Coat of Many Colors. Dolly Parton, 1971

CoatofManyColors
La carrera de Dolly Parton dio un salto cuántico con la publicación de su octavo disco de estudio, Coat of Many Colors, titulado como la mejor canción de la artista, según ella misma ha declarado. El disco fue publicado por el sello RCA Nashville y producido por Bob Ferguson.
Escuchemos Travelin’ Man, que volvería a grabar para su disco Bubbling’ Over (1973). Esta es la versión original. Como los grandes clásicos del country, cuenta una historia muy peculiar: un viajante llega a una localidad y se enamora de la hija de una de sus habitantes. La madre no aprueba esta relación, y no por razones morales –la hija es mucho menor que su pretendiente–, sino porque también ella se ha enamorado del tipo, y al final se fuga con él.

El disco conoció dos singles, el tema que da título al disco, Coat of Many Colors (ya escuchado aquí), y este My blue tears, en el que la compositora ruega a un pájaro cantarín y malasombra que abandone su ventana, porque el único que la ha amado se ha ido y no está de humor para escuchar más canciones tristes.

Años más tarde, Parton, junto con Linda Ronstadt y Emmylou Harris, versionaron de nuevo esta canción, que vio la luz en el álbum Get Closer (1982), de Ronstadt. Os dejo con ella.

Otro tema del disco reinterpretado en otro de sus discos –concretamente en Jolene (1974)– es Early morning breeze, un canto a la naturaleza que nos describe el esplendor de una mañana acariciada por la brisa matinal.

En 2007 se reeditó el álbum en formato CD con cuatro temas adicionales. Por ejemplo, este Just as good as gone.

El single más vendido de los años 30

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Hace poco más de un mes os hablaba de los “cowboys cantantes” –entrada del 12 de febrero–, que causaron sensación en el cine de los años 30 y repercutieron muy notablemente en la evolución de la música country.
El más importante de todos ellos fue Gene Autry, autor, junto con Jimmy Long, de la canción que vamos a escuchar hoy. That Silver-Haired Daddy of Mine (“Ese padre mío de cabellos rubios”) ostenta el honor de ser el primer single que vendió nada menos que cinco millones de copias, por lo que se suele considerar el primer disco de oro de la historia.
En un principio, el disco de oro lo entregaba la propia compañía a aquellos discos que habían vendido al menos un millón de unidades. La RCA le dio el primero de ellos a la grabación de Glenn Miller Chattanooga Choo Choo (1942), pero la canción que vamos a escuchar hoy se adelantó unos cuantos años a esa hazaña, si bien no sería reconocida con un disco de oro “físico”.
En la actualidad, y desde que las certificaciones las otorga la RIAARecording Industry Association of America–, la exigencia es algo más “laxa”: 500.000 discos para el de oro y un millón para el de platino.
Escuchemos la grabación original de 1931, editada por Vocallion. La letra está dedicada al anciano padre del narrador. Este se lamenta de todas las penas que ha causado a su progenitor –más teniendo en cuenta que la madre murió y este tuvo que hacerse cargo de la familia– y concluye diciendo que si Dios le concediera el poder de volver atrás las páginas del tiempo, daría todo lo que posee con tal de expiar su culpa.

Su verdadero éxito advino a raíz de su inclusión en las películas que protagonizó Autry, Tumbling Tumbleweeds y The phantom Empire, ambas de 1935. Veamos una secuencia de la primera de ellas.

He aquí la versión de Jim Reeves.

Johnny Cash la incluyó en su disco The Last Gunfighter Ballad (1977).

Uno de los mejores dúos del country es el que formaron Phil y Don, los Everly Brothers, que la grabaron en Songs our Daddy Taught Us (1958).

La versión de Marty Robbins aparece en el recopilatorio Under the Western Skies, con 4 CDs.

En 2007 tres leyendas vivas del country, Willie Nelson, Merle Haggard y Ray Price (este último ya fallecido) se reunieron en el disco The last of the breed, y nos regalaron esta otra versión.

Sobre héroes y tumbas (y VII)

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La canción que vamos a escuchar, Some Gave All, fue editada en 1992 por Mercury Records. Su autor, Billy Ray Cyrus, la incluyó en su disco de debut homónimo. La letra homenajea a todos aquellos que murieron como héroes en la guerra: “Todos dieron algo pero algunos lo dieron todo”, dice.

Vietnam Blues, escrita por Kris Kristofferson, está narrada por un recluta. Antes de partir a la guerra, cuando aún se halla en Washington, ve a un grupo de manifestantes opuestos a la guerra. Uno de ellos sostiene un cartel diciendo que no lucharán, y el soldado cree que ese es un gesto de cobardía, pues, aunque entiende que ellos no quieran morir, otros lo están haciendo en su lugar. Escuchemos la versión de Dave Dudley.

Y terminamos esta serie de entradas como la empezamos, con una canción de George Jones. En Wild Irish Rose, Jones se centra en los efectos de la guerra sobre un veterano de Vietnam que no logra adaptarse a la vida en el hogar. Termina alcoholizado en las calles y, finalmente, lo encuentran con una botella de whisky de la marca Wild Irish Rose.

In Memoriam

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El pasado 9 de marzo nos dejaba Wayne Kemp. Quizá no sea tan conocido como otras figuras del country: al fin y al cabo, los compositores normalmente quedan relegados a un segundo plano porque “no aparecen en la portada del disco”, si bien en ocasiones interpretó sus propios temas, aunque ninguno de sus singles llegó al Top 10.
Kemp nació en Arkansas en 1941, en el seno de una familia numerosa, y pasó su infancia en Oklahoma. Su prometedora carrera estuvo a punto de truncarse por un accidente automovilístico en 1967, en el que murieron varios miembros de su banda. Los médicos se mostraron pesimistas sobre sus posibilidades de volver a tocar la guitarra, pero su fuerza de voluntad se impuso a los diagnósticos y resurgió de entre las cenizas.
Sus trabajos más conocidos fueron éxitos para otros cantantes: Love Bug, lanzada al estrellato por George Jones; The Fireman, un éxito arrollador para George Strait; y One piece at a time, que Johnny Cash grabó en 1976.
Esta es la grabación de la primera de las tres, por el citado Jones y con Kemp a la guitarra.

Escuchemos ahora The fireman en la versión de George Strait. El protagonista se muestra orgulloso de su profesión de bombero, que le da opción de intimar con las mujeres: “cuando están calientes, me dan una llamada porque puedo refrescar lo que está hirviendo”.

Os dejo ahora con One piece at a time, popularizada por Johnny Cash. La letra nos presenta con mucha gracia a un trabajador de una cadena de montaje de automóviles, que pretende agenciarse un coche gratis de “al menos 100.000 dólares”. Cada día roba una pieza de un coche sin que nadie se dé cuenta y al cabo de los años, cuando se jubila, puede al fin culminar su tarea, y todo el mundo se extraña del curioso aspecto de su coche nuevo.

Para terminar, escuchemos en su faceta de cantante su mayor éxito, Honky Tonk Wine, que llegó al número 17 de las listas. Pertenece al disco Kentucky Sunshine, editado por MCA. En esta ocasión, el autor fue Mack Vickery.

Norte y Sur (X)

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En esta exploración musical sobre la guerra de Secesión, hoy me voy a centrar en la caballería, que desempeñó un papel preeminente en el conflicto. Puede que no fuera el cuerpo más numeroso, pero sí es el que nos brinda la imagen más evocadora de aquella época: soldados a caballo, armados de sables, carabinas o pistolas, que a menudo echaban pie a tierra y se desempeñaban como infantería. Entre las batallas más memorables en que combatieron, podríamos citar la de Gettysburgh (Pennsylvania) o la de Chancellorsville (Virginia), ambas en 1863.
Una pieza universalmente conocida es el “himno” utilizado por el Séptimo de Caballería, de origen irlandés -aprovechando que hoy es el día de San Patricio, fiesta nacional de Irlanda. Al principio se llamó Garryowen, nombre de una pequeña localidad irlandesa cerca de Limerick, y surgió no como una canción militar, sino como una tonada popular para acompañar uno de los pasatiempos favoritos de los irlandeses: beber.
Su ritmo perfecto hizo que el ejército se la apropiara. Hay noticias de que los británicos la entonaron ya en el siglo XVIII. Luego, los emigrantes irlandeses la introdujeron en Estados Unidos y los americanos la hicieron suya.
¿Quién no la ha oído alguna vez en el cine? Una de las películas en que “suena” es Murieron con las botas puestas (Raoul Walsh, 1942), que narra la vida del teniente Custer (Errol Flynn), y en Centauros del desierto, y en Fort Apache, y en Pequeño Gran Hombre, y en Gangs of New York, y en muchas otras.
Escuchemos primero la versión de la melodía con la letra original, que, naturalmente, invita a beber: “En vez de agua beberemos cerveza y pagaremos por ella al punto, ningún hombre irá a la cárcel por deudas. Desde Garryowen hasta la gloria”.

Ahora la versión meramente instrumental, inmortalizada por la historia americana en episodios como la batalla de Little Big Horn (1876) contra los indios –o nativos americanos, por utilizar el término políticamente correcto.

Veamos seguidamente la escena de Murieron con las botas puestas con la letra adaptada por los americanos. Los soldados se enorgullecen de pertenecer al Regimiento del Séptimo de Caballería.

Y, finalmente, una canción de corte alegre, Join the Cavalry (Jine the Cavalry en la grafía antigua), que cantaban las tropas Confederadas y se convirtió, de hecho, en el himno no oficial de su caballería. La letra hace referencia a varios personajes históricos: el general McClellan, que organizó el ejército que luchó en Potomac, y Joe Hooker, un oficial del ejército de la Unión que sufrió una estrepitosa derrota en Chancellorsville. Escuchemos su versión canónica, interpretada por el Second South Carolina String Band.

Mamas, don’t let your babies grow up to be cowboys. Ed Bruce y Patsy Bruce, 1975

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Hoy os traigo una de las canciones más representativas del outlaw country, una corriente que en los años setenta del pasado siglo se opuso al sonido Nashville, demasiado suave y “acaramelado” para su gusto.
La canción fue escrita por Ed Bruce y su mujer Patsy, y el primero la grabó para United Artists en 1975, en un single producido por Larry Butler. Tal como revela el título, el narrador aconseja a las madres que no dejen que sus hijos se conviertan en cowboys de mayores, porque “los cowboys no son fáciles de amar ni de retener, nunca se quedan en casa y siempre están solos”. Mejor que sean “doctores, abogados y todo eso”.
Escuchemos la versión del autor, Ed Bruce, en 1975.

Pocos años después, en 1978, Waylon Jennings y Willie Nelson, dos de las grandes figuras del outlaw country, hicieron suya la canción en su disco Waylon and Willie. Fue grabarla y catapultarla al número 1 de las listas, todo en uno.

Ahora es el turno de Willie Nelson en solitario.

Esta grabación corresponde a un concierto en directo que en 1990 ofrecieron The Highwaymen, un grupo compuesto por Waylon Jennings, Johnny Cash, Willie Nelson y Kris Kristofferson, en Long Island (Nueva York).

Dave Gibson y Bill Miller, de Gibson/Miller Band, también incluyeron el tema en su repertorio, y lo grabaron para su disco Red, White and Blue Collar (1994), que ese mismo año enriquecería la banda sonora de la película Vaqueros de Nueva York.

Sin fecha de caducidad

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La música country es todavía la música de tu abuelo pero también es la música de tu hija. Se hace mejor y mayor cada día y estoy orgullosa de formar parte de ella.

Country music is still your grandpa’s music, but it’s also your daughter’s music. It’s getting bigger and better all the time and I’m glad to be a part of it.

Shania Twain

Sobre héroes y tumbas (VI)

vietnam Marty Robbins, especialista en canciones western, dedicó a la guerra de Vietnam otra de sus típicas baladas sobre el héroe americano arquetípico, no importa si este es un sheriff o, como en este caso, un soldado, que se enfrenta sin temor al enemigo. En Private Wilson White, Robbins cuenta la historia de un héroe que se ofrece voluntario para salvar la vida de 19 de sus camaradas. Aunque las balas enemigas lo derriban, consigue su propósito, y casi muerto “de libertad” lanza la granada de mano que hace que “América se sienta orgullosa”. La leyenda del country Johnny Cash fue una voz muy crítica con la guerra. En Singing in Vietnam Talkin’ Blues, describe el viaje que hizo al terreno con su mujer, June, para infundir moral a las tropas, y termina expresando el deseo de que la próxima vez que vaya no haya ya soldados americanos para los que cantar y que haya paz. La ciudad más importante de Vietnam del Sur, Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh, fue conquistada en 1975, poniendo así fin a la guerra. Still in Saigon se desarrolla precisamente en esta ciudad. Fue escrita por Dan Daley, y el grupo Charlie Daniels Band la hizo famosa. En la letra, un chico de San Francisco es reclutado y marcha a Vietnam. Aunque podía haberse ido a Canadá o continuar en el colegio, no quería romper las reglas. Todo su mundo, ahora, es Saigón.

The Silver Tongued Devil and I. Kris Kristofferson, 1971

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Escuchemos hoy algunos temas del segundo álbum de Kris Kristopherson. Cuando salió este disco, el compositor ya había conseguido sus éxitos más sonados –Me and Bobby McGee, Sunday Morning Coming Down, For the Good Times o Help me make it through the night–, y había mucha expectación por conocer su segundo trabajo. A mi juicio, no decepcionó, y se ganó con creces su reputación como uno de los mejores compositores de su tiempo. Publicado por Monument Records en 1971, fue reeditado por primera vez en CD en 1988.
En primer lugar, os dejo con el tema que da título al disco, The Silver Tongued Devil and I. El narrador está en un bar intentando iniciar una conversación con una muchacha, cuando aparece un diablo con mucha labia, que esconde sus intenciones bajo una sonrisa de santo y se la quita. Hay quien asegura que ese diablo es su doble o incluso él mismo.

Good Christian Soldier fue escrita por Bobby Bare y Billy Joe Shaver. Habla del hijo de un predicador, que solía rezar para llegar a ser un buen soldado cristiano. Tras ser reclutado, reza ya para vivir otro día, porque “es difícil ser un soldado cristiano cuando llevas un arma”.

Lovin’ Her Was Easier fue uno de sus mayores éxitos, además de la única canción del disco que apareció en single. El tema fue también grabado por Roger Miller en The Best of Roger Miller y por Waylon Jennings en The Taker/Tulsa. Escuchemos la original de Kristofferson.

En Billy Dee, nos presenta la historia de una persona que cae en el mundo de las drogas –“intentaba satisfacer una sed a la que no podía dar nombre y era empujado hacia las tinieblas por el diablo que corría por sus venas”– y al final que termina muriendo de sobredosis. Mucho se ha especulado sobre a quién se refiere la letra: Janis Joplin, Jimi Hendrix… Desgraciadamente, es una historia universal.

The pilgrim, chapter 33 es una canción sobre el aislamiento y la soledad. Martin Scorsese, que tiene muy buen oído, la utilizó en el guion de Taxi Driver, cuando Betsy (Cybill Sheperd) le dice a Travis Bickle (Robert De Niro), a propósito de sus contradicciones: “Es un profeta, un traficante, mitad verdad, mitad ficción… una contradicción andante”. Otros artistas, como Emmylou Harris o Willie Nelson, versionarían también el tema.

El disco termina con Epitaph, dedicada a Janis Joplin, que había fallecido en octubre de 1970.

Sobre héroes y tumbas (V)

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En julio de 2012, los periódicos informaron de una curiosa noticia: las cartas de un soldado americano destinado en Vietnam habían llegado 43 años después a sus destinatarios.
Esta historia es real, y la que viene ahora es ficticia, pero nos sirve como introducción. Hank Snow publicó en 1966 A letter from Vietnam (to Mother), acerca de un soldado que escribe a su madre sobre la vida en el frente pocos días después de haber visto morir a su mejor amigo.

Otro tributo a los veteranos y a los caídos en Vietnam es More than a name on a Wall, escrita por Jimmy Fortune y convertida en un éxito por The Statler Brothers. Una madre va al muro donde se homenajea a las víctimas de la guerra y se dirige a Dios, anegada en lágrimas, diciéndole que su hijo es “más que un nombre en una pared”.

Muchos hombres se negaron en redondo a ir a la guerra, y cruzaron la frontera hacia Canadá. Esta es la historia que nos cuentan The Flying Burrito Brothers en My uncle. El protagonista acaba de recibir su carta de reclutamiento, que elude dirigiéndose a Vancouver, donde su tío le ha ofrecido un contrato por tres años, que nunca podrá agradecerle bastante. Allí carecen de esas leyes que “tienden a meter a los hombres bajo tierra”.