Jerry Reed, guitarrista, cantante, compositor, actor…

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Nuestro protagonista nació en Atlanta en 1937. De pequeño le regalaron una guitarra y, desde ese momento, siempre tuvo clara su vocación: “Voy a ir a Nashville y voy a ser una estella”, se repetía una y otra vez.

A los 18 años consiguió su primer contrato discográfico con Capitol Records. A principios de los años 60, su popularidad creció gracias a que varios artistas, entre ellos Brenda Lee, versionaron sus éxitos. Fue contratado por la RCA, la discográfica de Chet Atkins, con quien colaboró en algunos álbumes instrumentales.

Su primera entrada en las listas fue gracias a Guitar Man (1967), que no tardaría en grabar también Elvis Presley. Compaginó su carrera musical con pequeños trabajos en el cine e intervino en más de veinte películas. Los años 70 mereció varios reconomientos, tanto en los Grammy como en la Asociación de la Música Country, donde fue nombrado instrumentalista del año dos ediciones consecutivas. Murió en Nashville a los 71 años.

Escuchemos uno de sus temás más conocidos, Eastbound and Down, que compuso en 1977 para la película Smokey and The Bandit, en la que tuvo un papel secundario. Cuando salió como single, llegó al número 2 de las listas, ayudado quizá por el viento de cola de la taquilla que alcanzó la película –126 millones de dólares de 1977 solo en EE.UU.

La canción, de carácter alegre, fue escrita por Reed y Dick Feller e incluye la colaboración de Gordon Stoker, un miembro del mítico grupo vocal The Jordanaires. Su protagonista se dirige en camión hacia el sur, y la carretera simboliza el camino a la libertad.

Fare Thee Well Love. The Rankin Family, 1992

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Hoy escucharemos extractos de un disco de música folk que fue decisivo para la carrera de los canadienses The Rankin Family. Fue su segundo trabajo, y, en un principio, lo editaron de forma independiente en 1990. La popularidad que alcanzaron en Canadá los puso en la órbita de Capitol Records, que reeditaría el disco dos años más tarde. Su importancia radica en la revitalización de la música celta (luego escucharemos una canción en gaélico).
La canción que lo abre lleva por título Orangedale Whistle. Fue compuesta por uno de los miembros del grupo, Jimmy Rankin, que actualmente prosigue su carrera en solitario.

También obra de Rankin, escuchemos ahora el tema que da título al disco, Fare Thee Well Love, en el que el narrador se despide de su amada. El single tuvo un considerable éxito en Canadá.

En el disco hay cabida para canciones tradicionales de autor desconocido, como esta Fair and Tender Ladies, que ya era conocida en tiempos inmemoriales en la región de los Apalaches con el título de Tiny Sparrow.

Este último tema ha tenido multitud de versiones. Escuchemos la de Anita Carter en 1962.

Vamos con otro tema de raíz tradicional –este cantado íntegramente en gaélico–, An T Each Ruadh (El caballo rojo).

Gillis Mountain fue escrita por Raylene Rankin en recuerdo de una montaña de su región natal de Canadá, Nova Scotia.

Hasta que la muerte los separó

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Hoy os voy a hablar no de un matrimonio, como sugiere el título de la entrada, sino de dos hermanos que formaron un tándem inseparable en la música bluegrass: Jim y Jesse McReynolds.
Herederos de una rica tradición musical –su abuelo había participado, al frente del grupo The Blue Mountain Moonshiners, en las legendarias sesiones de Bristol de 1927, las primeras grabaciones de música country (ver entrada 15 febrero de 2014)–, los hermanos McReynolds nacieron en Virginia y empezaron a trabajar juntos en 1947. En 1952 ficharon por Capitol Records y adoptaron el nombre con el que serían conocidos el resto de su carrera, Jim and Jesse.
Después de que el segundo volviera de servir en la guerra de Corea, reanudaron su actividad artística (Jesse tocaba la mandolina y Jim ponía la voz y tocaba la guitarra). Acompañados por la formación The Virginia Boys, en la que no faltaba ninguno de los instrumentos típicos del bluegrass –banjo, fiddle y contrabajo–, su popularidad fue en aumento y, en 1964, fueron nombrados miembros del Grand Ole Opry (hoy, Jesse McReynolds, a sus 87 años, es el miembro vivo más viejo de esta institución).
La muerte de Jim en 2002 puso fin a la colaboración artística más larga entre hermanos en la historia de la música country, ¡nada menos que 55 años! Escuchemos ya algunas de sus grabaciones.
Comenzamos por un clásico de la música gospel, Where the Soul of Man Never Dies, en la que el narrador anhela ir a la tierra “donde el alma del hombre nunca muere”, porque allí “no hay tristes despedidas, los ojos no estarán cegados por las lágrimas y la noche más oscura se convertirá en día”.

Ahora, Cotton Mill Man, que describe las duras condiciones de vida de un algodonero de Alabama: su hija murió en el parto porque no tenían dinero para llamar a un médico, comían comida en lata mientras sus jefes se alimentaban con filetes, no podían permitirse ir a la escuela… En el estribillo, el narrador pide a Dios que, en vista de la vida que ha llevado, no deje que su hijo siga sus pasos como algodonero.

The Ballad of Thunder Road había aparecido ya en la banda sonora de la película Camino de odio (1957), cantada por Robert Mitchum, también autor de su letra. En 1967 el dúo Jim and Jesse revitalizó este tema con música de Jack Marshall para su disco Diesel on my Tail. Un chico y su padre se dedican a destilar alcohol (el padre) y a llevar la carga para venderla ilegalmente (el hijo). Las fuerzas de la ley van tras el camión y, en la persecución, este se sale de la carretera: “El diablo se llevó el licor y al chico de las montañas ese día”.

De un álbum en colaboración con Charlie Louvin, Jim and Jesse and Charlie (1982), surgió North Wind, con la que me despido por hoy.

Adiós a una mujer que abrió nuevos caminos

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El domingo nos despertábamos con una triste noticia para el country: la muerte de toda una pionera, Jean Shepard, a los 82 años de edad. En River of Country ya me ocupé de su figura (aquí podéis consultar la entrada que le dediqué).
Históricamente, en los años 40 y 50, el country parecía un terreno abonado para los artistas masculinos. Jean Shepard, junto con Kitty Wells, contribuyeron a que esto dejara de ser así, y abrieron el camino para otras mujeres como Loretta Lynn, Lynn Anderson, Tammy Wynette, Patsy Cline o Dolly Parton, que se hicieron un merecido hueco en la industria.
En 1955, se convirtió en la primera artista femenina en llegar al Grand Ole Opry, institución de la que formaría parte durante 60 años. Su gran oportunidad le llegó cuando cantó junto a Hank Thompson, quien quedó tan impresionado que convenció a Capitol Records para que le hiciera un contrato. Otro de los hitos de su carrera fue editar en 1956 uno de los primeros álbumes conceptuales de la música country, Songs of a Love Affair, también escuchado aquí.
A ese disco le siguieron nada menos que 24 de estudio y más de 70 singles. Shepard siempre abogó por mantener la música country “pura”, sin influencias del pop. Así, en una entrevista concedida en noviembre de 2015 decía sin ambages que “el country de hoy ya no es country y soy muy firme sobre ello. Se lo diré a cualquiera que quiera oírlo y a los que no también. La música country de hoy no es genuina”. Un poco antes, en 2013, y en respuesta a unas desafortunadas declaraciones de Blake Shelton en las que “ninguneaba” la música country tradicional, Jean salió a la palestra para defender el gran legado de la época dorada. En 2014 publicó su autobiografía, Down Through the Years, en la que diseccionaba la música country en los tiempos en que esta estaba repleta de sueños y sabiduría. Aunque la enfermedad del Parkinson se la haya llevado, siempre podremos escuchar sus canciones.
Su primer single fue Crying Steel Guitar Waltz (1952), cuyo título hace referencia al sonido lastimero, parecido a un llanto, de la steel guitar. La canción fue escrita por Shorty y Dolly Long.

Al año siguiente llegó uno de sus grandes éxitos, A Dear John Letter, un dúo junto a Ferlin Husky. Una mujer escribe a un soldado que ha partido a la guerra para anunciarle que se ha casado con su hermano.

Cuando Bill Anderson, el compositor de la siguiente canción, Slippin’ Away, fue homenajeado por sus 50 años de música country, Jean Shepard cantó este tema, que ya había convertido en un éxito en 1973. Una pareja asiste impotente a la desintegración de su amor: “Siento cómo se escapa entre los dedos, lentamente, en unos pocos días más se habrá ido”. Llama la atención la espléndida voz que conservaba a tan avanzada edad.

El tercero en discordia

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En una entrada anterior os informaba de la ceremonia de este año del Salón de la Fama de la Música Country, celebrada el pasado 16 de mayo y en la que entraron tres nuevos miembros. Hablemos hoy sucintamente de su historia.
Allá por 1961 la Asociación de Música Country tuvo la idea de crear esta institución, que también alberga un museo con sede en Nashville. Desde el citado año se han venido sumando miembros al Salón de la Fama –a excepción de 1963, cuando ningún candidato obtuvo los votos suficientes–, siempre con un nexo en común: reconocer la contribución al avance de la música country en cualquiera de sus facetas (comercial y creativa). Hasta el día de hoy este selecto grupo cuenta con 130 miembros, de los cuales 16 son mujeres (solo un 12%). Y una curiosidad: Roy Rogers ingresó dos veces, en 1980 como componente del grupo Sons of the Pioneers y, en 1988, en solitario (ver aquí biografía de Roy Rogers).
Los primeros miembros que alcanzaron este honor fueron Jimmie Rodgers, Hank Williams y Fred Rose. De los dos primeros ya hemos hablado en alguna ocasión (aquí podéis ver sus reseñas biográficas), de modo que nos centraremos en el tercero en discordia, Fred Rose.
Mientras que Williams y Rodgers eran intérpretes de música country, Rose fue un compositor y editor, menos conocido, por tanto, para el gran público. Nacido en 1897 o 1898, es uno de los pocos hijos del siglo XIX miembros del Salón. Al principio de su carrera, escribió varios éxitos de música ligera, sobre todo de vodevil, en el Tin Pan Alley neoyorquino. A partir de los 40 empezó a adquirir importancia en la música country a raíz de su aparición en el Grand Ole Opry, acompañando a la estrella del momento, Roy Acuff. Junto con él formó la discográfica Acuff-Rose, que alcanzó un gran éxito tras el fichaje del gran Hank Williams y que persistiría en el mercado hasta 1985. Como cazatalentos, propició que Capitol Records firmara con The Louvin Brothers o que Rosalie Allen fuera contratada por RCA Victor; y otra prueba de su vista comercial es que fue, con Gene Autry, el artífice del tema Be Honest With Me, candidato al Oscar y éxito de ventas en 1941, una pieza de la banda sonora de Ridin’ on a Rainbow.
Sobrevivió un año a su principal fichaje, Hank Williams, y falleció en diciembre de 1954, por lo que su entrada en el Salón de la Fama fue a título póstumo.
Entre sus muchas canciones sobresale el clásico Blue Eyes Cryin’ in the Rain, Kaw-Liga, junto a Hank Williams, o Texarkana Baby (todos ellos escuchados aquí). Revisemos algunos de sus otros éxitos.
Wait for the Light to Shine, cantada por Hank Williams.

Afraid, interpretada aquí por Willie Nelson en su álbum Moonlight Becomes You (1993).

We’ll Rest at the End of the Trail fue una de sus primeras composiciones de los años 30. Escuchémosla en la voz de Jimmy Wakely.

Ferlin Husky, el cantante que nunca se fue

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Ferlin Eugene Husky nació en Missouri en 1925. Su tío le enseñó a tocar la guitarra, y en sus años mozos ejercitó sus destrezas en bares honky-tonk. Tras su paso por la Segunda Guerra Mundial, se dedicó a la música de forma profesional, trabajando primero como disk-jockey. En 1953 firmó su primer contrato con Capitol Records, sello al que se mantuvo fiel casi toda su vida.
Su dúo con Jean Shepard, A Dear John Letter, entrañó su primer número 1 en las listas. En 1958 llegó una de sus canciones más conocidas, The Wings of a Dove (ya escuchada aquí). Su éxito fue decayendo mediada la década de los sesenta, y se retiró en 1975. En 2010, un año antes de su muerte, entró a formar parte del Salón de la Fama de la Música Country.
Escuchemos uno de sus números 1, Gone, escrito por Smokey Rogers a principios de los años 50. Husky la grabó en dos ocasiones; la primera en 1952 en Hollywood, bajo el seudónimo Terry Preston (su verdadero nombre, decían, no era comercial), que no llegó a salir siquiera como single; y de nuevo en 1957, que vendió más de un millón de copias, ¡lo que son las cosas!
La canción se convirtió en una de las primeras representantes del sonido Nashville. Se trata de una balada en la que el narrador se lamenta por el amor perdido y no oculta su parte de culpa: “Desde que te has ido, mi corazón, mis labios, mis ojos borrosos por las lágrimas, llora un alma solitaria dentro de mí, me creía muy listo, rompí tu corazón, ahora te has ido”. Escuchemos las dos grabaciones.


Ronnie MacDowell la recuperó para su álbum de 1980 Going Going Gone.

Escuchemos la versión de The Fleetwoods, un trío compuesto por Gary Troxel, Gretchen Christopher y Barbara Ellis.

No Vacancy. Merle Travis y Cliffie Stone, 1946

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A la manera del clásico de William Wyler Los mejores años de nuestra vida (1946), que refleja el proceso de adaptación de unos veteranos a la vida civil al término de la guerra, la música country también trató este tema.
No Vacancy fue compuesta en 1946 por Merle Travis y Cliffie Stone e interpretada por el primero. Escaló hasta el número 3 de las listas, convirtiéndose en el primer éxito importante de Travis, y fue el “culpable” de que Capitol Records se fijara en él y le hiciera un contrato.
La letra habla de un ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial. Mientras “las balas gritaban”, ponía sus esperanzas en el mundo que encontraría a su vuelta, cuando “el mundo fuera libre”; pero a la hora de la verdad, cuando se pone a buscar trabajo, se encuentra un nuevo enemigo: carteles de “no hay vacantes” por todos sitios.
En 2008 el sello Bear Family Records sacó la antología Dim Lights, Thick Smoke and Hillbilly Music con varias canciones de 1946, entre ellas esta de Merle Travis.

Glen Campbell la versionó en su primer álbum Big Bluegrass Special (1962), con la colaboración de Green River Boys.

Escuchemos la versión de Ricky Nelson en su álbum Bright Lights and Country Music (1966).

Tanya Tucker, la artista adolescente

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En 1958 nacía Tanya Tucker en una localidad de Texas. Su infancia transcurrió en Willcox –Arizona–, donde solo había una emisora de radio, dedicada precisamente al country. De ahí le vino su pasión por este estilo y, siendo todavía una niña, supo que se dedicaría a la música.
El compositor Mel Tillis se quedó impresionado por su talento, que también llegó a oídos del productor Billy Sherrill, quien le formalizó su primer contrato con la Columbia. En entrevistas posteriores, Tucker siempre ha expresado su agradecimiento a Sherrill. “Si no hubiera sido por él –ha señalado–, habría acabado siendo una animadora de rodeos”.
Su primer éxito, Delta Dawn (ya escuchado aquí), le llegó en 1972 a la edad de 13 años. En 1975 firmó con MCA Records y continuó su racha de singles y álbumes populares. A principios de los 80, las ventas menguaron, y todo parecía indicar que sería otra estrella adolescente que se desvanecía con el paso del tiempo. Pero no fue así. Tras firmar en 1986 con Capitol Records, su carrera se revitalizó. En 1997 fue nombrada miembro del Salón de la Fama de la Música Country de Texas. En el curso del siglo XXI, aunque ha seguido trabajando, ya no ha tenido el éxito de antaño, y solo ha sacado dos discos de estudio, en 2002 y 2009.
Escuchemos su primer número 1, What’s Your Mama’s Name (1973), perteneciente a su disco homónimo, que grabó a los 14 años. Escrita por Dallas Frazier y Earl Montgomery, su letra, en el mejor estilo country, cuenta una historia, que comienza hace treinta años cuando Bueferd Wilson llega a Memphis en busca de su hija, fruto de una relación anterior en Nueva Orleans. Wilson pregunta a una niña de ojos verdes que, intuye, puede ser su hija: “¿Cuál es el nombre de tu madre?” Las autoridades no le toman en serio y lo terminan encerrando por acoso. La canción termina con la muerte de Wilson, un “alma a la deriva” en cuyo bolsillo encuentran una carta en la que confiesa que tenía una hija y que sus ojos eran verdes. Os dejo con la original de Tanya Tucker en una grabación en el Opry.

Unos meses después, George Jones la incluyó en su álbum Nothing Ever Hurt Me (Half As Bad as Losing You).

Tras la muerte de Tammy Wynette, apareció una edición de coleccionista con una versión de este tema que no se había publicado en vida de la artista.

Gene Watson, el cantante de cantantes

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El protagonista de hoy nació en Palestina, no la de Oriente Medio sino la de Texas, hace 71 años. En la década de los 60, emprendió su carrera musical, que compaginó al principio con un trabajo en un taller de automóviles en Houston. Se movía en sellos muy modestos hasta que, en 1974, Capitol Records se fijó en él y le ofreció grabar un álbum, Love in the Hot Afternoon, que lo catapultó a la fama.
Tras este éxito, sus grabaciones –Where Love Begins, Paper Rosie, Should I Go Home o Farewell Party– siguieron gozando de gran popularidad. En 2002 entró en el Salón de la Fama de la Música Country de Texas. Actualmente sigue en activo y, en 2014, sacó un nuevo CD, My heroes have always been country, con versiones de los grandes del género (Merle Haggard, Ray Price, Lefty Frizzell…), que lo mantiene de gira por la geografía estadounidense.
Escuchemos Fourteen Carat Mind, su único número 1. Incluida en el álbum Old Loves Never Die, fue compuesta en 1981 por Dallas Frazier y Larry Lee. Cuenta la historia de una femme fatale que, literalmente, despluma a todo hombre que se enamora de ella, y nunca se da por satisfecha porque “tiene una mente ocupada por catorce quilates”. Ahora que la relación ha terminado, recuerda cómo se conocieron: ella miraba hambrienta los escaparates de las joyerías y él, como un tonto, pensó que podría complacerla.

El grupo de bluegrass The Osborne Brothers, compuesto por Sonny y Bobby Osborne, hizo una agradabilísima versión de este tema en su álbum Hillbilly Fever.

Norte y Sur (yXVII)

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La canción con la que se abre esta última entrega de Norte y Surcheer up, boys!– surgió en los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra, concretamente en 1850.
No se sabe con exactitud su autor, pero sí que, al principio, el tema fue conocido como Wait for the Wagon, y que su letra, aunque tuvo diversas variantes –como acostumbran las canciones folk–, describía las proposiciones de un hombre a una mujer para que se fuera con él en su carromato.
Fue tal su popularidad, que llegó a interpretarse en los escenarios de Londres, y unos soldados confederados la adaptaron a esos tiempos marciales. Así nació The Southern Wagon, ya como una encendida defensa de los principios que inspiraron la Secesión: “no queremos un gobierno en el que el algodón no sea el rey, nuestra causa es justa y sagrada, nuestros hombres valientes y honestos”. Total, que en este carromato sureño viajan, junto con el presidente de la Confederación Jefferson Davis, el vicepresidente Alexander Stephens y P. G. T. Beauregard, uno de sus principales generales.
Bobby Horton nos dejó esta interpretación.

En el ya clásico Songs of the Civil War (1961), de Capitol Records, Tennessee Ernie Ford nos brindó esta versión.

Y, para terminar esta serie dedicada a la Guerra de Secesión, he elegido uno de los temas del maestro del fiddle John Hartford, fallecido en 2001. En esta grabación de The Secesh (Shiloh), que inyecta alegría en vena, vais a escuchar su clogging característico, esa forma de baile folk que consiste en marcar el ritmo con los zapatos. El título hace referencia a la batalla de Shiloh, que tuvo lugar en 1862 en Tennessee. La letra es muy sencilla: el soldado coge su petate y el rifle, y se dirige a Shiloh, donde le aguarda su destino.

En fin, espero que hayáis disfrutado de esta selección de música e historia que comencé el pasado 13 de enero. Yo me lo he pasado muy bien, la verdad, y ahora voy a buscar una nueva batalla. ¿Nos alistamos juntos?