El rey de las cuerdas

Instrumentos de Cuerda
¿Qué sería del country (y de la música del siglo XX en general) sin la guitarra? Para mostrar su importancia, nadie mejor que el protagonista de hoy, Joe Maphis, que pasó a la historia por su forma “explosiva” de tocar la guitarra, ejerció una gran influencia sobre el maestro Chet Atkins, y mereció con toda justicia el sobrenombre de “El rey de las cuerdas” (y es que no sólo tocaba la guitarra, sino cualquier instrumento de cuerda que se le pusiera por delante).
Su carrera profesional comenzó a principios de los 50 junto a otro gran guitarrista, Merle Travis. A la sazón utilizaba una Mosrite, que Semie Moseley le fabricó específicamente para él, y que hoy puede verse en el Salón de la Fama de la Música Country de Nashville. Maphis admiraba profundamente el estilo de Maybelle Carter a la guitarra y se puede decir que la admiración era mutua. Cuando Maphis murió en 1986, Johnny Cash y su mujer June Carter Cash, hija de Maybelle, se ocuparon de enterrarlo en una tumba al lado de su madre y el marido de ésta.
Escuchemos una de sus primeras composiciones, Pickin’ and Singin’.

En 1953 grabó Dim Lights, Thick Smoke junto con su mujer, Rose Lee.

Ahora vamos con uno de los discos más importantes de su carrera, Fire On the Strings (1957), un título en absoluto hiperbólico, ya que imprime puro fuego a la guitarra.
Aquí tenéis el tema que da título al disco.

Flyin’ Fingers es otra muestra de su virtuosismo.

Un año antes de que saliera ese disco, sacó el single Guitar Rock and Roll, con un estilo rockabilly.

Os dejo ahora con el clásico del bluegrass Katy Warren Breakdown.

Otro instrumento de cuerda esencial para el country es el banjo. Escuchad este Floggin’ the Banjo (“Azotando el banjo”).

Por último, otro ejemplo de sus destrezas con el banjo, Twin Banjo Special, en el que toca con su mujer.

Barbara Mandrell, la novia de la steel guitar

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Nació en 1948 y, desde muy pequeña, mostró sus talentos musicales: a los nueve años ya tocaba el acordeón y la steel guitar. Su padre, Irby, apoyó incondicionalmente la carrera musical de su hija e incluso fue su primer representante. Este talento natural –no tardó en aprender a tocar el banjo, el dobro y el saxofón– llamó la atención del sagaz productor Chet Atkins, quien le dio su primera oportunidad junto con su amigo Joe Maphis, que le contrató para tocar en su salón de baile; allí conoció a Johnny Cash y a Patsy Cline, con los que salió de gira.
Se enamoró del batería de la Mandrell Family Band, Ken Dudney, pero sus padres se opusieron a la relación, ya que a la sazón Barbara sólo tenía 14 años (se casarían cuando Dudney volviera de Vietnam, varios años más tarde). Su primer contrato con una discográfica –Columbia Records– fue en 1969, y allí permaneció hasta 1975. Sin embargo, su verdadero éxito llegaría después. Se retiró, relativamente joven, con su último disco, It Works For Me, de 1997.
Escuchemos I was country when country wasn´t cool (“Era country cuando el country no estaba de moda”), uno de sus mayores éxitos y uno de sus temas más recordados. Data de 1981 y pertenece a su disco Barbara Mandrell Live. Fue escrita por Kye Fleming y Dennis Morgan y, para grabarla, contó con la colaboración de George Jones, a quien se cita en la letra y que se une a Mandrell al final.
La canción puede enmarcarse en la corriente del neocountry, una vuelta a las raíces del country de principios de los 80, de la que la banda sonora de Cowboy de ciudad (Urban Cowboy, 1980) sería un buen ejemplo.
Tal como anticipa el título, la letra supone toda una reivindicación de la música country: la protagonista solía vestir Levis y camisas de franela cuando no se llevaban, escuchaba el Opry cuando los demás se enganchaban al rock and roll y el rhythm and blues, y se embelesaba con Roy Rogers –un actor-cantante de música western– y George Jones en la radio del coche.
Os dejo con la versión original de Barbara Mandrell y la citada aparición de George Jones.

En 2009, Reba McEntire cantó la canción en directo. En esta ocasión, también George Jones aparece al final de la misma.

Ahora escuchemos a las dos, Mandrell y McEntire, en la gala que celebraba el 70 aniversario del Grand Ole Opry en 1996.

River of Country: año I

Sí, el 11 de enero de 2014 iniciaba esta aventura donde la música country fluye continuamente como un río. Pasado un año, y después de 323 entradas publicadas, ha llegado la hora de hacer balance, de rendir cuentas y repasar las principales estadísticas de este blog.
Países visitantes, la primera. Los huéspedes de esta casa proceden de todos los confines del mundo, desde Canadá a Nueva Zelanda, pasando por Vietnam, Bangladesh o Pakistán, hasta un total de 65. Lógicamente, predominan los de habla hispana, y las visitas de los países citados no dejan de ser testimoniales. El ranking lo encabeza, aparte de España, Estados Unidos, y le siguen México, Suecia, Argentina, Chile y Colombia.
Por lo que respecta a los comentarios recibidos, estos han superado los 500. Encabeza la lista Ernán Dezá, del blog Después de la media rueda; Raúl, responsable del blog La Guitarra de las Musas; Manuel Cerdà, de El Blog de Manuel (Música de Comedia y Cabaret); y Salva, de Mentalparadise.
Hagamos ahora un repaso por las entradas que más aceptación han tenido.
En primer lugar, la dedicada al banjo como elemento fundamental de la música country.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/02/25/oh-susana-no-llores-mas-por-mi/
La segunda entrada más vista estaba dedicada a una de las primeras grabaciones de música country que se conserva, inspirada, por cierto, en un caso real.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/07/basado-en-hechos-reales/
La historia de la música country parece que gusta, ya que el siguiente puesto corresponde a la familia Carter, pioneros de este estilo.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/05/familia-carter-el-primer-grupo-de-musica-country/
Ahora le toca el turno a un tema popularizado por Johnny Cash, pero que se remonta a la década de los 40.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/22/ghost-riders-in-the-sky-stan-jones-1948/
Indudablemente, la música folk tiene sus adeptos. El siguiente puesto le corresponde a Midnight Special, que probablemente muchos conoceréis por la versión de Creedence Clearwater Revival.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/24/el-tren-de-la-medianoche/
Y si la familia Carter despierta pasiones, no podía faltar otro pionero del country, Jimmie Rodgers, a quien, curiosamente, dediqué la primera entrada.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/03/24/jimmie-rodgers-el-padre-de-la-musica-country/
La música country no sería la mismo sin Hank Williams. Una de sus canciones más conocidas, Jambalaya, se alza a la séptima posición.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/21/jambalaya-on-the-bayou-hank-williams-1952/
Poco antes de la ceremonia de los Oscar del año pasado, llamaba la atención sobre la canción country de Gravity, cinta que finalmente se hizo con la estatuilla al mejor director, entre los siete que obtuvo.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/02/17/el-country-se-escucha-hasta-en-el-espacio/
A continuación, otra canción folk que habla sobre los campos de algodón y que cuenta con varias versiones, una de ellas de la Creedence. ¿Qué tendrá este grupo?
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/17/esos-campos-de-algodon/
Por último, y para no eternizarnos, la entrada más reciente de la lista –publicada el 29 de diciembre–, Rose Garden, con sus innumerables versiones.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/12/29/rose-garden-joe-south-1970/
Hablemos de las series que han ocupado un lugar preponderante en este blog. La de más duración –40 entregas– fue la dedicada a los estados country, El country marca su territorio. Le sigue La Babel del Country, serie consagrada a la música country en otros idiomas –9 entregas– y dos miniseries relacionadas con el cine: Cine Country (3 entradas) y Al tío Oscar le gusta el country (2 entradas), con las canciones nominadas u oscarizadas de este género musical.
Por supuesto, no podía terminar sin daros las gracias a todos los que habéis visitado el blog, habéis pulsado “me gusta” o habéis dejado comentarios.
Como todos los días, quiero terminar con una canción, Happy, happy birthday baby, cantada por Dolly Parton en 1965 y que fue su primera entrada en las listas. Compuesta en 1957, la versión de Ronnie Milsap la revitalizó en 1986. Escuchemos ambas consecutivamente.

Bluegrass and White Snow. Patty Loveless, 2002

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Hoy he seleccionado uno de los discos de música country navideños más destacados, en mi opinión, de todos los tiempos. La dama del bluegrass Patty Loveless –nombre artístico de Patty Lee Ramey– nos deleitó en 2002 con este Bluegrass and White Snow, producido por su marido Emory Gordy Jr. para el sello Epic Records.
Los temas que incluye son muy variados: hay desde interpretaciones de clásicos navideños, hasta composiciones propias de la cantante, co-escritas junto a su marido, o incluso un tema netamente instrumental. Destaca su rica instrumentación, una fiesta para los oídos ejecutada por la mandolina, el banjo, el fiddle y otros muchos instrumentos típicos de la música bluegrass.
El disco se abre con Away in a Manger, un villancico del siglo XIX muy conocido en el mundo anglófono.

Si hubiera que elegir un villancico que representara la Navidad, ése sería, tal vez, Silent night, traducido a multitud de lenguas del original alemán, Stilles Nacht, de 1818. Durante la Primera Guerra Mundial, en la tregua de Navidad de 1914, los soldados de ambos bandos entonaron este villancico.

La única pieza instrumental es este Carol of the Bells, un villancico popular ucraniano.

Esta es su versión de Little Drummer Boy, a dúo con Rebecca Lynn Howard. Es, sí, El tamborilero hispano, universalizado por Raphael.

Os dejo ahora con una composición original para el disco, Santa Train.

Y terminamos con la canción que da título al disco, Bluegrass, White Snow, con la colaboración de Dolly Parton y Ricky Scaggs.

El banjo en su máxima expresión

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Hablar de música bluegrass es hablar de su instrumento más popular, el banjo. Una de las mejores composiciones para este instrumento salió de la mente y la pluma de Earl Scruggs quien, en 1949, escribió Foggy Mountain Breakdown, una pieza instrumental llena de vitalidad.
En aquel momento Scruggs trabajaba junto a su eterno compañero Lester Flatt –ver entrada del 28 de abril–, y con él y los Foggy Mountain Boys, su grupo, la grabó y publicó en un single editado por Mercury Records.
Los amantes del cine probablemente recordéis este tema porque aparece en la banda sonora de la película de Arthur Penn Bonnie y Clyde (1967), en las escenas de persecuciones automovilísticas. Fue tal su éxito, que al año siguiente se reeditó en disco, esta vez bajo el paraguas de la Columbia. En 2002 asistimos a una nueva grabación que contó con la colaboración de Steve Martin, Randy Scruggs, Vince Gill o Marty Stuart, entre otros, y obtuvo un Grammy a la interpretación. Finalmente, la Librería del Congreso incluyó este clásico en su Registro de Grabaciones Nacionales por su contribución a hacer del banjo el instrumento esencial del bluegrass.
Escuchad primero la versión original de Foggy Mountain Breakdown, interpretada por Flatt y Scruggs:

Os dejo ahora con la interpretación que mereció el Grammy en 2002. Esta versión fue presentada en el show de David Letterman, un programa de máxima audiencia en Estados Unidos que este humorista lleva presentando ininterrumpidamente desde 1993 (lo hará hasta la próxima temporada, cuando lo suceda Stephen Colbert).

Este tema se inspiró, a su vez, en otra de las piezas emblemáticas del bluegrass instrumental, Bluegrass Breakdown (1945), compuesto por Bill Monroe. Aunque no se le reconoció en los créditos, contó con la colaboración de un jovencísimo Earl Scruggs. Escuchémoslo antes de despedirnos:

Pura energía: Cotton Eyed Joe

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Como prometía el pasado martes al decir que en breve dedicaría una entrada a Cotton Eyed Joe, hoy escucharemos esta canción folk donde el fiddle adquiere un protagonismo especial.
De ésta, como de tantas otras canciones folk, no se conoce la fecha exacta de su composición. Sin embargo, podemos aventurarnos con una aproximada, y situarla antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), ya que durante la misma ya era conocida, y, según la historiadora de la música Dorothy Scarborough, los esclavos la cantaban en las plantaciones de Luisiana.
La primera versión publicada data de 1882, cuando la editorial Harper and Brothers puso por escrito la letra, que, lógicamente y al ser de tradición oral, cuenta con diversas variantes. “De no haber sido por Joe el de los ojos de algodón, habría estado casado hace mucho tiempo”, nos cuenta, por lo que podemos inferir que el tal Joe le quitó la novia al autor.
De notable popularidad en Texas, llegó a ser conocida como el himno del sur de ese estado, y aún goza de gran predicamento: multitud de colegios universitarios la tocan al comienzo de sus partidos de baseball.
Vamos a comenzar por la primera versión grabada que se conoce. Se la debemos a los Carter Brothers (George y Andrew) e hijo (Jimmie, que aquí toca la guitarra con solo nueve años). Es de 1928 y fue editada por The Brunswick Company. Este grupo, por cierto, nada tiene que ver con la familia Carter.

Los Skillet Lickers, capitaneados por Gid Tanner, grabaron Cotton Eyed Joe en los años 30.

Escuchemos ahora la grabación que hizo Bob Wills and his Texas Playboys en 1946.

Os dejo ahora con la versión que hizo el padre de la música bluegrass, Bill Monroe, y los Bluegrass Boys, quienes añadieron al fiddle el banjo y la mandolina.

En 1980 Isaac Peyton Sweat nos regaló esta gran versión.

En este último año, la película Urban Cowboy también incluyó este clásico en su banda sonora.

En 1985 el grupo Asleep at the Wheel (“Dormidos al volante”) ejecutó una versión memorable. Escuchémosla.

La colaboración entre la banda irlandesa The Chieftains y uno de los máximos exponentes vivos de la música bluegrass, Ricky Skaggs, alumbró una interpretación antológica, que se tradujo en una nominación al Grammy a la mejor instrumentación country en 1992 por el disco Another Country.

Esta melodía ha traspasado fronteras y el grupo sueco Rednex alcanzó un gran éxito en 1994 con otra versión de dudoso gusto, que recibió críticas por su toque techno. La canción está extraída del álbum Sex and violins y fue un gran éxito en Europa, donde alcanzó lo más alto de las listas en Noruega, Suecia, Alemania, Austria, Suiza o Finlandia, entre otros.

La ciudad fantasma

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El country, como estamos viendo en la serie dedicada a los estados americanos, está muy apegado a la tierra. Pero los artistas no solo cantan a los estados, sino también a las ciudades, y, por ello, hoy quiero que me acompañéis a una ciudad fantasma, una de esas localidades surgidas por el auge de una actividad económica puntual, que, a su término, es abandonada, como han retratado tantas películas del oeste. Una de ellas fue la ciudad de Calico, en el condado de San Bernardino, California. Fue fundada en 1881 como una ciudad minera en las inmediaciones del desierto del Mojave al descubrirse plata en los alrededores. En 1907 fue abandonada y actualmente es un atractivo turístico más de California.
La letra de la canción que vamos a escuchar, Calico Train, describe la superación de una ruptura. Al principio, la narradora cree que no podrá seguir adelante, pero una noche sus amigos la invitan al baile de Calico. Por supuesto, decide ir y empieza a “sentirse viva otra vez con un hombre a cada lado y cada paso que daba le alejaba más de él”. ¿No os recuerda el éxito de Gloria Gaynor I will survive (1979)?
Os dejo con la versión instrumental en clave bluegrass de Steve Martin, que, además de dedicarse al cine, es músico y todo un virtuoso del banjo. Martin creó en 2010 un premio a la excelencia en el banjo y el bluegrass, dotado con 50.000 dólares.

Lester Flatt y Earl Scruggs, un tándem inseparable

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Lester Flatt nació en 1914 en Tennessee en el seno de una familia numerosa. A los siete años ya tocaba la guitarra y cantaba en el coro de su iglesia. Cuando se casó en 1934, inició una colaboración vocal amateur con su mujer y poco después aprendió a tocar también la mandolina, si bien su especialidad seguía siendo la guitarra.
Su carrera despegó junto a la de Bill Monroe, y su amor por la música bluegrass no dejó de crecer con el paso del tiempo.
Se asoció con Earl Eugene Scruggs, en aquel entonces un alumno aventajado de Bill Monroe, y se convirtió en su compañero ideal durante la mayor parte de la carrera de ambos. Juntos formaron el grupo The Foggy Mountain Boys, que se mantuvo sólidamente unido hasta 1969, año en que Flatt formó The Nashville Grass, contratando, eso sí, a la mayor parte de los miembros de su antiguo grupo. Y con él trabajó hasta el mismo momento de su muerte, en 1979.
Admitido como miembro del Country Music Hall of Fame en 1985, tras su muerte su ciudad natal de Tennessee organizó durante años un festival de música bluegrass.
Os dejo con The Ballad of Jed Clampett, una de sus más famosas colaboraciones con su compañero, el virtuoso del banjo Earl Scruggs. La canción fue grabada en 1962 y se utilizó como sintonía de un programa de televisión de principios de los 60, The Beverly Hillbillies. Fue compuesta por Paul Henning y cantada por Jerry Scoggins, pero lo más destacable, desde luego, es el acompañamiento musical de Scruggs y de la guitarra de nuestro protagonista. Dada la popularidad del tema, se editó un single que llegó al número 1 de las listas en 1962.

Bill Monroe, el padre de la música bluegrass

Bill Monroe
Hace unas semanas, traía a colación un diálogo de la película Alabama Monroe, en el que se sostenía que Bill Monroe era el mejor compositor de todos los tiempos. Voy a intentar demostrar que esta afirmación es cierta, en particular en lo que a música bluegrass se refiere.
Monroe nació en 1911 en Kentucky. Su estado natal lo acompañó durante toda su vida, y a él le dedicó numerosas canciones que hoy se consideran himnos oficiosos del estado.
Vio la luz en el seno de una familia que se dedicaba profesionalmente a la música. Sin ir más lejos, su tío era Pen Vandiver, un virtuoso del violín del que Monroe lo aprendió todo, y es que a los 16 años se quedó huérfano de madre y padre y se fue a vivir con él.
Le solía acompañar con la mandolina, un instrumento en el que se había especializado cuando su tío tocaba el violín en bailes campestres. En 1929, se trasladó a Indiana junto con sus hermanos, Birch y Charlie, también músicos, y formó el grupo Monroe Brothers. Birch abandonó la empresa y Bill y Charlie siguieron como dúo hasta 1938. Ese mismo año formó el grupo con el que alcanzaría la fama, The Bluegrass Boys y, al año siguiente, se unió a las filas del Grand Ole Opry, institución de la que formó parte hasta su muerte.
En esos años experimentó con varios instrumentos como el acordeón, que no tardó en aparcar, o el banjo, que le dio un sonido característico a la banda. Durante un tiempo, los virtuosos del banjo Earl Scruggs y Lester Flatt se unieron al grupo, si bien lo dejarían para formar el suyo propio, The Foggy Mountain Boys.
En 1949, tras firmar con la Decca Records, se inició su edad dorada, con la grabación de multitud de clásicos del bluegrass. Aunque a finales de los 50 su carrera empezó a decaer para dejar paso a otros estilos como el rock, en los 60 se dio una revitalización de la música folk, con la proliferación de numerosos festivales dedicados al género.
Bill Monroe trabajó hasta pocos meses antes de su muerte, acaecida en 1996, cuando estaba a punto de cumplir 85 años. Su legado llega hasta la actualidad. Ricky Scaggs ha declarado: “Creo que la importancia de Bill Monroe para la música americana es como la de Robert Johnson al blues o como la de Louis Armstrong. Es probablemente el único músico cuyo grupo ha dado nombre a un estilo de música”.
Escuchemos ahora la canción que dedicó a una de sus mayores influencias musicales, su tío. En 1950, grabó Uncle Pen, versionada posteriormente por Porter Wagoner o Ricky Scaggs. Esta la cantó en el Grand Ole Opry en 1956.

El poder de la música folk

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El folk –de donde viene folklore, ciencia del pueblo– se caracteriza en Estados Unidos por la utilización de instrumentos autóctonos de cada región, como el banjo, el violín (fiddle) o la armónica.
Este estilo, que también se conoce con el nombre genérico de old time music, es desde luego inacabable, así que hoy os voy a traer sólo una pequeña muestra. Se trata de una canción llena de alegría que representa a la perfección el espíritu del folk.
Cornbread and butterbeans, cuya composición se pierde en las brumas del tiempo, tuvo su origen en las zonas rurales del sur de Estados Unidos, posiblemente en Carolina del Norte.
Escuchemos primero la versión de 1949, grabada por Johnny Tyler (pseudónimo de Lehman Monroe):

Y, ahora, la revisión a la que sometió a este clásico el grupo Carolina Chocolate Drops en su disco Genuine Negro Jigs (2010), que merece la pena escucharse una y otra vez. La alegría os durará toda la semana y más.