Las primeras grabaciones de Elvis Presley

my happiness
Un entonces desconocido joven de 18 años, Elvis Aaron Presley, se dirigió el 18 de julio de 1953 a la sede de los estudios de Sun Records en Memphis (Tennessee). Aunque no lo sabía, estaba destinado a cambiar radicalmente el rumbo de la música de la segunda mitad del siglo XX.
Según solía contar, su intención había sido grabar un disco, pagado por él mismo, para dárselo a su madre como regalo de cumpleaños, algo que refutan algunos historiadores, ya que parece ser que, a la sazón, la familia Presley no tenía tocadiscos y, además, el cumpleaños de la madre había sido en abril. Según estos arqueólogos de la música, a Elvis no le faltaba ambición y acudió a Sun Records con la esperanza de ser descubierto por el todopoderoso Sam Phillips, que tres años antes había fundado el estudio. Sea como fuere, el disco que grabó se convirtió en toda una pieza de coleccionista.
Cuando llegó allí, fue recibido por la asistente personal de Sam Phillips, Marion Keisker, que pasaría a la historia como la primera que registró la voz de Elvis. Después de que éste le entregara sus cuatro dólares, procedieron a la grabación del disco de acetato. En la cara A, el genio grabó My Happiness, una canción cuya melodía se cree que data de 1933 y escrita por un hijo de inmigrantes italianos, Borney Bergantine. El tema no se publicó hasta 1948, cuando Betty Peterson Blasco le añadió la letra con la que hoy la conocemos, y que habla de un tipo que desea estar junto a su enamorada porque ésta le da la felicidad.
En la otra cara del disco, de 78 rpm, aparecía That’s Where Your Heartaches Begin, un tema escrito en 1937 por Fred Fisher, William Raskin y Billy Hill que pasó casi despercibido hasta que Elvis lo inmortalizó (lo grabó en varias ocasiones). La letra habla de los peligros de presentar a tu amigo a tu amada, porque puede que acabe robándotela y te quedes sin novia y sin amigo.
Quizá porque no tenía tocadiscos, Elvis fue a escucharlo a casa de su amigo del instituto Ed Leek, que sí lo tenía y que, probablemente, fue quien le prestó el dinero para la grabación, y el disco se quedó allí. Leek llegó a un acuerdo en 1989 con Shelby Singleton, el empresario que compró Sun Records a Phillips, para editarlo en CD y en cinta, aunque siguió custodiando el original hasta su muerte en 2010. Su familia lo subastó en 2015 y el comprador, Jack White, productor y antiguo miembro de The White Stripes, encargó al conservador del Salón de la Fama de la Música Country que lo digitalizara.
Escuchemos la grabación de Elvis de My Happiness.

No fue la del rey del rock la versión más conocida, sino la que vamos a escuchar ahora, obra de Connie Francis de 1958.

Vamos ahora con la cara B de este disco, That’s when your heartaches begin.

Una de sus primeras grabaciones fue en 1941 la de The Ink Spots, uno de los grupos favoritos de Elvis Presley.

¿Bailamos el vals?

waltz

Los inicios del country estuvieron muy ligados a los llamados barn dances o bailes del granero, así que no es de extrañar que sus artífices adaptaran un tipo de baile de salón de profunda raigambre en Europa, de donde procedían los antepasados de gran parte de los pioneros de country. Me refiero al vals, que abandonó entonces su carácter “aristocrático” y se popularizó en la música hillbilly. Escuchemos algunas muestras.

Empezamos con uno instrumental. Parece que sus orígenes están en una composición polaca de nombre Pitala Sie Pani, que fue descubierta por los americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Desde ahí la llevaron a Estados Unidos, donde la rebautizaron como Westphalia Waltz en honor a una ciudad de Texas. La grabación más importante fue la de Hank Thompson en 1955.

Willie Nelson homenajeó a Lefty Frizzell, el primero en grabar esta canción, Mom and Dad’s Waltz, en To Lefty from Willie (1977).

Volvemos a los valses instrumentales, cuyo protagonismo suele recaer en el violín o fiddle. Georgiana Moon –también conocida como Dreamy Georgiana Moon– fue compuesta en 1935 por Clayton McMichen, aunque la verdad es que no tuvo mucho éxito comercial (injustamente a mi parecer). Tal como dijo un desilusionado McMichen años después, “es una de las más bellas melodías que he escrito nunca. Pensábamos que nos haríamos ricos con ella. No vendimos suficiente ni para pagar la primera edición. Me dieron unos 75 u 80 centavos por escribirla”. Escuchemos la interpretación de Silver and Strings.

Seguimos en la parte instrumental, pero ahora con otro instrumento. Escuchad cómo suena la mandolina en el siguiente vals, Down Home Waltz.

El valle de Shenandoah es un valle de Virginia al que Clyde Moody, apodado el “rey del vals hillbilly“, dedicó un vals. Escuchemos Shenandoah Waltz en la versión de Ernest Tubb.

El violista folk canadiense Andy De Jarlis es el responsable de esta versión de Starlight Waltz.

Goodnight Waltz es un vals tocado a la guitarra por Chet Atkins y Doc Watson. Aparece en el álbum Reflections (1980).

Y termino por hoy recordando los temas relacionados con el vals que ya hemos escuchado aquí:

De Waltz across Texas hemos escuchado la original de Ernest Tubb y la versión de Willie Nelson. Por no repetir, vamos ahora con la de Waylon Jennings, que pertenece a su álbum Music Man (1980).

Ahora, dos valses dedicados cada uno a sendos estados esenciales para el country, Tennessee y Kentucky. Primero Kentucky Waltz, escrito por Bill Monroe en 1946. En su día ya escuchamos la versión original, de modo que hoy pincharemos la que hizo Eddy Arnold en 1951.

Os dejo con la grabación de Patsy Cline del clásico Tennessee Waltz, grabado originalmente en 1950 por Patti Page y compuesto por Redd Stewart y Pee Wee King.

En 1959 lo versionó Connie Francis.

 

Jeannie Seely, una fiel seguidora del Opry

jeannie seely

Marilyn Jeanne Seely nació en Pennsylvania en 1940. Su interés por la música procedía de sus padres: él tocaba el banjo y ella era cantante aficionada, por lo que desde muy pequeña se acostumbró a escuchar el Grand Ole Opry en casa.

Su primer trabajo relacionado con la música fue como compositora en el sello 4 Star Records, famoso por haber descubierto a Patsy Cline. En California conoció a quien sería su marido, que le convenció de que se instalara en Nashville para proseguir su carrera. En 1965 llegó a la meca de la música country y su primera grabación, Don’t Touch Me, se convirtió en un éxito que le valió un Grammy y la invitación formal a formar parte del Opry. Dos años después ingresó en esa institución –el pasado mes de septiembre se celebró un concierto en su honor para festejar sus 50 años, un hito que solo han conseguido dos mujeres más, Loretta Lynn y Connie Francis–. En 1969 fichó por Decca Records. Su popularidad no paraba de crecer y multitud de artistas grababan sus canciones.

Hoy, Seely sigue residiendo en Nashville y continúa en activo, aunque ya no con la visibilidad de antaño. El pasado mes de enero sacó el álbum Written in Song.

Os dejo con su canción más conocida, Don’t Touch Me. El tema había sido escrito por su marido Hank Cochran, autor de clásicos del sonido Nashville como I Fall to Pieces de Patsy Cline o Make the World Go Away de Eddy Arnold (ambas escuchadas aquí). En un primer momento Buck Owens se mostró interesado en grabarla pero Cochran se la ofreció primero a su mujer, ya que consideraba que era más adecuada para una voz femenina. La grabación data de 1966.

Ese mismo año Wilma Burgess hizo su propia versión.

Tammy Wynette la incluyó en su disco de debut Your Good Girl’s Gonna Go Bad (1967).

Lorrie Morgan en War Paint (1994).

Por último, escuchemos a George Jones en It Don’t Get Any Better than This (1998).

Una cinta amarilla en el viejo roble

tie ayellow ribbon
La canción de hoy bebe de la tradición oral. Durante la Guerra de Secesión, las mujeres solían ponerse un lazo o una cinta amarilla en el pelo como muestra de fidelidad a sus maridos en el frente. La costumbre, importada probablemente de Inglaterra, inspiraría, por ejemplo, la película de John Ford La legión invencible (She wore a yellow ribbon, 1950), con John Wayne. The Andrews Sisters, un dúo muy popular alejado del country en los años 40, grabó She wore a yellow ribbon. Escuchémosla.

La canción que vamos a escuchar ahora es posterior. Tie a Yellow Ribbon Round the Ole Oak Tree llegó al número 1 en casi todos los países angloparlantes, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. En 1971 el periodista Peter Hamill, del New York Post, anticipó una historia sobre esta tradición y cuando, en 1973, apareció la canción compuesta por Irwine Levine y L. Russell Brown, el periodista les puso una demanda por plagio, ya que la letra era muy similar a su historia. No prosperó, ya que había versiones anteriores con la misma trama.
El tema habla de un ex convicto que, al salir de prisión, se dirige a su hogar en autobús. Le dice a su mujer que la señal para saber que le acepta de nuevo es que ate una cinta amarilla en el viejo roble (si no la ve, se olvidará de todo y se echará la culpa a sí mismo). Cuando llega a su destino, para su sorpresa, hay atadas un centenar de cintas en el viejo roble.
El éxito de la canción hizo que el gesto que describe se utilizara en la vida real: por ejemplo, en la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Irán, como muestra del clamor popular para que fueran liberados, o, más recientemente, en las protestas que hubo en Hong Kong a favor de la democracia en 2014.
La primera versión es la de Tony Orlando & Dawn, en estilo pop. Tony Orlando estaba a punto de retirarse cuando le sonrieron la fortuna y la fama gracias a este clásico. En la grabación también cantan Telma Hopkins y Joyce Vincent Wilson.

Aunque no surgió como una canción country, su éxito hizo que el mismo año fuera grabada por Johnny Carver, que lleva retirado desde la década de los 70.

Connie Francis también se quiso subir al carro y grabó una canción-respuesta, The Answer, narrada desde el punto de vista de la mujer que se pregunta si debería poner una cinta amarilla en el viejo roble.

Blue, Blue Day. Don Gibson, 1958

blue blue day
La canción que os propongo hoy responde a la idea que solemos tener del country tradicional. Blue, Blue Day fue un tema escrito por Don Gibson que él mismo interpretó y que constituyó su segundo gran éxito de 1958. El primero, Oh, Lonesome Me, dio título al disco en el que aparecía Blue, Blue Day, y ya lo escuchamos en la entrada correspondiente a su reseña biográfica.
En esta canción sucede algo bastante común en los éxitos de country: aunque su ritmo es alegre, la letra describe la tristeza del narrador ante el abandono de su pareja (“Ha sido un día triste, me apetece huir de todo, me apetece llorar, me apetece morir, no puedo fingir que al sentarme no me lamento, ¿qué puedo hacer?”).
Escuchemos la versión original de Don Gibson, que se mantuvo tres semanas como número 1 en las postrimerías del verano de 1958.

Goldie Hill Smith la versionó en Goldie Sings Again (1967), aunque en mi opinión no tiene la calidad del original (ni de las otras versiones que vamos a escuchar).

Hank Williams Jr. y Connie Francis la cantaron a dúo en 1964 en su álbum Sing Great Country Favorites.

Roy Orbison la incluyó en Roy Orbison Sings Don Gibson (1967).

The Kendalls la revitalizaron en 1989.

Escuchemos ahora a Anne Murray en su álbum Country Croonin’ (2002).