Country Urbano (XIII)

Memphis
32. Memphis, Tennessee. Nashville, que ya hemos visitado, es la capital del estado de Tennessee, pero no es su ciudad más poblada. Ese honor le corresponde a Memphis, cuna de Johnny Cash, Aretha Franklin y Elvis Presley. El tema que vamos a escuchar, también conocido como Memphis, lo escribió Chuck Berry, uno de los pioneros del rock and roll, en 1959, y, desde entonces, ha conocido multitud de versiones, también de cantantes country. El narrador pide ayuda a la operadora de información para ponerse en contacto con su sobrina Marie, de seis años de edad, que vive en Memphis.
Esta es la versión de Del Shannon, extraída de su disco Greatest Hits.

The Statler Brothers fue uno de los temas que tocaron en The Nashville Network.

He aquí la interpretación de Conway Twitty en Play, Guitar, Play (1977).

Un directo de Buck Owens de 1988.

Dejen sitio, que entra Faron Young.

Recientemente, Toby Keith la ha incluido en su disco Clancy’s Tavern (2011).

33. That’s how I got to Memphis. En esta canción, de Tom T. Hall, el narrador va a Memphis siguiendo los pasos de su amada. “Si me dices que ella no está aquí, seguiré el rastro de sus lágrimas; así es como llegué a Memphis”. Para los aficionados a las series, fijaos en que suena en el capítulo final de The Newsroom.
Tom T. Hall la incluyó en su álbum Ballad of Forty Dollars (1969).

Bobby Bare la grabó al año siguiente en This is Bare Country (1970), y el single llegó al tercer puesto de las listas de country.

Rosanne Cash la versionó en Somewhere on the Stars (1982), y su padre la acompañó.

Este es Buddy Miller en Your Love and Other Lies (1995).

En mayo de este año apareció Sonic Ranch, de Whitey Morgan, que posiblemente contenga la última versión de este pequeño clásico.

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Bill Anderson, Bill el susurrador

bill anderson
James William Anderson nació en 1937 en Carolina del Sur, aunque creció en Georgia, donde estudió Periodismo y simultaneó los libros con un programa de radio local.
Su primera composición fue City Lights, grabada por Ray Price en 1958 y años después, en 1975, por Mickey Gilley (en ambas ocasiones llegó al primer puesto de las listas). El éxito llevó a Anderson a trasladarse a Nashville y fichar por Decca Records.
Su primer número 1, ya como cantante, fue en 1962 con Mama Sang a Song. A partir de entonces fue considerado uno de los mejores compositores de música country de todos los tiempos –en 1975 entró en el Salón de la Fama de los Compositores de Nashville–, y hasta la fecha su carrera se compone de más de 50 álbumes.
Su melodiosa forma de cantar, así como la inserción de estrofas recitadas en sus composiciones, hizo que se le conociera como Bill el susurrador, y así tituló la autobiografía que publicó en 1989. Ha escrito canciones para estrellas como Wanda Jackson, Connie Smith, Lynn Anderson, Conway Twitty, Jim Reeves y, entre las nuevas, Brad Paisley, Kenny Chesney o George Strait. Incluso Aretha Franklin, más allá de las frontera del country, ha cantado alguno de sus temas.
Su ojo para los negocios es proverbial. En Anderson, Carolina del Sur –así llamada por un general de la guerra de Independencia contra Gran Bretaña–, una cadena de restaurantes adoptó el nombre de una de sus canciones, Po’ Folks (1961). Bill se planteó demandarlos, pero al final vendió los derechos por una suculenta suma. Listo, muy listo.
Su canción Still es quizá su tema más conocido. El single salió en 1963, producido por Owen Bradley para Decca Records. Se trata de una balada de amor en parte hablada. Un hombre, desesperado porque su novia le ha dejado, le escribe una canción: “Aunque me rompiste el corazón y estemos lejos, te amo todavía”. Escuchemos ya a Bill el susurrador…

Canciones para enmarcar. Jaime Urrutia, 2014

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De nuevo, una recomendación literaria con la que espero resolver vuestras dudas sobre el mejor regalo para estas Navidades. Su autor es Jaime Urrutia, y no voy a perder el tiempo presentando aquí su currículum. ¿Quién no conoce a Jaime Urrutia? De verdad, si alguno de vosotros no ha oído aún sus mejores canciones –¿pero es que tiene alguna que no lo sea?– solo puedo exclamar: “¡Qué barbaridad!”.
El libro en cuestión es Canciones para enmarcar y lo ha publicado Larousse Editorial, que sabe de estas cosas. Se trata de una selección de cincuenta y tantos títulos –como los años que tiene el autor, qué curioso– y que hará las delicias de todos los amantes de la música. Os lo prometo.
Porque Jaime Urrutia, rockero y tal, es sobre todo un tipo “open-minded”, que no se cierra a nada salvo a la pereza intelectual. Hay de todo en Canciones para enmarcar: rock, pop, soul, jazz, copla, músicas del mundo y, por supuesto, country. El “álbum” se abre con A Summer Place, de Percy Faith y su orquesta, y se cierra con Just like a woman, de Bob Dylan. Y, entre medias, sí, clásicos que ya conocemos en este blog como Proud Mary, de la Creedence, que os voy a pinchar en esta entrada, Crazy, de Patsy Cline, Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd, y I walk the line, de Johnny Cash.
Hay una diferencia sustancial entre este libro y otros que se arriman a su ascua: Jaime Urrutia no se pasa con los datos o los nombres propios, sino que nos habla desde su experiencia y nos descubre cómo estos temas lo han ido construyendo como artista y como persona. La música, me parece, es una arquitecta del alma. Por eso, Canciones para enmarcar es sobre todo un libro de sensaciones y recuerdos, en el que su autor conjura a los ángeles que lo han llevado en volandas por los cielos de la felicidad. Leyendo Canciones para enmarcar, uno siente, entonces, que está leyendo la autobiografía de Jaime Urrutia pero, de repente, comprende que no es así. Que, en realidad, este libro es también nuestra autobiografía. Porque, ¿quién no se llevaría California Dreamin’ a una isla desierta? ¿O quién no cree que Aretha Franklin es pura magia vocal (y consonante)? ¿O quién puede concebir a Elvis sin In the ghetto?
Canciones para enmarcar incluye también un cuadernillo central a modo de álbum personal con ilustraciones a todo color. Si leéis este libro y de verdad “estáis preparados para flipar”, “vais a ser testigos de algo especial”.

Canciones para enmarcar
Jaime Urrutia
240 págs. 14,90 euros.
Larousse Editorial. Barcelona (2014).

Y os dejo, ahora sí, con Proud Mary, de la Creedence.

Cold, cold heart. Hank Williams, 1951

Es una de las más bellas baladas de amor jamás escritas. La compuso, cómo no, Hank Williams, y es un clásico de tal magnitud que forma parte del Great American Songbook, la selección de canciones populares canónicas americanas.
Fue en 1951 cuando Hank Williams grabó este tema en un disco cuya cara A correspondía a Dear John, que llegó al número 8 de las listas. La canción que hoy nos ocupa fue mucho más lejos. Fue la más escuchada en los honky-tonk (no tardó en alcanzar el número 1) y la crítica musical cayó rendida a sus pies.
Ese mismo año, Tony Bennett presentó una versión pop del tema, con arreglos de Percy Faith, que sirvió para poner la música country al alcance de un público más extenso. En su autobiografía, Bennett cuenta que Williams le llamó por teléfono tras oírla y le espetó: “Tony, ¿por qué has destrozado mi canción?”. En realidad, a Williams le gustaba la canción y solo estaba bromeando.
Luego vendrían las versiones de Louis Armstrong, Aretha Franklin, Norah Jones y muchos más. Incluso el cantante country Freddy Fender, que también cantaba en español, pues había nacido cerca de la frontera con México, hizo la suya propia con el título Tu frío corazón.
La canción nos habla de la frustración que experimenta el autor ante su amor no correspondido. Su chica sufrió una mala experiencia en otra relación y él se pregunta qué puede hacer para liberar su mente llena de dudas y derretir su frío corazón. “Tienes tanto miedo –le dice– que crees que todo lo que hago es un plan perverso”. El final, y aquí viene el spoiler, no es feliz, ya que se da cuenta de que su amor sigue atado a un recuerdo y, cuanto más se preocupa por ella, más se separan. Con esta canción, el country alcanzó unas cotas inimaginables para lo que había nacido como una música rural sin mayores pretensiones.