Eli, Eli, lema sabachtani

007-gnpi-097-jesus-cross

Esta frase en arameo, junto con su traducción (“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”) figura en la Biblia cuando se describe la crucifixión de Cristo. Hoy se conmemora precisamente ese hecho y, para ilustrarlo, he elegido un tema que lleva por título At the Cross.

La letra de este himno religioso fue escrita por Isaac Watts, un pastor de Londres, a principios del siglo XVIII. Lo publicó en Hymns and Spiritual Songs (1707), pero la música que lo acompaña tardaría más de un siglo en llegar, en 1885. Lo haría de la mano de un estadounidense, Ralph Erskine Hudson, quien en su juventud participó en la guerra de Secesión. Cuando se reincorporó a la vida civil, este miembro de la Iglesia metodista trabajó como profesor de música y se hizo un nombre como compositor de temas religiosos.El narrador se asombra de la gran generosidad de Cristo al morir por nosotros, en una letra que loa el poder de conversión y de redención que ostenta la cruz. Hudson añadió un conocido estribillo que ahonda en esa idea: “En la cruz, en la cruz donde primero vi la luz, y me despojé de las cargas de mi corazón, fue allí, mediante la fe, donde recibí la vista y ahora estoy feliz todo el día”. Vamos ahora con algunas grabaciones del tema.

En primer lugar, escuchemos a Hank Williams.

Entre la ingente producción de Johnny Cash también se encuentra esta obra, que grabó en Sings Precious Memories (1975).

El grupo Shiloh lo interpretó en clave bluegrass.

Os dejo por hoy con George Younce, uno de los representantes del góspel sureño, quien le aplicó un arreglo totalmente diferente.

 

Anuncios

Mud on the Tires. Brad Paisley, 2003

220px-Mudonthetires

El tercer trabajo de Brad Paisley, de 45 años, fue Mud on the Tires. Lo editó Arista Nasville, sello al que se ha mantenido fiel desde su debut en 1999.

Paisley comenzó su carrera reivindicando el country neotradicionalista, en la línea de George Strait. En este disco, uno de los que mejor le han funcionado comercialmente, confirmó su habilidad para moverse entre los diversos subgéneros del country: honky-tonk, western swing, bluegrass o country-pop. Y, además, alumbró los cuatro singles que vamos a escuchar a continuación. El primero fue Celebrity, obra del mismo Paisley. El autor reflexiona irónicamente sobre el significado de la celebridad en nuestros días. El narrador expresa su deseo de ser famoso, pero reconoce que no posee ninguna habilidad especial. “Algún día seré famoso, pero ¿tengo algún talento? Bueno, no, pero en estos días no lo necesitas gracias a los reality shows. No puedo esperar a demandar a mi padre, a destrozar un Ferrari de camino a rehabilitación”.

El siguiente single fue Little Moments, de Brad Paisley y Chris DuBois. La letra habla de la necesidad de atesorar esos pequeños momentos que componen una relación. Paisley confesó que la inspiración le vino de su mujer.

Whiskey Lullaby, un dúo con Alison Krauss, se alzó con el premio a la mejor canción del año de la Asociación de música country. El tema fue escrito por Bill Anderson y Jon Randall, quienes se inspiraron vagamente en el divorcio de este último. Se trata de una balada con aires de tragedia griega, centrada en la separación de una pareja. Él bebe para intentar olvidarla y acaba muriendo alcoholizado. Ella, que no puede soportar la culpa, sigue sus mismos pasos y muere también. Finalmente, los entierran uno al lado del otro.

El disco se abre con la canción que le da título, Mud on The Tires. Fue compuesta por Brad Paisley y Chris DuBois, y resultó el último single en aparecer. El narrador consigue un préstamo para comprar un Chevrolet y le propone a su novia que salgan a celebrarlo, para que el coche coja “un poco de barro en los neumáticos”.

Otra de las canciones del disco (que no llegó a salir como single) es The best thing I had going, escrita por Jerry Salley y Chris Stapleton. Cuando Stapleton, que lleva un par de años monopolizando la escena country, empezó en este negocio, lo hizo como compositor, y he aquí uno de sus primeros temas en colaboración. Paisley lo interpreta en clave bluegrass.

 

Ganadores de los Grammy 2018

grammy 2018

Una de las citas anuales más importantes para el mundo de la música son los premios Grammy, que en la madrugada del pasado domingo celebraron su tradicional entrega de premios, la número 60 ya y dos meses después de que se anunciaran las candidaturas. El escenario elegido fue el Madison Square Garden de Nueva York, tras unos años en Los Ángeles.

En total, se entregaron nada menos que 84 galardones, y la verdad es que los que tienen que ver con lo nuestro, el country, no supusieron ninguna sorpresa, ya que la mayoría los acaparó el hombre del momento, Chris Stapleton. He aquí los ganadores:

Mejor actuación solista: Either Way, de Chris Stapleton. Los dos temas del disco de Stapleton que se han hecho con el Grammy dan idea de la calidad del mismo.

Mejor canción: Broken Halos, de Chris Stapleton.

Mejor álbum: From a Room Vol. 1, de Chris Stapleton. Este trabajo, que salió en mayo de 2017, lleva meses dando que hablar, y le queda cuerda para rato. Nos hallamos ante un clásico instantáneo del country.

Mejor actuación en dúo/grupo: Better Man, de Little Big Town. Apareció en octubre de 2016, y como la fecha para las nominaciones se abrió el 30 de septiembre de ese año, ha entrado en esta competición. Se trata de una canción country-pop que, a pesar de gozar de cierta fortuna en los premios a los que ha optado, en mi opinión no ofrece nada especial.

Teniendo en cuenta que el género conocido como Americana se encuentra en auge y que, en cierto sentido, se funde con el country, os dejo también la relación de ganadores en esta disciplina:

Mejor álbum: The Nashville Sound, de Jason Isbell & the 400 Unit. El premio ha recaído sobre este álbum, editado en junio de 2017.

Mejor actuación de raíces americanas: Killer Diller Blues, de Alabama Shakes. Se trata de un blues que ya fue grabado por Memphis Minnie en los años 40.

Mejor canción de raíces americanas: If we were Vampires, de Jason Isbell.

Mejor álbum bluegrass: En esta categoría se ha producido un empate –algo bastante inusual, pero de lo que hay algunos precedentes– entre Laws of Gravity, de Infamous Stringdusters, y el álbum en directo All the Rage: In Concert Vol 1, de Rhonda Vincent.

Como muestra de cada uno de estos álbumes, os dejo estas pistas:

En primer lugar, Gravity, que pertenece a Laws of Gravity:

Del segundo ganador escuchamos Run Mississippi, un tema dedicado al río sureño por excelencia.

Finalmente, Reba McEntire se ha hecho con otro Grammy –el tercero de su carrera y tras 24 años de sequía– por su último trabajo en el terreno del góspel, Sing it Now: Songs of Faith & Hope, que apareció en febrero de 2017.

 

El Gramófono vuelve a abrir sus puertas a River of Country

el gramófono
Os anuncio que he reanudado mis colaboraciones con el blog de Ángel Maíllo, El Gramófono, con una serie de artículos que irán viendo la luz en su sección El Rancho de Eduardo. Muchas gracias, Ángel, por hacerte eco de mis modestos intentos por dar a conocer la música country.
Esta vez pondré el foco en un subgénero del country que goza de gran aceptación y que en los últimos tiempos ha concitado mayores aplausos todavía, el bluegrass.

A través de estas entradas, la primera de las cuales se publicó ayer, subrayaré el influjo que el bluegrass ejerce sobre nosotros, quizá porque los músicos que se dedican a él han sabido mantener la esencia de los primeros tiempos. Escucharemos temas emblemáticos de ayer y hoy pertenecientes a un género profundamente anclado en la tradición americana. Espero que lo disfrutéis y os animo ya a visitar el blog El Gramófono http://www.angelmaillo.wordpress.com

 

Dobro significa bueno en cualquier lengua

dobro

Aparte de instrumentos típicos como la guitarra, el violín o la batería, la música folk y el bluegrass se sirven de instrumentos propios como el banjo, la mandolina o el dobro, al que está dedicada la entrada de hoy.

El dobro es simplemente una guitarra de resonancia con un sonido más trémulo, más cercano al del banjo que al de la guitarra. En el bluegrass suele tocarse en posición horizontal con las cuerdas hacia arriba, mientras que en el blues se toca igual que una guitarra.

Es curioso que los inventores de un instrumento tan americano –léase estadounidense– como este vinieran de un lugar tan distante como Eslovaquia. Los hermanos Dopyera eran, en efecto, hijos del Imperio Austro-Húngaro. Poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, la familia emigró a California. En su país natal se ganaban la vida haciendo violines y, una vez asentados en Estados Unidos, un empresario llamado Beauchamp les encargó que fabricaran un instrumento con un sonido más fuerte que el de la guitarra para que destacara más en una orquesta.

Así, los Dopyera inventaron un resonador que, acoplado en el cuerpo de una guitarra, le daba un sonido peculiar, como de lamento. Todo esto ocurría en 1928, pero el instrumento no fue bautizado hasta el año siguiente, cuando los hermanos fundaron la compañía Do Bros. –iniciales de Dopyera Brothers–, lo que propició que el nuevo instrumento se empezara a conocer como dobro. Da la casualidad de que dobro en eslovaco (y en otras lenguas eslavas) significa “bueno”, por lo que el lema de la compañía vino rodado: “Dobro significa bueno en cualquier lengua”. En homenaje a sus inventores, en Trnava (Eslovaquia), hay un pequeño museo llamado Salón de la Fama del Dobro.

Escuchemos ya a algunos de los mejores intérpretes del dobro de la historia. En primer lugar, os dejo con Josh Graves, artífice de su popularización a partir de 1950 tras incluirlo en Flatt & Scruggs, en el tema Carroll County Blues.

Gene Wooten en Beyond the Sunset.

Mike Auldridge interpreta el clásico del siglo XIX Lorena.

Bashful Brother Oswald, también conocido como Pete Kirby, fue un asiduo del Grand Ole Opry hasta su muerte. Aquí interpreta The End of the World.

En el capítulo de intérpretes vivos, traigo dos ejemplos. En primer lugar, Jerry Douglas, que atesora nada menos que 14 Grammys. En el disco recopilatorio Bluegrass Today (2003) se incluía Hey Joe, un tema versionado en múltiples ocasiones, entre otros por el gran Jimmi Hendrix.

Del mismo artista, Little Martha, perteneciente a su disco Lookout for Hope (2002). La composición fue escrita por Duane Allman en 1971.

Por último, Rob Ickes toca el dobro en Angeline the Baker, acompañado a la mandolina por Andy Leftwich. El tema pertenece al álbum Rob Ickes: Contemporary Dobro Artistry (2008).

River of Country cumple 1000 entradas

candles

Casi cuatro después de que este blog iniciara su andadura, ha llegado el día de soplar 1000 velas. Para celebrar este pequeño paso para el hombre, he preparado una selección de canciones –no todas country– que tienen en su título la palabra “mil”.

Comencemos con las canciones ajenas a nuestro género de cabecera. Ya sabéis que aquí toda la buena música es bienvenida, y que otras veces, y con infinito placer, he abordado el folk, el blues, el R&B, el bluegrass o, en menor medida, el jazz. Vamos con ellas.

Un grupo insignia de la música doo-wop, que medró en los años 50 y 60, fue The Heartbeats. De ellos escucharemos A thousand miles away, que salió al mercado en 1957. La canción, escrita por William Miller y James Shepard, sería recuperada para la banda sonora de American Graffiti (1973).

Seguimos con el doo-wop. Corría 1960 y Kathy Young tenía solo 15 años cuando grabó esta canción, A Thousand Stars, que la catapultó al éxito. Los coros son del grupo The innocents.

Como ejemplo del pop de los 60 figura, en un lugar preeminente, Bobby Vee. The night has a thousand eyes (1962) fue uno de sus mayores éxitos. Escrita por Benjamin Weisman, Dorothy Wayne y Marylin Garrett, en la letra el narrador advierte a su pareja de que no le sea infiel porque la noche tiene mil ojos y él se enterará.

Ahora vamos con un poco de rhythm and blues. Este tema alcanzó el número 1 de la lista de este género. Aunque Land of 1000 dances, compuesta por Chris Kenner, es de 1962, la versión más famosa se la debemos a Wilson Pickett, que la incluyó cuatro años más tarde en su álbum The exciting Wilson Pickett.

Entramos en el siglo XXI con A thousand miles, una canción pop que supuso el debut de Vanessa Carlton. Aparece en su disco Be Not Nobody (2002).

Y nos acomodamos ya en el fértil terreno country con Lefty Frizzell y I love you a thousand ways (1959), en la que el protagonista está dispuesto a probar su amor de mil maneras diferentes.

Años más tarde Willie Nelson nos regaló una versión de este tema.

Webb Pierce y Mel Tillis escribieron A Thousand Miles Ago en 1959 y ambos la grabaron de forma independiente en el curso de sus carreras. Mientras va en un tren de mercancías, un tipo se pregunta por qué su amada le dejó hace mil millas. Os dejo con las dos grabaciones; la de Webb Pierce es de 1959.

Mel Tillis la grabó en 1962.

En su álbum This Time (1993), Dwight Yoakam incluyó su propia composición, A Thousand Miles from Nowhere.

En el segundo álbum de Lee Brice, Hard 2 Love (2012), sonaba Seven Days a Thousand Times, obra del mismo Brice, Billy Montana y Jon Stone. El narrador rememora los siete días de felicidad que gozó con su novia unas vacaciones, y afirma haberlos revivido mil veces.

 

La conexión bluegrass de Papillon

papillon-h-charriere-prision-novela-autobiograf-testimoni10540460_3_2010116_0_59_29

Papillon es una novela autobiográfica de un exconvicto francés, Henri Charrière, publicada en Francia en 1969. Cuenta la historia de un preso, apodado Papillon por el tatuaje que tenía de una mariposa, condenado a trabajos forzados por un crimen que no ha cometido, con su consiguiente fuga. Los hechos que relata están novelados hasta el punto de que resulta discutible la veracidad de todos ellos. Lo cierto es que se convirtió en un best-seller, con más de un millón de ejemplares vendidos. La industria cinematográfica se fijó en ella para su adaptación, cuatro años después, con Steve McQueen y Dustin Hoffman en los principales papeles.

Pues bien: en 2015, el compositor francés de origen napolitano Stéphane Sanseverino sacó un álbum conceptual llamado Papillon, en el que musicalizaba la trama de la novela. Como cabría esperar, gozó de un relativo éxito en los países francófonos, Francia y Bélgica. Admirador confeso de Django Reinhardt, la influencia de este se deja notar en el disco. La historia comienza en 1931, cuando Papillon fue condenado, y se extiende hasta 1944, fecha en la que su último intento de fuga tuvo éxito. Cuando apareció el disco, Sanseverino lo definió como un “karaoke literario”; en cada canción, aborda un capítulo del libro. Desde luego, no se le puede negar originalidad a la idea. Se trata de un álbum muy agradable al oído, que se beneficia de la aportación de intérpretes de bluegrass de gran valía como Christophe Cravero al violín, Chistian Seguret a la mandolina, Jean-Marc Delon al banjo o Jidé Jouannic al contrabajo. Escuchemos ya algunos de sus temas.

El primer single fue Votez Papillon, en el que el protagonista hace un resumen de su historia.

Os dejo ahora con Jambe de Bois. Sanseverino, antes de establecerse en Francia, viajó mucho por Europa –especialmente por Europa oriental– para absorber las músicas autóctonas de cada país, interesándose en particular por la romaní o gitana. Quizá por ello en este tema se aprecia también un aire orientalizante. La letra refiere los excesos del sistema penitenciario de aquella época.

Ahora, Le procès, en el que describe el proceso judicial en el que –según él– fue condenado injustamente.

En el siguiente ejemplo, That Loneliness is Mine, Sanseverino combina el inglés y el francés para exponer su total determinación de escapar de la cárcel. La citada influencia de Reinhardt es aquí muy visible.

Por último, escuchemos Le costume bleu, que habla del traje azul con el que Papillon empezará una nueva vida una vez alcanzada la libertad.

 

Disco del mes (octubre)

Carly-Pearce-2017-10-13-album-Every-Little-Thing-courtesy-Big-Machine-Label-Group-1000px

El disco que voy a resaltar este mes –Every Little Thing– a punto estuvo de no ver la luz. Su autora, Carly Pearce, de 27 años, empezó con mucha energía en esto de la música, pero no conseguía dar el salto al terreno profesional. El mercado no confiaba en ella y su primer contrato discográfico, con Sony Music Nashville, no llegó a buen puerto.

No se rindió y, aunque forzada a abandonar el mundo de la música durante un tiempo, su colaboración como artista invitada en un single hizo que el productor Busbee se fijara en ella, y en 2016 firmó un contrato con Big Machine Records. De la mano de este sello apareció el pasado 13 octubre su álbum de debut, Every Little Thing, y con él la perspectiva de una muy prometedora carrera.

Escuchemos el primer single del disco, que le da nombre. Every Little Thing, escrito por Carly Pearce, Emily Shackleton y Busbee, salió al mercado en febrero de este año. Es una balada en la que cobran protagonismo los instrumentos propios del bluegrass, como el dobro o el contrabajo. La narradora, tras una ruptura sentimental, recuerda todas las pequeñas cosas que hacían de su pareja alguien especial.

El resto de los que vamos a escuchar han sido singles promocionales del disco. En el primero de ellos, If my name was Whiskey, escrito por Pearce, Busbee y Shane McAnally, la narradora se lamenta de que su pareja, alcohólico, la deje a un lado por sus problemas con la bebida. Desearía que su nombre fuera Whiskey para atraerlo a su compañía.

Color es un tema compuesto por Carly Pearce, Busbee y Laura Veltz. Escuchémoslo.

Vamos con I need a ride home, de Ashley Gorley, Hillary Lindsey y Matt Jenkins. En esta nostálgica canción, la protagonista echa de menos su ciudad natal.

En Dare Ya, los compositores Carly Pearce, Joe Ginsberg y Allison Veltz desgranan el “reto” que propone la protagonista a su pareja: dejarse llevar e iniciar una relación con ella.

El tema que abre el disco ha salido como single promocional en último lugar. Lleva por título Hide the Wine, ha sido compuesto por Ashley Gorley, Hillary Lindsey y Luke Laird, y es el favorito de la propia Pearce. De corte country-pop, un hombre vuelve a casa tras una prolongada ausencia, y la mujer “esconde el vino” porque no confía lo bastante en sí misma para no caer de nuevo en sus redes.

Every Little Thing en Amazon

 

1982. James “Buddy” Blackmon y Carl “Vip” Vipperman, 1985

1982

A mediados de los 80 emergió en el mundo discográfico la figura de Randy Travis. Aunque ya llevaba unos años en activo, su disco de debut fue Storms of Life (1986), al que pertenece la canción que vamos a escuchar hoy.

Según Mark A. Humphrey, del portal Allmusic, se trata de uno de los debuts más impresionantes de la música country de esa época. Uno de sus coautores, el conocido intérprete de banjo Buddy Backmon, formó un grupo bluegrass de corta duración, Rocky Mountain Strings. Su otro compositor, Vip Vipperman, se encuentra actualmente colaborando en el próximo disco de Don Mcean, Botanical Gardens, de inminente salida al mercado.

El tema que nos ocupa salió como segundo single del álbum a finales de diciembre del año anterior –1985– y terminó alcanzando el sexto puesto en las listas de éxitos country. En la letra, el protagonista rememora un viejo amor que tuvo en 1982 y se arrepiente de no haber continuado la relación. Parece ser que la canción se iba a llamar en un principio 1962, pero la letra se adaptó para que se correspondiera con la edad de Travis, quien, en 1962, tenía poco más de dos años.

Escuchemos la versión original de Randy Travis.

Una noche histórica

ibma 2017

Hoy voy a dar cuenta de la 28ª edición los premios de la asociación internacional de bluegrass, que tuvieron lugar el pasado 28 de septiembre en Raleigh (Carolina del Norte).

Lo más destacado de esta edición fue que, tras más de un cuarto de siglo, una mujer, Molly Tuttle, obtuvo el premio a la mejor guitarrista bluegrass. Nacida en California hace 24 años, Tuttle lleva prácticamente la mitad de su vida dedicada a la música. Su padre, profesor, le enseñó a tocar la guitarra, y a los 11 años ya estaba actuando por ahí.

Como ejemplo de su trabajo, escuchemos Good Enough, de su disco Rise, aparecido en junio.

El palmarés quedó como sigue:

Artista del año: Earls of Leicester. El grupo, cuyo último trabajo lleva por título Rattle & Roar (2016), consigue este premio por tercer año consecutivo.

Grupo vocal del año: Flatt Lonesome. Triunfaron ya en esta categoría el año pasado. Su último disco ha sido Runaway Train (2015).

Grupo instrumental del año: Michael Cleveland y Flamekeeper.

Canción del año: I am a Drifter de Volume Five. Obra de Donna Ulisse y Marc Rossi, pertenece al disco Drifter (2016).

Álbum del año: Balsam Range, Mountain Voodoo. Balsam Range, grupo fundado en 2007, no es nuevo en la plaza del bluegrass: en 2014 recibieron ya los premios de Artista del Año y Grupo Vocal del Año.

Vocalista femenina del año: Brooke Aldridge.

Vocalista masculino del año: Shawn Camp.

Artista emergente del año: Volume Five.

Grabación gospel del año: I Found a Church Today, de los Gibson Brothers.

Grabación instrumental del año: Fiddler’s Dream de Michael Cleveland.

Acontecimiento grabado del año: I’ve Gotta Get a Message to You, de Bobby Osborne, Sierra Hull, Alison Brown, Rob Ickes, Stuart Duncan, Trey Hensley, Todd Phillips, Kenny Malone, Claire Lynch y Brian McDowell. Se trata de una nueva versión bluegrass de un tema popularizado por los Bee Gees en 1968.

En 2017 se cumplen 50 años de la aparición de la canción más conocida de The Osborne Brothers, Rocky Top (ya escuchada aquí). Por ello, la asociación del bluegrass invitó a ambos hermanos –de 79 y 85 años, respectivamente– a interpretarla en la gala. Escuchémosles acompañados de los músicos anteriormente citados.

Intérprete de banjo del año: Noam Pikelny.

Intérprete de bajo del año: Alan Bartram.

Intérprete de dobro del año: Josh Swift.

Intérprete de fiddle del año: Patrick McIvinue.

Intérprete de guitarra del año: Molly Tuttle.

Intérprete de mandolina del año: Sierra Hull.