El banjo en su máxima expresión

bluegrass
Hablar de música bluegrass es hablar de su instrumento más popular, el banjo. Una de las mejores composiciones para este instrumento salió de la mente y la pluma de Earl Scruggs quien, en 1949, escribió Foggy Mountain Breakdown, una pieza instrumental llena de vitalidad.
En aquel momento Scruggs trabajaba junto a su eterno compañero Lester Flatt –ver entrada del 28 de abril–, y con él y los Foggy Mountain Boys, su grupo, la grabó y publicó en un single editado por Mercury Records.
Los amantes del cine probablemente recordéis este tema porque aparece en la banda sonora de la película de Arthur Penn Bonnie y Clyde (1967), en las escenas de persecuciones automovilísticas. Fue tal su éxito, que al año siguiente se reeditó en disco, esta vez bajo el paraguas de la Columbia. En 2002 asistimos a una nueva grabación que contó con la colaboración de Steve Martin, Randy Scruggs, Vince Gill o Marty Stuart, entre otros, y obtuvo un Grammy a la interpretación. Finalmente, la Librería del Congreso incluyó este clásico en su Registro de Grabaciones Nacionales por su contribución a hacer del banjo el instrumento esencial del bluegrass.
Escuchad primero la versión original de Foggy Mountain Breakdown, interpretada por Flatt y Scruggs:

Os dejo ahora con la interpretación que mereció el Grammy en 2002. Esta versión fue presentada en el show de David Letterman, un programa de máxima audiencia en Estados Unidos que este humorista lleva presentando ininterrumpidamente desde 1993 (lo hará hasta la próxima temporada, cuando lo suceda Stephen Colbert).

Este tema se inspiró, a su vez, en otra de las piezas emblemáticas del bluegrass instrumental, Bluegrass Breakdown (1945), compuesto por Bill Monroe. Aunque no se le reconoció en los créditos, contó con la colaboración de un jovencísimo Earl Scruggs. Escuchémoslo antes de despedirnos:

Pura energía: Cotton Eyed Joe

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Como prometía el pasado martes al decir que en breve dedicaría una entrada a Cotton Eyed Joe, hoy escucharemos esta canción folk donde el fiddle adquiere un protagonismo especial.
De ésta, como de tantas otras canciones folk, no se conoce la fecha exacta de su composición. Sin embargo, podemos aventurarnos con una aproximada, y situarla antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), ya que durante la misma ya era conocida, y, según la historiadora de la música Dorothy Scarborough, los esclavos la cantaban en las plantaciones de Luisiana.
La primera versión publicada data de 1882, cuando la editorial Harper and Brothers puso por escrito la letra, que, lógicamente y al ser de tradición oral, cuenta con diversas variantes. “De no haber sido por Joe el de los ojos de algodón, habría estado casado hace mucho tiempo”, nos cuenta, por lo que podemos inferir que el tal Joe le quitó la novia al autor.
De notable popularidad en Texas, llegó a ser conocida como el himno del sur de ese estado, y aún goza de gran predicamento: multitud de colegios universitarios la tocan al comienzo de sus partidos de baseball.
Vamos a comenzar por la primera versión grabada que se conoce. Se la debemos a los Carter Brothers (George y Andrew) e hijo (Jimmie, que aquí toca la guitarra con solo nueve años). Es de 1928 y fue editada por The Brunswick Company. Este grupo, por cierto, nada tiene que ver con la familia Carter.

Los Skillet Lickers, capitaneados por Gid Tanner, grabaron Cotton Eyed Joe en los años 30.

Escuchemos ahora la grabación que hizo Bob Wills and his Texas Playboys en 1946.

Os dejo ahora con la versión que hizo el padre de la música bluegrass, Bill Monroe, y los Bluegrass Boys, quienes añadieron al fiddle el banjo y la mandolina.

En 1980 Isaac Peyton Sweat nos regaló esta gran versión.

En este último año, la película Urban Cowboy también incluyó este clásico en su banda sonora.

En 1985 el grupo Asleep at the Wheel (“Dormidos al volante”) ejecutó una versión memorable. Escuchémosla.

La colaboración entre la banda irlandesa The Chieftains y uno de los máximos exponentes vivos de la música bluegrass, Ricky Skaggs, alumbró una interpretación antológica, que se tradujo en una nominación al Grammy a la mejor instrumentación country en 1992 por el disco Another Country.

Esta melodía ha traspasado fronteras y el grupo sueco Rednex alcanzó un gran éxito en 1994 con otra versión de dudoso gusto, que recibió críticas por su toque techno. La canción está extraída del álbum Sex and violins y fue un gran éxito en Europa, donde alcanzó lo más alto de las listas en Noruega, Suecia, Alemania, Austria, Suiza o Finlandia, entre otros.

Porter Wagoner, Mr. Grand Ole Opry

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El cantante de country que hoy os presento nació en una pequeña localidad de Missouri en 1927. La depresión económica golpeó de lleno a su familia y lo apremió a trabajar de adolescente en una carnicería.
Su verdadera pasión era, sin embargo, la música, y, tras emplearse en una emisora local, fue descubierto por Si Siman, quien también hizo lo propio con Chet Atkins. Nuestro protagonista obtuvo su primer contrato con la RCA, y en los años 50 despegó su carrera.
En 1957 se unió al Grand Ole Opry, y, a mediados de los 60, comenzó una fructífera asociación con una joven Dolly Parton, que nos regaló grandes dúos antológicos. En 1982, Clint Eastwood contactó con él para ofrecerle un pequeño papel en su película El aventurero de medianoche, Honky-tonk man.
En octubre de 2007, a los 80 años y después de cinco décadas de permanencia ininterrumpida en el Grand Ole Opry, Porter Wagoner murió de cáncer de pulmón, con el deber cumplido y rodeado por su familia y su amiga de toda la vida Dolly Parton.
Uno de sus números 1 fue Misery loves company (1961), canción escrita por Jerry Reed y a la que la “steel guitar” de Wagoner le da un toque muy especial. Tal como sugiere el título, la letra habla de alguien que acaba de ser abandonado y busca la compañía de sus amigos para huir de la soledad. Os dejo con ella.

Un todoterreno en concierto

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Claude Russell Bridges, más conocido por su nombre artístico, Leon Russell, es un músico incansable: inició su carrera allá por 1956, a los 14 años, y todavía a sus 72 (¡casi seis décadas después!) sigue en activo.
Los fans del country en España estamos de enhorabuena, ya que, en el marco del festival Leyendas con Estrella, Russell actuará por primera vez en nuestro país. En concreto, ayer día 8 lo hizo en Madrid y hoy se desplaza a Bilbao para ofrecernos una muestra de su arte.
Russell nació en Oklahoma y, en su adolescencia, se trasladó a Tulsa, donde empezó a tocar en clubes nocturnos. En los años sesenta empezó a trabajar con Phil Spector y colaboró estrechamente con Joe Cocker. En su extensa carrera ha colaborado también con grandes de la talla de Ray Charles, Gram Parsons, Elton John, Willie Nelson, Frank Sinatra, The Byrds o los Rolling Stones, por citar solo unos pocos.
Leon nunca se ha puesto límites: se ha dedicado al gospel, al country, al folk, al rhythm and blues y, cómo no, al rock (en 2011 fue presentado en el Rock and Roll Hall of Fame). Y ha ejercido de productor, arreglista, cantante, pianista…, es decir, todo un todoterreno musical.
Escuchemos una de sus composiciones más emblemáticas, A song for you (1970), en la que demuestra su competencia al piano. Es la canción que abre su disco Leon Russell, y posteriormente sería versionada por Ray Charles, Donny Hathaway o Amy Winehouse. He aquí la original.

La ciudad fantasma

Calico

El country, como estamos viendo en la serie dedicada a los estados americanos, está muy apegado a la tierra. Pero los artistas no solo cantan a los estados, sino también a las ciudades, y, por ello, hoy quiero que me acompañéis a una ciudad fantasma, una de esas localidades surgidas por el auge de una actividad económica puntual, que, a su término, es abandonada, como han retratado tantas películas del oeste. Una de ellas fue la ciudad de Calico, en el condado de San Bernardino, California. Fue fundada en 1881 como una ciudad minera en las inmediaciones del desierto del Mojave al descubrirse plata en los alrededores. En 1907 fue abandonada y actualmente es un atractivo turístico más de California.
La letra de la canción que vamos a escuchar, Calico Train, describe la superación de una ruptura. Al principio, la narradora cree que no podrá seguir adelante, pero una noche sus amigos la invitan al baile de Calico. Por supuesto, decide ir y empieza a “sentirse viva otra vez con un hombre a cada lado y cada paso que daba le alejaba más de él”. ¿No os recuerda el éxito de Gloria Gaynor I will survive (1979)?
Os dejo con la versión instrumental en clave bluegrass de Steve Martin, que, además de dedicarse al cine, es músico y todo un virtuoso del banjo. Martin creó en 2010 un premio a la excelencia en el banjo y el bluegrass, dotado con 50.000 dólares.

El paradigma del fiddle

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Hoy os voy a hablar de Faded Love, escrita por Bob Wills (ver entrada del 28 de marzo), su padre, John Wills, y su hermano, Billy Jack Wills.
La melodía está basada en una antigua canción popular de 1858, Darling Nelly Grey, que el padre de Wills solía tocar al violín o fiddle, y que el hijo revitalizó y convirtió en todo un clásico del western swing, del que fue su máximo exponente.
Escuchemos, primero, Darling Nelly Grey, la canción que inspira Faded Love. Fue compuesta como un himno antiesclavista por Benjamin Hanby, el hijo de un obispo. Un hombre llora la pérdida de su amada, vendida como esclava a una familia de Georgia y con la que no volverá a reunirse hasta que ambos estén en el cielo. Os dejo con la versión de Tom Roush.

Ahora, vamos con la canción propiamente dicha, Faded Love, grabada por Bob Wills y los Texas Cowboys en 1950 y que alcanzó el número 8 de las listas country.

En 1962, Leon McAuliff nos regaló una nueva versión instrumental del tema.

Pero, quizá, la más conocida fuera la de Patsy Cline de 1963, la última que grabó antes de su trágico accidente de aviación en marzo de ese año.

El sonido Bakersfield

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En la reciente entrada dedicada a Chet Atkins, os hablé de su papel como padre del sonido Nashville, un poco más orquestal con el fin de asimilarlo a la pujante música pop. Sin embargo, hubo artistas de country que no se resignaron a abandonar la esencia de su música en los honky-tonk –al fin y al cabo el country surgió más bien como música en directo que como música de estudio.
Esta corriente fue conocida como sonido Bakersfield, y tomó su nombre de la ciudad californiana homónima. Puede parecer extraño que en ese estado, el más poblado del país, se custodiara este subgénero del country, que tiene más predicamento en el sur. La explicación es sencilla. Durante el Dust Bowl de la Gran Depresión, gran parte de la población de Oklahoma –Okies, como se les llama coloquialmente– y de otros estados emigraron a la soleada California, llevando consigo sus influencias musicales.
La mayor parte de los éxitos de esta nueva ola fue producida por Ken Nelson, de Capitol Records, y el estilo acabó constituyendo el germen del country-rock, con representantes tan ilustres como Buck Owens and the Buckeroos, Merle Haggard, Wynn Stewart o, actualmente, Dwight Yoakam.
Escuchemos uno de los temas más característicos de este estilo, Streets of Bakersfield (1973), que canta Buck Owens. La historia nos habla de un autoestopista sin rumbo fijo que percibe el desprecio de la gente por su situación y, retóricamente, pregunta: “¿Cuántos de vosotros que os sentáis ahí y me juzgáis habéis caminado por las calles de Bakersfield?”.

Escuchémoslo ahora en la versión de Dwight Yoakam acompañando a Owens, que en cierta ocasión dijo: “… La música de Emmylou Harris, Gram Parsons, los Burrito Brothers o los Eagles es toda ella una extensión del sonido Bakersfield y un subproducto de él… No sé si habría habido un John Fogerty o una Creedence Clearwater Revival si no hubiera habido un sonido Bakersfield”.

El Blues ya no será lo mismo

johnny winter
Permitidme que hoy nos salgamos del terreno country para rendir homenaje a una figura de la Música, así, con mayúscula, desaparecida ayer mismo.
Me refiero a Johnny Winter, nacido en Beaumont, Texas, en 1944. Su debut profesional tuvo lugar en 1968, en un concierto de Mike Bloomfield, pero su pasión por la música se remonta a sus años mozos, cuando actuaba con su hermano Edgar en modestos espectáculos musicales. Desde entonces, Johnny no dejó de trabajar, hasta alcanzar un total de 18 discos y dejar otro a las puertas, Step Back, cuya publicación está prevista para el próximo 2 de septiembre. Aparte de ser uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, Winter también se dedicó a la producción, amparando, por ejemplo, al gran Muddy Waters, con quien tocó –uno de sus sueños– a finales de los 70.
En 1968, como ya he apuntado, le surgió su gran oportunidad cuando los directivos de la Columbia le ofrecieron un contrato de 600.000 dólares. Al año siguiente, actuó en el legendario festival de Woodstock.
Winter ha deleitado al público español en varias ocasiones, la última el pasado mayo, en una gira que le llevó por Bilbao, Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca.
Os dejo aquí con una de sus composiciones, Leland Mississippi Blues (1969), reeditada por última vez en febrero de 2014 en el recopilatorio True to the Blues, con motivo de su cumpleaños.

Chet Atkins, el creador del sonido Nashville

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Nacido en 1924 en una localidad de Tennessee, la pasión por la música de Chet Atkins, unida a su instinto comercial, le procuró su primera guitarra a los nueve años de edad, cuando le cambió a su hermano una vieja pistola y se comprometió a hacer las tareas domésticas. A los 15 años, ya dominaba a la perfección este instrumento.
Su vida cambió cuando escuchó en una radio local a Merle Travis y, tras acabar el instituto, empezó su carrera profesional, primero en la radio y luego editando discos.
Presentó su primer single en el Grand Ole Opry en 1946, pero la canción que lo lanzó al estrellato fue Mr. Sandman (1954). Tres años más tarde protagonizó junto con Owen Bradley un hito capital para la historia de la música country: en su función de productor de la RCA Victor Nashville, detectó que las ventas de country perdían terreno con respecto a las del recién nacido rock and roll, y pensó en eliminar los violines y la steel guitar de las canciones para atraer así al público pop. Es lo que se conoce como sonido Nashville.
El sistema funcionó, y el estilo vino a sustituir al honky-tonk tan en boga durante los años 40 y principios de los 50. Su prolífica carrera –raro era el año en que no sacaba al menos un disco y a veces hasta tres– le reportó nada menos que 14 Grammys y su ingreso en el Salón de la Fama del Rock and Roll y del Country. Consciente de su valía, en una entrevista se situó a sí mismo en una lista de los guitarristas más influyentes del siglo, que encabezaba el inimitable Djiango Reinhardt.
Colaboró con los grandes del country, como Hank Snow, Porter Wagoner, Dolly Parton, Dottie West, Eddy Arnold, Jim Reeves, Waylon Jennings… y no sólo del country, pues también lo hizo con Mark Knopfler.
Finalmente, el artista falleció en 2001 en su casa de Nashville, tras una batalla contra el cáncer que venía librando desde cinco años atrás.
Os dejo con Freight Train (“Tren de mercancías”), single de su álbum Guitar Country (1964). Se trata de la versión instrumental de una canción folk escrita por Elizabeth Cotten a principios del siglo XX.

Otra muestra de su maestría a la guitarra es este conocido tema, Yakety Axe, de su disco More of That Guitar Country (1965), en el que sustituía el saxo (originalmente, la composición se llamaba Yakety Sax) por la guitarra eléctrica, coloquialmente conocida como “Axe”, hacha. Por cierto, “yakety-yak” es una expresión coloquial que se refiere a alguien que habla sin parar. La versión llegó al número 4 de las Hot Country Songs.

Una corona compartida

Spade+Cooley+spadecooley
En una entrada anterior os decía que Bob Wills era conocido como el rey de la música western swing. Y es cierto que esto fue así, pero solo cuando murió Spade Cooley en 1969.
A finales de los años 20, aprovechando el tirón del swing, germinó este subgénero de la música country, fundamentalmente en Texas, California y Oklahoma. Tras la Segunda Guerra Mundial, empezó su declive, no tanto porque cambiaran los gustos de la gente, sino por los impuestos: para contribuir al esfuerzo de guerra en EE.UU., en 1944 se introdujo una tasa adicional del 30% a todos los clubs nocturnos que ofrecieran música de baile. Fue la puntilla.
El nombre de swing surgió por el éxito de 1932 It Don’t Mean a Thing (If Ain’t Got a Swing), es decir, años después de que se impusiera el estilo, antes conocido con los nombres genéricos de hillbilly, old time music o Western music.
En 1942 tuvo lugar un concurso entre bandas de este estilo, y se decidió que el ganador llevaría el título de “rey de la música western swing”. La vencedora fue la banda de Spade Cooley.
La vida personal de este artista fue bastante movida. En 1961 fue acusado de matar a su mujer por una infidelidad. Su hija fue testigo del asesinato y Cooley fue condenado a cadena perpetua. Cuando en 1969 se le concedió un permiso para asistir a un concierto benéfico, sufrió un ataque al corazón que acabó con su vida.
Por supuesto, el western swing, cuyo instrumento dominante es el fiddle, no ha desaparecido de la escena musical. Su máximo exponente es Asleep at the wheel, un grupo que empezó en 1970 y todavía está en activo. Aunque algunos de sus miembros lo han ido dejando con el paso del tiempo, su líder, Ray Benson, se mantiene al pie del cañón desde el principio.
Escuchemos ahora uno de los mayores éxitos de Cooley, Shame on You. En esta canción el autor le recrimina a su novia su vida disoluta con otros hombres… A la vista de lo que ocurriría después, la canción cobra un significado más siniestro.