Love is the Foundation. Loretta Lynn, 1973

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Hasta ahora hemos visto (y escuchado) contados ejemplos de discos completos realizados por mujeres: Jean Shepard, Patsy Cline, Dolly Parton. Hoy añadiré un nombre a esta lista, el de Loretta Lynn.
Desde 1963, cuando publicó Loretta Lynn Sings, hasta este Love is The Foundation, Loretta publicó más de 30 álbumes. Love is The Foundation fue editado por MCA, en su segunda colaboración con este sello tras su salida de Decca Records. Entre las once canciones de que consta, dos vieron la luz como singles: la que le da título y Hey Loretta.
Love is the Foundation fue compuesta por William Cody Hall y llegó al número 1 en las listas. La letra incide en que “el amor es el cimiento sobre el que nos apoyamos”.

Satin Sheets, compuesta por Paul Volinkaty, trata también sobre el amor –al igual que el resto del disco–, aunque en este caso hablamos del amor físico. La narradora ha encontrado un nuevo amante que le da más que el anterior, si bien reconoce que este le dio todo lo que el dinero podía comprar: Cadillacs, trajes hechos a medida, sábanas de satén e incluso almohadas de este tejido, que ahora utiliza para llorar.

En realidad, la primera en grabarla, y gracias a la cual saltó a la fama, fue Jeanne Pruett, a finales de diciembre del año anterior. Esta versión es de 1973.

La única composición suya es Five Fingers Left, en la que se queja de que su mejor amiga le ha robado a su novio. “Se pueden contar los amigos con una mano y aun así te quedan cinco dedos”, sentencia.

Hey Loretta es obra de Shel Silverstein y el single llegó al número 3 en la lista Billboard. En cierto modo, está dedicada a la propia Loretta y a lo que tuvo que sufrir durante su matrimonio. La narradora fantasea con la liberación que sentirá al irse de casa para dejar de lavar y fregar a cambio del desprecio que recibe de su esposo. Este terminará suplicando que vuelva a su lado: “Eh, Loretta, no me dejes, prometo que te voy a tratar mejor”.

Lynn también hizo una incursión en el gospel con esta interpretación del clásico de Kris Kristofferson Why Me, también conocida como Why Me, Lord.

Setenta años después

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River of Country no podía quedarse al margen de la celebración que hoy conmemora toda Europa. El 8 de mayo de 1945 terminaba oficialmente la Segunda Guerra Mundial en el Viejo Continente: el mariscal Jodl, sucesor de Hitler al frente del Tercer Reich, firmó en Berlín el acta de rendición incondicional de Alemania frente a los aliados, un día después de hacerlo en Reims, Francia. Japón prolongaría la agonía unos meses más, por lo que la paz no fue completa hasta entonces.
Escuchemos, en fin, una recopilación de canciones country que causaron furor aquel año.
En la conocida lista Billboard –que comenzó su andadura en enero de 1944–, Shame on You, de Spade Cooley, se adueñó del podio en las dos primeras semanas de mayo, si bien no era de temática bélica. Os hablé de Cooley el 4 de abril de 2014, en una entrada a propósito del western swing donde pudimos escuchar el tema.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/04/una-corona-compartida/
Smoke on the Water, de Red Foley –que nada tiene que ver con la canción homónima de Deep Purple–, sí que se precia de tener una letra patriótica. A este tema ya le dediqué una entrada que podéis revisar aquí.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/22/el-otro-deep-purple/
Gene Autrey, una de las principales figuras de los años 40, alcanzó un gran éxito –otro más– con At Mail Call Today. El narrador recibe en el frente una carta de su novia, en la que le anuncia que ha encontrado a otra persona y que lo suyo se ha terminado.

Una vez liquidado el frente occidental, la guerra prosiguió en el Pacífico. La siguiente canción hace referencia al momento en que Estados Unidos ondea la bandera de las barras y estrellas en Iwo Jima. Se titula Stars and Stripes in Iwo Jima, y esta es la versión de Bob Wills.

Paralelamente a la lista Billboard de country, corría la de música folk, donde triunfó este mismo tema, Stars on Stripes on Iwo Jima, esta vez en la versión de Sons of the Pioneers. ¿Cuál de las dos preferís vosotros?

In illo tempore, los enemigos públicos número 1 eran Hitler e Hirohito. La siguiente canción, Hitler’s last letter to Hirohito, de Carson J. Robison, también se aupó a lo más alto de la lista Billboard de música folk. Imagina con humor lo que Hitler le escribiría a Hirohito en una carta, que garabatea desde su búnker (porque en Berlín ya no queda ni una oficina de correos). El Führer lo compara con Mussolini y lo tilda de cobarde, por acoquinarse ante los reveses. Teme exiliarse allí si ocurre lo peor, y, en la posdata, le informa de que se ha afeitado el bigote para que Stalin no sepa quién es quién cuando ambos sean derrotados. Le hubiera gustado hacerse un lifting de cara, pero teme que lo que le van a hacer es un lifting de cuello.

Hay que reconocer que la paz impuesta tras la Segunda Guerra Mundial ha sido duradera, pues no ha habido otro conflicto de alcance en suelo europeo, a excepción de la Guerra de Yugoslavia y los enfrentamientos en el este de Ucrania. Seamos optimistas por un día, hoy toca, y confiemos en que no vuelvan a cabalgar por Europa los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Folk sin fronteras

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Una de las canciones con que automáticamente asociamos al gigante del folk Pete Seeger, al que rendí homenaje tras su muerte, es If I had a Hammer.
En 1949, Seeger, declarado comunista, escribió junto con Lee Hays esta canción, inspirada en la hoz y el martillo de la antigua bandera soviética. Fue presentada por primera vez el 3 de junio de ese año en Nueva York, en una cena del Partido Comunista de Estados Unidos, que no dejó de llamar la atención del Comité de Actividades Antiamericanas. Seeger fue llamado a declarar y condenado a un año de prisión, aunque la sentencia fue anulada y no pisó la cárcel.
The Weavers, el grupo de Seeger, Hays, Gilbert y Hellerman, la grabó en 1950 con el sello Hootenanny Records. Esta es la versión original con el título The Hammer Song.

Su éxito fue bastante limitado hasta que la grabaron Peter, Paul and Mary en 1962, que llegó al puesto 10 de las listas.

Aún mejor acogida tuvo la versión de Trini Lopez, nacido en Texas de ascendencia hispana, que llegó al número 3. La incluyó en su disco de debut Trini Lopez at PJ’s (1963).

Antes de pasar a otros idiomas, escuchemos la versión country de Johnny Cash y su mujer June Carter.

La popularidad de If I had a Hammer ha traspasado fronteras. Rita Pavone la adaptó al italiano con el título Datemi un martello. Aquí la interpreta en la Raidue en 1964.

Claude François, francés nacido en Egipto, puso voz a Si j’avais un marteau.

¿Alguien sabe búlgaro? Esta versión de Emil Dimitrov se titula Ako Imaj chuk y es de 1968.

El chileno Víctor Jara la convirtió en El martillo en su disco en el álbum Pongo en tus manos abiertas (1969).

En República Checa gustan mucho el folk y el country americano. Kladivo, de Valdemar Matushka, es buena muestra de ello.

Y termino con un vídeo de Pete Seeger en un concierto benéfico en Saratoga Springs, Nueva York, en septiembre de 2013. Faltaban solo cuatro meses para que muriera. Tenía 94 años. Puede que no creyera en Dios. Puede que él fuera Dios.

Don Williams, el gigante gentil de la música country

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Hace 75 años nacía en Floydala, una pequeña localidad de Texas, nuestro protagonista. Desde niño se interesó por la música, y a los tres años ganó su primer concurso vocal. ¿El premio? Un despertador. Aprendió a tocar la guitarra y, tras acabar sus estudios, formó el grupo folk Pozo-Seco Singers en Corpus Christi, Texas, que no se desmanteló hasta 1971.
Williams emprendió su carrera en solitario, y a fe que lo hizo bien: solo cuatro de sus más de 40 singles no llegaron al Top 10. A lo largo de su trayectoria, mereció el premio al single del año por Tulsa Time (1978), concedido por la Academia de Música Country, y la Asociación de Música Country le otorgó, ese mismo año, su reconocimiento como mejor vocalista masculino. Como compositor, sus canciones han sido interpretadas por los más grandes, entre ellos Johnny Cash, Lefty Frizzell, Josh Turner, Alison Krauss, Waylon Jennings, Alan Jackson o Eric Clapton, y su influencia ha traspasado fronteras (Nigeria, Kenya, Australia, Ucrania…), si bien sus mayores éxitos, fuera de Estados Unidos, los ha cosechado en Reino Unido. En 2010, entró en el Salón de la Fama de la Música Country. Hoy, sigue en activo y en marzo de 2014 sacó su último álbum, Reflections.
Escuchemos aquí It must be love, uno de sus 17 números 1. La letra habla de los extraños sentimientos que provoca el amor: “Primero siento frío y calor, parece que me voy a incendiar pero no, caigo como un gorrión pero vuelo como una paloma, debes de ser el sueño que he estado soñando, qué sentimiento, debe ser amor, qué si no puede ser”. Os dejo con la versión original de Don Williams para el álbum Expressions (1978).

La magnífica versión de Alan Jackson (1999) también llegó al número 1 de las listas al año siguiente y, en mi opinión, supera incluso el original. El tema aparecía en su álbum Under the Influence.

Norte y Sur (yXVII)

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La canción con la que se abre esta última entrega de Norte y Surcheer up, boys!– surgió en los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra, concretamente en 1850.
No se sabe con exactitud su autor, pero sí que, al principio, el tema fue conocido como Wait for the Wagon, y que su letra, aunque tuvo diversas variantes –como acostumbran las canciones folk–, describía las proposiciones de un hombre a una mujer para que se fuera con él en su carromato.
Fue tal su popularidad, que llegó a interpretarse en los escenarios de Londres, y unos soldados confederados la adaptaron a esos tiempos marciales. Así nació The Southern Wagon, ya como una encendida defensa de los principios que inspiraron la Secesión: “no queremos un gobierno en el que el algodón no sea el rey, nuestra causa es justa y sagrada, nuestros hombres valientes y honestos”. Total, que en este carromato sureño viajan, junto con el presidente de la Confederación Jefferson Davis, el vicepresidente Alexander Stephens y P. G. T. Beauregard, uno de sus principales generales.
Bobby Horton nos dejó esta interpretación.

En el ya clásico Songs of the Civil War (1961), de Capitol Records, Tennessee Ernie Ford nos brindó esta versión.

Y, para terminar esta serie dedicada a la Guerra de Secesión, he elegido uno de los temas del maestro del fiddle John Hartford, fallecido en 2001. En esta grabación de The Secesh (Shiloh), que inyecta alegría en vena, vais a escuchar su clogging característico, esa forma de baile folk que consiste en marcar el ritmo con los zapatos. El título hace referencia a la batalla de Shiloh, que tuvo lugar en 1862 en Tennessee. La letra es muy sencilla: el soldado coge su petate y el rifle, y se dirige a Shiloh, donde le aguarda su destino.

En fin, espero que hayáis disfrutado de esta selección de música e historia que comencé el pasado 13 de enero. Yo me lo he pasado muy bien, la verdad, y ahora voy a buscar una nueva batalla. ¿Nos alistamos juntos?

Coward of the County. Roger Bowling y Billy Ed Wheeler, 1979

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Esta es otra de esas típicas canciones country que cuentan una historia, casi como una novela condensada. De hecho, en 1981 dio el salto a la gran pantalla, bajo la dirección de Dick Lowry.
La primera vez que la oímos fue en septiembre de 1979, en el álbum Kenny, de Kenny Rogers. El single salió dos meses más tarde y, con un millón de copias vendidas, se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales de este artista. No tardó en traspasar las fronteras de Estados Unidos y alcanzó el número 1 en Reino Unido e Irlanda, arrasando también en Austria, Países Bajos o Nueva Zelanda.
La canción está narrada desde el punto de vista del tío del protagonista, Tommy, que se ocupó de él cuando el padre de este murió en prisión. A Tommy lo consideran un cobarde en el condado, ya que nunca se rebela contra las injusticias, pero, en realidad, su actitud es fruto de la experiencia de su padre. En una de sus últimas conversaciones antes de morir, este le hizo prometer que no seguiría sus pasos y que huiría de los problemas, ya que “poner la otra mejilla no significa que seas débil”.
Tommy se casa con una chica del pueblo, Becky, y un día los antagonistas de la historia, los hermanos Gatlin, aprovechan la ausencia del marido y la violan. El dilema moral está servido: o cumple la promesa que le hizo a su padre o se enfrenta a los malos. Finalmente, en una escena digna del más puro western, Tommy da su merecido a los Gatlin en un bar, se dirige al retrato de su padre y le dice: “No pienses que soy débil porque no ofrecí la otra mejilla. A veces tienes que luchar si eres un hombre”.
En aquellos años, había un grupo de música country, los Gatlin Brothers, pero Billy Ed Wheeler, uno de los compositores de Coward of the county, negó que fuera un guiño.
Escuchemos la versión original de Kenny Rogers.

Esta es la de Richie Scholte.

Joe Byler también interpretó este clásico.

Adiós a un clásico

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Ayer nos sorprendía la noticia de la muerte de Benjamin Earl King, más conocido como Ben E. King, a los 76 años de edad. Su carrera musical transitó por los caminos del soul y el rhythm and blues, y no por los del country, pero, aun así, es de justicia rendirle un homenaje en este blog. Y es que sus grandes éxitos han sido versionados por multitud de artistas, entre ellos, cómo no, por cantantes de country, y sus temas han conocido gloriosas reinterpretaciones de grupos bluegrass.
Comencemos por su canción de cabecera, el clásico Stand by me (1961). En 1980, la película Cowboy de ciudad (Urban Cowboy), de James Bridges y con John Travolta y Debra Winger, nos deleitó con una banda sonora netamente country. Uno de sus temas era precisamente la versión de Mickey Gilley de Stand by me.

Escuchemos a Willie DeVille en una versión en directo con su característica mezcla de estilos: Americana, rock, soul, country

Vamos ahora con algunas versiones en clave bluegrass, por ejemplo esta de Code Blue Bluegrass Band.

El grupo Boundary Line la interpretó en un concierto en el Mountain Arts Center (MAC) de Prestonburg (Kentucky).

Poa pratensis –grupo que toma su nombre de la planta cuya pigmentación “pinta” de azul la hierba de Kentucky– la tocó en el festival húngaro Abaliget en 2009.

Stand by me fue, sí, su mayor éxito, pero, cronológicamente, no el primero. En 1960 apareció Save the last dance for me, que, aunque no fue escrita por King, le debe toda su popularidad a él. Escuchemos en primer lugar la versión de Emmylou Harris en su álbum Blue Kentucky Girl (1979).

Ahora, la interpretación de Kim Carson Band en el festival bluegrass de Thun (Suiza).

Esta es la cantante canadiense de country pop Ann Murray.

Cuando Ben E. King se separó de The Drifters, emprendió su carrera en solitario y grabó Spanish Harlem. He aquí la versión de Freddy Fender.

Chet Atkins, en Nashville Gold (1972), nos regaló este instrumental.

¿Qué tal os suena Willie DeVille en su disco en directo Willy DeVille en Berlín (2002)?

Ben E. King, como todos, no cumplió con el título de su mayor éxito, Stand by Me. La muerte no le dejó quedarse a nuestro lado, pero no se puede decir que nos abandonara. Sus canciones siempre estarán con nosotros.

No trabajes en la Fiesta del Trabajo

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Con motivo de la fiesta del Trabajo que hoy celebramos, os presento una selección de cinco canciones country que encuentran su inspiración en este tema.
Take this job and shove it. David Allan Coe compuso esta canción en 1977, y se la ofreció a Jonny Paycheck, quien la grabó por primera vez en su álbum Take this job and shove it. Paycheck fue uno de los máximos representantes del outlaw country y este fue su único número 1. El tema, que daría lugar a la película homónima de 1981 dirigida por Gus Trikonis, habla de un tipo que, tras quince años de trabajo, se encuentra con que su mujer lo ha abandonado, y ya no ve razones para seguir ahí, al pie del cañón, de modo que puede decir sin miedo: “Coge este empleo y métetelo por donde te quepa. El capataz es un perro, el jefe es tonto, se ha hecho un nuevo peinado y se cree que está de moda”. Una letra rompedora, ¿no? Y un discurso apetecible…

Forty hour week (for a living). Compuesta por Don Schlitz, Dave Loggins y Lisa Silver, fue popularizada por Alabama en su álbum Forty Hour Week (1984). Constituye todo un tributo al trabajo industrial y abunda en referencias a los talleres de automóviles o las fábricas de acero, sin olvidar, por supuesto, otro tipo de quehaceres: la lucha contra el fuego, el trabajo con el martillo, la venta tras un mostrador, el correo, el campo, las minas… En definitiva, un homenaje a todo el que cumple “una semana de cuarenta horas con un espíritu que no se puede reemplazar por las máquinas”. Al final, se oyen las notas de America the Beautiful.

Working Man Blues. Merle Haggard compuso e interpretó esta canción, que vio la luz en 1969 como single de su álbum A Portrait of Merle Haggard. Se trata de un tema emblemático para el sonido Bakersfield. Su protagonista debe mantener a su mujer y a nueve niños, por lo que no tiene más remedio que trabajar mientras pueda usar las manos. Aunque a veces piensa en dejarlo todo y coger un tren a otra ciudad, vuelve a su rutina y a cantar el blues del trabajador.

Shiftwork. Esta canción pertenece al disco Just Who I Am: Poets & Pirates (2007). Fue compuesta por Troy Jones y cantada a dúo por Kenny Chesney y George Strait, que se quejan de la cantidad de trabajo que tienen y de que, encima, lo tienen que hacer por turnos: de 7 a 3, de 3 a 11 y de 11 a 7. Al final proponen ir a la playa e irse de fiesta de 7 a 3, de 3 a 11 y de 11 a 7.

Little man. En 1999 apareció el disco de Alan Jackson High Mileage, en el que figuraba esta canción, que salió como single con fines promocionales. Compuesta por el propio Jackson, la letra añora los tiempos en que había pequeñas empresas, engullidas ya por las grandes corporaciones. Antes se podía comprar en la ferretería de Johnson, la joyería de Morgan o la botica de Lee King…, pero ahora todas esas tiendas están vacías, y solo han quedado el cartel de la Coca Cola y tiendas de autoservicio. El mundo se ha olvidado del “hombre pequeño”.