Disco del mes (junio)

southernality
Hoy estamos de estreno (o casi). El 9 de junio aparecía el segundo disco del grupo A Thousand Horses, oriundo de Carolina del Sur, un estado sureño donde los haya. Aunque se trata de su segundo álbum, es el primero de cierta envergadura, ya que el primero no fue sino un EP de 16 minutos de duración.
El grupo, formado por Michael Hobby, Bill Satcher, Zach Brown y Graham Deloach, se constituyó en 2010 en Nashville. Con influencias blues y soul, Southernality ha sido producido por Dave Cobb y publicado por el sello Republic Nashville. Consta de 13 temas, todos originales, que ofrecen una meditada visión del rock sureño. La recepción de la crítica, que no dudado en ensalzar la perfecta fusión entre country y rock, no ha podido ser mejor; y hasta la fecha ya han aparecido dos singles, Smoke, el pasado mes de enero, y This Ain’t No Drunk Dial –hoy mismo–.
Escuchemos Smoke, el single fundacional del grupo, que ha alcanzado el número 1 de la lista Country Airplay, que mide lo más escuchado en la radio. Es el primer single de debut que lo consigue desde el Chicken Fried de Zac Brown Band, en 2008.
La canción ha sido escrita por Michael Hobby, Ross Copperman y Jon Nite, y en ella el narrador compara a su chica con el humo: ambos son hábitos que no puede dejar y que le hacen sentir bien.

Southernality en Amazon

Anuncios

Achy Breaky Heart. Don Von Tress, 1991

Achy_Breaky_Heart
Muchos ríos de tinta han corrido sobre la canción de hoy. Hay quien es muy fan de ella y quien la odia argumentando que con ella la música country fue “secuestrada”. En cualquier caso, su éxito fue innegable: en Estados Unidos llegó al puesto más alto de las listas y fue la primera desde el dúo de Kenny Rogers y Dolly Parton Islands in the Stream (1983) en conseguir un disco de platino. Y eso no fue nada comparado con el furor que provocó en Australia, donde fue el single más vendido de 1992 y certificado como “triple platino”.
En principio, la canción la iban a grabar The Oak Ridge Boys, pero en el último momento se echaron atrás porque no les convencía la letra, que habla de una ruptura difícil de digerir por una de las partes. Se lo puedes contar a quien quieras pero “no se lo digas a mi corazón, mi dolorido y quebradizo corazón, porque puede que explote y mate a este hombre”.
Escuchemos primero la versión original de The Marcy Brothers con el título Don’t Tell my Heart.

Billy Ray Cyrus la grabó al año siguiente, cambiando el título por el de Achy Breaky Heart, y la incluyó en su álbum de debut Some Gave All (1992). Su grabación fue nominada en los Grammy de 1993. Juzgad por vosotros mismos, pero yo prefiero esta versión.

Demos ahora un paseo por el mundo. En primer lugar, Kikki Danielsson la adaptó al sueco con el nombre de En allra sista chans para su disco Jeg Ska Aldrig Lämma Dig (1993).

El cantante pop de la parte francófona de Canadá Stef Carse la convirtió en Achy Breaky Dance.

Por último, escuchemos la versión de la holandesa Marianne Weber, con el título Ik doe wat ik wil en su álbum Country and Weber.

Adiós a Jim Ed Brown, un imprescindible del Opry

JimEdBrown
Hace menos de un mes os hablaba de él porque lo habían elegido miembro del Salón de la Fama de la música country. Ahora volvemos a traerlo a este río de country porque Brown murió el pasado 11 de junio a los 81 años de edad, en Tennessee, víctima de un cáncer de pulmón.
Empezó su carrera musical junto a sus hermanas, con las que formó el grupo The Browns. A finales de los 50, se planteó abandonarla pero el productor Chet Atkins le convenció de lo contrario. Fue entonces cuando grabó una de sus canciones más emblemáticas, Three Bells, ya escuchada aquí.
En 1967 inició su carrera en solitario; y, en 1976, emprendió una fecunda colaboración con Helen Cornelius, con la que grabó varios dúos muy populares y alcanzó su único número 1 en las listas, I Don’t Want to Have to Marry You. Su extensa discografía se compone de 22 discos de estudio –el último de ellos, In Style Again, salió en enero de 2015… tras 40 años en blanco– y más de 50 singles.
Asiduo del Grand Ole Opry, ha sido miembro activo del mismo desde 1963, y, como homenaje, el pasado 15 de junio el Ryman Auditorium, su sede, acogió el funeral de la estrella. Aunque su ceremonia de ingreso en el Salón de la Fama estaba prevista para octubre, al saber de su enfermedad, la organización envió una delegación al hospital donde estaba ingresado y el 4 de junio le impuso la medalla correspondiente.
Escuchemos su mayor éxito en solitario –llegó al número 3 de la lista Billboard–, Pop a Top, compuesto por Nat Stuckey e incluido en el álbum Just Jim (1967). Su título hace referencia al sonido de una lata al abrirse y es que la canción –no muy original, por cierto– se desarrolla en un bar donde un hombre pide otra ronda para intentar olvidar su reciente ruptura.

Alan Jackson la versionó en su disco Under the Influence (1999).

Don’t Rock the Jukebox. Alan Jackson, Keith Stegall y Roger Murrah, 1990

Dontrockthejukebox
No es extraño que los amantes del country sientan especial devoción por este tema, ya que, aparte de sus valores musicales, exalta este género por encima de otros, sobre todo para esos momentos de bajón en que nos sentimos más deprimidos.
Apareció en el segundo álbum de Jackson, Don’t Rock de Jukebox, un año después de ser grabada, y su single llegó al número 1 de las listas tanto en Estados Unidos como en la vecina Canadá. Un hombre cuya relación se ha ido a pique está en un bar, y ruega a los demás clientes que no pongan rock en la gramola, porque “mi corazón no está preparado para los Rolling Stones y prefiero escuchar algo de George Jones”. Como agradecimiento a esta mención, George Jones haría un cameo en el vídeo promocional, interpretando a uno de los parroquianos. En otro momento, la letra abunda en esta tesis y afirma: “No tengo nada contra el rock and roll pero, cuando tu corazón se ha roto, necesitas una canción que sea lenta y no hay nada como la steel guitar”.
Veamos el vídeo en cuestión, con la versión original de Alan Jackson.

Aquí, el mismo cantautor a dúo con uno de los coautores, Keith Stegall.

Escuchemos la versión del grupo Empty Pockets Country Band, capitaneado por Larry Norris, en mayo de 2014.

El grupo de country line dance Big River Country la interpretó el pasado año en la primera edición del festival Westernwald, que tuvo lugar en Nauroth (Alemania), y que este año se celebrará entre los próximos días 17 y 19 de julio.

Os dejo con una versión en directo en marzo de este año, la de Sims and The Platte River Band.

Es verano y la vida es fácil

verano
Como apunta el título de hoy –extraído, claro está, del Summertime de Gershwin–, River of Country da la bienvenida al segundo verano de su existencia.
Según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, ayer, a las 18:38 hora peninsular, comenzó el verano, estación que nos acompañará hasta el próximo 23 de septiembre. Imbuido ya de su espíritu, he preparado una selección de canciones country relacionadas con esta época del año, que obedecen a una temática común que se suele asociar al verano: librarse de las preocupaciones, meses llenos de sol, pasar tiempo en la playa o vivir un romance estival. Veamos algunas de ellas, ordenadas por orden cronológico.
¿Cuáles son vuestras favoritas o las que mejores recuerdos os traen?
Margaritaville. Jimmy Buffett grabó esta canción en 1976 y la incluyó en su disco Changes in Lattitudes, Changes in Attitudes, que vio la luz a principios del año siguiente. Llegó al número 8 de la lista Billboard y se convirtió en el mayor éxito de Buffett en solitario. Este cantautor comenzó a escribir la canción en Austin, Texas, y la finalizó en los Cayos de Florida, inspirado por los turistas que frecuentan ese archipiélago. La letra celebra el placer de estar de vacaciones y bebiendo un margarita tras otro.

Fishin’ in the Dark. Este tema fue escrito por Jim Photoglo y Wendy Waldman, que se lo ofrecieron a The Nitty Gritty Dirt Band, quienes la grabaron en 1987 dentro de su álbum Hold On. Evoca una cita entre el narrador y su pareja una noche de verano, cuando le propone que vayan a “enamorarse en el medio de la noche y pescar en la oscuridad”.

Water. Escrita en 2009 por Brad Paisley, Kelley Lovelace y Chris DuBois, formó parte del álbum American Saturday Night, del primero de ellos. En la canción, el narrador nos ilustra sobre el papel que el agua ha jugado en su vida: desde los años de la piscina familiar, cuando nadaba en el río con sus amigos, o cuando empezó a salir con chicas y se bañaban juntos.

Pieces of the Sky. Emmylou Harris, 1975

pieces of the sky
Aunque este es el segundo álbum de Emmylou Harris, se puede considerar su debut, al menos en lo que a música country se refiere. Publicado por el sello Reprise Records, alcanzó unas ventas tan extraordinarias, que fue declarado disco de oro.
La canción con la que se abre el disco es Bluebird Wine, escrita por Rodney Crowell, que trata de los efectos beneficiosos para la desordenada vida de la narradora que tiene el vino de esa marca.

El primer single de éxito de su carrera –llegó al número 4–, If I Could Only Win Your Love, es hijo también de este álbum. Fue escrito unos años antes por Charlie e Ira Louvin, The Louvin Brothers. Escuchemos primero la versión de Emmylou Harris.

Y ahora la de los autores, The Louvin Brothers.

Harris también incluyó una versión de una canción con la que ya había triunfado su autor, Merle Haggard. Me refiero a The Bottle Let Me Down, en la que el narrador bebe para olvidarse de su pareja… sin conseguirlo: “Esta noche la botella le ha decepcionado”. Como antes, escuchemos primero la versión de Harris.

La original de Merle Haggard apareció en su disco Swinging Doors (1966).

La única canción de este álbum coescrita por la propia Harris –junto con Bill Danoff– fue Boulder to Birmingham, un tema muy personal que escribió como homenaje a Gram Parsons, su mentor en esto de la música y que había fallecido el año anterior. El estribillo asegura que sería capaz de hacer cualquier cosa solo para ver su cara otra vez, incluso “caminar desde Boulder (Colorado) a Birmingham (Alabama)”. Y no es poco sacrificio: más de 2.100 kilómetros.

Qué razones necesitas para morir

charles whitman
A la vista del título de esta entrada, os estaréis preguntando si hoy os voy a hablar de I Dont’ Like Mondays, la canción de The Boomtown Rats que incluye esta frase en su letra. No, no lo voy a hacer, máxime teniendo en cuenta que esta no es una canción country.
Lo que sucede es que The Ballad of Charles Whitman aborda un tema similar y, curiosamente, el suceso que describe también tuvo lugar un lunes, concretamente el 1 de agosto de 1966. Está basada en un hecho real, una matanza en una universidad americana que acaparó los titulares informativos aquel verano.
El protagonista, Charles Whitman, era un estudiante de arquitectura de la universidad de Texas. Tenía 25 años y había pertenecido a los Boy Scouts y a los marines. La madrugada anterior a la masacre, acabó con la vida de su madre y su mujer, otra estudiante dos años menor que él. Tras asesinar a sus seres queridos, dejó escrita una nota en la que decía que no se entendía a sí mismo y que últimamente le habían asaltado “pensamientos irracionales”, amén de solicitar una autopsia para averiguar si, detrás de su comportamiento, había alguna razón biológica. En la mañana del 1 de agosto compró armas y munición, supuestamente para matar cerdos, y se dirigió a la universidad donde estudiaba; subió a una de las torres y empezó a disparar indiscriminadamente. Hora y media más tarde, dos de los agentes de policía destinados al lugar, Houston McCoy y Ramiro Martínez, consiguieron abatirle. El balance de víctimas ascendió a 14 muertos y 31 heridos. Cuando se le practicó la autopsia, salió a la luz que Charles sufría un tumor cerebral.
Otro estudiante de la misma universidad, Kinky Friedman, que más tarde se presentaría a las elecciones para gobernador del estado, decidió hacer una canción para inmortalizar estos hechos.
Escuchemos The Ballad of Charles Whitman, de Kinky Friedman.

Steve Wariner, cantante, compositor y guitarrista

steve wariner
El día de Navidad de 1954 nacía nuestro protagonista en una pequeña localidad de Indiana. Influido en sus balbuceos musicales por George Jones y el guitarrista Chet Atkins, su primer trabajo fue como guitarrista en el grupo de Dottie West y, en 1976, firmó su primer contrato con la RCA, la compañía de su mentor Atkins.
Su primer single en el Top 10, The Easy Part’s Over, llegó en 1980. A mediados de los 80 firmó con la MCA y comenzó su racha de números 1 –un total de diez–, que se prolongaría hasta la década de los 90. En 1991, ya bajo el paraguas de Arista Records, apareció su álbum I am Ready, su primer disco de oro (es decir, que vendió más de 500.000 unidades). Al año siguiente consiguió el primero de los cuatro Grammy que posee. Su popularidad se ha potenciado como compositor para artistas tales como Garth Brooks, Keith Urban o Clint Black. En 1996 entró en el Grand Ole Opry y, en 2003, fundó su propio sello discográfico, Selectone Records. En 2011 fue nombrado miembro del Salón de la Fama de Kentucky. Su último álbum, que apareció en septiembre de 2013, lleva por título It Ain’t All Bad, y durante este mes de junio ha planteado una mini-gira que le llevará a Texas y Nashville.
Escuchemos uno de sus números 1, Life’s Highway, escrito por Roger Murrah y Richard Leith en 1986. La letra canta el incesante discurrir de la vida: “En las calles la gente fluye como una corriente para ganarse el pan o pagar impuestos, hay esperanza en cada recodo, puentes que quemar y puentes que destruir, rosas que florecen y se marchitan, no sabemos adónde vamos desde la cuna a la tumba, espero que no te extravíes en la carretera de la vida”.

El grupo Buck, Billo and Maxi facturó una competente versión de este tema.

The Thunder Rolls. Garth Brooks y Pat Alger, 1989

the thunder rolls
Hoy vamos a escuchar otro éxito de una gran leyenda viva, Garth Brooks, que incluyó el tema en No Fences (1991), el segundo disco de su carrera. Escrito años antes, Tanya Tucker fue la primera en grabarlo, pero su interpretación no vio la luz hasta 1995 en el álbum Tanya Tucker. Al enterarse Brooks de que Tucker no lo iba a incorporar a su nuevo disco –no porque no le gustara, sino porque a su productor le falló el oído (un error garrafal: en la voz de Brooks llegaría al número 1)–, decidió grabarlo él mismo.
La letra propone una metáfora sobre la violencia de los elementos de la Naturaleza y una relación que se va a pique por una infidelidad. Uno de sus grandes aciertos fue integrar el sonido del trueno, que añade realismo a la cosa. Un hombre es sorprendido por la tormenta cuando viene “de un sitio en el que no debería haber estado”. Su mujer, que le está esperando en casa, desea que el mal tiempo haya sido la causa de su retraso y, cuando lo ve, corre a abrazarlo agradecida de que esté vivo. Pero detecta, ay, un olor a perfume que confirma sus sospechas. Cegada por la ira, coge un arma del cajón de su mesilla, se mira en el espejo y le dice a su imagen que esa “va a ser la última noche en que se pregunte dónde está”. Mientras tanto, “el trueno se acerca, el rayo golpea y la tormenta explota fuera de control”.
Esta es la grabación de Tanya Tucker.

El siguiente vídeo corresponde al concierto que Garth Brooks dio en Pennsylvania el pasado 2 de mayo.