Down on Penny’s Farm. The Bentley Boys, 1929

PENNYS FARM

La canción folk que vamos a escuchar hoy estaba de plena actualidad en el momento de su grabación, ya que resumía a la perfección las dificultades a las que se tenía que enfrentar un granjero. Muchas veces, estos tenían que hipotecar su propiedad y endeudarse con el banco y, además, estaban expuestos a que estos cerraran sus puertas sin previo aviso, por los llamados pánicos financieros, tan abundantes durante el siglo XIX y comienzos del XX (con la llegada de Roosevelt al poder se alivió un tanto la situación y la actividad financiera empezó a regularse). Cuando venían mal dadas, tocaba dar por perdidas las inversiones, buscar otro banco, endeudarse más todavía y confiar en que la cosecha bastara para pagar las deudas o, cuando menos, para aliviarlas. Sobre esta canción no se conocen muchos datos, pues los Bentley Boys –Bently, según otras fuentes– solo alcanzaron a grabar este trabajo para el sello Columbia. Sabemos, eso sí, que eran de Carolina del Norte, y que la canción fue grabada el 23 de octubre de 1929, sólo unos días antes de la caída de la bolsa de Wall Street, el conocido como Martes Negro, que castigó todavía más a los pequeños propietarios.

Os dejo ya con la versión original de 1929 según apareció en el recopilatorio de música folk Anthology of American Folk Music. Volume One: Ballads (1952).

En 1934 Gid Tanner y Riley Pucket presentaron otra versión con el título Tanner’s Farm.

El tema de los Bentley Boys inspiró a un joven Bob Dylan su Hard Times in New York Town (1962).

Tres años después, el mismo Dylan compuso Maggie’s Farm. Las similitudes ya no son tan evidentes por el antojo rock del ídolo, pero el tema de fondo sigue siendo las dificultades en una granja.

Más recientemente, fue versionado por Jim Kweskin y Geoff Muldaur en Penny’s Farm (2016).

 

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Modern Day Drifter. Dierks Bentley, 2005

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2005 fue un año memorable para Dierks Bentley: entró en el Grand Ole Opry y sacó su segundo disco (y uno de los que ha gozado de más éxito, con un millón y medio de copias vendidas).

Modern Day Drifter, editado por Capitol Nashville, consta de 11 temas, tres de los cuales no fueron escritos ni co-escritos por Bentley. Produjo tres singles: Lot of Leaving to Do, Come a Little Closer y Settle for a Slowdown.

Desde su mismo título (“Vagabundo de la era moderna”), Bentley nos deja claro el tema sobre el que giran las canciones: la febril inquietud del “héroe”, que le impide asentarse en un lugar, lo que nos evoca las obsesiones de dos de sus mayores influencias artísticas, Merle Haggard y Waylon Jennings.

El primer single, Lot of Leavin’ Left to Do, es obra de Dierks Bentley, Deric Ruttan y Brett Beavers. El narrador ahonda en la clave del disco: “Si pensabas que me voy a quedar tengo noticias para ti, todavía me queda mucho camino por recorrer” (¿a quién no se le viene a la cabeza, al escucharla, el clásico de Bob Dylan Don’t Think Twice, It’s Alright?).

Junto a Brett Beavers, Dierks Bentley escribió Come a Little Closer, un tema lento en el que el narrador invita a su pareja a acercarse un poco más y “hacer que siga girando el mundo”.

El último single fue Settle for a Slowdown. El protagonista ve con desesperación cómo el amor de su vida emprende una huida hacia delante, y lo único que anhela es que se detenga y se quede a su lado.

En Good Man Like Me, compuesta por Del McCoury e interpretada por Bentley en clave bluegrass, un hombre no consigue adaptarse a vivir solo después de que su pareja le haya dejado en busca de su libertad. Para intentar convencerla de que vuelva, le dice: “¿Dónde vas a encontrar a un buen hombre como yo?”

Good Things Happen es una canción de amor de Jamie Hartford en la que el protagonista pide a su pareja que le espere para estar juntos, porque “cuando tú estás pasan cosas buenas”.

Wagon Wheel. Old Crow Medicine Show y Bob Dylan, 2004

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La de hoy es una de las canciones que más han tardado en componerse, ¡unos 30 años!Me explico: Bob Dylan fue contratado para hacer la banda sonora de la película Pat Garrett y Billy el Niño (1973), de Sam Peckinpah. Dylan escribió el estribillo pero dejó inacabada la canción. Años después, Ketch Secor, de Old Medicine Crow Show, a la sazón de poco más de veinte años, recogió el guante de Dylan y la concluyó. Cuando fue a registrarla, firmó un acuerdo con Bob para compartir a partes iguales los beneficios. Pero ahí no acaba todo: el premio Nobel había extraído la frase del estribillo Rock Me Mama de una antigua grabación de Arthur “Boy” Crudup y, como tal, figuraba en el copyright. Así que, tal como sostiene Secor, se podría decir que esta canción tardó 85 años en completarse…

La letra habla de un viaje en autostop por el sur de Estados Unidos, con destino final en Raleigh (Carolina del Norte), donde el protagonista espera reunirse con su amante. El estribillo reza: “Balancéame como un vagón con ruedas, balancéame como te apetezca, balancéame como el viento y la lluvia, balancéame como un tren que se dirige al sur”.

Escuchemos la grabación original de Old Medicine Crow Show, que pertenece a su álbum O.C.M.S (2004).

Uno de los mayores representantes del country irlandés actual, Nathan Carter, la grabó en Wagon Wheel (2012).

La versión de Darius Rucker alcanzó un gran éxito y consiguió el Grammy a la mejor interpretación masculina de country. La incluyó en su álbum True Believers (2013).

Jason Manns la versionó en Covers with Friends (2016).

Como hermanos (I): Everly Brothers

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Hoy estamos de estreno. Aparte de inaugurar mes, emprendemos una nueva serie temática sobre hermanos que se han dedicado a esto del country (aunque también tocaremos los palos del bluegrass y el gospel).

Para la primera entrega, comienzo con uno de los dúos fraternales más conocidos, los Everly Brothers, Don y Phil Everly, este último fallecido en 2014. Entraron en la música gracias a un amigo de la familia, Chet Atkins, bajo cuyo paraguas consiguieron sus primeros contratos discográficos.

Su primer éxito, Bye, Bye Love (1957), que podéis escuchar aquí, los catapultó a la fama. En la década de los 60, con la invasión musical británica, las ventas se les resintieron un poco, pero supieron capear el temporal con el disco Two Yanks in England (1966), compuesto, fundamentalmente, de versiones de The Hollies, un grupo británico que los admiraba y con los que llegaron a triunfar en las islas británicas.

A partir de los años 80 su estrella empezó a declinar. En 2001 el dúo consiguió el mayor honor que se concede en la música country: entraron en su Salón de la Fama (del Salón del Rock and Roll eran miembros desde 1986).

Su influencia ha sido enorme. Los Beatles gustaban de definirse como “los Everly Brothers británicos” e incluso el premio Nobel Bob Dylan dijo: “Se lo debemos todo. Ellos fueron los que lo empezaron”. Escuchemos algunos ejemplos de su discografía.

Para la compañía Cadence Records, con la que firmaron su primer contrato, grabaron en 1957 Should We Tell Him, que saldría al mercado al año siguiente. Obra de ambos, en la letra el narrador sospecha que una chica le es infiel a su novio, buen amigo suyo, y duda si contárselo o no.

Una de las canciones más recordadas de los Everly Brothers es este All I Have to Do is Dream, compuesta por el matrimonio Bryant, que ya había escrito para ellos Bye, Bye, Love. A la guitarra, Chet Atkins.

Bird Dog, de Boudleaux Bryant, fue grabada por nuestra pareja en 1958. El título hace referencia a un tipo de perro cazador de aves, a las que rastrean por el olor. El protagonista compara a un amigo suyo con este tipo de perro porque, una y otra vez, trata de quitarle a la novia.

Como cara B del single que acabamos de escuchar, aparecía Devoted to You, escrita también por Boudleaux Bryant, en esta ocasión junto a su mujer, Felice Bryant. En esta balada de amor, el narrador afirma que dedicará toda su vida a su pareja.

When Will I Be Loved pertenece a su disco The Fabulous Style of the Everly Brothers (1960). Encuadrada en el rockabilly, fue compuesta por Phil Everly y constituyó su primer single escrito en solitario.

Sonny Curtis creó Walk Right Back en 1961, mientras estaba en el ejército. Cuando le dieron un permiso, se dirigió a Hollywood, donde coincidió con los Everly Brothers que, al escucharla, se decidieron a grabarla de inmediato.

Crying in the Rain (1962) nació de la colaboración entre Carole King (la música) y Howard Greenfield (la letra). A pesar de su éxito comercial, fue la única vez que trabajaron juntos.

La melancólica Love of the Common People, de John Hurley y Ronnie Wilkins, describe una historia de pobreza y marginalidad provocada por el desempleo. Sin embargo, la canción evoluciona hacia un tono optimista, ya que los protagonistas seguirán adelante gracias al “amor de la gente corriente”. Un temprano ejemplo de la canción social que eclosionaría a finales de los 60. El tema ha tenido multitud de versiones. Os dejo con la de los Everly Brothers de 1967.

 

Doug Sahm, el niño prodigio que encarnó el Tex-Mex

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Douglas Wayne Sahm nació en San Antonio (Texas) en 1941. Su arranque musical no pudo ser más precoz: a los cinco años tuvo lugar su primera aparición en la radio y a los ocho ya tocaba la mandolina, la steel guitar y el violín. En 1952 tuvo el honor de tocar con Hank Williams en la que sería la última actuación de este. Su talento hizo que a los 13 años recibiera una invitación del Grand Ole Opry, que no dudó en rechazar para poder continuar sus estudios.

En 1965 fundó el grupo Sir Douglas Quintet, que pretendía emular el éxito de los Beatles. En su día Bob Dylan dijo que solo había tres grupos que merecieran la pena: Paul Butterfield Blues Band, The Byrds y Sir Douglas Quintet. En 1973 firmó con Atlantic Records, donde lanzó su disco de debut, Doug Sahm and Band. Otro de los grandes hitos de su carrera fue la fundación, en 1989, de Texas Tornados, uno de los grupos más populares de música Tex-Mex –fusión de los sonidos tejano y mexicano–, con los que grabó varios álbumes. Doug Sahm murió en 1999.

Vamos a escuchar uno de sus temas más conocidos, sacado de su disco de debut. Obra de Glenn Martin y Dave Kirby, lleva por título Is anybody going to San Antone? y está dedicada, claro, a la ciudad natal de Sahm. El protagonista se encuentra bajo la lluvia después de que su novia le haya puesto de patitas en la calle y resuelve hacer autostop buscando a alguien que se dirija a San Antonio. Os dejo con la versión de Sahm.

Tres años antes Charley Pride la grabó en su disco Charley Pride’s 10th Album.

La letra fue adaptada al sueco en 1974 con el título Kan ingen tala om för mig när tåget går? Canta Siv Inger.

Disco del mes (agosto)

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El mes de agosto, por razones obvias, no es muy dado a traernos novedades discográficas reseñables, pero la que glosamos hoy es de gran calidad.

El álbum Not Dark Yet, primera colaboración de las cantautoras y hermanas Allison Moorer (1972) y Shelby Lynne (1968), salió a la venta el pasado 18 de agosto, editado por los sellos Thirty Tigers y Silver Cross Records. Consta de 10 canciones, todas, excepto la última, versiones de otros cantantes. Su sonido intimista se ve subrayado por la producción del británico Teddy Thompson, procedente del mundo del folk.

La canción que da título al disco, Not Dark Yet, es una versión de un tema que Bob Dylan escribió en 1997 a George Harrison, quien ya se encontraba enfermo de cáncer, y que incluyó en su disco Time Out of Mind. El narrador adquiere plena conciencia de que su final se acerca: “He seguido el río, he llegado al mar, he caído al fondo de un torbellino de mentiras. Ya no busco nada en los ojos de nadie, a veces mi carga es más de lo que puedo soportar. No está oscuro aún pero está llegando”.

Every Time You Leave es una versión de un tema de los Louvin Brothers y, desde luego, hace justicia al original. Aquí, el narrador no puede soportar que su pareja le abandone, pero una y otra vez está dispuesto a perdonarla y acogerla de nuevo, porque es la única forma que encuentra de seguir viviendo.

El disco se cierra con una composición original de Moorer y Lynne. En palabras de Moorer, Is It Too Much habla del profundo vínculo entre dos personas, que trasciende todas las cosas, y de cómo el amor hace que cada uno lleve la carga del otro de buen grado.

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Hasta siempre, cowboy de lentejuelas

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Ayer el country perdió a otro imprescindible. Glen Travis Campbell –aquí podéis ver su breve reseña biográfica– ha muerto a los 81 años de edad tras una larga lucha contra el Alzheimer.

En su adolescencia y juventud se prendó del arte de Django Reinhardt y decidió consagrar su vida a la música. A los 14 años dejó el colegio y se fue a Los Ángeles a probar fortuna. Su popularidad comenzó en 1967, con By the Time I Get to Phoenix, y ya al año siguiente consiguió todo un hito: superar en ventas a los Beatles en Estados Unidos.

Su creciente popularidad hizo que incluso John Wayne le invitara a actuar en Valor de ley (1969), en un papel nada desdeñable (además, interpretó el tema principal de la película). Entre 1969 y 1972, tuvo un programa propio en el que predicaba la grandeza del country. Willie Nelson, Johnny Cash o Linda Ronstadt, entre otros artistas, pasaron por él.

Pero su carrera había empezado unos años antes. Uno de sus hitos fundacionales tuvo lugar en 1964, cuando los Beach Boys lo llamaron para sustituir a Brian Wilson, que sufría una de sus cíclicas depresiones. Incluso se le puede escuchar tocando la guitarra en Pet Sounds (1966). Tan encantados estaban con su estilo, que le ofrecieron unirse al grupo con carácter permanente, pero Glen declinó la oferta.

En sus más de 50 años sobre los escenarios, Campbell vendió nada más y nada menos que 45 millones de discos. En 2005 fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la música country; en una entrevista señaló: “Puedes tener el vocalista masculino y todo eso. Yo me quedó con el Salón de la Fama”. Bruce Springsteen dijo de él: “Tenía una bonita voz, pura, nada sofisticada. Era simple en la superficie pero había un mundo de emociones por debajo”.

A principios de 2011 le diagnosticaron Alzheimer y, consciente de que poco a poco iría perdiendo la conexión con su público, se embarcó en una gira de despedida, Goodbye Tour. Tras finalizarla grabó en Nashville el que sería su último trabajo, Adiós (así, en español), que incluye sobre todo versiones de Harry Nilsson (Everybody’s Talking), Willie Nelson (Funny How Time Slips Away) o Bob Dylan (Don’t Think Twice, It’s Allright) entre otros. El disco, que consta de 12 canciones, fue guardado como oro en paño por su discográfica, Universal Music, que lo sacó al mercado el pasado mes de junio.

Como parte de este pequeño homenaje, vamos a escuchar algunas de sus canciones más conocidas. Entre ellas, Rhinestone Cowboy. Larry Weiss escribió este tema en 1975. La letra habla de un cantante de country al que el éxito le ha sido esquivo pero que aún confía en brillar como un cowboy con lentejuelas.

El primer éxito importante de su carrera fue gracias a Jimmy Webb, quien escribió para él By the Time I Get to Phoenix, una canción de amor en la que el narrador recuerda a su novia, a la que ha dejado, en cada una de las ciudades por las que pasa.

Al año siguiente Webb escribió otro tema para él, Wichita Lineman, en el que un operario de una compañía telefónica no puede dejar de pensar en su amada.

Con su colaborador habitual, el citado Jimmy Webb, abordó un tema candente, la guerra de Vietnam, en Galveston. Mientras cumple con su deber, un soldado sueña con volver a su ciudad natal de Galveston (Texas).

En 1968 consiguió su primer Grammy por Gentle on my Mind, una canción escrita por John Hartford después de ver Doctor Zhivago en el cine. Se trata de una canción de amor en la que dos amantes se citan clandestinamente.

Su último número 1 fue Southern Nights, un tema escrito por Allen Toussaint, quien ya lo había grabado años antes, y en el que evoca las noches sureñas.

 

Enjaulados (VIII)

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En la entrada anterior, dedicada a At Folsom Prison, alabamos el éxito comercial que cosechó este disco. Pues bien, su gloria fue superada por el que sacó Johnny Cash al año siguiente, At San Quentin. Sin duda, el sello discográfico quiso repetir su buena fortuna y, de hecho, lo logró, pues no solo llegó al número 1 en las listas country (como el anterior), sino también en las pop. Fue nominado al mejor álbum en los Grammy y Cash ganó en la categoría de Actuación masculina por A Boy Named Sue, que podéis escuchar aquí. El concierto fue grabado en otra prisión californiana, San Quentin, en febrero de 1969.

Escuchemos Wanted Man, una de las incursiones de Bob Dylan en el country y el tema con el que se abre el disco. El narrador nos dice que hay carteles de “se busca” referidos a él por todas partes.

Siguiendo la estela de Johnny Cash, Mack Vickery grabó Live at the Alabama Women’s Prison en una cárcel de mujeres de Alabama, que arrastraba la fama de ser una de las más duras de Estados Unidos. Vickery contaba poco más de 30 años cuando vio la luz el disco, en 1970. Sus inicios habían discurrido por el rockabilly y, en el country, más que como intérprete fue conocido como autor de canciones grabadas por otros como Johnny Cash, Waylon Jennings o George Jones.

Escuchemos Life Turned Her That Way. El tema fue escrito por Harlan Howard en 1965, y esta es la versión de Vickery del 70. La letra no puede ser más apropiada para el marco en que se inscribe. El autor advierte a la sociedad de que “si (la protagonista) parece fría y amargada, se pare a pensar antes de condenarla porque la vida la volvió así”.

Con nombre propio (XI)

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Fue una pena que el grupo que vamos a escuchar ahora se desintegrara en 2014. The Civil Wars, un dúo compuesto por Joy Williams y John Paul White, se dedicaba al género Americana, fusionándolo con el blues rock. Así sucede en Oh Henry, perteneciente a su álbum The Civil Wars (2013). La protagonista es la esposa de un hombre que vive su vida al límite, no pasa por casa, y la tiene abandonada. La mujer le suplica que siente la cabeza, porque “lo que no necesitamos es otra tumba en esta ciudad. Tú y yo sabemos que al final de la carretera prohibida hay un agujero a dos metros bajo tierra”.

Kris Kristofferson homenajea en Ramblin’ Jack a su amigo y compositor de música folk Ramblin’ Jack Elliott, de 85 años de edad, que llegó a coincidir con la leyenda Woodie Guthrie. Escrita en 2012, fue incluida en el disco Feeling Mortal. Kristofferson dijo de Elliott: “Es como William Blake y Bob Dylan y otra gente que solo cree y vive para la poesía que puedan crear. Eso es probablemente lo que yo intentaba ser”.

El primer disco de John Prine, del que ya hemos escuchado un tema en esta serie, incluye otra canción con nombre propio. En esta ocasión se trata de un personaje ficticio, Sam Stone, que vuelve de la guerra de Vietnam (aunque la canción no cita este conflicto explícitamente, salió en 1971, y “si has orejas, oyas”, que decía el Arcipreste). Su adaptación a la vida civil no le resulta nada fácil y se refugia en la heroína: “Hay un agujero en el brazo de papá donde se va todo el dinero”. Al final, muere por sobredosis, un desenlace más habitual de lo que pensamos entre los veteranos de guerra. Escuchemos ya Sam Stone.

Poco después, la versionó Johnny Cash. En la composición original de John Prine hay un verso que dice, al lamentarse del camino que ha tomado el protagonista, “Jesús murió por nada, supongo”. Cash, que era creyente, lo cambió por este otro: “Papá debió de sufrir mucho entonces, supongo”.