Breathe. Faith Hill, 1999

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Hace un par de meses os hablabla del álbum de Shania Twain Come on Over, uno de los más vendidos en la historia del country-pop. Al igual que aquel, este que os traigo hoy podría encuadrarse en ese estilo aunque, en ocasiones, más parezca lo segundo que lo primero. Fue, también, todo un éxito de ventas, con más de ocho millones de copias en Estados Unidos. Editado por Warner Bros. Nashville, produjo cuatro singles, que escucharemos más abajo, y bendijo a Faith Hill, en el quinto disco de su carrera, con el Grammy al mejor álbum country.

El tema que le da título apareció como single anticipatorio un mes antes de que el álbum al completo viera la luz. Compuesta por Stephanie Bentley y Holly Lamar, Breathe es una balada de amor en la que a una mujer le basta oír respirar a su pareja para desvanecerse. El single llegó al número 1.

Otro número 1 fue The Way You Love Me, un tema compuesto por Michael Dulaney y Keith Follesé.

En Let’s Make Love Faith Hill hace un dúo con su marido Tim McGraw. La canción fue escrita por Marv Green, Chris Lindsey, Bill Luther y Aimee Mayo. La grabación también aparece en el disco de grandes éxitos de Tim McGraw, y la pareja mereció un Grammy por su interpretación.

El último single fue If My Heart Had Wings, obra de Fred Knobloch y Annie Roboff. “Si mi corazón tuviera alas –dice la letra– volaría hacia ti para estar a tu lado mientras sueñas”.

 

Seven Year Ache. Rosanne Cash, 1981

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Aunque la hija del gran Johnny Cash había debutado en el mundo de la música tres años antes de este tema, se puede considerar que con su segundo álbum –tercero, si contamos uno que editó en Munich con escasa repercusión– fue su verdadero pasaporte a la fama. A este álbum pertenece la canción de hoy.

Su título juega con una expresión popular en inglés, Seven Year Itch, que hace referencia a que a los siete años de matrimonio la felicidad disminuye y la infidelidad acecha (extremo, este último, que se popularizó a raíz de la obra de teatro y posterior adaptación cinematográfica protagonizada por Marilyn Monroe La tentación vive arriba, cuyo título original es The Seven Year Itch).

Cash sustituyó “Itch” –”comezón” o “escozor”– por “Ache” –”dolor”–. La canción es, en cierto modo, autobiográfica, ya que se la inspiró una pelea con su marido de entonces, Rodney Crowell, y habla de una pareja que se distancia progresivamente.Rosanne tardó casi seis meses en escribirla, pero el tiempo mereció la pena: fue uno de sus mayores éxitos en los 80 y uno de sus singles más vendidos –su primer número 1– y alabados por la crítica, que la distinguió con derecho a carrera propia, lejos de la poderosa tutela de su padre.

Escuchemos ya a Rosanne Cash en 1981.

La cantante canadiense Carole Laure, alejada del country, la versionó en su disco Western Shadows (1989).

Volviendo al terreno country, Trisha Yearwood la incluyó en Inside Out (2001).

Hasta siempre, cowboy de lentejuelas

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Ayer el country perdió a otro imprescindible. Glen Travis Campbell –aquí podéis ver su breve reseña biográfica– ha muerto a los 81 años de edad tras una larga lucha contra el Alzheimer.

En su adolescencia y juventud se prendó del arte de Django Reinhardt y decidió consagrar su vida a la música. A los 14 años dejó el colegio y se fue a Los Ángeles a probar fortuna. Su popularidad comenzó en 1967, con By the Time I Get to Phoenix, y ya al año siguiente consiguió todo un hito: superar en ventas a los Beatles en Estados Unidos.

Su creciente popularidad hizo que incluso John Wayne le invitara a actuar en Valor de ley (1969), en un papel nada desdeñable (además, interpretó el tema principal de la película). Entre 1969 y 1972, tuvo un programa propio en el que predicaba la grandeza del country. Willie Nelson, Johnny Cash o Linda Ronstadt, entre otros artistas, pasaron por él.

Pero su carrera había empezado unos años antes. Uno de sus hitos fundacionales tuvo lugar en 1964, cuando los Beach Boys lo llamaron para sustituir a Brian Wilson, que sufría una de sus cíclicas depresiones. Incluso se le puede escuchar tocando la guitarra en Pet Sounds (1966). Tan encantados estaban con su estilo, que le ofrecieron unirse al grupo con carácter permanente, pero Glen declinó la oferta.

En sus más de 50 años sobre los escenarios, Campbell vendió nada más y nada menos que 45 millones de discos. En 2005 fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la música country; en una entrevista señaló: “Puedes tener el vocalista masculino y todo eso. Yo me quedó con el Salón de la Fama”. Bruce Springsteen dijo de él: “Tenía una bonita voz, pura, nada sofisticada. Era simple en la superficie pero había un mundo de emociones por debajo”.

A principios de 2011 le diagnosticaron Alzheimer y, consciente de que poco a poco iría perdiendo la conexión con su público, se embarcó en una gira de despedida, Goodbye Tour. Tras finalizarla grabó en Nashville el que sería su último trabajo, Adiós (así, en español), que incluye sobre todo versiones de Harry Nilsson (Everybody’s Talking), Willie Nelson (Funny How Time Slips Away) o Bob Dylan (Don’t Think Twice, It’s Allright) entre otros. El disco, que consta de 12 canciones, fue guardado como oro en paño por su discográfica, Universal Music, que lo sacó al mercado el pasado mes de junio.

Como parte de este pequeño homenaje, vamos a escuchar algunas de sus canciones más conocidas. Entre ellas, Rhinestone Cowboy. Larry Weiss escribió este tema en 1975. La letra habla de un cantante de country al que el éxito le ha sido esquivo pero que aún confía en brillar como un cowboy con lentejuelas.

El primer éxito importante de su carrera fue gracias a Jimmy Webb, quien escribió para él By the Time I Get to Phoenix, una canción de amor en la que el narrador recuerda a su novia, a la que ha dejado, en cada una de las ciudades por las que pasa.

Al año siguiente Webb escribió otro tema para él, Wichita Lineman, en el que un operario de una compañía telefónica no puede dejar de pensar en su amada.

Con su colaborador habitual, el citado Jimmy Webb, abordó un tema candente, la guerra de Vietnam, en Galveston. Mientras cumple con su deber, un soldado sueña con volver a su ciudad natal de Galveston (Texas).

En 1968 consiguió su primer Grammy por Gentle on my Mind, una canción escrita por John Hartford después de ver Doctor Zhivago en el cine. Se trata de una canción de amor en la que dos amantes se citan clandestinamente.

Su último número 1 fue Southern Nights, un tema escrito por Allen Toussaint, quien ya lo había grabado años antes, y en el que evoca las noches sureñas.

 

La hija póstuma de Hank Williams

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En alguna ocasión hemos hablado de Hank Williams Jr., que continuó la saga familiar iniciada por su padre, a quien, sin temor a equivocarnos, podemos calificar como uno de los mayores arquitectos del country.

Menos conocido es el hecho de que Hank Williams tuvo también una hija, fruto de una relación con Bobbie Jett que inició poco antes de divorciarse de su primera mujer, Audrey Williams.

Cinco días después de la muerte de su padre, por abuso y mezcla de medicamentos y alcohol, nacía en Montgomery, Alabama, Antha Belle Jett. Su infancia transcurrió de hogar en hogar, tras ser abandonada por su madre. En 1954 su abuela, Lillian, formalizó el acuerdo entre Hank y Bobbie cuando tuvieron conocimiento del embarazo y adoptó legalmente a la huérfana, pero falleció al año siguiente. El estado de Alabama se ocupó entonces de su custodia y la entregó en adopción a Louise y Wayne Deupree, que la llamaron Cathy Louise.

La pequeña creció sin saber quiénes eran sus padres biológicos, pero a los 21 años, al cumplir la mayoría de edad, recibió un pequeño legado de su abuela y se le abrieron los ojos. Se embarcó en una carrera legal para demostrar su identidad y, en 1985, el Tribunal Supremo de Alabama dictaminó que, en efecto, era hija de Hank Williams. Cambió su nombre por el de Jett Williams y se casó con el abogado que le había ayudado en el litigio.

La carrera musical de Jett ha sido bastante discreta. Fundamentalmente, ha grabado versiones de temas de Hank en los cuatro discos que ha editado: That Reminds Me of Hank (1993), I’m So Lonesome I Could Cry (1995), You Are on My Lonely Mind (1999) y Honk (2008). Escuchemos ya algunas de sus canciones.

En su disco de debut, That Reminds Me of Hank, Jett incluyó una versión de Jambalaya.

Ahora, su interpretación de uno de los mayores éxitos de Hank, I’m So Lonesome I Could Cry, tema que dio título a su segundo álbum.

Your Cheatin’ Heart, en la que Hank Williams se inspiró en el final de su matrimonio con Audrey, también fue versionada por Jett en su cuarto trabajo, Honk.

Con Move It On Over podríamos decir que Hank se adelantó al rock and roll en una fecha tan temprana como 1947. Escuchemos la versión de Jett en Honk (2008).

A su último disco, Honk (2008), pertenece también Long Gone Lonesome Blues.

Pero no todo su trabajo se ha limitado a homenajear a su padre. De su disco de debut, That Reminds Me of Hank, escucharemos, consecutivamente, A Million Tears –escrita por Larry Lee– y Slow Hurry –compuesta por The Bellamy Brothers.

 

Sara Evans, tras la estela de Harlan Howard

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Sara Lynn Evans nació en una pequeña ciudad de Missouri en 1971. A los 20 años se trasladó a Nashville, donde el gran compositor Harlan Howard se fijó en ella. Gracias a su mediación, consiguió un contrato con RCA Nashville.

En 1997 llegó la hora de la verdad con su álbum de debut, Three Chords and the Truth, un título que alude a la frase de Harlan Howard según la cual la música country son “tres acordes y la verdad”. De éxito discreto, cosechó, no obstante, los elogios de la crítica, lo que le allanó el camino para su siguiente trabajo, No Place that Far, del que luego escucharemos el tema homónimo.

Muy aplaudidos fueron también sus siguientes discos, Born to Fly (2000, el más vendido de su carrera), Restless (2003) y Real Fine Place (2005). En 2015, abandonó RCA Nashville después de casi 20 años “de servicio” y, tras un breve paso por Sugar Hill Records, fundó su propio sello, en el que el pasado mes dio a conocer su última obra, Words.

Su primer número 1, No Place That Far, apareció en el álbum del mismo nombre de 1998. Escrito por Sara Evans, Tom Shapiro y Tony Martin, en la versión que vamos a escuchar, la original, Vince Gill la acompaña al micrófono. La letra recuerda al conocido tema de Marvin Gaye Ain’t No Mountain High Enough. Aquí, la protagonista dice que no hay un lugar lo suficientemente lejano que le pueda separar de su amado.

El grupo irlandés Westworld la incluyó en Coast to Coast (2000).

 

 

Blaze of Gory. Danny Morrison, Johnny Slate y Larry Keath, 1981

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La canción que vamos a escuchar hoy ilustra lo despiadado que puede llegar a ser en ocasiones el mundo de la música, y cómo las discográficas están a la que salta para adelantarse a la competencia.

Compuesta en 1981 por los autores arriba citados, se la ofrecieron a Razzie Bailey, un cantante country no demasiado conocido, que finalmente la grabó en Nueva York. Los ejecutivos de Liberty Records se dieron cuenta de que podía convertirse en un éxito y, sin vacilar, se dirigieron a uno de sus grandes fichajes, Kenny Rogers, para que la grabara y se adelantara a la de Bailey.

Se trata de un tema optimista en el que una pareja que ha roto se inclina por pasar página. El chico propone que terminen como empezaron –”en un rapto de gloria, como dos héroes en una historia”– y no se dejen arrastrar por las mezquindades que casi siempre conllevan las rupturas.

Kenny Rogers la incluyó en Share Your Love (1981) y el single llegó al número 9 de las listas.

Razzy Bailey la presentó al año siguiente en su disco Feeling Right (1982), pero, en vista de las trapacerías de Liberty Records, ya no la pudo sacar como single.

La despedida de Merle Haggard

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El día que cumplía 79 años, nos dejaba en su rancho del norte de California una de las personalidades más influyentes de la historia del country, Merle Haggard (ver entrada del 7 de abril 2016).
Hoy os voy a hablar de la última grabación que hizo antes de su muerte. Como muestra esta canción, Merle se mantuvo activo hasta el final de sus días, aunque ya estaba aquejado de la neumonía que se lo llevó por delante y los médicos le habían aconsejado reposo absoluto.
Él se resistía a abandonar lo que había constituido la sal su vida, y el 9 de febrero de 2016 grabó una composición suya de corte autobiográfico, acompañado a la guitarra por su hijo Ben, colaborador suyo desde hacía ocho años.
La canción apareció por expreso deseo de la familia en mayo del pasado año, en agradecimiento a los fans de Merle por el cariño mostrado después de su muerte, y el 10% de los beneficios obtenidos por las ventas se donó a diversas organizaciones benéficas.
El título hace referencia al río Kern, que discurre a lo largo de California, cerca de Bakersfield –un lugar que siempre irá asociado a Haggard, pues él fue uno de los impulsores del sonido Bakersfield. En la letra, Merle evoca el día que dejó atrás su ciudad natal, Oildale, allá en los años 70.
Os dejo con Kern River Blues.

Big City. Merle Haggard y Dean Holloway, 1981

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La inspiración para escribir una canción puede nacer en cualquier parte, incluso en la conversación más intrascendente, como prueba la canción que vamos a escuchar hoy.

Dean Holloway no estaba metido en el mundo de la música –era conductor de autobús–, pero Merle Haggard se contaba entre sus amigos. Tras una sesión de grabación, empezaron a hablar como si tal cosa. Merle le preguntó qué tal le iba, a lo que Dean replicó: “Odio este lugar. Estoy harto de esta sucia ciudad”. Su compadre le preguntó entonces dónde le gustaría estar y Dean le contestó: “En algún lugar en el medio de Montana” (uno de los lugares más deshabitados de Estados Unidos). Merle se encontraba a la sazón grabando un álbum sobre las ventajas del campo sobre la ciudad, y pensó que esa idea encajaría en su trabajo (al que, por si fuera poco, le dio título). Ese mismo día Haggard escribió la letra, que comienza diciendo: “Estoy harto de esta sucia ciudad” y más tarde agrega: “Libérame en algún lugar en medio de Montana”.

En un acto de generosidad, el artista quiso que su amigo Dean Holloway también figurara en los créditos para recibir los derechos de autor correspondiente, que en su caso ascendieron a la nada desdeñable cifra de medio millón de dólares. La canción suena de fondo, por cierto, en una escena de la película Fargo (1996).

Escuchemos la versión original de Merle, que apareció en su álbum homónimo Big City.

En 1994 salió Tulare Dust: A Songwriter’s Tribute to Merle Haggard, un disco homenaje en el que varios compositores hacían versiones de éxitos suyos. Iris DeMent interpretaba Big City.

Una de las jóvenes promesas del country, Glen Templeton, también versionó este clásico.

Crucemos ahora el mundo para escuchar una versión de un grupo country japonés, The Mockingbirds, con Daisuke Tamura en la voz y Haruka Yoshitomi al fiddle. La actuación es de 2012.

T. Graham Brown la interpretó en un homenaje a Merle Haggard tras la muerte de este en abril del pasado año.

Escuchemos un directo de Eric Church de hace solo cuatro meses.

 

Clay Walker, otro ejemplo de country neotradicionalista

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Ernest Clayton Walker nació en Texas en 1969. Cuando tenía nueve años, su padre le regaló una guitarra y así empezó su pasión por el country. A los 16 años, lo contrató George Jones y a los 19 empezó su carrera como cantante y se curtió con sus primeras giras.

Unos años después entró en la órbita del productor James Stroud, quien le consiguió su primer contrato con Giant Records, donde se mantuvo hasta el cierre del sello en 2001.

Walker fue uno de los nombres clave del country de los 90, con álbumes alabados tanto por crítica como por público, como Clay Walker (1993), If I Could Make a Living (1994), Hypnotize the Moon (1995) o Rumor Has It (1997).

Hoy, que parece haberse impuesto el country pop, la fama de Clay, más devoto de los sonidos tradicionales, no es la que era. En 1996 le diagnosticaron esclerosis múltiple, que hasta la fecha no se le ha manifestado, y comenzó una batalla para concienciar a la gente sobre esta enfermedad. Su último single, Right Now, apareció en 2015.

El tema que vamos a escuchar, Live Until I Die, pertenece a su disco de debut, Clay Walker (1993), del que salieron otros tres singles, que triunfaron en las listas. Escrita por el propio autor cuando tenía 17 años, se trata de un tema autobiográfico, uno de sus preferidos, inspirado en la granja de sus abuelos, donde desempeñaba todo tipo de labores. En la letra, el protagonista se enorgullece de su vida en el campo: “No me preocupo de cosas que no puedo cambiar, no quiero pensar en el mañana, no necesito nada de lo que el dinero pueda comprar, no tengo que suplicar, robar o pedir prestado, sólo quiero vivir hasta que me muera”.

 

I Love a Rainy Night. Eddie Rabbitt, Even Stevens y David Malloy, 1980

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Hace unos meses escuchamos una de las primeras canciones de Eddie Rabbitt (ver entrada Pure Love). Pues bien: hoy disfrutaremos de su tema más popular, I Love a Rainy Night, cuyo origen se sitúa en los años 60, cuando un joven Eddie Rabbitt entretenía el rato en su pequeño apartamento una noche de lluvia y, a diferencia de lo que le suele pasar la gente, no se sentía deprimido por la lluvia. Pensó que este podía se un buen título para una canción –“Me encanta una noche lluviosa”– pero la idea no pasó de ahí y la canción se quedó esperando a mejor ocasión.

Años más tarde, en 1980, recuperó la vieja cinta que había grabado en su juventud con solo el estribillo y decidió completarla. Para ello pidió la ayuda de sus colaboradores habituales, David Malloy y Even Stevens, y nació este éxito, que llegaría al número 1 de las listas y cuyo single terminó vendiendo más de un millón de unidades.

La letra habla de los sentimientos agradables que le inspiran al narrador una noche tormentosa: “Los aguaceros lavan todas mis preocupaciones y despierto a un día soleado”.

La versión original de Eddie Rabbitt pertenece a su disco Horizon (1980).

Escuchemos otras dos versiones del tema, en mi opinión de inferior calidad a la original. En primer lugar, la del cantante nacido en Louisiana Robert Mizzell.

Os dejo por hoy con la versión de Tom Jones.