el rey de la música western swing

Bob Wills
James Robert Wills, Bob Wills, nació en 1905 en el estado de Texas. Su padre era bueno con el violín y ganó varios concursos del estado con este instrumento. No es de extrañar que su hijo llegara a ser un virtuoso del mismo, aunque también aprendió a tocar la mandolina –de origen italiano pero muy popular en la música hillbilly de principios de siglo–. Otra hermana tocaba el piano y, en general, todos los Wills hicieron sus pinitos en la música, aunque fuera amenizando las fiestas campestres en el ámbito propio de una familia de granjeros, que vivía de la recogida de algodón.
Fue en ese contexto donde el joven Robert trabó relación con la música negra, lo que enriqueció su carrera. Y esta comenzó, digamos, a los 16 años, cuando Bob dejó a su familia y se largó en un mercancías a probar fortuna (en cierta ocasión, casi perdió la vida al bajarse de un tren en marcha).
Se casó en los felices veinte, y alternó su residencia entre Nuevo México y su Texas natal. Allí, pintado de negro, como dictaba la moda, actuó en espectáculos callejeros anunciando productos medicinales. Admiraba a la cantante Bessie Smith, por la que “cabalgó 50 millas para oírla actuar”, y en noviembre de 1929 se inició en el mundo de las grabaciones, si bien estas no fueron editadas hasta unos años más tarde.
En los años 30, creó el grupo The Light Crust Doughboys, que no tardó en despuntar, y se asoció con Tommy Duncan en 1932. Dos años más tarde se trasladó a Tulsa, Oklahoma, donde emprendió con su socio un programa musical en la radio. De este período destaca su canción más memorable, San Antonio Rose, a la que ya le dedicamos un espacio. Los años de la Segunda Guerra Mundial fueron muy fructíferos para Wills, que probó fortuna con el cine. Su película más famosa fue Take me back to Oklahoma (1940).
En 1944 debutó en el Grand Ole Opry y se trasladó a California, donde abrió su propio club nocturno en Sacramento. Su popularidad iba viento en popa. Su banda, rebautizada como The Texas Playboys, tocaba cada semana para nada menos que 10.000 personas en distintos bailes del oeste.
Miembro del Salón de la Fama de la Música Country desde 1968, tras unos años de mala salud, consecuencia de un infarto, Bob Wills falleció en 1975 de una neumonía.
En febrero de este año, la Sociedad Histórica de Oklahoma anunció su proyecto de realizar un documental sobre su vida y obra, que llevará por título: Todavía el rey: Bob Wills, el hombre y la música.
Escuchemos ahora su canción Take me back to Tulsa, de 1940. Fijaos en la referencia racial, modificada luego para adaptarla a lo políticamente correcto. Os cuento. En una estrofa, la letra dice: “Los negritos recogen el algodón, los blancos se llevan el dinero”, que más tarde se cambió por estos versos: “El hombre pequeño recoge el algodón, el gran hombre se lleva el dinero”.

La música nos lleva a todos sitios

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Lo dijo Robbie Robertson, el guitarrista del grupo de rock The Band. Su concierto de despedida, The Last Waltz, tuvo lugar en 1976, y Martin Scorsese lo filmó, añadiendo entrevistas con los miembros del grupo para una película que se estrenó en 1978, y que es, os lo aseguro, una obra maestra.
En dicho concierto actuaron artistas de la talla de Muddy Waters, Neil Diamond, Eric Clapton, Joni Mitchell o la estrella del country Emmylou Harris. Esta última intervino en una de las mejores canciones del grupo, Evangeline, que, según confesó más tarde el gran Levon Helm, otro de los miembros de The Band, fue escrita por Robertson la noche inmediatamente anterior al concierto.
Evangeline es ya un clásico sureño, que capta a la perfección el sonido de Luisiana. La acción nos sitúa en las orillas del río Mississippi, donde una chica, la que da nombre a la canción, espera la llegada de su amado, un tahúr que vive de jugar en los barcos que cruzan dicho río.
Os sugiero que prestéis especial atención a la música de violín o fiddle con que empieza el tema, que, sin duda, gana mucho con la actuación virginal de Emmylou.
Quitémonos los sombreros, y mandemos un cariñoso recuerdo a los únicos supervivientes de esta mítica banda, Garth Hudson y el citado Robbie Robertson.

Blame it all on my roots: Five decades of influences

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Como aperitivo al gran año que se le presenta a Garth Brooks, el 28 de noviembre de 2013 el tercer artista que más discos ha vendido en Estados Unidos –tras Elvis Presley y los Beatles– sacó este recopilatorio, que se aupó al número 1 durante todas las fiestas navideñas.
Consta de seis CDs con 77 canciones. Los 4 primeros están dedicados a versiones de clásicos (country, rock, soul) interpretadas por el propio Brooks, mientras que los dos últimos son una reedición de sus Ultimate Hits. El disco, producido por Steve Buckingham, Mark Miller y Allen Reynolds, ha vendido hasta ahora más de 800.000 unidades en Estados Unidos.
Su nombre, Blame it all on my roots (“Échale la culpa a mis raíces”), está sacado del primer verso de su canción Friends in Low Places, grabado por primera vez en 1989 y recuperado para la ocasión.
Vamos a escuchar aquí otro de sus grandes éxitos, If tomorrow never comes, que fue el primer número 1 de Garth en 1988. En esta canción de amor, el autor se pregunta qué pasaría con su amada si muriera esa noche, si su amor sería suficiente para que ella pudiera seguir adelante. Este tema, y toda su discografía, nos hacen darnos cuenta del inmenso artista que tenemos frente a nosotros: contamos ya los minutos para su anunciada vuelta.

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I saw the light. Hank Williams, 1948

En esta canción el country se funde a la perfección con el gospel y su creador, cuyo primer éxito fue Move it on over un año antes, con este nuevo tema auguraba una carrera fulgurante (truncada con su muerte 5 años más tarde). Aunque en el momento de su creación, I saw the light no se convirtió en un éxito inmediato, con el tiempo se la ha llegado a considerar la canción emblemática de Hank Williams. Él mismo solía cerrar todas sus actuaciones con este tema en cuya letra incluyó sus creencias cristianas. Curiosamente su última actuación en la vida (su propio funeral) vio la sentida interpretación de esta canción por parte de Roy Acuff. Su funeral se convirtió en el mayor evento en asistencia que tuvo lugar en Montgomery, Alabama (su estado natal) de la historia incluso superando al discurso inaugural del presidente de la Confederación Jefferson Davies durante la Guerra de Secesión. El compositor sufría de espina bífida lo que le provocaba agudos dolores de espalda y, eventualmente, le llevaron a la bebida y al consumo de drogas para intentar aliviar el dolor. Es quizá por ello que la canción adquiere un significado más especial si cabe puesto que la canción tiene un mensaje esperanzador lo cual no concordaba con la situación personal que estaba viviendo: problemas de salud, problemas conyugales, problemas de alcoholismo… Esta canción ha sido versionada por muchos artistas de la música country como el mencionado Roy Acuff, Merle Haggard, Willie Nelson o incluso su hijo Hank Williams Jr.
En la letra de la canción hay diferentes alusiones a la Biblia, en concreto al evangelio según San Mateo (estrecha es la puerta y ancho el camino), el libro de los Tesalonicenses o el Apocalipsis de San Juan (no habrá más noche, el Señor da luz).
Perdurable siempre será el verso que abre la canción: “Vagaba sin propósito, la vida llena de pecado, no quería dejar entrar a mi querido Salvador”. Pero al final “Vio la luz”. En resumen, un gran compositor y un gran poeta como tendremos ocasión de ver con otros clásicos suyos que también aparecerán aquí.

Jimmie Rodgers, el padre de la música country

Jimmie Rodgers
Jimmie Rodgers nació en 1897, no se sabe si en Mississippi o Alabama. Huérfano de madre a los seis o siete años, vivió con unos parientes en el sureste de Mississippi.
Posteriormente, regresó a su hogar para vivir con su padre, un empleado de ferrocarril, que, en el ínterin, se había casado por segunda vez.
Su primer trabajo fue como ayudante de su padre en el ferrocarril, donde se supone que entró en contacto con los cantos afroamericanos de sus compañeros y se despertó su interés musical. A los 27 años, contrajo tuberculosis, una enfermedad que terminó por alejarlo de las condiciones insalubres de su trabajo y lo encaminó a la música.
En abril de 1927 hizo su primera aparición radiofónica, y en agosto del mismo año realizó las célebres grabaciones de Bristol, de las que ya os he hablado, por las que ingresó 100 dólares.
Tras este modesto éxito, se dirigió a Nueva York, donde fue contratado por la Victor Talking Machine. En 1929 rodó un cortometraje, The Singing Brakeman, donde cantó alguna de sus composiciones. Finalmente la enfermedad que padecía lo derrotó a los 35 años en medio de una sesión de grabación en Nueva York. Ya en los días previos se encontraba tan debilitado que tenía que descansar en una cama entre grabación y grabación. La película Aventurero de medianoche, de Clint Eastwood, está vagamente inspirada en su vida, y su figura influyó decisivamente a grandes estrellas del blues como Howlin’ Wolf, Muddy Waters o Big Bill Broonzy, lo que le ha valido para que en 2013 fuera nombrado miembro a título póstumo del Salón de la Fama de la Música Blues.
Escuchemos una de sus canciones más conocidas, Blue Yodel No. 1, también conocida como T for Texas. Las Blue Yodels fueron una serie de 13 canciones que grabó Rodgers entre 1927 y 1933.

Ghost riders in the sky. Stan Jones, 1948

La música country también puede ser muy onírica y tratar temas relacionados con la mitología, como nos demuestra este clásico de 1948. Su compositor, Stanley Davis Jones, es la personificación del cowboy: creció en un rancho en Arizona, cuando perdió a su padre compitió en rodeos para ganar dinero, trabajó como ranger y, como colofón, fue un gran amigo del director John Ford (compuso la música de algunas de sus películas e interpretó pequeños papeles en westerns). Este bagaje sin duda influyó a la hora de escribir este tema paradigmático del country. La primera grabación se la debemos al actor Burl Ives, en un disco de Columbia Records de febrero de 1949. Este tema tan evocador adquirió una popularidad inmediata y distintos autores la incorporaron a su repertorio: Bing Crosby, Peggy Lee, Frankie Laine, Elvis Presley o incluso el cantante español Raphael, en una versión no muy conocida cuya letra cambió levemente.
Pero, sin lugar a dudas, la grabación más famosa (y por la que nuestros lectores la recordarán) es la de Johnny Cash de 1979, que llegó al número 1 de las listas. La melodía recuerda lejanamente a la canción popular de la Guerra de Secesión When Johnny comes marching home, y, como otros clásicos, ha trascendido las fronteras de la música, ya que su estribillo lo cantan los seguidores del equipo de fútbol británico Aston Villa antes de sus encuentros, y ha inspirado el título de la película de superhéroes Ghost Rider (2007). Su influencia ha sido, en definitiva, enorme, y The Doors reconoció que fue determinante para su mítico Riders on the Storm.
La letra recuerda a una historia mitológica escandinava, La caza salvaje. El narrador tiene la visión de un rebaño de vacas que corren en el cielo perseguidos por unos jinetes fantasmas. Estos jinetes, condenados a perseguir eternamente al rebaño sin atraparlo jamás, al estilo del mito de Sísifo, dan un consejo al narrador: que cambie su manera de ser o, en caso contrario, también estará destinado a perseguir eternamente al rebaño demoníaco en el cielo.