Disco del mes (octubre)

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El pasado día 12 el australiano Morgan Evans sacó su segundo álbum de estudio, Things that We Drink to, el primero que edita en Estados Unidos, puesto que se trasladó de su Australia natal a Nashville en 2016.
La carrera de Evans se augura muy prometedora, a juzgar por las críticas que ha obtenido con este su primer trabajo en la cuna del country. El disco consta de once canciones y es una mezcla de country y pop. Ha sido editado por Warner Music Nashville y producido por Chris DeStefano. Aparte del material nuevo, también incluye algunos temas de su EP que salió en agosto.
Una de las mejores canciones es la que le da título, Things that we drink to. Evans la escribió como un homenaje a su mánager, Rob Potts, que murió en 2017 en un accidente de moto. En la letra, el autor vota por el optimismo: brinda por su amigo y se muestra esperanzado en sanar las heridas y superar el dolor.

El disco se abre con un tema que muestra la admiración de Evans por su país adoptivo. Se titula American y en ella afirma que su romance con una chica americana le ha hecho enamorarse del país. Sus autores son Morgan Evans, Chris DeStefano y Josh Osborne.

Vamos ahora con una de las canciones más personales del disco. Morgan y su mujer, Kelsea Ballerini, cantan a dúo la balada Dance with me.

El disco está repleto de temas con mensajes positivos y una de ellas es We Dream, en la que se dice que todo el mundo tiene algo en común: todos soñamos con una vida mejor. Así, hay que perseguir los sueños de cada uno y “escapar, liberarnos, caminar por calles de oro, convertir los cielos grises en azules y la esperanza en verdad”.

El artista ha incluido aquí Kiss Somebody, el primer single que grabó en Estados Unidos, obra suya, de Chris DeStefano y de Josh Osborne.

La última canción lleva por título Young Again. Haciendo su propia interpretación del lema latino Carpe Diem, Evans señala que hay que aprovechar los buenos momentos porque nunca volveremos a ser tan jóvenes como ahora. La letra contiene un guiño al clásico de Garth Brooks Friends in Low Places.

Things that we drink to en Amazon

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Siempre innovando

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Una vez que te conviertes en predecible, todo el mundo deja de estar interesado.

Once you become predictable, no one’s interested anymore.

Chet Atkins

Un poco de Hank en mí

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La frase del título podría aplicarse a casi todos los amantes del country, porque ¿quién no ha versionado los temas de Hank Williams? Pero es de Charley Pride de quien os voy a hablar hoy. En 1980, este sacó un disco- homenaje a su figura que llevaba por título There’s a little bit of Hank in me. Editado por RCA Nashville, estaba compuesto por 12 temas. El primero, a modo de pórtico, fue escrito expresamente para el disco y el resto eran versiones de sus temas más populares.
My son calls another man daddy fue escrita en 1949 por Jewel House y, al año siguiente, grabada por Hank. Cuenta la historia de un padre de familia que está en la cárcel y se lamenta de que su mujer tenga una nueva pareja y de que su hijo ya ni siquiera lo reconozca: “Mi hijo llama a otro hombre papá”. Esta es la versión de Charley Pride.

You Win Again es, en cierto modo, una canción autobiográfica, pues Hank Williams la escribió en el curso de su divorcio de su primera esposa, Audrey Williams, y la grabó solo un día después de que este se materializara. La canción habla de las continuas infidelidades de la mujer del narrador. Este sabe que debería haberse marchado, pero su error fue confiar en ella, así que “ella vuelve a ganar”.

Why Don’t You Love Me (1950) fue uno de los mayores éxitos de Hank Williams (alcanzó el número 1). El narrador se asombra de que su mujer no lo ame como antaño, ya que él no ha cambiado (“soy el mismo problema que tenías antes”, “mi pelo sigue siendo rizado y mis ojos siguen siendo azules”…). La versión de Hank Williams aparecía en La última película (1971); esta es la de Charley Pride.

Vamos ahora con uno de los temas que mejor retrata la soledad: I’m so Lonesome I could Cry. La letra pone varios ejemplos para describir ese sentimiento y concluye: “Estoy tan solo que podría llorar”. Cuando Elvis Presley la interpretó en uno de sus conciertos la presentó con estas palabras: “Me gustaría cantar una canción que probablemente sea una de las canciones más tristes que he oído”. En realidad, fue escrita por un joven de veinte años, Paul Gilley, que le vendió los derechos a Hank.

Junto con su productor Fred Rose, Williams escribió A Mansion on the Hill en 1947. Un hombre evoca la mansión en la colina que compartía con su amante antes de su separación.

Jim Ed Brown, el cantante de la voz suave

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Jim Ed Brown nació en 1934. Tenía dos hermanas, Maxine y Bonnie y, desde su adolescencia, los tres cantaban juntos. Los dos mayores, Jim y Maxine –esta última fallecida hace unos días– firmaron un contrato como dúo, y al año siguiente se les unió la menor y fundaron The Browns.
Empezaron con éxitos como Looking Back to See (ya escuchada aquí), Here Today and Gone Tomorrow, I take the Chance o I Heard the Bluebirds Sing, que escucharemos luego. Cuando Jim volvió del ejército, reanudaron la tarea y triunfaron con Three Bells, también escuchada aquí, que llegó al primer puesto de las listas. En 1963, Jim Ed Brown se unió al Grand Ole Opry –donde permaneció como miembro activo más de 50 años, hasta su muerte en junio de 2015– y, en 1967, se disolvió el grupo.
Brown continuó su carrera en solitario y se mantuvo en primera plana del country. No le iba mal, pero se sentía más en su salsa formando parte de un grupo o en un dúo. Así, en 1976 empezó a colaborar con Helen Cornelius, con quien hizo varios dúos muy populares en la segunda mitad de los 70. En los años 80 se centró en el mundo de la radio, donde llegó a tener un programa propio de música country. Pocos meses antes de su muerte, el Salón de la Fama de la música country anunció que ingresaría en él, junto con sus hermanas, por su contribución al género.

Escuchemos uno los primeros éxitos de su carrera, tras firmar con RCA Victor. I Heard the Bluebirds Sing es una canción country, con elementos bluegrass, obra del canadiense Hod Pharis y grabada por The Browns en 1956. El tema dominó la lista de las canciones más escuchadas un año después, con la historia de un amor que se prolonga varias décadas, hasta la vejez de la pareja.

Escuchemos la interpretación de Kris Kristofferson y Rita Coolidge para su álbum de dúos Full Moon (1973).

Marty Robbins la incluyó en Good ‘n Country (1974).

 

 

Hank Cochran, un compositor muy prolífico

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Nuestro protagonista de hoy nació en 1935. Después de una infancia complicada en la que sufrió diversas enfermedades –los médicos lo desahuciaron más de una vez–, salió adelante gracias, en parte, a la música. Su tío Otis solía llevarlo con él en sus múltiples viajes por la geografía americana y le enseñó a tocar la guitarra, estampa que quizá sirviera de inspiración a Clint Eastwood para su película El aventurero de medianoche.
A los 24 años decidió buscar fortuna en el country. Desde su Misisipi natal viajó a Nashville en autoestop y el azar quiso que conociera a otro de los mejores compositores que ha dado el country, Harlan Howard.
Con él escribió I Fall to Pieces –ya escuchada aquí, interpretada por Patsy Cline– y, desde entonces, su nombre empezó a sonar con fuerza en el panorama. A finales del mismo año, 1960, compuso uno de sus mayores éxitos en solitario, Make the World Go Away –también escuchada aquí–, la canción más recordada de Eddy Arnold. George Strait, Merle Haggard, Ronnie Milsap o Mickey Gilley fueron algunos de los cantantes que grabaron sus canciones, y su intervención fue decisiva, además, para convencer a los jefes de su sello de que contrataran como compositor a Willie Nelson. Murió en 2010. En 2014 entró a título póstumo en el Salón de la Fama de la música country.

Aunque su faceta como compositor fue lo más destacable de su carrera, también interpretó sus propias canciones y sacó algunos discos. Escuchemos su primer single y, a la vez, su mejor posición en las listas, si bien se quedó en un discreto vigésimo puesto. Sally was a good old girl (1962) es una animada canción en la que el narrador recuerda a su primer amor, a la que define como una buena chica. El tema fue escrito por su amigo Harlan Howard y Cochran lo incluyó en Going on Training (1965).

Ahora, Buck Owens en su disco On the Bandstand (1963).

Waylon Jennings la versionó en su álbum de debut, JDs (1964).

Veamos esta interpretación de Roy Clark en la televisión en 1969.

Y ahora que está a punto de cumplirse el primer aniversario de su muerte, termino con Fats Domino, que la grabó en clave rock en 1968.

They Took the Stars Out of Heaven. Floyd Tillman, 1943

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Sigamos desempolvando éxitos de los años 40, hoy con una figura de la que ya os hablé hace aproximadamente un mes. Me refiero a Floyd Tillman, a quien citaba como coautor –o más bien, autor en solitario– de It Makes No Difference Now (1938).
Tillman vendió los derechos de esa canción y tuvo que resignarse a que otros triunfaran con ella. Con la que vamos a escuchar hoy, ya había aprendido la lección y figuró a todos los efectos como compositor de la misma. Se apresuró a grabarla y se convirtió en su primer y único número 1 en las listas. Se trata de un tema de western swing, tan popular en la música folk de aquellos tiempos. El protagonista se lamenta de la pérdida de su pareja –el autor deja en el aire la razón, si es porque ha muerto o porque le ha dejado por otro. “Quitaron las estrellas del cielo el día que me la quitaron, toda la luz y las cosas dulces de la vida son hoy solo un recuerdo”, dice.

Esta es la versión original de Floyd Tillman and His favorite Playboys, que alcanzó lo más alto de las listas en marzo de 1944.

Elson Britt también incorporó esta canción a su repertorio.

Vamos ahora con una de las mujeres pioneras del hillbilly, Boots Faye, que la grabó en 1946.

Ray Pennington hizo una curiosa versión a ritmo de rockabilly en 1958.

Retta Christie es una entusiasta del western swing cuyo grupo hace versiones de clásicos de este estilo. Retta and the Smart Fellas interpretaron esta canción en su álbum They Took the Stars Out of Heaven (2003).

Las primeras grabaciones de Elvis Presley

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Un entonces desconocido joven de 18 años, Elvis Aaron Presley, se dirigió el 18 de julio de 1953 a la sede de los estudios de Sun Records en Memphis (Tennessee). Aunque no lo sabía, estaba destinado a cambiar radicalmente el rumbo de la música de la segunda mitad del siglo XX.
Según solía contar, su intención había sido grabar un disco, pagado por él mismo, para dárselo a su madre como regalo de cumpleaños, algo que refutan algunos historiadores, ya que parece ser que, a la sazón, la familia Presley no tenía tocadiscos y, además, el cumpleaños de la madre había sido en abril. Según estos arqueólogos de la música, a Elvis no le faltaba ambición y acudió a Sun Records con la esperanza de ser descubierto por el todopoderoso Sam Phillips, que tres años antes había fundado el estudio. Sea como fuere, el disco que grabó se convirtió en toda una pieza de coleccionista.
Cuando llegó allí, fue recibido por la asistente personal de Sam Phillips, Marion Keisker, que pasaría a la historia como la primera que registró la voz de Elvis. Después de que éste le entregara sus cuatro dólares, procedieron a la grabación del disco de acetato. En la cara A, el genio grabó My Happiness, una canción cuya melodía se cree que data de 1933 y escrita por un hijo de inmigrantes italianos, Borney Bergantine. El tema no se publicó hasta 1948, cuando Betty Peterson Blasco le añadió la letra con la que hoy la conocemos, y que habla de un tipo que desea estar junto a su enamorada porque ésta le da la felicidad.
En la otra cara del disco, de 78 rpm, aparecía That’s Where Your Heartaches Begin, un tema escrito en 1937 por Fred Fisher, William Raskin y Billy Hill que pasó casi despercibido hasta que Elvis lo inmortalizó (lo grabó en varias ocasiones). La letra habla de los peligros de presentar a tu amigo a tu amada, porque puede que acabe robándotela y te quedes sin novia y sin amigo.
Quizá porque no tenía tocadiscos, Elvis fue a escucharlo a casa de su amigo del instituto Ed Leek, que sí lo tenía y que, probablemente, fue quien le prestó el dinero para la grabación, y el disco se quedó allí. Leek llegó a un acuerdo en 1989 con Shelby Singleton, el empresario que compró Sun Records a Phillips, para editarlo en CD y en cinta, aunque siguió custodiando el original hasta su muerte en 2010. Su familia lo subastó en 2015 y el comprador, Jack White, productor y antiguo miembro de The White Stripes, encargó al conservador del Salón de la Fama de la Música Country que lo digitalizara.
Escuchemos la grabación de Elvis de My Happiness.

No fue la del rey del rock la versión más conocida, sino la que vamos a escuchar ahora, obra de Connie Francis de 1958.

Vamos ahora con la cara B de este disco, That’s when your heartaches begin.

Una de sus primeras grabaciones fue en 1941 la de The Ink Spots, uno de los grupos favoritos de Elvis Presley.

Premios de la Asociación de Bluegrass 2018

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Otro año más la industria del bluegrass se ha vestido con sus mejores galas para elegir lo más destacado del año en la 29ª edición de los Premios Internacionales del Bluegrass, que tuvo lugar en Raleigh (Carolina del Norte) el pasado 27 de septiembre.
La ceremonia fue conducida por uno de los grupos más emblemáticos del bluegrass, Hot Rize, que triunfara en la primera edición de estos premios allá por 1990. Lo más relevante ha sido que gran parte de los galardonados han repetido, ya sea en la misma o en otra categoría. Estos han sido los premios:
Mejor canción del año: If I’d Have Wrote that Song. Interpretada por Joe Mullins and the Radio Ramblers, es obra de Larry Cordle, Larry Shell y James Silvers.

Grabación gospel del año: Ha recaído en la violinista y cantante Becky Buller y su Speaking to that Mountain, del álbum Crèpe Paper Heart.

Grabación instrumental del año: The Squirrel Hunters, de Special Consensus. Este grupo lleva más de 40 años sobre los escenarios, con diferentes miembros a lo largo de su trayectoria. El tema pertenece a su último disco, Rivers and Roads (2018).

Álbum del año: Rivers and Roads, de Special Consensus. De nuevo nos encontramos con este grupo, que ya consiguiera un Grammy en la categoría bluegrass en 2013 y otro de la Asociación de Música Bluegrass en 2016.
Mejor Artista del año: Ha recaído en el grupo Balsam Range, viejos conocidos de la Asociación de música bluegrass. Triunfaron en 2014 en esta misma categoría y en la de mejor grupo vocal del año, y uno de sus miembros se llevó el premio al vocalista masculino. Fundado en 2007, está compuesto por Buddy Melton, Darren Nicholson, Tim Surrett, Caleb Smith y Dr. Mark Pruett. Escuchemos algunas muestras de su trabajo:
Other Side of the Mountain pertenece a su disco Papertown (2012).

Rise and Shine está extraído de su último álbum, Mountain Voodoo (2016). Se trata de una canción introspectiva en la que se dice que “la voz interior que escuchas es tu alma que te llama”.

Artista emergente del año: The Po Rambling Boys, formado por C. J. Lewandowski, Josh Rinkel, Jereme Brown y Jasper Lorentzen. De ellos os dejo con Drive Myself to Drinking, incluida en su álbum Back to the Mountains (2016).

Acontecimiento grabado del año: Swept Away, que pertenece al último trabajo de Missy Raines, Royal Traveller (2018), en el que también han intervenido Alison Brown, Becky Buller, Sierra Hull y Molly Tuttle.

Grupo instrumental del año: Travelin’ McCourys. Este dúo está formado por los hermanos Ronnie y Rob McCoury.
Vocalista masculino del año: Buddy Melton. La cara visible de Balsam Range repite su mención de 2014.
Vocalista femenina del año: Brook Aldridge, la ganadora del año pasado, repite en esta categoría.
Grupo vocal del año: Doyle Lawson and Quicksilver consiguieron todo un récord al hacerse por octava vez con este galardón.
Intérprete de fiddle del año: Michael Cleveland. Nada menos que 11 veces ha sido distinguido con este premio.
Guitarrista del año: Por segundo año consecutivo, la ganadora ha sido Molly Tuttle.
Mandolinista del año: En esta categoría, Sierra Hull también repite.
Intérprete de banjo del año: Ned Luberecki.
Intérprete de dobro del año: Tim Surrett.
Intérprete de bajo del año: Justin Moses.

There’s a Star Spangled Banner Waving Somewhere. Paul Roberts y Shelby Darnell, 1942

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Hacía un año escaso que Estados Unidos había entrado en la guerra, por lo que no es de extrañar que proliferaran las canciones patrióticas. Este es un buen ejemplo de ello. La letra de There’s a Star Spangled Banner Waving Somewhere habla de que hay una bandera adornada de estrellas –la de Estados Unidos, claro– que ondea en algún lugar donde van los héroes de guerra. Y allí, obviamente, es donde quiere ir el narrador de la canción. Escuchemos algunas versiones del tema por distintos cantantes country.

La más popular fue la original de Elson Britt, quien empezó con muy buen pie en esto del country, aunque hoy esté un tanto olvidado: este fue su primer single y dos años después, en 1944, ya había vendido un millón de copias del mismo.

Gene Autry, del que hablamos no hace mucho con motivo del aniversario de su muerte, se alistó en el ejército al estallar la guerra. En esta grabación de radio, el locutor lo presenta como el sargento Gene Autry.

El primer single en 1943 del cowboy cantante Jimmy Wakely fue esta canción.

El cowboy cherokee, como era conocido Ray Price, también hizo su propia versión.

The Louvin Brothers la incluyeron en Weapon of Prayer (1962).

La versión de Hank Snow pertenece a Songs of Tragedy (1964).

Vamos ahora con Wynn Stewart en su álbum In Love (1968).

Una canción country de 1963, There’s a Grand Ole Opry show playing somewhere, se inspiró en su título y tomó prestada la melodía que comparten It wasn’t God who made honky-tonk angels, Great speckled Bird y The Wild side of Life (las tres escuchadas aquí). Escuchémosla cantada por uno de sus autores, Red Johnson, que la compuso junto a Bud Auge.