Bill Clifton, el redescubridor del bluegrass

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William August Marburg nació hace 86 años en Maryland. Desde muy pequeño se aficionó a la música country y el bluegrass, una pasión que ocultó a sus adinerados padres, que no querían que su retoño se dedicara a la música. De ahí que, al formar su primer grupo, Dixie Mountain Boys, junto con sus amigos Paul Clayton y Dave Sadler –a quienes no tardaría en unirse Johnny Clark al banjo–, adoptara un nombre artístico totalmente diferente para no ser reconocido, Bill Clifton.

Sus primeros singles datan de 1952, y no grabó sus primeros discos de larga duración hasta 1959. Hoy, lleva 15 a sus espaldas. En 1961 fue el organizador de uno de los primeros festivales bluegrass, un estilo que a la sazón carecía de la visibilidad que merecía. Allí se dieron cita todas las figuras del bluegrass de la época: Bill Monroe, Mac Wiseman, The Stanley Brothers, Jim & Jesse

Clifton disfrutó de un gran éxito en Reino Unido y no dudó en trasladar su residencia allí en 1963, si bien con los años volvería a su país natal. En 1980 creó su propio sello, Elf Records, al que ha incorporado varios de sus últimos discos. En 2008 obtuvo el mayor honor que cabe en la música bluegrass: fue nombrado miembro de su Salón de la Fama.

Escuchemos algunas muestras de la extensa discografía de Clifton. En primer lugar, una canción tradicional de la que no se sabe con certeza su autor, Walking in My Sleep. Esta es la versión de Clifton tal como aparecía en su primer disco, Mountain Folksongs (1959).

Otro de sus trabajos más conocidos lleva por título The Bluegrass Sound of Bill Clifton (1962), del que destaca Springhill Disaster. La canción hace referencia a un accidente que tuvo lugar en la mina canadiense de Springhill, en Nueva Escocia. De hecho, hubo tres accidentes de gravedad –en 1891, en 1956 y en 1958–, y la canción alude al último de ellos.

Clifton adaptó un poema de un superviviente, Maurice Ruddick, en el que relataba la tragedia que costó la vida a 74 mineros (otros 100 pudieron ser rescatados). El cantante quedó tan impresionado por la magnitud del desastre, que grabó la canción apenas 15 días después de que ocurrieran los hechos. Os dejo con Springhill Disaster.

 

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Jesse McReynolds, Mandolin Man

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Jesse Lester McReynolds nació en 1929 en Virginia, en una familia devota de la música tradicional (su abuelo participó en las primeras grabaciones de country, las de Bristol de 1927).

Su carrera estuvo indisolublemente ligada a la de su hermano Jim, dos años mayor que él y con quien empezó a actuar en 1947 con el nombre The McReynolds Brothers. Siendo ya uno de los mejores dúos de bluegrass, en 1951 se unieron a Larry Roll, adoptaron el nombre artístico The Virginia Trio e hicieron sus primeras grabaciones, una colección de canciones góspel. Demasiado joven todavía para participar en la Segunda Guerra Mundial, sí que fue llamado a la de Corea, donde coincidió con un bisoño Charlie Louvin –el de The Louvin Brothers–, con quien fundaría Dusty Roads Boys, un grupo que solía actuar para las tropas allí destacadas.

Jesse no descuidó su carrera artística en Corea. Siempre que tenía un permiso, aprovechaba para seguir grabando discos. A su vuelta, los McReynolds continuaron tocando juntos, ya con el nombre de Jim & Jesse, hasta la muerte de Jim en 2002 (ver entrada Hasta que la muerte los separó), cuando continuó su carrera en solitario. El mayor éxito de ambos llevaba por título Diesel on My Tail (1967).

Jesse, uno de los mejores mandolinistas que haya existido jamás, fue apodado Mandolin Man. En 1964 ingresó con su hermano en el Grand Ole Opry, de donde es hoy su miembro más veterano tras la muerte de Ralph Stanley en junio de 2016.

Como muestra de su maestría a la mandolina, escuchemos su interpretación de una conocida canción de Roy Acuff, Night Train to Memphis.

En 2012 participó en el festival de bluegrass de Nashville y, junto a The Virginia Boys, interpretó Deep Elem Blues. Se trata de una canción cuya primera grabación data de los años 30.

Por último, esta actuación de Standing on the Mountain es de 2015. La narra un hombre que pide matrimonio a una muchacha que finalmente no se presenta a la boda. “Acabo de ver a un pájaro hablando con un oso, se estaban riendo de cómo me dejó plantado”, dice.

El abuelo de la música country

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Si no fuera por el banjo, no cabe duda de que el country, el folk o el bluegrass perderían gran parte de su esencia. Por eso, y con motivo de la publicación en Estados Unidos de su biografía, escrita por su bisnieto Mike Doubler con el título Dixie Dewdrop: The Complete Uncle Dave Macon Story, hoy nos vamos a fijar en uno de los primeros virtuosos de este instrumento.

Nos referimos, sí, a Uncle Dave Macon, apodado The Dixie Dewdrop (“La gota de rocío de Dixie”). Nacido en 1870 como David Harrison Macon en un pequeño pueblo de Tennessee, su padre había sido capitán confederado en la Guerra de Secesión. Cuando contaba 13 años, su familia se trasladó a Nashville –que todavía, claro, no era la capital de la música country– para regentar un hotel, frente al cual su padre sería asesinado años después.

Nuestro protagonista fundó entonces una compañía de transporte de ganado en otra ciudad de Tennessee, que se vio obligado a cerrar tras la Primera Guerra Mundial por la competencia de los camiones y el ferrocarril.

Macon actuaba aquí y allá a su aire, sin plantearse dedicarse a ello de forma profesional. Tras la quiebra de su empresa, parecía el momento propicio y así fue como, a sus más de 50 años, nació la leyenda de uno de los mejores intérpretes de banjo de todos los tiempos. En palabras del historiador de la música Charles Wolfe, “si la gente llama a Jimmie Rodgers el padre de la música country, entonces Uncle Dave Macon debería ser el abuelo de la música country“.

Tras unirse al intérprete de fiddle Sid Harkreader, su destreza llegó a oídos de los dueños del Ryman Auditorium (lo que sería la sede del Grand Ole Opry, institución de la que formaría parte hasta su muerte y de la que sería su primera superestrella), y ya en 1927 formó su propio grupo, The Fruit Jar Drinkrers.

Había hecho algunas grabaciones para Vocalion en 1924, pero su carrera discográfica tomó impulso en 1930 cuando firmó con Okeh Records. En 1935 realizó para Bluebird Records sus famosas grabaciones con otros pioneros del country, The Delmore Brothers.

En total, hay registradas unas 170 grabaciones de Dave Macon entre los años 1924 y 1938. Nuestro hombre siguió al pie del cañón hasta semanas antes de su muerte en 1952 y, como prueba de su popularidad, a su funeral asistieron más de 5.000 personas, entre ellas Roy Acuff, Bill Monroe o el director del Grand Ole Opry, George D. Hay. Con carácter póstumo, el Salón de la Fama de la música country le abrió sus puertas en 1966.

Escuchemos ya algunas de sus grabaciones más emblemáticas.

En Way Down the Old Plank Road, grabada para Vocalion en 1926, Sam McGee lo acompaña a la guitarra.

Otro de sus grandes éxitos fue Soldier’s Joy, con Sid Harkreader al violín o fiddle.

Keep My Skillet Good and Greasy es un buen ejemplo de sus canciones optimistas, que le servían para luchar contra la depresión que le acechó toda la vida.

En la letra de Sail Away Ladies se dice que no vale la pena sentarse y llorar, solo hay que navegar y olvidarnos de nuestros problemas.

Una de las canciones gospel más conocidas es Rock of Ages. “Roca de los siglos cortada para mí, déjame esconder mi rostro en ti”, dice la letra. Aquí, Uncle Dave Macon la toca al banjo.

Durante la Guerra de Secesión, se hizo muy popular Richmond is a Hard Road to Travel, que hacía referencia a la dificultad de tomar Richmond –segunda capital de los Estados Confederados–. Uncle Dave Macon adaptó la letra a Jordan Am a Hard Road to Travel, aludiendo a la dificultad de cruzar el Jordán.

En 1940 Hollywood hizo una película ambientada en el Grand Ole Opry, titulada precisamente así, Grand Ole Opry, en la que Uncle Dave Macon interpretaba con su hijo Dorris a la guitarra Take Me Back to My Old Carolina Home. Os dejo con esta escena.

El bluegrass entra en el Opry

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Tras dos años –2015 y 2016– de puertas cerradas en el Grand Ole Opry, la institución ha incorporado en lo que llevamos de 2017 a dos nuevos miembros, Crystal Gayle, noticia de la que ya os di cumplida cuenta aquí, y, dos meses después, al dúo de bluegrass Dailey & Vincent, del que os voy a hablar hoy.

Jamie Dailey y Darrin Vincent actuaban como artistas invitados en el Grand Ole Opry en diciembre del pasado año, cuando fueron sorprendidos por la invitación de Marty Stuart, que ya forma parte de este selecto grupo. La ceremonia efectiva tuvo lugar el 11 de marzo, cuando Jeanny Seely, otra veterana del Opry, que este año celebrará medio siglo como miembro, actuó de maestra de ceremonias.

Durante el acto, los nuevos miembros tuvieron palabras de agradecimiento para otros dúos de bluegrass y de country que les han precedido en este honor, como Jim & Jesse, The Louvin Brothers o los Osborne Brothers. En su discurso, Dailey señaló la gran responsabilidad que supone ser miembro del Opry y reflexionó sobre la verdadera misión del artista: “La gente del público puede estar enferma, pasando por malos momentos, problemas financieros, quién sabe. Nuestro trabajo es salir al escenario e intentar que al final del espectáculo se sientan mejor que cuando entraron; ese es nuestro trabajo donde quiera que vayamos”.

El dúo ha recibido varias nominaciones a los Grammy y ha sido seleccionado tres veces como artistas del año por la Asociación Internacional de Bluegrass. Unos días después de ingresar formalmente en el Opry, como si de una fiesta sin fin se tratara, sacaron nuevo disco, Poets & Patriots.

Aunque estemos en pleno verano, adelantémonos a la Navidad y escuchemos Beautiful Star of Bethlehem, la canción que les lanzó a la fama. El tema pertenece a Christmas Grass Vol. 2 (2004).

Ahora, un ejemplo de gospel-bluegrass, By the Mark, tema que fue merecedor del premio a la mejor grabación gospel por la Asociación Internacional de Bluegrass en 2008. La letra dice: “Conoceré a mi salvador por la marca donde estuvieron los clavos”.

Escuchemos la canción con la que cerraron la velada en el Grand Ole Opry, I´ll Go to My Grave Loving You, que ya constituyera un éxito para The Statler Brothers, un grupo que ejerció gran influencia sobre ellos y a los que versionaron en un disco. Escuchemos la interpretación de Dailey & Vincent en su disco Sing the Statler Brothers (2010).

Finalmente, vamos a disfrutar de un tema extraído de su último disco, Poets and Patriots, That Feel Good Music. En su letra se cita el clásico del bluegrass Cotton Eyed Joe (aquí la podéis escuchar), como un ejemplo perfecto de la música que te hace sentir bien.

El country se hace un hueco en Riaza

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Un año más –y van cuatro– la empresa hortofrutícula Huercasa organiza el Huercasa Country Festival en Riaza (Segovia), que tendrá lugar este viernes y sábado con numerosas actuaciones en el estadio de fútbol Las Delicias.

Siguiendo la tónica de los últimos años, el festival ha alistado en sus filas a artistas de primera fila dentro del mundo del country. Lo abrirá Red Beard, una banda grancanaria de country que ha publicado hasta la fecha tres álbumes, el último de los cuales lleva por título All or Nothing. A esta actuación le seguirá la de The Cactus Blossoms, un dúo de hermanos de Minneapolis que ha sido comparado a los Louvin Brothers o a los legendarios Everly Brothers y que además aparece en la nueva temporada de Twin Peaks. De Nashville mismo llega Will Hoge, un músico que aúna el rock clásico con el country de carretera, en el único concierto que ofrecerá en España. El día –musicalmente hablando– terminará con Dale Watson y Ray Benson, componentes del grupo Asleep At the Wheel, que sigue la estela del western swing. Su forma de entender la música, fusionando el honky-tonk y el rockabilly, es el postre ideal para una primera jornada perfecta. Al día siguiente, escucharemos a Young Forest, un grupo de tres virtuosos del banjo, la guitarra y el fiddle que ha centrado su producción en el country y el bluegrass. Poco después recibiremos a J.P. Harris y su grupo The Tough Choices, un artista que recupera los sonidos clásicos del country y se declara admirador de Hank Williams, Buck Owens y Carl Smith. El hijo de Waylon Jennings, Shooter Jennings, fue el primero que confirmó su presencia; en su actuación, estará acompañado por su grupo Waymore’s Outlaws. Clausura el programa Aaron Watson, un cantante nacido en Texas hace 39 años y con 18 años de carrera a sus espaldas, que nos presentará su último álbum, Vaquero, aparecido el pasado mes de febrero.

Huercasa sigue apostando por el público familiar. El acceso será gratuito para menores de 16 años (acompañados por un adulto) y el abono para los dos días cuesta 60 euros.

Escuchemos ya algunas muestras de canciones de sus participantes.

De Shooter Jennings os dejo con Outlaw You, perteneciente a su álbum The Other Life (2013).

De Aaron Watson, su último single, Outta Style, extraído de su último disco Vaquero.

Stoplight Kisses es una composición de The Cactus Blossoms. Como veréis su estilo recuerda al de los Everly Brothers.

Escuchemos ahora Wild Horse, de Young Forest.

Lorraine Brown es un tema del disco Roar (2016), también de Young Forest.

Os dejo con Give a Little Loving de J.P. Harris and the Tough Choices, en un directo en Nashville en 2014 al más puro estilo western swing.

 

Una aflicción interminable

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Ayer Cristo fue crucificado y mañana resucitará pero hoy, ay, los cristianos se sienten huérfanos y perdidos, ya que Dios no está…

He tratado de que la canción de hoy fuera la más apropiada para este día. El tema, Lost Soul, se encuentra a medio camino entre el bluegrass y el góspel, y se lo debemos a Doc Watson y su familia.

A principios de los años 60 se dio una revitalización de la música folk americana. Ralph Rinzler y Jeff Place, dos musicólogos de Folkways Records, se pusieron en contacto con Watson para que este grabara una colección de temas tradicionales utilizando el banjo y el fiddle. Entre ellos, este Lost Soul, que aparecería en el disco The Watson Family (1963). El mismo sello lo reeditaría en 1990 en formato CD, con varias pistas adicionales grabadas en los 70.

El tono es tan sombrío, que los responsables de una película de terror, Beneath, la incluyeron en su banda sonora, lo único bueno de la cinta junto con el The End. La letra presenta un tétrico panorama el día del juicio final, cuando “todos nosotros, pecadores, partiremos a una aflicción interminable”. El narrador se arrepiente de su vida, pero sabe que es demasiado tarde: “Aunque pido ayuda, es en vano porque estoy condenado para siempre. Si pudiera revivir todos los años pasados, los dedicaría a la causa de mi Salvador, pero nunca más volverán a mí”. Cada verso es repetido como si fuera un eco, para darle mayor gravedad al asunto. Alegría no le falta…

Vamos ya con este clásico del bluegrass, interpretado por Doc Watson y su familia.

¡Sea crucificado!

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Hoy, Viernes Santo, se recuerda el día de la crucifixión de Cristo. Según la tradición cristiana, Jesús ofreció su sangre por nosotros, así que abordaremos una canción góspel que habla precisamente de eso –de la sangre–, y de cómo, metafóricamente, hemos de lavarnos en ella para salir purificados.

El tema que vamos a escuchar, publicado originariamente en 1878, lleva por título Are You Washed in the Blood?, y es obra de Elisha A. Hoffman, uno de los más prolíficos autores de canciones religiosas de todos los tiempos, hasta el punto que de su pluma salieron unos 2.000 himnos de esta naturaleza.

La letra concatena una serie de preguntas que abundan en la necesidad de tener siempre presente la sangre del Cordero: “¿Has ido a Jesús en busca de su poder purificador?, ¿te has lavado en la sangre del Cordero?, ¿están tus vestiduras sin mancha?, ¿están blancas como la nieve?”. Se han hecho multitud de versiones de este tema, las más conocidas en clave de bluegrass. Escuchemos algunas de ellas.

Carl Story, el conocido como “padre de la música góspel bluegrass”, y su grupo, The Rambling Mountaineers, la grabaron, y su trabajo apareció en un recopilatorio que comprendía sus obras entre 1942 y 1952.

Uno de los primeros grupos de bluegrass fue The Foggy Mountain Quartet. Aquí interpretan la canción con Earl Scruggs a la guitarra.

The Statler Brothers en Oh Happy Day (1969).

En un recopilatorio con las grabaciones de Red Allen entre 1962 y 1983 figuraba también este tema. Frank Wakefield, ¡nada menos!, es quien le acompaña a la mandolina.

Veamos una interpretación en directo de los Shenandoah Cut Ups en 1971.

Willie Nelson hizo su versión en Old Time Religion (1992).

The Charlie Daniels Band imprimió una gran energía a esta versión, aparecida en How Sweet The Sound: 25 Favorite Hymns and Gospel Favorites (2001).

Alan Jackson la incluyó en su disco Karaoke (2007).

Veamos a los Kings Highway en una actuación en el festival bluegrass de Jerusalem Ridge en 2008. El grupo está compuesto por Mark Hargis a la mandolina, Mike Fulkerson al banjo, Kevin Bowlds al fiddle y Byron Oost al contrabajo.

El dúo Joey + Rory la incluyó en Inspired: Songs of Faith and Family (2013).

La versión de Randy Travis aparece en Hymns: 17 Timeless Songs of Faith (2014).

Por último, una versión coral obra del Antrim Mennonite Choir, que salió en el disco Amazing Grace.

 

Crece la familia del Salón de la Fama

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Uno de los mayores honores en la música country es ser nombrado miembro de su Salón de la Fama. El pasado 5 de abril se anunció la terna agraciada de este año, que se sumará a los 130 nombres que ya forman parte de él, desde que abriera sus puertas en 1961. El encargado del anuncio fue Vince Gill, miembro desde 2007. ¿Quiénes protagonizarán la ceremonia de ingreso de este otoño? A saber:

Jerry Reed (cuya biografía podéis ver aquí) es el único miembro de este año ya fallecido –en 2008–. Chet Atkins, nada menos, solía referirse a él como el mejor guitarrista del mundo. También hizo sus pinitos en la gran pantalla, sobre todo en películas de carácter comercial junto a Burt Reynolds.

The Unbelievable Guitar and Voice of Jerry Reed (1967) fue el primer disco de este guitarrista. A él pertenece Guitar Man, sobre un tipo que deja su trabajo en un taller para tocar la guitarra en distintos puntos de la geografía estadounidense. El éxito le da la espalda hasta que triunfa en un club de Alabama.

Años más tarde, la grabó Elvis Presley, insistiendo en que Jerry tocara la guitarra.

Se suele decir que “lo bueno de la música country es que siempre cuenta una historia”. Pues bien, el siguiente miembro del Salón de la Fama contribuye a que así sea. Me refiero al compositor Don Schlitz, autor de la letra de temas tan memorables como The Gambler –cantada por Kenny Rogers y uno de los primeros temas que escribió–, Forever and Ever, Amen –popularizada por Randy Travis– o When You Say Nothing At All, grabada por Keith Whitley y Alison Krauss. En Nashville, hay un coqueto café, el Bluebird, con actuaciones country en directo, en el que se considera todo un honor salir al escenario. Don Schlitz fue un habitual casi desde el comienzo.

Midnight Girl in a Sunset Town (1986) fue escrita por Schlitz para el dúo country Sweetheart of the Rodeo, que la grabaría en su álbum de debut. Su protagonista es una chica que vive en una ciudad provinciana que no colma sus inquietudes. Esta “chica de medianoche en una ciudad crepuscular” reza para llegar a ser alguien en la gran ciudad.

Pero el rostro más conocido de este año es Alan Jackson, de 58 años, quien entra en el Salón de la Fama en la categoría de Era Moderna. Su trayectoria es apabullante: más de 20 álbumes –desde que se diera a conocer con Here in the Real World–, más de 60 millones de discos vendidos en sus 27 años de carrera profesional y canciones tan emblemáticas como Chattahoochee o Midnight in Montgomery. También es miembro del Grand Ole Opry y ha hecho incursiones en el gospel y el bluegrass.

Escuchemos Freight Train, de su álbum homónimo de 2010. Escrita por el compositor canadiense Fred Eaglesmith, el narrador confiesa querer ser un tren de mercancías para llegar rápidamente al lugar donde vive su novia.

John Anderson, del rock al country

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Nuestro personaje del día nació hace 62 años en Florida. Sus primeras influencias no llegaron del universo country, sino del rock y, más concretamente, de Jimi Hendrix o los Rolling Stones. De hecho, llegó a fundar su propio grupo rock siendo adolescente. Pero cuando descubrió a George Jones o Merle Haggard se inclinó por el country y no dudó en trasladarse a su capital sentimental, Nashville. Se introdujo en el Grand Ole Opry por un trabajo que nada tenía que ver con la música, como reparador del techo de su sede, el Ryman Auditorium.

A finales de los 70, comenzó su carrera al firmar con la Warner Bros. Records. De apabullante éxito en las décadas de los 80 y 90 gracias a su sonido “neotradicional”, entonces tan en boga, su estrella se fue apagando poco a poco. En 2014 entró a formar parte del Salón de la Fama de Compositores de Nashville. Su último trabajo lleva por título Goldmine (2015).

Escuchemos el primero de sus cinco números 1, Wild and Blue (1982), de su disco homónimo, el que más satisfacciones le ha deparado en su carrera. El tema fue compuesto por John Scott Sherrill.

Hank Williams Jr. lo incluyó en Major Moves (1984).

Lucinda Williams interpretó esta canción en directo en 1989.

El grupo de country alternativo –o AmericanaFreakwater hizo otra versión en Dancing Under Water (1991).

Alan Jackson acentuó la faceta bluegrass del tema en su disco The Bluegrass Album (2013).

 

Del McCoury, el amplificador del bluegrass

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Cuando nuestro protagonista nació en 1939, el presidente de Estados Unidos era Franklin Delano Roosevelt, y, ni cortos ni perezosos, los padres de Del McCoury le plantaron a su hijo el nombre de Delano. En su juventud, su hermano lo introdujo en la música de Flatt & Scruggs y aprendió a tocar el banjo, por lo que sus inclinaciones se orientaron pronto al bluegrass.

A principios de los 60 debutó en el Grand Ole Opry de la mano de otro de los grandes, Bill Monroe. Inmediatamente después empezó su carrera en solitario, primero con el efímero grupo Golden State Boys y luego con The Dixie Pals. En los 80, sus hijos comenzaron a trabajar con él y de este modo se formó The Del McCoury Band, que hasta la fecha ha obtenido dos Grammys: en 2005 por The Company We Keep y en 2014 por The Streets of Baltimore. En 2011, su impagable contribución a la música bluegrass le valió entrar en su Salón de la Fama. A sus 78 años, Del McCoury se mantiene muy activo en el mundillo, con conciertos y periódicas actuaciones en el festival de música bluegrass que él mismo fundó en 2008, el Del Fest.

Uno de sus mejores trabajos es su álbum titulado Del and The Boys (2001). Escuchemos el tema con el que se abre, 1952 Vincent Black Lightning, un tema que había sido compuesto diez años antes por el británico Richard Thompson. El título hace referencia a una marca de motocicletas muy populares a principios de los 50, y la historia que cuenta no puede ser más sencilla. En esta balada folk, un chico cae herido mortalmente por la policía tras intentar un robo a mano armada, y antes de fallecer le da las llaves de su motocicleta, su bien más preciado, a su novia.

Os dejo ahora con la versión original del autor, uno de los máximos representantes del folk-rock británico. La incluyó en su disco Rumor and Sigh (1991).

Robert Earl Keen revitalizó este tema en su reciente disco Happy Prisoner (2015).