Detroit City. Danny Hill y Mel Tillis, 1963

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La ciudad que mejor simboliza (o simbolizaba) la industrialización americana es Detroit, antítesis de las zonas rurales y agrícolas donde se fraguó el country. De esa antinomia nace esta canción.
Su fondo es la nostalgia que siente un trabajador de Detroit por los paisajes sureños, un cálido lamento por los campos de algodón y los seres queridos. Su primer verso –I wanna go home–, con el que muchos la conocen también, lo dice todo. El protagonista escribe cartas a su casa aparentando que todo va bien, pero, al final, reconoce que después de tantos años ha estado perdiendo el tiempo, se traga su estúpido orgullo y vuelve a casa.
El primero que le puso voz fue Billy Grammer, pero la versión más conocida es la de Bobby Bare de 1963, que llegó al número 1 en Noruega y Suecia y alcanzó gran popularidad durante el verano de 1963 en Estados Unidos, hasta el punto de alzarse con el Grammy a la mejor grabación country en 1964.
Escuchemos a este artista en un concierto en Oslo.

Jerry Lee Lewis versionó este gran éxito en su disco de 1965 Country Songs for City Folks.

Y os dejo, de postre, con otra gran versión, esta vez de George Jones, que nos abandonó el año pasado. La grabación corresponde a su disco Hits I Missed… and One I didn’t (2005)

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Lefty Frizzell, una guitarra hecha a medida

Lefty-Frizzell William Orville Frizzell, más conocido como Lefty Frizzell, nació en Texas en 1928. Su niñez y adolescencia transcurrieron en Arkansas. Gran admirador de Jimmie Rodgers, se convirtió en un virtuoso de la guitarra y hasta rivalizó en los honky-tonks con el mismísimo Hank Williams, con quien se semejó, además, en su vida turbulenta. Lo llamaban Lefty desde sus años de escuela, cuando derribó a un compañero con la mano izquierda. A los 19, fue acusado de violar a una menor y pasó unos meses en la cárcel, lo que no afectó a su carrera, ya que, al salir, firmó un contrato con la Columbia y varias de sus grabaciones alcanzaron lo más alto de las listas. En 1950 empezó a actuar en el Grand Ole Opry. Sin embargo, su excesiva afición a la bebida hizo que, a partir de finales de esa década, su carrera y su salud se resintieran. Siguió trabajando incansablemente, aunque con menor éxito, hasta el año de su muerte, 1975, a causa de un derrame cerebral. Su influencia en estrellas del country posteriores –como Merle Haggard, George Jones o Willie Nelson– fue enorme, y su hermano menor David, nacido en 1941, siguió sus pasos y aún hoy se encuentra en activo. Su guitarra, una Gibson J-200 de 1949 hecha especialmente para él por Paul Bigsby, era una auténtica prolongación de su sensibilidad y sus manos. Durante un tiempo, se conservó en el Salón de la Fama de la música country, y actualmente pertenece a la colección particular de la familia Frizzell. Una de sus mejores interpretaciones es Long black veil (1959), producida por Don Law, editada por Columbia Records, y escrita por Danny Hill y Marijohn Wilkin, que, además, tocaba el piano en la grabación original. La canción llegó al puesto 6 de las listas de country, y raro es el artista que no la ha grabado desde entonces. Así, nos encontramos con las versiones de Johnny Cash junto con Joni Mitchell, Sammi Smith, Emmylou Harris, Joan Baez, David Allan Coe o, más recientemente, en 2006, Bruce Springsteen. Con la historia que nos cuenta, se podría hacer una novela… o una película de humor negro: en una noche oscura se comete un asesinato, y se inicia la investigación pertinente para detener al culpable. La justicia procede interrogando al protagonista de la canción, a quien considera sospechoso. Aunque él no ha sido, se niega a presentar una coartada porque estaba con la mujer de su mejor amigo y prefiere morir a traicionarla. Finalmente, es ajusticiado, su amante presencia la ejecución y visita su tumba con un largo velo negro (de ahí el título). Y todo con tal de no descubrir su secreto…