La Segunda República española en 50 lugares. Alberto de Frutos

la segunda republica
Hoy, 14 de abril, puede ser un gran día para hablar de la República. El libro La Segunda República española en 50 lugares (ed. Cydonia, 2019), obra del periodista y escritor Alberto de Frutos, es una brillante aproximación a esos cinco años que sacudieron el mundo, como diría John Reed. Lo que empezó siendo un sueño el 14 de abril de 1931 se despertó con la pesadilla de la Guerra Civil en el verano de 1936.
La obra plantea un original recorrido cronológico por aquellos lugares ligados a la República, desde Éibar, la primera población española que osó proclamarla, hasta el estadio de Montjuïc, sede de una utópica Olimpíada Popular que callaron las descargas de fusiles. Entre medias, Castilblanco, Arnedo, Casas Viejas o la casa de Calvo Sotelo en la calle Velázquez de Madrid, escenarios de miedo, cubas de sangre; pero también, naturalmente, la Casa de Campo, el bar Chicote, los pueblos de las Misiones Pedagógicas, los colegios electorales que celebraron el voto de la mujer en 1933 o el Teatro Rialto, lleno hasta la bandera –día sí, día también– con la película de Imperio Argentina Morena Clara.
La Segunda República española en 50 lugares –dice De Frutos (se apellida como yo, ¡qué extraño y qué coincidencia!)– no es una obra de corte político. Tiene más de cartografía sentimental o, si lo prefieren, de enseñanza de Juan de Mairena a propósito de lo que pasa en la calle”. A la postre, el diagnóstico sobre este período no es hostil ni favorable. Sencillamente, se cuentan los hechos sin desatender las circunstancias que los propiciaron en cada momento. Y ahí, creo, radica su principal mérito.
La obra, que inaugura la colección Viajes por la historia de la editorial Cydonia, es también una suerte de guía turística, oportunamente ilustrada, que nos invita a recorrer, con nuestros ojos del siglo XXI, los pueblos, monumentos y edificios que se citan, pues no en vano la mayoría de ellos siguen en pie.
Como no podía ser de otro modo, la cultura, el ocio y las artes en general se someten también a la lupa de este detective del pasado, que en uno de los capítulos recuerda a la estrella del cuplé Raquel Meller, el sueño de Chaplin para sus Luces de la ciudad, quien anunció su gira de despedida de Barcelona en el Teatro Tívoli allá por el año 1935. “Si José Padilla compuso la banda sonora de España, ella la orquestó con su garbo de relicario y su batir de alas precursoras de primavera”, sentencia De Frutos.
Empezamos con esta interpretación de la artista de Tarazona de El relicario, un pasodoble de Padilla de 1914 con letra de Armando Oliveros y José María Castellví.

En Morena Clara aparecía la copla El día que nací yo, con música de Juan Mostazo y letra de Antonio Quintero y Pascual Guillén. Esta es Imperio Argentina.

En 2001 apareció un álbum que recopilaba canciones de este período, Cantes, Cantos y Músicas de la Segunda República Española. A él pertenece Qué bonito está Madrid con banderas tricolor republicanas.

La proclamación de la República supuso un rayo de esperanza para un amplio sector de la población española. La marcha Ahí va eso, escrita por José María Martín Domingo y cantada por Eladio Cuevas, es una muestra de esa ilusión.

El advenimiento del sistema republicano también fue saludado fuera de nuestras fronteras. Este fue el caso de México, donde Guty Cárdenas grabó una ranchera dedicada al nuevo régimen, que grabó en los estudios Columbia de Nueva York en abril de 1931 con el título La República en España. Un año después, Cárdenas moriría en una taberna a causa de una pelea. Mucho se ha especulado sobre los motivos de esta trifulca. Unos dicen que fue por un asunto de celos, pero otra teoría, más que plausible, sostiene que un monárquico español entabló una discusión con el cantante por la ranchera de marras y acabó con su vida de un disparo. El asesino, Ángel Peláez Villa, resultó ser simpatizante del partido monárquico Renovación Española y, cuando volvió a España, luchó en la Guerra Civil del lado franquista.

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Disco del mes (marzo)

honky tonk time machine
En junio de 2014 George Strait se despidió definitivamente de las giras y los conciertos en directo y, aunque es cierto que ha reducido mucho su ritmo, no ha podido resistirse a abandonar los escenarios del todo; así, este año prevé dar algunos conciertos.
En cualquier caso, el rey del country, como es conocido, ha seguido grabando en estudio. El pasado día 29 apareció su trigésimo álbum, Honky Tonk Time Machine, en MCA Nashville, sello al que se ha mantenido fiel desde sus comienzos, allá por 1981.
Cuatro años hemos tenido que esperar desde su anterior trabajo, Cold Beer Conversation, pero la espera ha merecido la pena; sin duda, la música country actual debería aprender de este hombre. El álbum consta de 13 canciones en las que, fundamentalmente, ha colaborado con su hijo Bubba Strait y con otro de sus habituales, Dean Dillon.
En febrero apareció su primer single, Every Little Honky Tonk Bar, escrita por George y Bubba Strait y Dean Dillon.

Escuchemos ahora el tema que da título al disco, Honky Tonk Time Machine, compuesta por Bubba Strait, Brice Long y Bart Butler.

God and Country Music es obra de Luke Laird, Lori McKenna y Barry Dean, y en ella tiene una pequeña intervención su nieto de seis años, Harvey Strait. La letra sostiene que hay dos cosas que debemos salvar a toda costa: Dios y la música country.

Otro tema del disco es Código, que se desarrolla en México (de ahí su título en español). Escrita por George, Bubba Strait y Dillon, habla de las excelencias de Código, un tequila que hacen en Jalisco.

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Un batería muy prolífico

hal blaine

El 12 de marzo recibíamos la noticia de la muerte de Hal Blaine. Su dedicación a la batería fue tan extensa, que algunas fuentes hablan de que su trabajo puede escucharse en nada menos que 6.000 singles, 150 de los cuales llegaron al Top 10 y, de ellos, 40 al número 1.
Así que, a poco que indaguemos en su discografía es fácil encontrar algún tema de country en el que se pueda gozar de su arte; aunque, dada la ingente cantidad de grabaciones que hizo, lo cierto es que tocó todos los palos. Por eso, en esta entrada, escucharemos también canciones rock y pop que merecen ya el adjetivo de clásicas. Blaine tocó junto a Elvis Presley, Frank Sinatra, Sonny & Cher, The Byrds, Barbra Streisand y Simon y Garfunkel, entre muchos otros.
En cuanto a la música country, colaboró en repetidas ocasiones con John Denver. Por ejemplo, en Thank God I’m a Country Boy (1974), sobre las bondades de ser un chico de campo.

O en I’m Sorry (1975), que Denver estructura como una disculpa a su pareja, a la que tiene un tanto abandonada.

La cara B de la canción anterior es Calypso, que Denver escribió como homenaje a Jacques Yves Cousteau (Calypso era el nombre del barco en el que este hacía sus expediciones).

“Tú llenas mis sentidos como una noche en el bosque, como las montañas en primavera, como un paseo bajo la lluvia”. Así empieza Annie’s Song, en la que también se reconoce la perfección de Blaine a la batería.

Salgamos ahora del terreno country. Brian Wilson ha sido uno de los músicos que se ha apresurado en alabar la figura de Blaine al conocer su muerte: “Fue un gran músico y un gran amigo… Hal me enseñó muchas cosas y tuvo mucho que ver con nuestro éxito… fue el mejor batería de la historia”. Con él colaboró en la famosa Good Vibrations (1966).

También en el primer número 1 de los Beach Boys, I Get Around (1964).

The Byrds fue un emblemático grupo de rock de los 60 hasta su disolución a principios de la década siguiente. Uno de sus mayores éxitos fue Mr. Tambourine Man (1965).

Una de las canciones más conocidas de Frank Sinatra es Strangers in the Night. Lo que no es tan conocido es que Hal Blaine tocaba la batería en esta melodía.

Otro de los grandes clásicos del siglo XX, obra de The Carpenters, es Close to You.

También Simon and Garfunkel le deben parte de su popularidad. En Mrs. Robinson, canción que aparece en la banda sonora de la película El graduado (1967), toca Hal Blaine.

Otro de los temas más reconocibles de este dúo es Bridge Over Troubled Water, grabada en 1969. Hal Blaine también puso aquí su granito de arena.

Disco del mes (febrero)

over the moon
Siete años después de su último álbum, los Bellamy Brothers vueven a la primera línea con Over the Moon, que salió a la venta el pasado 15 de febrero. La dilatada carrera de este dúo de hermanos, David (1950) y Howard (1946), ha cumplido ya más de 40 años, desde que consiguieran el gran éxito de Let Your Love Flow (1976).
El álbum ha sido grabado en el estudio que tienen los hermanos en su Florida natal y, en su producción, ha colaborado Randy Hiebert. El lanzamiento ha coincidido con su participación en la gira de Blake Shelton y Lauren Alaina por diversos puntos de la geografía estadounidense. Todas las canciones son de nueva creación y han sido escritas por ellos mismos.
Sin duda, este año se presenta lleno de trabajo para los Bellamy Brothers, pues, aparte de este nuevo álbum y de la gira a que hacía referencia, también están grabando la segunda temporada de Honky Tonk Ranch, una serie de estilo documental sobre sus vidas, que habla de su música, su popularidad y sus giras.
Escuchemos, en primer lugar, el tema que da título al disco, Over the Moon. La letra nos presenta a un hombre maduro que creía que el amor ya no era para él pero que cae a los pies de su nueva amada.

Otro de los cortes del álbum es Dream the Dream, cuya letra dice que para ser feliz en esta vida lo que hay que hacer es “perseguir el sueño” y no preocuparse antes de tiempo por las posibles consecuencias.

Wings to Soar (For Those I’ve Wronged) es una melodía en la que el narrador pide perdón y comprensión a todos aquellos a los que ha hecho daño.

Termino con Just When I Got My Mind Together (My Body Fell Apart). Cuando el protagonista cambia de vida y empieza a sentirse bien consigo mismo, su cuerpo se desmorona fruto de los excesos del pasado.

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Muere Fred Foster, el mejor productor de country de todos los tiempos

fred-foster-dead
Ahí queda dicho. Puede que la afirmación del título parezca exagerada, pero no lo es si recordamos la cantidad de carreras emblemáticas que Fred Foster encauzó a lo largo de su extensa carrera –más de 60 años.
“El campeón del talento de Nashville”, como lo definió The New York Times, murió el pasado 20 de febrero en Nashville a la edad de 87 años. Nacido en 1931, a temprana edad sintió la vocación de la música y, a los 18 años, se trasladó a Washington, donde participó en la primera sesión de grabación de Jimmy Dean en 1953, que dio lugar a Bumming Around.
Se dice que cuando trabajaba en Mercury Records propuso a la dirección que contrataran a un joven de 20 años llamado Elvis Presley, pero RCA Records se les adelantó con un contrato más jugoso para la estrella emergente. Unos años después, en 1958, Foster fundó Monument Records y se aseguró el control exclusivo sobre los “fichajes”. Su olfato era infalible. Empezó contratando a Roy Orbison, a quien produjo sus grandes éxitos, Oh, Pretty Woman, Running Scared, Only the Lonely, Crying o Blue Bayou –luego versionado por Linda Ronstadt–, entre otros. Pocos años después, se hizo con los servicios de Dolly Parton y contribuyó a lanzar su carrera. “Vio algo en mí que nadie más vio”, señaló la artista en la ceremonia en la que Foster ingresó en el Salón de la Fama de la música country en 2016.
Además de productor, destacó también como compositor. Figura, por ejemplo, como co-autor del temazo de Kris Kristofferson Me and Bobby McGee, popularizado luego por Janis Joplin; y del mismo Kristofferson produjo Help me make it through the night. Uno de sus últimos trabajos fue hace poco más de diez años, cuando produjo el álbum de Willie Nelson en homenaje a la compositora Cindy Walker, You Don’t Know Me: The Songs of Cindy Walker (2006).
Comencemos escuchando su primera incursión en el mundo de la música, Bumming Around, de Jimmy Dean (1953).

El primer éxito importante de Roy Orbison fue Only the Lonely (1960), que se tuvo que conformar con el segundo puesto en las listas de ventas (Brenda Lee le quitó el primero con I’m Sorry). “Sólo los solitarios saben cómo me siento esta noche, sólo los solitarios saben por qué lloro”, dice el protagonista después de que su pareja le abandone.

Uno de los primeros éxitos de Dolly Parton fue Dumb Blonde (1967), escrita por Curly Putnam e incluida en el primer disco de Parton, Hello, I’m Dolly. La protagonista se queja de que la gente piense que es tonta sólo por el hecho de ser rubia. Os dejo con ella.

Otro tema de su álbum de debut es Something Fishy.

Escuchemos ahora una canción que Kris Kristofferson escribió en 1972, Why Me, Lord?, en la que se pregunta por qué ha sido elegido por Dios, por qué es objeto de tanta bondad.

Foster no solo se ciñó al country, como escucharemos con las siguientes muestras.
En 1963 creó una filial de Monument Records centrada en el rhythm and blues (R&B). Su nombre, Sound Stage 7. A este sello pertenece la grabación de Joe Simon de The Chokin’ Kind (1969).

Ahora, un instrumental al saxofón producido también por él. Obra de Boots Randolph, Yakety Sax (1963) se haría luego muy popular como sintonía de El Show de Benny Hill.

Para componerla, Randolph se inspiró en un tema de 1958, Yakety Yak, grabado por The Coasters con el estilo que imperaba entonces, el rockabilly.

En 2008 produjo la colaboración entre Willie Nelson y Ray Price que mereció un Grammy. Aquí versionaban un legendario tema escrito por Leon Payne en 1949 y grabado originalmente por Hank Williams. La letra está plagada de consejos para evitar caer por “la carretera perdida”. He aquí Lost Highway.

Adiós a un héroe de la guitarra

reggie young
El pasado 17 de enero se despedía de nosotros para siempre Reggie Young, a la edad de 82 años y tras una carrera de seis décadas. Su nombre podría pasar un tanto desapercibido, pero Young fue uno de esos guitarristas en la sombra al que escuchamos en multitud de canciones country (y de otros estilos) que hoy son consideradas clásicos.
Trabajó habitualmente en Memphis, un híbrido entre el country de Nashville y el blues del delta del Mississippi, y en esas coordenadas se movía también Reggie: “Soy una especie de cruce entre B.B. King y Chet Atkins”, se definió en una entrevista en 2017. Young fue miembro del grupo The Memphis Boys, que entró en 2007 en el Salón de la Fama de músicos de Nashville.
Trabajó con multitud de artistas. En 1964, fue uno de los músicos que abrió la primera gira estadounidense de Los Beatles. También lo hizo con Elvis Presley. En Suspicious Minds se habla de que no es posible mantener una relación si se desconfía eternamente: “No podemos construir nuestros sueños sobre mentes suspicaces”. A la guitarra, Reggie Young.

También tocó la guitarra en la versión original de esta canción, obra de Mark James (aunque, desde que la grabó Elvis, su voz se adueñó del tema y la suya es la única versión que se recuerda). Escuchémosla.

Otra canción que nos viene a la cabeza al pensar en Elvis es In the Ghetto. Disfrutemos de Reggie Young a la guitarra.

En esa misma sesión, Elvis grabó también Kentucky Rain, con Reggie Young en su papel acostumbrado.

Escuchemos ahora Ebb Tide (1964), un tema casi instrumental en el que él toca la guitarra.

También intervino en algunas grabaciones de The Box Tops, como The letter (1967) o Cry Like a Baby (1968), que vamos a escuchar a continuación.

En 1968, la británica Dusty Springfied alcanzó un gran éxito con Son of a Preacher Man, incluida en el álbum Dusty in Memphis. Os dejo con ella y con Reggie a la guitarra.

A partir de 1972 se trasladó a vivir a Nashville y se centró en la música country. Uno de los clásicos de este género en los que se reconoce su presencia es la canción de Waylon Jennings Luckenbach, Texas (Back to the Basics of Love).

También colaboró con Willie Nelson. Aquí le escuchamos en Always on My Mind (1980).

En 2008 vio la luz el único álbum en solitario de Young, titulado Forever Young, parafaseando la canción de Dylan. A él pertenece Memphis Grease.

Para ese álbum también compuso un tema dedicado al lugar donde vivía, Leipers Fork. Nos despedimos con Coming Home to Leipers Fork.

Las mujeres country triunfan en los Grammy

grammy 2019
El pasado 10 de febrero –madrugada del 11 en España– tuvo lugar la cita anual con los premios más prestigiosos de la música, los Grammy. Entre la ristra de “gramófonos” que se repartieron en esta ceremonia, nos detendremos en aquellos que tienen que ver con el country, el bluegrass y esa suerte de mezcla entre el folk y el country conocido como música de raíces o Americana.
Las nominaciones se dieron a conocer el pasado 7 de diciembre (previstas para el 5, se pospusieron por el funeral de George Bush). Las indiscutibles ganadoras de la noche fueron Kacey Musgraves, que debutó en 2002, y Brandi Carlile, que lo hizo en 2005. Musgraves, una artista independiente de carácter, ha sabido dar la espalda al tradicionalismo de Nashville; y, en la misma línea, los temas de Carlile constituyen un alegato contra el conservadurismo del género. A renglón seguido, los premios.
Mejor álbum country
Golden Hour, de Kacey Musgraves. Este álbum, el cuarto de Musgraves, apareció en marzo de 2018 y se podría encuadrar dentro del country-pop. Ha dado lugar a cinco singles, dos de los cuales –que escucharemos a continuación– han sido premiados en esta gala.
Mejor canción country
Space Cowboy, compuesta por Luke Laird, Shane McAnally y Kacey Musgraves e interpretada en solitario por esta última.

Mejor actuación de un dúo/grupo country
Tequila, de Dan + Shay. El narrador no puede soportar beber tequila, porque le recuerda su última ruptura.

Mejor actuación country en solitario
Butterflies, perteneciente al álbum triunfador de Kacey Musgraves y compuesta por ella misma, Natalie Hemby y Luke Laird.

Mejor actuación de Americana de raíces y mejor canción Americana de raíces
The Joke, que pertenece al disco By the Way, I Forgive You, de Brandi Carlile. Escrita por la propia Carlile, Dave Cobb, Phil Hanseroth y Tim Hanseroth, su letra habla de personas que se mantienen al margen de la sociedad y a las que las autoridades no tienen en cuenta.

Mejor álbum de Americana
By the Way, I Forgive You, de Brandi Carlile. Este álbum, el sexto suyo, salió al mercado a mediados de febrero de 2018.
Mejor álbum bluegrass
The Travellin’ McCourys, del grupo homónimo compuesto por Ronnie McCoury, Rob McCoury, Alan Bartram, Jason Carter y Cody Kilby.

Centenario de Tennessee Ernie Ford

tennessee erne ford centenary
Tal día como hoy, 13 de febrero, nacía en Bristol (Tennessee) Ernest Jennings Ford. Tanto se identificaba con su estado natal, que hoy todos lo conocemos como Tennessee Ernie Ford (aquí podéis ver la reseña biográfica que le dediqué en los primeros meses de vida de este blog).
Un siglo después, su portentosa voz de bajo barítono nos sigue acompañando, como evidenciaremos a través de unas grabaciones que pueden resumir su trayectoria. Gracias a las cualidades de su voz, precisamente, se fue abriendo paso en el mundo del espectáculo, ya que las emisoras de radio se lo disputaban para contratarle como anunciante.
Sin lugar a dudas, su mayor éxito fue su versión de 1955 del tema Sixteen Tons, que Merle Travis había escrito en 1946, acerca de los sinsabores del trabajo en una mina. “Cargas 16 toneladas, y ¿qué es lo que consigues? Un día más viejo y adentrarte más en las deudas”, dice el estribillo. El narrador está tan agobiado por el trabajo, que no puede permitirse ni morir: “San Pedro, no me llames porque no puedo ir, debo mi alma al almacén de la compañía”.

You Don’t Have to Be a Baby to Cry aparecía en la cara A del single que incluía Sixteen Tons.

Otra de sus canciones más afamadas es su grabación del conocido tema folk Oh, Shenandoah (1959), que, se cree, nació en el siglo XIX entre los comerciantes de pieles de castor que entraban en el territorio que rodea al río Missouri.

Fijémonos ahora en otra faceta de su carrera, sus grabaciones gospel. En 1956, sacó su disco Hymns, que llegó a ser disco de platino –algo totalmente inaudito para un álbum de ese estilo–; y, en 1964, consiguió un Grammy por otro disco de esa naturaleza, Great gospel songs. Como ejemplo de esta producción, vamos a escuchar In the garden, un himno religioso de hace más de 100 años. El narrador escucha la voz de Jesús en la naturaleza y su voz es tan dulce que hasta los pájaros dejan de cantar para escucharle.

Una de sus primeras grabaciones fue Mule Train (1949), que pertenece a su disco Sixteen Tons. Se trata de una divertida canción de cowboys en la que Tennessee Ernie hace virguerías con la voz. Apareció en la película Singing Guns y fue nominada al Oscar a la mejor canción, que finalmente perdió frente a Mona Lisa, popularizada por Nat King Cole.

A ese mismo álbum corresponde The Cry of the Wild Goose, compuesta por Terry Gilkyson. La letra habla de un hombre de espíritu inquieto que se compara a sí mismo con “un ganso salvaje”.

Disco del mes (enero)

magnolia
El pasado 11 de enero el cantante de Mississippi Randy Houser sacaba su quinto disco, Magnolia, en el sello Stoney Creek, perteneciente a Broken Bow Records.
Este último trabajo ha roto en cierta medida con su trayectoria anterior, en la que se había visto obligado a plegarse a las exigencias del mercado y centrarse en el country-pop. En unas recientes declaraciones, Houser reconocía sentirse como una marioneta, por lo que decidió consagrarse a un country más puro. A propósito de su álbum anterior, el artista se sinceraba en estos términos: “Hice un álbum –Fired Up, repleto de sonidos country-pop– que a nadie importaba, y ¿sabes por qué? Porque era malo. Y lo era porque sonaba como suena todo lo demás. Grabé un montón de canciones con las que no tenía nada que ver y que no sentía. Odio decir esto pero es la verdad”.
Magnolia elude ese problema. Houser ha co-escrito todas las canciones y ha intentado en todo momento ser él mismo. La canción que abre el disco es No Stone Unturned, que escribió junto a Dallas Davidson.

A esta le sigue Our Hearts, escrita por Houser, Kyley Sackley y Rob Hatch. En la canción interviene la británica Lucie Silvas.

El único single que ha aparecido hasta la fecha es What Whiskey Does, un dúo de Houser con Hillary Lindsay.

No Good Place to Cry fue escrita por Houser y Gary Nicholson hace diez años, “en un tiempo mucho más triste que este”, pero, hasta ahora, no había aparecido en ningún disco suyo. Recuerda a Chris Stapleton, por el que siente gran admiración.

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