Una aflicción interminable

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Ayer Cristo fue crucificado y mañana resucitará pero hoy, ay, los cristianos se sienten huérfanos y perdidos, ya que Dios no está…

He tratado de que la canción de hoy fuera la más apropiada para este día. El tema, Lost Soul, se encuentra a medio camino entre el bluegrass y el góspel, y se lo debemos a Doc Watson y su familia.

A principios de los años 60 se dio una revitalización de la música folk americana. Ralph Rinzler y Jeff Place, dos musicólogos de Folkways Records, se pusieron en contacto con Watson para que este grabara una colección de temas tradicionales utilizando el banjo y el fiddle. Entre ellos, este Lost Soul, que aparecería en el disco The Watson Family (1963). El mismo sello lo reeditaría en 1990 en formato CD, con varias pistas adicionales grabadas en los 70.

El tono es tan sombrío, que los responsables de una película de terror, Beneath, la incluyeron en su banda sonora, lo único bueno de la cinta junto con el The End. La letra presenta un tétrico panorama el día del juicio final, cuando “todos nosotros, pecadores, partiremos a una aflicción interminable”. El narrador se arrepiente de su vida, pero sabe que es demasiado tarde: “Aunque pido ayuda, es en vano porque estoy condenado para siempre. Si pudiera revivir todos los años pasados, los dedicaría a la causa de mi Salvador, pero nunca más volverán a mí”. Cada verso es repetido como si fuera un eco, para darle mayor gravedad al asunto. Alegría no le falta…

Vamos ya con este clásico del bluegrass, interpretado por Doc Watson y su familia.

¡Sea crucificado!

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Hoy, Viernes Santo, se recuerda el día de la crucifixión de Cristo. Según la tradición cristiana, Jesús ofreció su sangre por nosotros, así que abordaremos una canción góspel que habla precisamente de eso –de la sangre–, y de cómo, metafóricamente, hemos de lavarnos en ella para salir purificados.

El tema que vamos a escuchar, publicado originariamente en 1878, lleva por título Are You Washed in the Blood?, y es obra de Elisha A. Hoffman, uno de los más prolíficos autores de canciones religiosas de todos los tiempos, hasta el punto que de su pluma salieron unos 2.000 himnos de esta naturaleza.

La letra concatena una serie de preguntas que abundan en la necesidad de tener siempre presente la sangre del Cordero: “¿Has ido a Jesús en busca de su poder purificador?, ¿te has lavado en la sangre del Cordero?, ¿están tus vestiduras sin mancha?, ¿están blancas como la nieve?”. Se han hecho multitud de versiones de este tema, las más conocidas en clave de bluegrass. Escuchemos algunas de ellas.

Carl Story, el conocido como “padre de la música góspel bluegrass”, y su grupo, The Rambling Mountaineers, la grabaron, y su trabajo apareció en un recopilatorio que comprendía sus obras entre 1942 y 1952.

Uno de los primeros grupos de bluegrass fue The Foggy Mountain Quartet. Aquí interpretan la canción con Earl Scruggs a la guitarra.

The Statler Brothers en Oh Happy Day (1969).

En un recopilatorio con las grabaciones de Red Allen entre 1962 y 1983 figuraba también este tema. Frank Wakefield, ¡nada menos!, es quien le acompaña a la mandolina.

Veamos una interpretación en directo de los Shenandoah Cut Ups en 1971.

Willie Nelson hizo su versión en Old Time Religion (1992).

The Charlie Daniels Band imprimió una gran energía a esta versión, aparecida en How Sweet The Sound: 25 Favorite Hymns and Gospel Favorites (2001).

Alan Jackson la incluyó en su disco Karaoke (2007).

Veamos a los Kings Highway en una actuación en el festival bluegrass de Jerusalem Ridge en 2008. El grupo está compuesto por Mark Hargis a la mandolina, Mike Fulkerson al banjo, Kevin Bowlds al fiddle y Byron Oost al contrabajo.

El dúo Joey + Rory la incluyó en Inspired: Songs of Faith and Family (2013).

La versión de Randy Travis aparece en Hymns: 17 Timeless Songs of Faith (2014).

Por último, una versión coral obra del Antrim Mennonite Choir, que salió en el disco Amazing Grace.

 

Country Urbano (XX)

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50. Year Down in New Orleans. Nanci Griffith escribió esta canción en 1984 y la incluyó en su disco Once in a Very Blue Moon. De corte nostálgico, la narradora recuerda su juventud y su primer amor en Nueva Orleans, donde desearía estar de nuevo.

51. Go to the Mardi Gras. No podíamos terminar nuestra estancia en Nueva Orleans sin hacer referencia a su principal acontecimiento cultural, el Mardi Gras. Una de las canciones más populares de este carnaval es Go to the Mardi Gras, escrita por R. Byrd y T. Terry, y cantada e interpretada al piano por el profesor Longhair. Este tema rhythm and blues fue compuesto en 1959 y, naturalmente, apareció en la serie Treme.

52. Callin’ Baton Rouge. Aunque la ciudad más representativa de Louisiana es Nueva Orleans, su capital es Baton Rouge, a la que está dedicado este tema, con el que cerramos nuestro recorrido urbano por este estado. John Cowan, representante del “bluegrass progresivo”, es el autor de Callin’ Baton Rouge, que él mismo interpreta junto a Shad Cobb, Andrea Zonn y Barbara Lamb al fiddle, John McFee a la steel guitar, Scott Vestal al banjo y John Frazier a la mandolina. El vídeo está fechado en agosto de 2013.

La temperatura del licor de maíz

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El pasado mes de febrero Robert Earl Keen revitalizó un gran clásico del bluegrass, Hot Corn, Cold Corn, en su disco Happy Prisoner: The Bluegrass Sessions. Aprovechando este regalazo, ¿qué os parece si hoy escuchamos algunas de sus versiones?
Keen nació hace 59 años en Texas, un estado no muy-bluegrass. Como él mismo ha reconocido en una entrevista, “no soy cantante de bluegrass. La idea es que el disco suene como yo mismo. Quería presentar estas canciones del modo en que las percibo”. Su pasión por el bluegrass y el blues queda fuera de toda duda en Happy Prisoner y, particularmente, en la canción que traemos hoy, cuyos orígenes son, por cierto, desconocidos, aunque es probable que naciera a principios del siglo XX en los llamados “bailes de granero”.
El narrador clama desesperadamente porque le lleven una jarra, no importa si el licor de maíz está caliente o frío. No ha bebido nada “desde Dios sabe cuándo” y le pide a su tía que la llene otra vez.
Los maestros del bluegrass Flatt & Scruggs la incluyeron en su álbum en directo Live at Carnegie Hall (1962).

Esta es la interpretación de Jerry Garcia y David Grisman para su disco Not for kids only (1993).

Escuchemos a Nothin’ Fancy Bluegrass.

Ahora, los Southfork Bluegrass Boys, un grupo compuesto por James Kirk (guitarra y voz), David Kirk (mandolina), Larry Kirk (bajo), Kevin Church (banjo) y Clifton Mark (dobro).

Al efímero grupo Run C. & W. –formado por Russell Smith, el virtuoso del banjo Bernie Leadon, Jim Photoglo y Vince Melamed– se le ocurrió combinarla con I like it like that y la incluyó en su álbum Row vs. Wade (1994).

Ahora, unos tipos de Boulder (Colorado) que funden el bluegrass con el rock y la música cajun. Se llaman Leftover Salmon y la grabaron en Ask the Fish (1995).

Los blugrasseros The Earls of Leicester –Johnny Warren al fiddle, Charlie Cushman al banjo, Barry Bales al bajo, Tim O’Brien a la mandolina, Shawn Camp a la guitarra y Jerry Douglas al dobro– la grabaron en julio de 2014 en la sede del Grand Ole Opry en Nashville (Tennessee).

Por último, disfrutemos de Robert Earl Keen en el citado Happy Prisoner (2015), que precisamente se abre con este tema.

El conductor de mulas

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El blues tuvo mucho que ver en el posterior desarrollo del country. Hoy vamos a recordarlo con un ejemplo incontrovertible. Jimmie Rodgers, padre de la música country, compuso un total de trece Blue Yodels (en la entrada sobre este cantautor y guitarrista escuchamos ya el número 1, T for Texas).
Hoy “pincharemos” el Blue Yodel número 8, también conocido como Muleskinner Blues, escrito por Rodgers y George Vaughan. La primera estrofa proviene de un blues de la época, Labor Blues, obra de Tom Dickson de 1928 en la que se narra la historia de un obrero negro que renuncia a su trabajo porque su jefe (blanco) no le paga a tiempo y él necesita el dinero para su nueva chica de Mississippi. Os dejo con ella.

Rodgers se basó en este tema para su Muleskinner Blues, grabado el 11 de julio de 1930. Eso sí cambió la anécdota por la de un tipo de Tennessee que pide trabajo como mulero y se “vende” ante su nuevo empleador con sus muchas habilidades. Tan seguro está de su potencial, que se compromete a trabajar gratis si las mulas “no le hacen caso”.

Roy Acuff, gran admirador de Rodgers, grabó el tema en 1939, seis años después de la muerte de este.

Bill Monroe escogió la canción para su debut en el Grand Ole Opry en 1939. La grabó al año siguiente, y fue uno de sus mayores éxitos.

Woodie Guthrie la incluyó en su álbum Muleskinner Blues: The Asch Recordings (1944) quitándole el componente racial y en las versiones posteriores prácticamente no volvería a aparecer.

Entre sus innumerables versiones, destaca la de Merle Haggard en su disco Same train, a different time (1969).

La versión de Dolly Parton le valió una nominación al Grammy en 1971.

Escuchemos a un gran guitarrista, Jerry Reed.

Ahora, Rhonda Vincent en clave bluegrass, acompañada por el sempiterno banjo de The Rage (2005).

Una de las últimas grabaciones de este clásico del country ha sido la de Marcus Singletary en Sings Country Music Standards (2013).

Norte y Sur (VII)

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En las próximas entregas nos aproximaremos a uno de los lugares comunes de todas las guerras: las canciones que los soldados en el frente dedican a sus novias y mujeres.
La primera que vamos a escuchar, Lorena, fue escrita en 1856, unos años antes de que estallara la guerra, en Ohio –estado del norte–, pero fue tremendamente popular en ambos bandos durante el conflicto. Su autor, el reverendo Henry D.L. Webster, se la dedicó a un viejo amor, Ella Blocksom, cuyo rechazo provocó que abandonara su labor como pastor. Su amigo Joseph Philbrick Webster se ocupó de la música. Nostálgico y sentimental, el tema caló tan hondo entre las tropas sureñas, que hubo quien dijo que fue el culpable de que el Sur perdiera la guerra: al cantarla, los soldados se ponían en modo melancólico, y perdían las ansias de luchar. Max Steiner la incluyó en la banda sonora de Lo que el viento se llevó (1939) y, años después, en algunas escenas de Centauros del desierto (1956). La letra expone lo perdurable del amor: “Los años se arrastran lentamente, hay nieve en el terreno, el sol se pone en el cielo, hay escarcha donde antes había flores, pero los corazones laten tan cálidamente ahora como cuando se aproximaban los días del verano”.
En mi opinión, Tennessee Ernie Ford fue quien mejor supo captar el espíritu suave de la balada con su espléndida voz de barítono. Lo hizo en su disco Songs of the Civil War (1961).

Escuchemos al 97 Regimental String Band.

Tom Roush ha recuperado multitud de canciones de la Guerra Civil, entre ellas ésta.

Second South Carolina String Band versionó este clásico.

El virtuoso del fiddle y el banjo –y gran representante del bluegrass– John Hartford nos regaló esta versión.

Norte y Sur (VI)

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Si el último día de esta serie os hablaba de Bonnie Blue Flag, hoy vamos a escuchar otra significativa canción del bando Confederado: Bright Sunny South. En este caso, no es posible determinar su origen. La letra está contada desde el punto de vista de un joven soldado que ha sido enviado a la guerra (“antes de que hubieran pasado los días de mi infancia”) y ha dejado atrás a su familia. Le aflige la separación de su madre, evoca las palabras de su progenitor (“Hijo, sé valiente pero muestra piedad siempre que puedas, nuestros corazones están contigo”) y aún puede ver las lágrimas de su hermana en el momento de la partida.
Escuchemos la sentida versión del grupo Bittersweet and Brier, en su álbum Hard Times-Songs of the Civil War.

Este es Dock Boggs al banjo.

En 1984, Doc y Merle Watson la incluyeron en su álbum Down South.

Ahora disfrutemos del tema en clave bluegrass con The Union Station (2002), un grupo formado por la gran violinista Allison Krauss, Dan Tyminski, Jerry Douglass, Ron Block y Barry Bales.

La última vez que se grabó fue en 2013, cuando Sam Amidon, de 33 años, la incluyó en su disco Bright Sunny South, cambiando levemente la letra.

El rey de las cuerdas

Instrumentos de Cuerda
¿Qué sería del country (y de la música del siglo XX en general) sin la guitarra? Para mostrar su importancia, nadie mejor que el protagonista de hoy, Joe Maphis, que pasó a la historia por su forma “explosiva” de tocar la guitarra, ejerció una gran influencia sobre el maestro Chet Atkins, y mereció con toda justicia el sobrenombre de “El rey de las cuerdas” (y es que no sólo tocaba la guitarra, sino cualquier instrumento de cuerda que se le pusiera por delante).
Su carrera profesional comenzó a principios de los 50 junto a otro gran guitarrista, Merle Travis. A la sazón utilizaba una Mosrite, que Semie Moseley le fabricó específicamente para él, y que hoy puede verse en el Salón de la Fama de la Música Country de Nashville. Maphis admiraba profundamente el estilo de Maybelle Carter a la guitarra y se puede decir que la admiración era mutua. Cuando Maphis murió en 1986, Johnny Cash y su mujer June Carter Cash, hija de Maybelle, se ocuparon de enterrarlo en una tumba al lado de su madre y el marido de ésta.
Escuchemos una de sus primeras composiciones, Pickin’ and Singin’.

En 1953 grabó Dim Lights, Thick Smoke junto con su mujer, Rose Lee.

Ahora vamos con uno de los discos más importantes de su carrera, Fire On the Strings (1957), un título en absoluto hiperbólico, ya que imprime puro fuego a la guitarra.
Aquí tenéis el tema que da título al disco.

Flyin’ Fingers es otra muestra de su virtuosismo.

Un año antes de que saliera ese disco, sacó el single Guitar Rock and Roll, con un estilo rockabilly.

Os dejo ahora con el clásico del bluegrass Katy Warren Breakdown.

Otro instrumento de cuerda esencial para el country es el banjo. Escuchad este Floggin’ the Banjo (“Azotando el banjo”).

Por último, otro ejemplo de sus destrezas con el banjo, Twin Banjo Special, en el que toca con su mujer.

Barbara Mandrell, la novia de la steel guitar

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Nació en 1948 y, desde muy pequeña, mostró sus talentos musicales: a los nueve años ya tocaba el acordeón y la steel guitar. Su padre, Irby, apoyó incondicionalmente la carrera musical de su hija e incluso fue su primer representante. Este talento natural –no tardó en aprender a tocar el banjo, el dobro y el saxofón– llamó la atención del sagaz productor Chet Atkins, quien le dio su primera oportunidad junto con su amigo Joe Maphis, que le contrató para tocar en su salón de baile; allí conoció a Johnny Cash y a Patsy Cline, con los que salió de gira.
Se enamoró del batería de la Mandrell Family Band, Ken Dudney, pero sus padres se opusieron a la relación, ya que a la sazón Barbara sólo tenía 14 años (se casarían cuando Dudney volviera de Vietnam, varios años más tarde). Su primer contrato con una discográfica –Columbia Records– fue en 1969, y allí permaneció hasta 1975. Sin embargo, su verdadero éxito llegaría después. Se retiró, relativamente joven, con su último disco, It Works For Me, de 1997.
Escuchemos I was country when country wasn´t cool (“Era country cuando el country no estaba de moda”), uno de sus mayores éxitos y uno de sus temas más recordados. Data de 1981 y pertenece a su disco Barbara Mandrell Live. Fue escrita por Kye Fleming y Dennis Morgan y, para grabarla, contó con la colaboración de George Jones, a quien se cita en la letra y que se une a Mandrell al final.
La canción puede enmarcarse en la corriente del neocountry, una vuelta a las raíces del country de principios de los 80, de la que la banda sonora de Cowboy de ciudad (Urban Cowboy, 1980) sería un buen ejemplo.
Tal como anticipa el título, la letra supone toda una reivindicación de la música country: la protagonista solía vestir Levis y camisas de franela cuando no se llevaban, escuchaba el Opry cuando los demás se enganchaban al rock and roll y el rhythm and blues, y se embelesaba con Roy Rogers –un actor-cantante de música western– y George Jones en la radio del coche.
Os dejo con la versión original de Barbara Mandrell y la citada aparición de George Jones.

En 2009, Reba McEntire cantó la canción en directo. En esta ocasión, también George Jones aparece al final de la misma.

Ahora escuchemos a las dos, Mandrell y McEntire, en la gala que celebraba el 70 aniversario del Grand Ole Opry en 1996.

River of Country: año I

Sí, el 11 de enero de 2014 iniciaba esta aventura donde la música country fluye continuamente como un río. Pasado un año, y después de 323 entradas publicadas, ha llegado la hora de hacer balance, de rendir cuentas y repasar las principales estadísticas de este blog.
Países visitantes, la primera. Los huéspedes de esta casa proceden de todos los confines del mundo, desde Canadá a Nueva Zelanda, pasando por Vietnam, Bangladesh o Pakistán, hasta un total de 65. Lógicamente, predominan los de habla hispana, y las visitas de los países citados no dejan de ser testimoniales. El ranking lo encabeza, aparte de España, Estados Unidos, y le siguen México, Suecia, Argentina, Chile y Colombia.
Por lo que respecta a los comentarios recibidos, estos han superado los 500. Encabeza la lista Ernán Dezá, del blog Después de la media rueda; Raúl, responsable del blog La Guitarra de las Musas; Manuel Cerdà, de El Blog de Manuel (Música de Comedia y Cabaret); y Salva, de Mentalparadise.
Hagamos ahora un repaso por las entradas que más aceptación han tenido.
En primer lugar, la dedicada al banjo como elemento fundamental de la música country.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/02/25/oh-susana-no-llores-mas-por-mi/
La segunda entrada más vista estaba dedicada a una de las primeras grabaciones de música country que se conserva, inspirada, por cierto, en un caso real.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/07/basado-en-hechos-reales/
La historia de la música country parece que gusta, ya que el siguiente puesto corresponde a la familia Carter, pioneros de este estilo.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/05/familia-carter-el-primer-grupo-de-musica-country/
Ahora le toca el turno a un tema popularizado por Johnny Cash, pero que se remonta a la década de los 40.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/22/ghost-riders-in-the-sky-stan-jones-1948/
Indudablemente, la música folk tiene sus adeptos. El siguiente puesto le corresponde a Midnight Special, que probablemente muchos conoceréis por la versión de Creedence Clearwater Revival.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/24/el-tren-de-la-medianoche/
Y si la familia Carter despierta pasiones, no podía faltar otro pionero del country, Jimmie Rodgers, a quien, curiosamente, dediqué la primera entrada.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/24/jimmie-rodgers-el-padre-de-la-musica-country/
La música country no sería la mismo sin Hank Williams. Una de sus canciones más conocidas, Jambalaya, se alza a la séptima posición.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/21/jambalaya-on-the-bayou-hank-williams-1952/
Poco antes de la ceremonia de los Oscar del año pasado, llamaba la atención sobre la canción country de Gravity, cinta que finalmente se hizo con la estatuilla al mejor director, entre los siete que obtuvo.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/02/17/el-country-se-escucha-hasta-en-el-espacio/
A continuación, otra canción folk que habla sobre los campos de algodón y que cuenta con varias versiones, una de ellas de la Creedence. ¿Qué tendrá este grupo?
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/17/esos-campos-de-algodon/
Por último, y para no eternizarnos, la entrada más reciente de la lista –publicada el 29 de diciembre–, Rose Garden, con sus innumerables versiones.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/12/29/rose-garden-joe-south-1970/
Hablemos de las series que han ocupado un lugar preponderante en este blog. La de más duración –40 entregas– fue la dedicada a los estados country, El country marca su territorio. Le sigue La Babel del Country, serie consagrada a la música country en otros idiomas –9 entregas– y dos miniseries relacionadas con el cine: Cine Country (3 entradas) y Al tío Oscar le gusta el country (2 entradas), con las canciones nominadas u oscarizadas de este género musical.
Por supuesto, no podía terminar sin daros las gracias a todos los que habéis visitado el blog, habéis pulsado “me gusta” o habéis dejado comentarios.
Como todos los días, quiero terminar con una canción, Happy, happy birthday baby, cantada por Dolly Parton en 1965 y que fue su primera entrada en las listas. Compuesta en 1957, la versión de Ronnie Milsap la revitalizó en 1986. Escuchemos ambas consecutivamente.