La música de un pueblo

charles koppelman

Siempre he sido un seguidor de la música country. Es la música de América -me encantan las canciones, me encanta la letra.

I’ve always been a fan of country music. It’s America’s music- I love the songs, I love the lyrics.

Charles Koppelman

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Ol’ Red. James “Bo” Bohan, Don Goodman y Mark Sherrill, 1990

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Un crimen pasional, una historia carcelaria con fuga incluida y un perro. Estos son los elementos sobre los que bascula la letra de la canción que vamos a escuchar hoy. No se puede negar que su argumento es uno de los mayores atractivos de la misma, junto con un pegadizo estribillo que le llegó diez años después de ser grabada por primera vez.

La historia está narrada desde la perspectiva de un preso condenado por un crimen pasional a 99 años de cárcel en un penal de Georgia, cerca de la frontera con Florida. Con esos mimbres los compositores nos sitúan ya en el típico escenario sureño, que da pie a que nos imaginemos prisiones repletas de reclusos con grilletes en los pies, improbables fugas, perros persiguiendo a presos en los pantanos, etc.

Se hace amigo del alcaide, quien le encomienda que cuide a su perro. El alcaide está muy orgulloso de la ferocidad de Ol’ Red y confía en que nadie se atreva a fugarse estando el animal cerca. A sus reclusos les dice: “Venga, alguno de vosotros, ¿por qué no escapáis? Ol’ Red está desando tener algo de diversión. Coged mi farol, coged mi fusil, Ol’ Red os acorralará antes de que llegue la mañana”. Y, no obstante, el protagonista planea su fuga, para lo que le dice a su primo que le envíe a un perro hembra con la idea de aparear a Ol’ Red. El narrador fomenta el encuentro y, aprovechando la coyuntura, se fuga de la prisión sin mayores percances. “El amor me metió aquí y el amor me sacó”, termina diciendo.

El primero en grabar este tema fue George Jones en su disco You Outta Be Here With Me (1990).

Tres años después Kenny Rogers incluyó su propia versión en If Only My Heart Had a Voice.

Por último, en 2001 vio la luz la versión de Blake Shelton en su disco de debut. Con el tiempo, se ha convertido en una de sus canciones más conocidas y rara es la vez en que no la interpreta en sus conciertos a petición del público. El single llegó al número 14 de las listas y se convirtió en su segundo de platino tras Austin.

 

La conexión bluegrass de Papillon

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Papillon es una novela autobiográfica de un exconvicto francés, Henri Charrière, publicada en Francia en 1969. Cuenta la historia de un preso, apodado Papillon por el tatuaje que tenía de una mariposa, condenado a trabajos forzados por un crimen que no ha cometido, con su consiguiente fuga. Los hechos que relata están novelados hasta el punto de que resulta discutible la veracidad de todos ellos. Lo cierto es que se convirtió en un best-seller, con más de un millón de ejemplares vendidos. La industria cinematográfica se fijó en ella para su adaptación, cuatro años después, con Steve McQueen y Dustin Hoffman en los principales papeles.

Pues bien: en 2015, el compositor francés de origen napolitano Stéphane Sanseverino sacó un álbum conceptual llamado Papillon, en el que musicalizaba la trama de la novela. Como cabría esperar, gozó de un relativo éxito en los países francófonos, Francia y Bélgica. Admirador confeso de Django Reinhardt, la influencia de este se deja notar en el disco. La historia comienza en 1931, cuando Papillon fue condenado, y se extiende hasta 1944, fecha en la que su último intento de fuga tuvo éxito. Cuando apareció el disco, Sanseverino lo definió como un “karaoke literario”; en cada canción, aborda un capítulo del libro. Desde luego, no se le puede negar originalidad a la idea. Se trata de un álbum muy agradable al oído, que se beneficia de la aportación de intérpretes de bluegrass de gran valía como Christophe Cravero al violín, Chistian Seguret a la mandolina, Jean-Marc Delon al banjo o Jidé Jouannic al contrabajo. Escuchemos ya algunos de sus temas.

El primer single fue Votez Papillon, en el que el protagonista hace un resumen de su historia.

Os dejo ahora con Jambe de Bois. Sanseverino, antes de establecerse en Francia, viajó mucho por Europa –especialmente por Europa oriental– para absorber las músicas autóctonas de cada país, interesándose en particular por la romaní o gitana. Quizá por ello en este tema se aprecia también un aire orientalizante. La letra refiere los excesos del sistema penitenciario de aquella época.

Ahora, Le procès, en el que describe el proceso judicial en el que –según él– fue condenado injustamente.

En el siguiente ejemplo, That Loneliness is Mine, Sanseverino combina el inglés y el francés para exponer su total determinación de escapar de la cárcel. La citada influencia de Reinhardt es aquí muy visible.

Por último, escuchemos Le costume bleu, que habla del traje azul con el que Papillon empezará una nueva vida una vez alcanzada la libertad.

 

Disco del mes (octubre)

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El disco que voy a resaltar este mes –Every Little Thing– a punto estuvo de no ver la luz. Su autora, Carly Pearce, de 27 años, empezó con mucha energía en esto de la música, pero no conseguía dar el salto al terreno profesional. El mercado no confiaba en ella y su primer contrato discográfico, con Sony Music Nashville, no llegó a buen puerto.

No se rindió y, aunque forzada a abandonar el mundo de la música durante un tiempo, su colaboración como artista invitada en un single hizo que el productor Busbee se fijara en ella, y en 2016 firmó un contrato con Big Machine Records. De la mano de este sello apareció el pasado 13 octubre su álbum de debut, Every Little Thing, y con él la perspectiva de una muy prometedora carrera.

Escuchemos el primer single del disco, que le da nombre. Every Little Thing, escrito por Carly Pearce, Emily Shackleton y Busbee, salió al mercado en febrero de este año. Es una balada en la que cobran protagonismo los instrumentos propios del bluegrass, como el dobro o el contrabajo. La narradora, tras una ruptura sentimental, recuerda todas las pequeñas cosas que hacían de su pareja alguien especial.

El resto de los que vamos a escuchar han sido singles promocionales del disco. En el primero de ellos, If my name was Whiskey, escrito por Pearce, Busbee y Shane McAnally, la narradora se lamenta de que su pareja, alcohólico, la deje a un lado por sus problemas con la bebida. Desearía que su nombre fuera Whiskey para atraerlo a su compañía.

Color es un tema compuesto por Carly Pearce, Busbee y Laura Veltz. Escuchémoslo.

Vamos con I need a ride home, de Ashley Gorley, Hillary Lindsey y Matt Jenkins. En esta nostálgica canción, la protagonista echa de menos su ciudad natal.

En Dare Ya, los compositores Carly Pearce, Joe Ginsberg y Allison Veltz desgranan el “reto” que propone la protagonista a su pareja: dejarse llevar e iniciar una relación con ella.

El tema que abre el disco ha salido como single promocional en último lugar. Lleva por título Hide the Wine, ha sido compuesto por Ashley Gorley, Hillary Lindsey y Luke Laird, y es el favorito de la propia Pearce. De corte country-pop, un hombre vuelve a casa tras una prolongada ausencia, y la mujer “esconde el vino” porque no confía lo bastante en sí misma para no caer de nuevo en sus redes.

Every Little Thing en Amazon

 

Burnin’ Old Memories. Larry Boone, Paul Nelson y Gene Nelson, 1989

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Kathy Mattea popularizó este tema y lo llevó a lo más alto de las listas, haciendo gala de una de sus señas de identidad: la fusión de distintos estilos musicales, como el folk, el country tradicional o la música celta. En este tema en particular se aprecian, además, elementos jazzísticos.

Pertenece a su disco Willow in the Wind, y con él siguió la cadena de grandes éxitos que jalonaron su carrera a finales de los 80. Su tono de western swing, con cierta nostalgia de pasado, le da un ritmo muy alegre, y al público no le fue difícil conectar.

Habla de la ilusión de la protagonista ante su nuevo amor, tras romper con otra pareja que le hizo pensar que nunca volvería a enamorarse: “Estoy quemando los viejos recuerdos con una nueva llama”.

Escuchemos ya la grabación de Kathy Mattea.

Nueva Orleans pierde a su hijo más ilustre

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Con la muerte de Antoine Fats Domino, desaparece uno de los últimos pioneros del rock and roll.

Domino nació en Nueva Orleans en 1928, en el seno de una familia numerosa –fueron nueve hermanos– y, a los 14 años, se vio obligado a abandonar la escuela. Su cuñado le enseñó a tocar el piano y, en 1949, consiguió su primer contrato discográfico con Imperial Records.

Durante los años 50 no hubo quien le tosiera y, con la sola excepción de Elvis Presley, fue el artista de rock and roll que más discos vendió en esa década. Tras dejar Imperial Records en 1963 y fichar por ABC-Paramount Records, su fama empezó a menguar, lo que no le supuso ningún problema: “Querían que cambiara y adaptara mi estilo. Yo me negué a cambiar; tenía que aferrarme al estilo que siempre había usado o no sería yo”. En 1986 entró en el Salón de la Fama del Rock and Roll y, en 1998, se convirtió en el primer artista de ese estilo en recibir la Medalla de las Artes de Estados Unidos (máxima distinción que otorga el presidente de Estados Unidos).

En el curso del huracán Katrina que asoló Nueva Orleans en 2005, se negó a abandonar su casa hasta que tuvo que ser rescatado de ella, tras perder todas sus pertenencias, incluida la citada medalla, que “canjeó” por una réplica que le entregó el presidente Bush durante un viaje a la zona. Desde entonces, prácticamente dejó de actuar en público.

Comenzamos nuestro repaso musical por esta gran figura con su primera grabación, Fat Man, en diciembre de 1949. Considerada una de las primeras grabaciones de rock and roll de la historia, fue la primera de ese género que vendió un millón de copias en Estados Unidos. Fue compuesta por un joven Fats Domino, a la sazón de 21 años, con la colaboración de Dave Bartholomew, diez años mayor que él y todavía vivo a sus 98. El dúo desarrollaría una fructífera colaboración a lo largo de los años. En la grabación, junto a Fats Domino al piano, intervienen Earl Palmer a la batería, Frank Fields al bajo y Ernest McLean a la guitarra.

Don’t you lie to me, un tema de 1940, fue grabado por Fats Domino en 1951.

Los orígenes de Careless Love se pierden en el jazz tradicional de Nueva Orleans. Se trata de un tema versionado infinidad de veces, en el que Fats Domino se fijaría en 1951.

A mediados de la década de los 50, llegó Ain’t That a Shame, uno de sus mayores éxitos. De nuevo con la colaboración de Dave Bartholomew, fue una de las pocas canciones que grabó fuera de su querida Nueva Orleans. Tanto fue el furor que causó en los años 50 y principios de los 60, que a George Lucas no le quedó otra que incorporarla a la banda sonora de American Graffiti (1973), cuyo argumento se centra en un grupo de jóvenes de esa época. Por cierto que este tema fue el primero que aprendió a tocar John Lennon.

Dave Bartholomew colaboró con Fats Domino también en este I’m in Love Again, que vio la luz como single en 1956.

La siguiente canción salió como la cara B del single anterior. My blue heaven fue escrita en 1924 para el teatro musical por Walter Donaldson y acabó siendo una de las más vendidas de esa década. Fats Domino revisitó este clásico, transformándolo en un tema de rock en 1956.

Hace ya tres años dedicaba una entrada a uno de los mayores éxitos de Fats Domino, Blueberry Hill (aquí la podéis ver). Aunque fue escrita a principios de los años 40, sin lugar a dudas la versión de Fats Domino de 1956 es la más conocida. La revista Rolling Stone la considera una de las 100 mejores de la historia.

Con su eterno colaborador, Dave Bartholomew, compuso I’m walking (1957).

Bobby Charles escribió en 1960 Walking to New Orleans y se la ofreció a su ídolo Fats Domino, para quien ya había trabajado en Before I Grow Too Old. Es uno de sus temas más reconocibles.

Escuchemos ahora dos homenajes de Fats Domino a un referente en la música country, Hank Williams. En primer lugar, Jambalaya, un single de 1961.

No sería la única vez que Fats Domino versionara a Hank. También lo hizo con Your cheating heart. Esta versión es de 1964.

Por último, escuchemos otra de sus incursiones en el country: su último single, Whiskey Heaven, que pudimos disfrutar en la banda sonora de La gran pelea (1980).

 

Ray Pillow, cantante y publicista musical

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Ray Pillow nació en Virginia hace 80 años. De adolescente, tenía muy claro que lo suyo era la música y, tras su breve paso por la Marina, actuó por primera vez en una radio local de Virginia, donde sustituyó a un miembro de la banda de su tío que estaba enfermo. Los aplausos que recibió y el ánimo de su pariente le convencieron de iniciar una carrera por su cuenta.

Con poco más de 20 años, llegó a Nashville y se le vio en el Grand Ole Opry. En 1966 ingresó en aquella institución como miembro de pleno derecho, y hoy es uno de los más veteranos de la llamada “catedral de la música country“. Sus primeras grabaciones datan de 1965, y su popularidad fue casi inmediata gracias a sus dúos con Jean Shepard. Desde 1994, pertenece también al Salón de la Fama de la Música Country de Virginia.

Sin embargo, su marca más profunda en este género la ha dejado como publicista y productor. Fundó la compañía Sycamore Records y después trabajó en el departamento artístico de Capitol Records, como encargado de descubrir a nuevas promesas (fue él quien catapultó a la fama a intérpretes como Lee Greenwood).

Escuchemos uno de sus singles, Reconsider Me (1969). Se trata de una balada a medio camino entre el country y el soul, escrita por Margaret Lewis y Mira Smith. Tal como sugiere el título, la letra versa sobre las segundas oportunidades. El protagonista ruega a su pareja que reconsidere volver con él.

Este mismo año la grabó Johnny Adams. Escuchemos su versión, a la que da un particular estilo de rhythm and blues, tan en boga aquellos años.

A sus veinte años, la promesa John Wesley Ryles la interpretó en 1971.

Una de las versiones más exitosas del tema se la debemos a Narvel Felts en 1975.

Dayna Kurtz se encargó de descubrir este tema a una nueva generación. Su versión es de 2013.

Chiseled in Stone. Vern Gosdin y Max D. Barnes, 1988

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Hace poco más de tres años, la revista Rolling Stone publicó una lista con las 40 canciones country más tristes de todos los tiempos. Esta que vamos a escuchar aparecía hacia la mitad de la tabla.

Chiseled in Stone, obra de Vern Gosdin y Max D. Barnes, fue grabada por el primero en su disco homónimo. Su versatilidad vocal le valió el apelativo de “la voz” y su estilo ha sido comparado, yo creo que muy acertadamente, con el del mismísimo George Jones. El tema mereció el premio a la mejor canción en la Asociación de Música Country.

La letra comienza sobre seguro, con una típica discusión de pareja. Él se va al bar, donde un hombre mayor le dice que, aunque no lo crea, es afortunado porque la vida puede llegar a ser mucho más cruel: “No conocerás la tristeza hasta que no te enfrentes a la vida solo, no conocerás la soledad hasta que no esté cincelada en piedra”, le advierte, y uno ve ya la lápida que al final nos aguarda a todos.

Vamos con la grabación de Vern Gosdin de 1988.

Chris Young, flamante miembro del Grand Ole Opry desde este mismo mes, también la ha versionado.

 

Kids of the Baby Boom. David Bellamy, 1986

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La sensación de paz y estabilidad que propició el final de la Segunda Guerra Mundial (pese a conflictos como la Guerra de Corea o las escaladas de tensión durante la Guerra Fría), unida al retorno al hogar de los soldados, dio lugar a una explosión de la natalidad –el baby boom– prácticamente a escala mundial.

A este fenómeno se refiere este tema de los Bellamy Brothers, un dúo compuesto por los hermanos David y Homer. La canción describe acontecimientos que marcaron la vida de esta nueva generación: los cómics de los 50, el asesinato de Kennedy, la llegada del hombre a la Luna… En la letra también hay una referencia a la música rock que hacía furor entre los adolescentes de los baby boomers: “Teníamos compasión por el diablo y por los Rolling Stones“. La canción demostró ser un tanto profética, al advertir que todo ese optimismo y prosperidad, que parecían haberse anclado en la vida de esa generación, podía tocar a su fin: “Tenemos libertad, tenemos dinero, estamos contando nuestas ganancias demasiado pronto”. No deja de ser curioso que el tema apareciera solo un año antes del crash bursátil de Wall Street de 1987, el conocido como Lunes Negro.

Os dejo con la versión de los Bellamy Brothers, que pertenece a su disco Country Rap (1986) y que fue su último número 1 en las listas.