Crónica de sucesos: Tom Dooley

tom dooley
Las letras de la música folk se basan en gran parte en anécdotas reales, algunas de ellas un tanto escabrosas, como esta que vamos a escuchar hoy.
La historia alcanzó un tremendo eco en su época, finales del siglo XIX. En 1866, un año después de que terminara la Guerra de Secesión, un asesinato –que hoy catalogaríamos como de violencia de género– sacudió a Carolina del Norte. Un veterano confederado, Tom Dula (pronunciado Dooley por la población sureña, al igual que dicen Grand Ole Opry en lugar de Grand Ole Opera), fue acusado de matar a su prometida Laura Foster.
Ahorcado por el crimen, no está muy claro que fuera él el responsable, ya que, a la vez, era amante de una prima de Laura, Ann Melton, y es posible que él la encubriera, pero que fuera ella quien matara a su prima por celos.
Una tonada popular recreó esta historia, y hoy vamos a escuchar varias versiones de la misma, comenzando por la más antigua, de 1929, cantada por Grayson y Whitter.

Avanzamos 10 años y nos encontramos con la versión de Frank Poffitt.

Un grupo que inició su andadura en California, The Kingstron Trio, consiguió su mayor éxito con esta melodía. En 1958, editaron Tom Dooley con una breve introducción recitada en un disco publicado por Capitol Records.

Doc Watson hizo su propia versión en 1964 con un dulce sabor bluegrass. El disco, también llamado Doc Watson, fue editado por Vanguard Records.

La canción cruzó el charco, y, para demostrarlo, aquí tenéis la versión en alemán de Die Nielsen Brothers.

Oh Susana, no llores más por mí

banjo
Hoy os voy a hablar del banjo, un instrumento sin el cual la música country estaría coja (y también el folk, y el bluegrass). Lo hemos escuchado tímidamente en el teatro musical (Hello, Dolly, La ópera de cuatro cuartos…) o en las primeras grabaciones de jazz, en las que aparecía el banjitar (banjo guitar), como en los discos de Johnny St. Cyr, un jazzista nacido en Nueva Orleans.
Este instrumento de cuerda –de 4, 5 o 6 cuerdas, según el caso– fue utilizado por primera vez por esclavos africanos en Estados Unidos. En el siglo XIX, proliferaban en América espectáculos de juglares (los llamados “hombres orquesta”), con el banjo y el violín –o fiddle– como invitados de honor a esta fiesta. De hecho, la primera noticia que tenemos de su utilización en un escenario fue en la década de 1830 por parte del pionero Sweeney.
Pero, ¿de dónde viene el nombre de banjo? Los etimólogos no se ponen de acuerdo, pero una de las teorías apunta a que podría ser una corrupción de la palabra española bandurria. O sea, que algo nos toca.
Ha habido muchos virtuosos del banjo, pero aquí voy a citar solo a tres de los más importantes: Earl Scuggs, fallecido en 2012, Harry Reser y Eddie Peabody. Escuchemos una grabación del primero de ellos, perteneciente al tema Foggy Mountain Breakdown, que sonó en el festival bluegrass de 1971 de Camp Springs (Carolina del Norte).

Y, después de esta experiencia, hagamos una prueba. Si al sonido del instrumento le añadimos letra, obtenemos un resultado tan satisfactorio como este, que se corresponde con la canción What would you give in exchange for your soul (1935).