Dave Loggins, un prolífico compositor country

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David Allen Loggins nació en Tennessee en 1947. Su padre tocaba el fiddle y, además, es el primo de Kenny Loggins, esto es, la música corría por sus venas. Empezó a tocar la guitarra y a escribir canciones ya en el instituto. En 1970 se trasladó a Nashville y dos años después le sonrió la suerte cuando el sello Vanguard le produjo su disco de debut, Personal Belongings (1972).
Aunque sus siguientes trabajos no tuvieron gran repercusión, se reinventó a sí mismo como compositor. En esta faceta, ha escrito canciones para Three Dog Night, Restless Heart, Reba McEntire, Wynonna Judd, Alabama, Kenny Rogers y muchos otros. En 1995 entró en el Salón de la Fama de Compositores de Nashville.
Su mayor éxito en las listas fue Please come to Boston, que vio la luz en 1974 en su disco Apprentice in a Musical Workshop. En la letra, escrita por él mismo, un hombre pide a su pareja que se vaya a vivir con él en distintos lugares –Boston, Los Angeles, Denver–, pero ella se niega: prefiere que se asiente y vuelva a Tennessee con ella. Su interpretación le valió una nominación al Grammy al mejor vocalista masculino.

Otro de sus temas más conocidos es Pieces of April, grabada para su disco David Loggins (1979). El narrador evoca aquí los buenos recuerdos de su primera relación primaveral.

En 1984 grabó un dúo con Anne Murray llamado Nobody Loves Me Like You Do, que mereció el premio al dúo vocal del año en 1985 de la Asociación de Música Country. Os dejo con él.

El silbato del tren (VIII)

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Roger Miller alcanzó gran popularidad con King of the Road (1964), todo un himno a la libertad. Cuenta la historia de un vagabundo que se desplaza viajando como polizón en los vagones de carga, y que, a pesar de no tener dinero, se considera feliz y “el rey de la carretera”. La canción ha tenido multitud de versiones: escuchemos, por ejemplo, la de George Jones en 1966.

En 1890 Charles Davis Tillman puso música a un himno góspel compuesto por el pastor baptista M. E. Abbey, Life is Like a Mountain Railway, en el que compara la vida con un ferrocarril de montaña por lo sinuoso y lleno de peligros. Pero no hay nada que temer porque Dios nos conducirá seguros a nuestro destino. Escuchemos la versión del grupo Seldom Scene en su álbum Act Four (1979).

Vamos ahora con otra canción góspel, en esta ocasión una actual. Josh Turner compuso Long Black Train en 2001 y la grabó dos años más tarde. Acababa de salir de la Universidad cuando la cantó en el Grand Ole Opry y produjo tal sensación, que las ovaciones fueron interminables y tuvo que hacer un bis. La inspiración le surgió en 1999, cuando estaba escuchando grabaciones no publicadas de Hank Williams e imaginó un tren como una metáfora de las tentaciones del Diablo. Así, la canción nos recomienda no subir al tren que conduce el Diablo, aunque te intente hechizar con su atractivo sonido y la belleza de sus formas.

Golden. Lady Antebellum, 2013

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El trío Lady Antebellum –compuesto por los vocalistas Hillary Scott y Dave Haywood y el instrumentalista Charles Kelley– venía pisando fuerte, sobre todo a raíz de su inmenso éxito Need You Now (ya escuchado aquí). Prueba de ello fue este álbum, su cuarto trabajo, que llegó a ser número 1, con más de 160.000 copias vendidas la primera semana, y que gozó igualmente del favor de la crítica.
En Golden, Lady Antebellum incorpora elementos del pop, lo que sirvió para ampliar su público, aunque, en el otro platillo de la balanza, en algunos cortes sea casi imposible reconocer el sabor del country. El disco produjo tres singles: Downtown, Goodbye Town y Compass.
Empecemos con la canción que le da título, Golden, escrita por Scott, Kelley, Haywood y Eric Paslay, que la grabaron al año siguiente junto a Stevie Nicks. Os dejo, sin embargo, con la original. En esta balada el narrador compara las gracias que adornan a su pareja con “algo dorado”.

El primer single que apareció fue Downtown, compuesta por Luke Laird, Shane McAnally y Natalie Hemby. Aunque en principio estaba pensada para que la interpretara Miranda Lambert, finalmente el trío se hizo con ella. La protagonista plantea a su novio que la lleve al centro (su melodía es bastante pegadiza, pero la letra resulta poco original).

Otro de los singles fue Goodbye Town, canción en la que Hillary Scott, Charles Kelley, Dave Haywood y Josh Kear abordan una ruptura en la que uno de los componentes de la pareja desea abandonar la ciudad porque todo en ella le recuerda su relación.

El tercer y último single fue Compass, compuesta por Mikkel Eriksen, Tor Erik Hemransen, Ammar Malik, Ross Golan, Daniel Omelio y Emile Haynie. Se trata de una de las canciones más alegres del disco, con un mensaje muy optimista, ideal para superar cuaquier trance con su consejo de “dejar que nuestro corazón sea nuestra brújula cuando estemos perdidos”.

El silbato del tren (VII)

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Seguimos el viaje con uno de los primeros éxitos de Johnny Cash, Hey Porter (1955). El narrador se encuentra muy ilusionado por volver a su hogar en tren y se dirige repetidamente al mozo para transmitirle su emoción. Esta es la versión de Marty Stuart.

Nada menos que 21 semanas se mantuvo esta canción como número 1 en las listas. Se trata de I’m Moving On (1950), de Hank Snow. Su éxito hizo que ese mismo año Snow se uniera al elenco del Grand Ole Opry. Hoy la escuchamos en la voz de Roy Acuff. La letra habla del deseo del protagonista de mantenerse siempre en movimiento.

En 1969 Jack Clement compuso I’ve Got a Thing About Trains, y Johnny Cash la grabó el año siguiente en Hello, I’m Johnny Cash. De corte nostálgico, el protagonista se lamenta de que actualmente los trenes hayan perdido el romanticismo de antaño.

Jimmie the Kid es un homenaje que Merle Haggard rindió a Jimmie Rodgers, en el que alude a su profesión de ferroviario que, en sus ratos libres, componía música country y se convirtió como sin quererlo en un gran maestro del yodel.

Girl on the Billboard. Hank Mills y Walter Haynes, 1965

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El subgénero de las “canciones de camioneros” nos dio un ejemplo muy notable con este tema de 1965 que hizo popular Del Reeves –fue su único número 1–, aunque el cantante fuera bastante popular en esa década.
Estas “canciones de camioneros” eran muy atractivas para el público, pues tenían un marcado sentido del humor y representaban un soplo de aire fresco ante las canciones de amor que proliferaban en la época del sonido Nashville. Sus autores, Hank Mills y Walter Haynes, la concibieron, en efecto, con un claro matiz festivo. La letra cuenta la historia de un camionero que todos los días hace la ruta de Chicago a Saint Louis, donde ve una valla publicitaria que muestra a una mujer con una encantadora sonrisa y ataviada con una mera toalla. Se enamora de ella (y, a juzgar por el número de accidentes en las inmediaciones, parece que no es el único) y, obsesionado con su imagen, un día decide desviarse de su camino para visitar al artista que diseñó la valla. Le pide los datos de la mujer que le sirvió de modelo y, para su desilusión, este le replica que no se trata de una mujer real. A renglón seguido, nos encontramos al camionero de vuelta en la carretera y recitando que “pronto encontrarán pequeños pedazos de su corazón desperdigados por ahí”.
Este es el original de Del Reeves, que apareció en febrero de 1965.

Dave Dudley, casi el iniciador del subgénero “camionero” con Six Days on the Road (1963) (ya escuchada aquí), también hizo su propia versión.

El grupo country canadiense The Road Hammers la grabó en 2006, hacia los inicios de su carrera. Ha sido su mayor éxito hasta la fecha.

Aaron Tippin la interpretó en 2009 para su disco In Overdrive.

Cómo no, este es el tipo de canción que requería una “answer song”. Así, en 1965 surgió I’m the Girl on the Billboard, donde la cantante, Joyce Paul, asegura ser la chica de la valla. Aunque le gustaría decir que es real, se enorgullece de su éxito con los hombres y será quien recoja los pedazos de corazón que deje el camionero. La letra también fue escrita por Hank Mills.

El silbato del tren (VI)

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Cambiamos de registro en nuestra serie con una canción góspel. Get on Board Little Children, también conocida como The Gospel Train, fue publicada en 1872 y, según algunas fuentes, pudo ser escrita por el ministro baptista John Chamberlain. Tiene multitud de versiones y una de las más conocidas es la de Tennessee Ernie Ford que vamos a escuchar ahora. El narrador recomienda a todos los niños que se suban sin más dilación al tren del evangelio que se aproxima por el recodo, pues “hay sitio para todos, la tarifa es barata, caben tanto los pobres como los ricos y no hay segunda clase”.

Great Nashville Railroad Disaster es una historia real sobre un accidente ferroviario que tuvo lugar en Nashville el 9 de julio de 1918. Fue el peor de la historia de esta ciudad y se llevó por delante la vida de al menos 101 personas y provocó 171 heridos, tras un choque frontal entre dos trenes, uno que había salido de Nashville y otro de Memphis. La grabó David Allan Coe en su álbum I’ve Got Something to Say (1980).

Escuchemos ahora Ghost Trains, obra de Famous Lashua que Hank Snow incluyó en su disco dedicado a los trenes Railroad Man (1963). El espíritu de la canción intenta captar la angustia de una pesadilla: un hombre cree ver trenes fantasma en el cielo nocturno hasta que estos se difuminan con la llegada del amanecer. La letra recuerda al clásico de la música western Ghost Riders in the Sky (1948).