Doug Sahm, el niño prodigio que encarnó el Tex-Mex

doug sahm

Douglas Wayne Sahm nació en San Antonio (Texas) en 1941. Su arranque musical no pudo ser más precoz: a los cinco años tuvo lugar su primera aparición en la radio y a los ocho ya tocaba la mandolina, la steel guitar y el violín. En 1952 tuvo el honor de tocar con Hank Williams en la que sería la última actuación de este. Su talento hizo que a los 13 años recibiera una invitación del Grand Ole Opry, que no dudó en rechazar para poder continuar sus estudios.

En 1965 fundó el grupo Sir Douglas Quintet, que pretendía emular el éxito de los Beatles. En su día Bob Dylan dijo que solo había tres grupos que merecieran la pena: Paul Butterfield Blues Band, The Byrds y Sir Douglas Quintet. En 1973 firmó con Atlantic Records, donde lanzó su disco de debut, Doug Sahm and Band. Otro de los grandes hitos de su carrera fue la fundación, en 1989, de Texas Tornados, uno de los grupos más populares de música Tex-Mex –fusión de los sonidos tejano y mexicano–, con los que grabó varios álbumes. Doug Sahm murió en 1999.

Vamos a escuchar uno de sus temas más conocidos, sacado de su disco de debut. Obra de Glenn Martin y Dave Kirby, lleva por título Is anybody going to San Antone? y está dedicada, claro, a la ciudad natal de Sahm. El protagonista se encuentra bajo la lluvia después de que su novia le haya puesto de patitas en la calle y resuelve hacer autostop buscando a alguien que se dirija a San Antonio. Os dejo con la versión de Sahm.

Tres años antes Charley Pride la grabó en su disco Charley Pride’s 10th Album.

La letra fue adaptada al sueco en 1974 con el título Kan ingen tala om för mig när tåget går? Canta Siv Inger.

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Disco del mes (agosto)

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El mes de agosto, por razones obvias, no es muy dado a traernos novedades discográficas reseñables, pero la que glosamos hoy es de gran calidad.

El álbum Not Dark Yet, primera colaboración de las cantautoras y hermanas Allison Moorer (1972) y Shelby Lynne (1968), salió a la venta el pasado 18 de agosto, editado por los sellos Thirty Tigers y Silver Cross Records. Consta de 10 canciones, todas, excepto la última, versiones de otros cantantes. Su sonido intimista se ve subrayado por la producción del británico Teddy Thompson, procedente del mundo del folk.

La canción que da título al disco, Not Dark Yet, es una versión de un tema que Bob Dylan escribió en 1997 a George Harrison, quien ya se encontraba enfermo de cáncer, y que incluyó en su disco Time Out of Mind. El narrador adquiere plena conciencia de que su final se acerca: “He seguido el río, he llegado al mar, he caído al fondo de un torbellino de mentiras. Ya no busco nada en los ojos de nadie, a veces mi carga es más de lo que puedo soportar. No está oscuro aún pero está llegando”.

Every Time You Leave es una versión de un tema de los Louvin Brothers y, desde luego, hace justicia al original. Aquí, el narrador no puede soportar que su pareja le abandone, pero una y otra vez está dispuesto a perdonarla y acogerla de nuevo, porque es la única forma que encuentra de seguir viviendo.

El disco se cierra con una composición original de Moorer y Lynne. En palabras de Moorer, Is It Too Much habla del profundo vínculo entre dos personas, que trasciende todas las cosas, y de cómo el amor hace que cada uno lleve la carga del otro de buen grado.

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Hasta siempre, cowboy de lentejuelas

glen campbell

Ayer el country perdió a otro imprescindible. Glen Travis Campbell –aquí podéis ver su breve reseña biográfica– ha muerto a los 81 años de edad tras una larga lucha contra el Alzheimer.

En su adolescencia y juventud se prendó del arte de Django Reinhardt y decidió consagrar su vida a la música. A los 14 años dejó el colegio y se fue a Los Ángeles a probar fortuna. Su popularidad comenzó en 1967, con By the Time I Get to Phoenix, y ya al año siguiente consiguió todo un hito: superar en ventas a los Beatles en Estados Unidos.

Su creciente popularidad hizo que incluso John Wayne le invitara a actuar en Valor de ley (1969), en un papel nada desdeñable (además, interpretó el tema principal de la película). Entre 1969 y 1972, tuvo un programa propio en el que predicaba la grandeza del country. Willie Nelson, Johnny Cash o Linda Ronstadt, entre otros artistas, pasaron por él.

Pero su carrera había empezado unos años antes. Uno de sus hitos fundacionales tuvo lugar en 1964, cuando los Beach Boys lo llamaron para sustituir a Brian Wilson, que sufría una de sus cíclicas depresiones. Incluso se le puede escuchar tocando la guitarra en Pet Sounds (1966). Tan encantados estaban con su estilo, que le ofrecieron unirse al grupo con carácter permanente, pero Glen declinó la oferta.

En sus más de 50 años sobre los escenarios, Campbell vendió nada más y nada menos que 45 millones de discos. En 2005 fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la música country; en una entrevista señaló: “Puedes tener el vocalista masculino y todo eso. Yo me quedó con el Salón de la Fama”. Bruce Springsteen dijo de él: “Tenía una bonita voz, pura, nada sofisticada. Era simple en la superficie pero había un mundo de emociones por debajo”.

A principios de 2011 le diagnosticaron Alzheimer y, consciente de que poco a poco iría perdiendo la conexión con su público, se embarcó en una gira de despedida, Goodbye Tour. Tras finalizarla grabó en Nashville el que sería su último trabajo, Adiós (así, en español), que incluye sobre todo versiones de Harry Nilsson (Everybody’s Talking), Willie Nelson (Funny How Time Slips Away) o Bob Dylan (Don’t Think Twice, It’s Allright) entre otros. El disco, que consta de 12 canciones, fue guardado como oro en paño por su discográfica, Universal Music, que lo sacó al mercado el pasado mes de junio.

Como parte de este pequeño homenaje, vamos a escuchar algunas de sus canciones más conocidas. Entre ellas, Rhinestone Cowboy. Larry Weiss escribió este tema en 1975. La letra habla de un cantante de country al que el éxito le ha sido esquivo pero que aún confía en brillar como un cowboy con lentejuelas.

El primer éxito importante de su carrera fue gracias a Jimmy Webb, quien escribió para él By the Time I Get to Phoenix, una canción de amor en la que el narrador recuerda a su novia, a la que ha dejado, en cada una de las ciudades por las que pasa.

Al año siguiente Webb escribió otro tema para él, Wichita Lineman, en el que un operario de una compañía telefónica no puede dejar de pensar en su amada.

Con su colaborador habitual, el citado Jimmy Webb, abordó un tema candente, la guerra de Vietnam, en Galveston. Mientras cumple con su deber, un soldado sueña con volver a su ciudad natal de Galveston (Texas).

En 1968 consiguió su primer Grammy por Gentle on my Mind, una canción escrita por John Hartford después de ver Doctor Zhivago en el cine. Se trata de una canción de amor en la que dos amantes se citan clandestinamente.

Su último número 1 fue Southern Nights, un tema escrito por Allen Toussaint, quien ya lo había grabado años antes, y en el que evoca las noches sureñas.

 

Enjaulados (VIII)

enjaulado

En la entrada anterior, dedicada a At Folsom Prison, alabamos el éxito comercial que cosechó este disco. Pues bien, su gloria fue superada por el que sacó Johnny Cash al año siguiente, At San Quentin. Sin duda, el sello discográfico quiso repetir su buena fortuna y, de hecho, lo logró, pues no solo llegó al número 1 en las listas country (como el anterior), sino también en las pop. Fue nominado al mejor álbum en los Grammy y Cash ganó en la categoría de Actuación masculina por A Boy Named Sue, que podéis escuchar aquí. El concierto fue grabado en otra prisión californiana, San Quentin, en febrero de 1969.

Escuchemos Wanted Man, una de las incursiones de Bob Dylan en el country y el tema con el que se abre el disco. El narrador nos dice que hay carteles de “se busca” referidos a él por todas partes.

Siguiendo la estela de Johnny Cash, Mack Vickery grabó Live at the Alabama Women’s Prison en una cárcel de mujeres de Alabama, que arrastraba la fama de ser una de las más duras de Estados Unidos. Vickery contaba poco más de 30 años cuando vio la luz el disco, en 1970. Sus inicios habían discurrido por el rockabilly y, en el country, más que como intérprete fue conocido como autor de canciones grabadas por otros como Johnny Cash, Waylon Jennings o George Jones.

Escuchemos Life Turned Her That Way. El tema fue escrito por Harlan Howard en 1965, y esta es la versión de Vickery del 70. La letra no puede ser más apropiada para el marco en que se inscribe. El autor advierte a la sociedad de que “si (la protagonista) parece fría y amargada, se pare a pensar antes de condenarla porque la vida la volvió así”.

Con nombre propio (XI)

christening
Fue una pena que el grupo que vamos a escuchar ahora se desintegrara en 2014. The Civil Wars, un dúo compuesto por Joy Williams y John Paul White, se dedicaba al género Americana, fusionándolo con el blues rock. Así sucede en Oh Henry, perteneciente a su álbum The Civil Wars (2013). La protagonista es la esposa de un hombre que vive su vida al límite, no pasa por casa, y la tiene abandonada. La mujer le suplica que siente la cabeza, porque “lo que no necesitamos es otra tumba en esta ciudad. Tú y yo sabemos que al final de la carretera prohibida hay un agujero a dos metros bajo tierra”.

Kris Kristofferson homenajea en Ramblin’ Jack a su amigo y compositor de música folk Ramblin’ Jack Elliott, de 85 años de edad, que llegó a coincidir con la leyenda Woodie Guthrie. Escrita en 2012, fue incluida en el disco Feeling Mortal. Kristofferson dijo de Elliott: “Es como William Blake y Bob Dylan y otra gente que solo cree y vive para la poesía que puedan crear. Eso es probablemente lo que yo intentaba ser”.

El primer disco de John Prine, del que ya hemos escuchado un tema en esta serie, incluye otra canción con nombre propio. En esta ocasión se trata de un personaje ficticio, Sam Stone, que vuelve de la guerra de Vietnam (aunque la canción no cita este conflicto explícitamente, salió en 1971, y “si has orejas, oyas”, que decía el Arcipreste). Su adaptación a la vida civil no le resulta nada fácil y se refugia en la heroína: “Hay un agujero en el brazo de papá donde se va todo el dinero”. Al final, muere por sobredosis, un desenlace más habitual de lo que pensamos entre los veteranos de guerra. Escuchemos ya Sam Stone.

Poco después, la versionó Johnny Cash. En la composición original de John Prine hay un verso que dice, al lamentarse del camino que ha tomado el protagonista, “Jesús murió por nada, supongo”. Cash, que era creyente, lo cambió por este otro: “Papá debió de sufrir mucho entonces, supongo”.

Con nombre propio (V)

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Escuchemos hoy otra canción inspirada en la vida de un instituto. El dúo Maddie & Tae, compuesto por Madison Marlow y Taylor Dye, habló en Sierra de una compañera de Maddie que, en sus años de estudiante, le hizo la vida imposible. El single apareció en mayo de este año.

En 2008 pudimos disfrutar de Sissy’s Song en el álbum Good Time, de Alan Jackson. Este escribió la canción en homenaje a su empleada de hogar, Leslie Sissy Fitzgerald, que murió repentinamente. “Por qué se tuvo que ir”, se pregunta, para responderse: “Estas cosas pasan todo el tiempo sin razón y sin rimas”.

Sister Sinead, de Kris Kristofferson, vio la luz en el álbum Closer to the Bone (2009). En realidad, la había escrito mucho antes, como apoyo a la cantante irlandesa Sinead O’Connor. A principios de los 90, la Iglesia irlandesa ya empezaba a verse salpicada por casos de abusos sexuales, y la cantante rompió una foto del Papa en un programa de la televisión americana. Esto provocó que, en un concierto-homenaje por los 30 años de carrera de Bob Dylan, O’Connor fuera abucheada. Kristofferson, que estaba allí, se solidariza con ella en esta canción.

Reba McEntire y Liz Hengber escribieron Somebody’s Chelsea, que la primera incluyó en All The Women I Am (2010). La narradora coincide con un hombre mayor en un avión y entablan una conversación. Él le dice que acaba de perder a su mujer, Chelsea, con la que estuvo casado 60 años. Reba le puso el nombre de Chelsea por su nieta.

Un músico en la corte del rey Gustavo

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Esta mañana nos sorprendía la noticia de que el premio Nobel de Literatura recaía, por primera vez, en un compositor y cantautor, Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, por “haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de la canción americana”. No podía ser una decisión más acertada, pues el Comité Nobel reconoce la importancia de la letra de las canciones, algo sobre lo que siempre he hecho hincapié desde esta humilde tribuna, River of Country.
Este reconocimiento se viene a sumar a los que Dylan ha cosechado en sus más de 50 años de carrera, jalonados por cerca de 80 discos (el último, Fallen Angels, apareció en mayo de este año): 11 Grammys, un Globo de Oro, un Oscar, el Pulitzer, miembro del Salón de la Fama de Compositores, la medalla de EE.UU. de la libertad otorgada por Obama… Tampoco era un extraño en el paraíso sueco: en 2000 fue merecedor en ese país del Polar Music Prize, el llamado Nobel de la Música.
Aunque su nombre llevaba años sonando entre los candidados, el hecho de que no escribiera novelas o ensayos, sino canciones, hacía que la consecución del premio no pareciera muy probable.
Pionero del rock and roll y maestro del folk, en temas como Like a Rolling Stone, Blowing in the Wind o A Hard Rain’s a-Gonna Fall está muy presente el componente de crítica social. Sin embargo, el versátil Dylan se ha bandeado bien en todos los estilos (blues, gospel, rockabilly e incluso pequeñas incursiones en el jazz en su último disco).
La música country jugó un papel decisivo en los inicios de su carrera. Durante su infancia era oyente habitual de emisoras locales de country, lo que lo llevó a interesarse también por el folk. En su recopilatorio Biograph (1985), que incluía una entrevista con Cameron Crowe, decía: “El rock and roll para mí no era suficiente. Había grandes frases pegadizas y ritmos atrayentes pero las canciones no eran serias ni reflejaban la vida de una forma realista. Esto cambió cuando conocí la música folk. Las canciones tienen más desesperación, más tristeza, más triunfo, más fe en lo sobrenatural y sentimientos más profundos”.
Los grandes clásicos del country comparten con el folk esta verdad, y Dylan se lanzó de cabeza al género. Sin más, vamos a escuchar algunas de sus canciones country más significativas. A lo largo de su discografía, encontramos tres discos fundamentalmente country: John Wesley Harding (1967), Nashville Skyline (1969) y New morning (1970).
Del primero de ellos, escuchemos I’ll Be your Baby Tonight, en el que destaca el uso de la pedal steel guitar, uno de los instrumentos country por antonomasia.

El siguiente trabajo de Dylan, también para la Columbia, fue Nashville Skyline, una inmersión en toda regla en el country –el disco fue presentado en el programa de Johnny Cash–. Una de sus canciones más recordadas, Lay, Lady, Lay, iba a aparecer en la película Cowboy de medianoche, pero no llegó a tiempo para el montaje. Se trata de una bella canción de amor en la que el narrador se prepara para pasar una noche de pasión junto a su pareja: “Cualesquiera colores que tengas en la mente, yo te los mostraré y los verás brillar”.

Escuchemos ahora una de las tomas eliminadas del disco, One more night. El narrador habla de su soledad después su reciente ruptura y admite con resignación que “una noche más, se ven las estrellas y la luna brilla pero ninguna luz brillará sobre mí”.

If not for you pertenece a New Morning (1970). El protagonista enumera todo lo que le debe a su pareja: “Si no fuera por ti la lluvia se acumularía, el cielo caería y el invierno no tendría primavera”.

Por último, escuchemos You Ain’t Going Nowhere, incluida en Greatest Hits Vol. II (1971) pero escrita con anterioridad, coincidiendo con el festival de Woodstock de 1967. La canción aparece en la banda sonora de I’m Not There (2007), de Todd Haynes. La letra habla de la futilidad de la vida, repleta de hechos anecdóticos que no conducen a ninguna parte.

La ceremonia de entrega, presidida por el rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo, tendrá lugar el próximo 10 de diciembre.

John Prine, el otro Bob Dylan

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Este gran compositor nació en 1946 en Illinois. A los 14 años su hermano le enseñó a tocar la guitarra y desde entonces supo que se dedicaría a la música. Dejó su trabajo como cartero local y, tras pasar por el ejército –estuvo destinaron en Alemania–, volvió a Estados Unidos. En Chicago se le solía ver tocando en bares, y fue el crítico Roger Ebert, mi querido Roger Ebert, quien habló de él por primera vez.
Entró en contacto con el compositor Steve Goodman, y su trabajo tocó los oídos de Kris Kristofferson, gracias a cuya mediación firmó un contrato con Atlantic Records en 1971. Su primer disco, John Prine, rindió a la crítica de la época, que lo saludó como al “próximo Dylan”, y este dijo nada menos que el material de su aprendiz era “puro existencialismo proustiano”. En los setenta presentó Sweet Revenge (1973), Common Sense (1975) y Bruised Orange (1978), y en 1984 fundó su propio sello, Oh Boy Records, donde editaría gran parte de su trabajo posterior, como Fair & Square (2005), por el que ganó un Grammy.
El legendario Johnny Cash señaló en su autobiografía que su Big Four de compositores particular lo conformaban Guy Clark, John Prine, Steve Goodman y Rodney Crowell, mientras que Roger Waters, de Pink Floyd, también ha reconocido su deuda con él.
Paradise, una de sus canciones de cabecera, apareció en su disco de debut John Prine (1971). La inspiración le surgió de un recorte de prensa que le envió su padre, sobre las duras condiciones de trabajo de una mina de carbón en una localidad de Kentucky llamada Paradise. Unos años después la volvió a grabar para su álbum German Afternoons (1986).

La canción tiene multitud de versiones. Escuchemos algunas de ellas.
John Denver la grabó en Rocky Mountain High (1972).

The Everly Brothers la incluyeron por primera vez en Pass the Chicken and Listen (1973).

Tom T. Hall, en su álbum The Magnificent Music Machine (1976).

Lynn Anderson la incorporó a All the King’s Horses (1976).

Johnny Cash la grabó para el disco de Columbia The Adventures of Johnny Cash (1982).

Country Urbano (XXXII)

Chicago-Architecture
85. Sweet Home Chicago. Empezamos hoy con un icono del blues, fallecido prematuramente en 1938 a los 27 años de edad (al igual que Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain o Amy Winehouse, de quien, por cierto, os recomiendo el documental sobre su vida Amy). Robert Johnson murió en una pelea de bar, presumiblemente envenado por un marido celoso. Elogiado por artistas como los Allman Brothers, Eric Clapton, Bob Dylan o los Rolling Stones, el bluesman escribió este tema –que con el paso del tiempo se ha convertido en todo un himno de Chicago– en una habitación de hotel de San Antonio, Texas, en 1936. Os dejo con la original.

Entre sus múltiples versiones, podemos empezar por la de Canned Heat, que la grabó en su álbum en directo Boogie Up the Country (1987).

Ahora, la conocidísima versión de los Blues Brothers, incluida en la película Granujas a todo ritmo, de John Landis (1980).

86. Milwaukee, here I come. A orillas del lago Michigan se encuentra la ciudad de Milwaukee. Este tema fue escrito por Lee Fikes y grabado como single por George Jones y Brenda Carter en 1968. Ella tenía entonces 17 años, y era prácticamente una desconocida en el mundo del country. Tuvo la suerte de intervenir en este disco porque las dos primeras opciones para acompañar a Jones, Tammy Wynette y Melba Montgomery, estaban contratadas por otros sellos discográficos que les impedían “servir” en otras casas (años después George la grabaría con Tammy). “Me voy de esta ciudad hasta que decidas a quién quieres más, a las estrellas del Opry o a mí”, le suelta a su pareja la chica, en plan ultimátum, y se larga de Nashville a Milwaukee. Escuchemos a George Jones, acompañado de Brenda Carter y Tammy Wynette consecutivamente.