Patsy Cline Showcase. Patsy Cline, 1961

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Cuatro años después del primer disco de Patsy Cline, salió este Patsy Cline Showcase, de la mano de Decca Records y producido por Owen Bradley. Del álbum se editaron dos singles, Crazy y I fall to pieces, ambos escuchados aquí. Tras la muerte de Patsy en marzo de 1963, el disco se reeditó y al título Patsy Cline Showcase se le añadió “with the Jordanaires”, que era un cuarteto de gospel que se ocupó de los coros para artistas de rock y country de renombre, como Elvis Presley y otros cantantes del sonido Nashville.
Las sesiones de grabación de nuestro disco tuvieron lugar a principios de 1961, cuando Patsy se estaba recuperando de un accidente de coche que casi le costó la vida. La última vez que se reeditó fue en septiembre de 2012, por el sello Labelle y en formato digital.
Escuchemos algunos de sus temas. El primero, Foolin’ Around, fue compuesto por Buck Owens y Harlan Howard. Una mujer se lamenta de que su pareja haya estado jugando con ella desde el principio y le devuelve el anillo de compromiso. Pero lo cierto es que le estará esperando y “cuando te canses de tontear con dos o tres más, vuelve a casa y tontea conmigo”.

The wayward wind (“El viento caprichoso”) fue compuesta en 1956 por Stanley Lenowski y, entre todas las versiones que mereció, destaca la de Patsy Cline para este disco.

Una de las primeras grabaciones de Cline, que volvió a grabar aquí, es A poor man’s roses (or a rich man’s gold), escrita por Bob Hilliard y Milton De Lugg. Aquí, la protagonista se enfrenta a un gran dilema. ¿Con qué debería quedarse como muestra de amor, con las rosas de un pobre o con el oro de un rico, insensible, desalmado y frío? Al final, ni qué decir tiene, se queda con el amor verdadero representado por las rosas del primero.

Patsy Cline también grabó el clásico de 1938 San Antonio Rose, el mayor éxito de Bob Wills (25 de enero). Con sus matices vocales, nuestra estrella revitalizó este gran clásico del country.

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Pura energía: Cotton Eyed Joe

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Como prometía el pasado martes al decir que en breve dedicaría una entrada a Cotton Eyed Joe, hoy escucharemos esta canción folk donde el fiddle adquiere un protagonismo especial.
De ésta, como de tantas otras canciones folk, no se conoce la fecha exacta de su composición. Sin embargo, podemos aventurarnos con una aproximada, y situarla antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), ya que durante la misma ya era conocida, y, según la historiadora de la música Dorothy Scarborough, los esclavos la cantaban en las plantaciones de Luisiana.
La primera versión publicada data de 1882, cuando la editorial Harper and Brothers puso por escrito la letra, que, lógicamente y al ser de tradición oral, cuenta con diversas variantes. “De no haber sido por Joe el de los ojos de algodón, habría estado casado hace mucho tiempo”, nos cuenta, por lo que podemos inferir que el tal Joe le quitó la novia al autor.
De notable popularidad en Texas, llegó a ser conocida como el himno del sur de ese estado, y aún goza de gran predicamento: multitud de colegios universitarios la tocan al comienzo de sus partidos de baseball.
Vamos a comenzar por la primera versión grabada que se conoce. Se la debemos a los Carter Brothers (George y Andrew) e hijo (Jimmie, que aquí toca la guitarra con solo nueve años). Es de 1928 y fue editada por The Brunswick Company. Este grupo, por cierto, nada tiene que ver con la familia Carter.

Los Skillet Lickers, capitaneados por Gid Tanner, grabaron Cotton Eyed Joe en los años 30.

Escuchemos ahora la grabación que hizo Bob Wills and his Texas Playboys en 1946.

Os dejo ahora con la versión que hizo el padre de la música bluegrass, Bill Monroe, y los Bluegrass Boys, quienes añadieron al fiddle el banjo y la mandolina.

En 1980 Isaac Peyton Sweat nos regaló esta gran versión.

En este último año, la película Urban Cowboy también incluyó este clásico en su banda sonora.

En 1985 el grupo Asleep at the Wheel (“Dormidos al volante”) ejecutó una versión memorable. Escuchémosla.

La colaboración entre la banda irlandesa The Chieftains y uno de los máximos exponentes vivos de la música bluegrass, Ricky Skaggs, alumbró una interpretación antológica, que se tradujo en una nominación al Grammy a la mejor instrumentación country en 1992 por el disco Another Country.

Esta melodía ha traspasado fronteras y el grupo sueco Rednex alcanzó un gran éxito en 1994 con otra versión de dudoso gusto, que recibió críticas por su toque techno. La canción está extraída del álbum Sex and violins y fue un gran éxito en Europa, donde alcanzó lo más alto de las listas en Noruega, Suecia, Alemania, Austria, Suiza o Finlandia, entre otros.

El country marca su territorio (XXXVIII)

texas cactus 109. If you gonna play in Texas. Este éxito fue escrito por Murray Kellum y Dan Mitchell y grabado por el grupo Alabama para su disco Roll on (1984). La canción empieza de manera suave, recordando en su primer verso el himno de la Universidad de Texas, tanto en El Paso como en la capital del estado –Austin–, que fuera grabado, por cierto, por Roy Orbison: “The eyes of Texas are upon you”, para luego convertirse en una explosión de sonido. El título completo de la canción es If you gonna play in Texas (you gotta have a fiddle in the band) y de eso, precisamente, trata la canción. En la letra se hace referencia al clásico de Bob Wills Faded Love, que ya escuchamos en la entrada sobre “el paradigma del fiddle(8 de agosto) y también a Cotton Eyed Joe, otro ejemplo del uso de este instrumento al que dedicaré una entrada en breve. 110. Texas Lullaby. El cantante de outlaw country David Allan Coe, de 75 años de edad, es el creador de esta canción nostálgica, en la que recuerda su niñez en Texas (aunque Coe nació en Ohio) y la nana que le cantaba su padre. Presenta al protagonista, presumiblemente un cowboy, en el desierto, donde se hiela hasta los huesos, y en la letra hay cabida para las flores de cactus y las tumbleweeds, una especie de planta rodadora que vuela por el desierto, ambas típicas de Texas. 111. You’ll never take Texas out of me. En 1987 MCA Records publicó el disco de Waylon Jennings A man called Hoss, con canciones escritas por el propio Jennings en colaboración con Roger Murrah. Jennings, oriundo de Texas, declara en este tema su amor a este estado cuando dice que “podéis eliminar la música de Texas pero no a Texas de mí”.

Hank Thompson, una voz de barítono

Hoy os voy a hablar de un tipo nacido en Waco, Texas, en 1925, que desde niño se interesó por la música y aprendió a tocar la armónica. Tras el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial, en la que sirvió en la Marina, inició, en 1948, su carrera musical. Su primer gran éxito no llegó hasta 1952 con The wild side of life y la publicación de su primer LP. Sus principales influencias fueron Ernest Tubb y Bob Wills y, como este último, fue un gran representante del western swing. Trabajó para Capitol Records (1948-1967), Warner Bros. (1967-1968) y Dot Records (1968-1980), y, fumador empedernido, murió en 2007 de cáncer de pulmón… y con las botas puestas.

Hank Thompson

The wild side of life fue su primer número 1 y en ese puesto se mantuvo nada menos que 15 semanas. Nos encontramos ante una de las melodías más reconocibles del country, que inspiró, por ejemplo, la canción-respuesta de Kitty Wells It wasn’t God who made honky-tonk angels. Pero ojo, que el clásico de Thompson se remonta más atrás en el tiempo: en 1925, Welby Toomey y Edgar Boaz grabaron Thrills that I can’t forget, y aún más famosas fueron la grabación de 1929 de la familia Carter, I’m thinking tonight of my blue eyes, y la de Roy Acuff Great Speckled Bird en 1936.
En la letra de The wild side of life, el narrador se muestra dolido porque su mujer le ha abandonado y ha preferido “el lado turbio de la vida”, con garitos donde “fluye el vino y el licor”. No es extraño que las féminas exigieran la citada réplica de Kitty Wells.

El paradigma del fiddle

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Hoy os voy a hablar de Faded Love, escrita por Bob Wills (ver entrada del 28 de marzo), su padre, John Wills, y su hermano, Billy Jack Wills.
La melodía está basada en una antigua canción popular de 1858, Darling Nelly Grey, que el padre de Wills solía tocar al violín o fiddle, y que el hijo revitalizó y convirtió en todo un clásico del western swing, del que fue su máximo exponente.
Escuchemos, primero, Darling Nelly Grey, la canción que inspira Faded Love. Fue compuesta como un himno antiesclavista por Benjamin Hanby, el hijo de un obispo. Un hombre llora la pérdida de su amada, vendida como esclava a una familia de Georgia y con la que no volverá a reunirse hasta que ambos estén en el cielo. Os dejo con la versión de Tom Roush.

Ahora, vamos con la canción propiamente dicha, Faded Love, grabada por Bob Wills y los Texas Cowboys en 1950 y que alcanzó el número 8 de las listas country.

En 1962, Leon McAuliff nos regaló una nueva versión instrumental del tema.

Pero, quizá, la más conocida fuera la de Patsy Cline de 1963, la última que grabó antes de su trágico accidente de aviación en marzo de ese año.

El otro Deep Purple

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Después de ver el título de esta entrada, estaréis pensando: pero, ¿no era éste un blog de música country? Lo es. Y, aun así, hoy vamos a hablar de Smoke on the water, que, como sabemos, es la canción más popular del grupo británico Deep Purple, un clásico del rock más clásico.
En fin. Todo tiene un motivo, ya lo veréis. Más de 20 años antes de este tema, Red Foley utilizó el mismo título para una canción patriótica de western swing. En 1944, en la recta final de la guerra, el público de Estados Unidos necesitaba que le levantaran el ánimo. Red Foley cumplió con creces sus expectativas gracias a este tema que se mantuvo como número 1 durante 13 semanas consecutivas. Al año siguiente, por cierto, Bob Wills presentó su propia versión, que también alcanzó el número 1 durante dos semanas.
La letra habla de las excelencias del ejército y la armada americanas, que lograrán vencer al enemigo y “acabarán con las dictaduras de Hitler e Hirohito”.
He aquí la versión original de Red Foley.

Escuchemos ahora la versión de Bob Wills, con un toque más swing.

Bob Wills, el rey de la música western swing

Bob Wills
James Robert Wills, Bob Wills, nació en 1905 en el estado de Texas. Su padre era bueno con el violín y ganó varios concursos del estado con este instrumento. No es de extrañar que su hijo llegara a ser un virtuoso del mismo, aunque también aprendió a tocar la mandolina –de origen italiano pero muy popular en la música hillbilly de principios de siglo–. Otra hermana tocaba el piano y, en general, todos los Wills hicieron sus pinitos en la música, aunque fuera amenizando las fiestas campestres en el ámbito propio de una familia de granjeros, que vivía de la recogida de algodón.
Fue en ese contexto donde el joven Robert trabó relación con la música negra, lo que enriqueció su carrera. Y esta comenzó, digamos, a los 16 años, cuando Bob dejó a su familia y se largó en un mercancías a probar fortuna (en cierta ocasión, casi perdió la vida al bajarse de un tren en marcha).
Se casó en los felices veinte, y alternó su residencia entre Nuevo México y su Texas natal. Allí, pintado de negro, como dictaba la moda, actuó en espectáculos callejeros anunciando productos medicinales. Admiraba a la cantante Bessie Smith, por la que “cabalgó 50 millas para oírla actuar”, y en noviembre de 1929 se inició en el mundo de las grabaciones, si bien estas no fueron editadas hasta unos años más tarde.
En los años 30, creó el grupo The Light Crust Doughboys, que no tardó en despuntar, y se asoció con Tommy Duncan en 1932. Dos años más tarde se trasladó a Tulsa, Oklahoma, donde emprendió con su socio un programa musical en la radio. De este período destaca su canción más memorable, San Antonio Rose, a la que ya le dedicamos un espacio. Los años de la Segunda Guerra Mundial fueron muy fructíferos para Wills, que probó fortuna con el cine. Su película más famosa fue Take me back to Oklahoma (1940).
En 1944 debutó en el Grand Ole Opry y se trasladó a California, donde abrió su propio club nocturno en Sacramento. Su popularidad iba viento en popa. Su banda, rebautizada como The Texas Playboys, tocaba cada semana para nada menos que 10.000 personas en distintos bailes del oeste.
Miembro del Salón de la Fama de la Música Country desde 1968, tras unos años de mala salud, consecuencia de un infarto, Bob Wills falleció en 1975 de una neumonía.
En febrero de este año, la Sociedad Histórica de Oklahoma anunció su proyecto de realizar un documental sobre su vida y obra, que llevará por título: Todavía el rey: Bob Wills, el hombre y la música.
Escuchemos ahora su canción Take me back to Tulsa, de 1940. Fijaos en la referencia racial, modificada luego para adaptarla a lo políticamente correcto. Os cuento. En una estrofa, la letra dice: “Los negritos recogen el algodón, los blancos se llevan el dinero”, que más tarde se cambió por estos versos: “El hombre pequeño recoge el algodón, el gran hombre se lleva el dinero”.