La historia de lo invisible

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Hoy empieza la Semana Santa y, como viene siendo habitual en River of Country, os propongo escuchar un tema góspel cada día. Hoy vamos con I Love to Tell the Story, un poema de la misionera británica Katherine Hankey. Durante uno de sus viajes a África, cayó enferma y, en el curso de su larga convalecencia, aprovechó para escribir pasajes sobre la vida de Jesús. Algunos de estos fueron recopilados para crear nuestro tema, al que William G. Fischer –un estadounidense hijo de inmigrantes alemanes que demostró gran habilidad musical desde la infancia (tocaba el órgano y el piano)– se encargó de ponerle música. En la letra, el protagonista afirma que le encanta contar la historia de Jesús y su amor, porque “sé que es verdad y satisface mis anhelos como nada más lo puede hacer”.
Tennessee Ernie Ford hizo un arreglo personal en Sing a Hymn with Me (1960).

Eddy Arnold la incluyó en Faithfully Yours (1963).

Escuchemos a Alan Jackson en su primer álbum de música góspel, Precious Memories (2006).

Al año siguiente la versionó Mark Lowry.

¿Cómo suena este himno en clave bluegrass? Esta versión se la debemos a Shiloh Worship Music (2014).

The Oak Ridge Boys la incluyeron en Rock Of Ages: Hymns & Gospel Favorites (2015).

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I Wanna Play House With You. Cy Coben, 1951

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El compositor de esta canción, Cy Coben, empezó su carrera sin centrarse en ningún género en particular, pero cuando en 1949 viajó a Nashville se dio cuenta de que lo suyo era el country.
A partir de entonces colaboró en mútiples ocasiones con Eddy Arnold, que fue quien grabó, originalmente, esta canción, una emotiva declaración de amor a su pareja. En aquel single, la cara B recogía otra composición del mismo Coben titulada Something Old, Something New.
Escuchemos la versión original de Eddy Arnold, que se mantuvo seis semanas como la más vendida en las listas de country y western.

Hay otra canción de los años 50 que suele confundirse con esta por la semejanza de su título, Baby Let’s Play House, obra de Arthur Gunther de 1954 y uno de los primeros ejemplos de rockabilly. Escuchemos la grabación que hizo Elvis Presley, que contaba a la sazón con 20 años.

Un año antes de su muerte en 1959, la grabó un jovencísimo Buddy Holly, que tenía solo 21 años.

Volvamos al country con la cara B a que he aludido antes, Something Old, Something New, en la que podemos apreciar el uso de la steel guitar.

It’s Been So Long, Darling, 1945

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La primera mitad de los 40 resultó muy fructífera para la carrera de Ernest Tubb. En 1941 saltaba a la fama con Walking the Floor Over You (todo un emblema del honky-tonk que podéis escuchar aquí), dos años más tarde entraba en el Grand Ole Opry y gozó de dos números 1 en la lista de los más vendidos: Soldier’s Last Letter (1944) –también escuchada aquí-y esta que vamos a escuchar, escrita por él mismo.
Haciendo gala de honestidad y sentido del humor, Tubb reconocía que no cantaba especialmente bien. En una entrevista dijo que el 95% de los hombres que escuchaban sus canciones en los bares podrían fácilmente decirle a sus novias: “Yo canto mejor que él”, y probablemente tendrían razón.
La letra nos habla de alguien que después de mucho tiempo regresa exultante a casa con su amada. Aunque no se dice la causa de la larga y forzada separación, es de suponer que es debido a la guerra –estamos en 1945–, lo que acrecentó su popularidad.
Os dejo con la versión original de Ernest Tubb en 1945.

El canadiense afincado en Estados Unidos Hank Snow la incluyó en Country and Western Jamboree (1957).

Con un acompañamiento orquestal, Eddy Arnold la versionó en Let’s Make Memories Tonight (1961).

La versión de un joven Glen Campbell en Too late to worry… too blue to cry (1963) bebe, como la anterior, del sonido Nashville.

Una de las mejores versiones fue la de Loretta Lynn en su álbum I Like’em Country (1966).

Merle Haggard la recuperó años después para The way I am (1980).

Hank Cochran, un compositor muy prolífico

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Nuestro protagonista de hoy nació en 1935. Después de una infancia complicada en la que sufrió diversas enfermedades –los médicos lo desahuciaron más de una vez–, salió adelante gracias, en parte, a la música. Su tío Otis solía llevarlo con él en sus múltiples viajes por la geografía americana y le enseñó a tocar la guitarra, estampa que quizá sirviera de inspiración a Clint Eastwood para su película El aventurero de medianoche.
A los 24 años decidió buscar fortuna en el country. Desde su Misisipi natal viajó a Nashville en autoestop y el azar quiso que conociera a otro de los mejores compositores que ha dado el country, Harlan Howard.
Con él escribió I Fall to Pieces –ya escuchada aquí, interpretada por Patsy Cline– y, desde entonces, su nombre empezó a sonar con fuerza en el panorama. A finales del mismo año, 1960, compuso uno de sus mayores éxitos en solitario, Make the World Go Away –también escuchada aquí–, la canción más recordada de Eddy Arnold. George Strait, Merle Haggard, Ronnie Milsap o Mickey Gilley fueron algunos de los cantantes que grabaron sus canciones, y su intervención fue decisiva, además, para convencer a los jefes de su sello de que contrataran como compositor a Willie Nelson. Murió en 2010. En 2014 entró a título póstumo en el Salón de la Fama de la música country.

Aunque su faceta como compositor fue lo más destacable de su carrera, también interpretó sus propias canciones y sacó algunos discos. Escuchemos su primer single y, a la vez, su mejor posición en las listas, si bien se quedó en un discreto vigésimo puesto. Sally was a good old girl (1962) es una animada canción en la que el narrador recuerda a su primer amor, a la que define como una buena chica. El tema fue escrito por su amigo Harlan Howard y Cochran lo incluyó en Going on Training (1965).

Ahora, Buck Owens en su disco On the Bandstand (1963).

Waylon Jennings la versionó en su álbum de debut, JDs (1964).

Veamos esta interpretación de Roy Clark en la televisión en 1969.

Y ahora que está a punto de cumplirse el primer aniversario de su muerte, termino con Fats Domino, que la grabó en clave rock en 1968.

Cindy Walker, la decana de las compositores country

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Cindy Walker nació en 1918 –el mes pasado habría cumplido 100 años– en una localidad de Texas. Desde niña estuvo en contacto con la música: su madre era pianista y su abuelo componía música para la iglesia. Si a esa “herencia” le añadimos su afición por la poesía, no es de extrañar que se dedicara a escribir canciones.

Los inicios de su carrera tuvieron mucho que ver con su valentía. Cuando tenía poco más de 20 años, fue a Los Ángeles acompañando a sus padres y, según sus palabras, “decidí que si alguna vez iba a Hollywood, le iba a intentar enseñar a Bing Crosby una canción que había escrito para él. Mi padre dijo: ‘Estás loca, chica’, pero paró el coche”. El hermano de Bing, Larry, mánager del crooner, accedió a escucharla y pensó que aquel debía cantarla. El sello de Crosby, Decca Records, le ofreció un contrato a la joven Cindy y allí se quedó los siguientes trece años.

Sus composiciones han sido grabadas por artistas de todas las épocas: Bob Wills, Gene Autry, Roy Orbison, Eddy Arnold, Ray Charles, Ernest Tubb o Jim Reeves, entre otros. Cuando entró en el Salón de la Fama de la música country, recordó: “Mi madre me dio este vestido y me dijo: ‘Este es el que quiero que lleves cuando entres en el Salón de la Fama’. Yo le dije: ‘Mamá, eso nunca pasará'”. Al final, ingresó en 1997 (su madre, que tanto le había ayudado en su carrera, no pudo verlo).

Su canción más famosa, You Don’t Know Me (1955), ha gozado de más de 50 versiones (aquí podéis ver la entrada que le dediqué). Walker murió en 2006, pocos días después de que Willie Nelson sacara un disco en su homenaje, You Don’t Know Me: The Songs of Cindy Walker. Aunque fundamente destacó como compositora, vamos a escuchar su mayor éxito como cantante. When My Blue Moon Turns to Gold Again llegó al número 5 de las listas en 1944, y curiosamente no la escribió ella, sino Wiley Walker y Gene Sullivan en 1940. En la nostálgica letra, la narradora recuerda con afecto los momentos felices de su relación y confía en poder reavivarlos de nuevo. Así, “su luna triste se convertirá otra vez en oro”.

Un forajido de leyenda

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Ríos de tinta (y de celuloide) han corrido sobre la figura de Jesse James, uno de los más emblemáticos ladrones de bancos y trenes que haya existido nunca.

Hijo de un predicador que falleció cuando Jesse era niño, en su juventud luchó en la Guerra de Secesión en el bando confederado –era oriundo de un estado sudista, Missouri–, después de que su granja fuera brutalmente atacada por las tropas de la Unión. Resultó herido hacia el final de la misma y, tras la derrota de los suyos, se asoció con su hermano mayor, Frank, que moriría por causas naturales a los 72 años, y empezó su vida de forajido.

Después de unos años de clandestinidad, un nuevo miembro entró en su banda. Se llamaba Robert Ford, y fue el hombre que lo traicionó y mató en abril de 1882, cuando su mentor tenía 34 años y el judas 20. Este moriría, a su vez, en 1892, asesinado en un saloon de Colorado. Hasta aquí el breve resumen de la vida de Jesse James. El folk, como no podía ser menos, también ha tenido que decir algo al respecto. Aunque no se conoce con certeza cuándo fue compuesta, probablemente a finales del siglo XIX, Jesse James –también conocida como The Ballad of Jesse James– fue el homenaje de la música a la figura de este bandolero que, gracias a un periodista con el que trabó amistad, empezó a ser considerado por el pueblo como una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres (algo que, según los historiadores, no es más que una mera leyenda). La primera grabación que se conserva de este tema es la de 1919 de Bentley Ball. En 1924, Buscom Lamar Lunsford le siguió los pasos. El tema apareció en 1939 en la escena final de la película Tierra de audaces, de Henry King, sobre la vida de Jesse James.

Escuchemos la versión de Woody Guthrie (1944).

El escocés Lonnie Donegan, el artista británico de mayor éxito antes de Los Beatles, hizo su propia versión en 1956.

Eddy Arnold la incluyó en su álbum Thereby Hangs a Tale (1959).

The Kingston Trio nos brindó esta interpretación en Close Up dos años después.

Este clásico se suele tocar en clave bluegrass. La versión más conocida dentro de este estilo es la de The Country Gentlemen en 1968.

El gran Johnny Cash la grabó en 1979 para su álbum The legend of Jesse James, aparecido el año siguiente.

Y, para terminar, Ry Cooder, que nos ofreció este instrumental para la banda sonora de The Long Riders (1980).

 

Centenario de Eddy Arnold

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Tal día como hoy, el 15 de mayo de hace 100 años nacía en una pequeña localidad de Tennessee Richard Edward Arnold, que se daría a conocer como Eddy Arnold, “the Tennessee Plowboy” (“el arador de Tennessee”, lógicamente un juego de palabras con “the Tennesssee Playboy”), apodo que se ganó en su juventud por su pericia como granjero.

Para profundizar más en su vida podéis consultar, aquí, la reseña biográfica que le dediqué en su día. No podemos subestimar la influencia de Eddy en la música country y en el mundo del entretenimiento en general. A lo largo de su carrera, alcanzó nada menos que 28 números 1 y su voz suave, unida a las agradables orquestaciones de sus canciones, difundió el country entre un público muy numeroso. Los empresarios siempre estuvieron encantados con él, ya que tenía el don de llenar las salas de conciertos.

A diferencia de otros hijos de su generación, el éxito lo acompañó hasta muy avanzada su edad, aunque los años 50 y 60 fueron su época dorada. Murió días antes de cumplir los 90, y el New York Times lo recordó con estas palabras: “Eddy Arnold, el crooner que convirtió el country en una música elegante y vendió más de 85 millones de discos en siete décadas, murió el jueves. Tenía 89 años”.

Su primer single fue Please Mommy Stay Home With Me (1944), con una letra moralizante propia de su tiempo. Una madre deja a su hijo pequeño solo en casa para ir a una fiesta, a pesar de que éste le insiste en que se quede en casa con él. Cuando vuelve, su hijo ha enfermado y, finalmente, muere. Ahora ella se arrepiente de haberse ido para “satisfacer su malvada vanidad”. En la última estrofa, el narrador advierte a las madres de que no descuiden su deber.

Uno de sus temas más conocidos fue I’ll Hold You in my Heart (Till I Can Hold You in My Arms), que ya hemos escuchado aquí. Un muchacho promete abrazar a su pareja con el corazón hasta que pueda hacerlo con sus brazos. El tema, de 1947, se mantuvo nada menos que 21 semanas en el número 1, un récord que comparte con otras tres canciones (I’m Moving On, de Hank Snow; la versión de Webb Pierce de In the Jailhouse Now, de Jimmie Rodgers; y Cruise, de Florida Georgia Line en 2013 (claro que esta última lo tuvo más fácil porque ahora cuentan también las descargas digitales). Os dejo con Eddy Arnold.

Otra de sus canciones de cabecera fue Tennessee Stud, obra de Jimmy Driftwood de 1959. La grabación de Arnold le valió una nominacion a los Grammy ese año. La letra habla de un viajero que cabalga en un semental de Tennessee y por el camino se encuentra con una chica que tiene una yegua procedente del mismo estado. Lógicamente, él se enamora de la chica y el caballo de la yegua.

En River of Country también os he hablado de Make the World Go Away (aquí podéis ver la entrada). Su grabación, en 1965, constituyó un acabado ejemplo del sonido Nashville, tan en boga entonces. El protagonista le pide a su pareja que le siga amando; así, será tan feliz que tendrá la sensación de que “desaparece el mundo”.

Escuchemos Turn the World Around (1967), compuesta por Ben Peters. En ella, el narrador pide perdón a su amada tras una pelea y le asegura que enmendará sus errores.

Su último single fue To Life, un tema nostálgico en el que el narrador echa la vista atrás y agradece la vida que ha llevado. Pertenece a su disco After All These Years (2005).

Cincuenta años después

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Tal día como hoy, hace 50 años, se grabó la canción que vamos a escuchar en esta entrada. Me refiero a Honey, escrita por Bobby Russell y popularizada por Bobby Goldsboro.

Desde luego, fue uno de los temas más escuchados en 1968; y una de las razones de su éxito fue un hecho fortuito. Cuando el single llevaba poco más de un mes en el mercado, mataron a Martin Luther King y, por una extraña asociación de ideas –la canción habla de la muerte de la persona amada cuando esta todavía es joven–, el tema subió como la espuma y se instaló en el número 1 durante cinco semanas consecutivas.

Es cierto que no le faltan detractores: en algunas listas de “las peores canciones” –por ejemplo, en la de la CNN de 2006 o en la de Rolling Stone de 2011– ocupa un lugar destacado por su almibaramiento. En la letra, el narrador evoca varias anécdotas anodinas relacionadas con su joven y difunta esposa, a la que se refiere como “un poco tonta y un poco lista” y a la que recuerda cuando ve el árbol que ella misma plantó al inicio de su relación.

El primero en grabarla fue Bob Shane, de The Kingston Trio.

Vamos ahora con la versión más conocida de la canción y de cuya grabación se cumplen 50 años. Bobby Goldsboro, percibiendo su potencial lacrimógeno, se apresuró a grabarla solo una semana después con una producción algo más elaborada, y la convirtió en un éxito, el mayor de su carrera.

Su éxito hizo que gozara de multitud de versiones. Escuchemos algunas de ellas. Eddy Arnold en Romantic World of Eddy Arnold (1968).

Roger Miller la incluyó en A tender Look of Love (1968).

John D. Loudermilk la grabó para Country Love Songs Plain and Simply Sung (1968).

Jack Greene en Love Takes Care of Me (1969).

En la versión de Tammy Wynette se cambió levemente la letra para que la pudiera cantar desde el punto de vista de la mujer fallecida. La incluyó en su álbum Divorce (1968).

Escuchemos, por último, la interpretación de su autor, Bobby Russell.

 

Jeannie Seely, una fiel seguidora del Opry

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Marilyn Jeanne Seely nació en Pennsylvania en 1940. Su interés por la música procedía de sus padres: él tocaba el banjo y ella era cantante aficionada, por lo que desde muy pequeña se acostumbró a escuchar el Grand Ole Opry en casa.

Su primer trabajo relacionado con la música fue como compositora en el sello 4 Star Records, famoso por haber descubierto a Patsy Cline. En California conoció a quien sería su marido, que le convenció de que se instalara en Nashville para proseguir su carrera. En 1965 llegó a la meca de la música country y su primera grabación, Don’t Touch Me, se convirtió en un éxito que le valió un Grammy y la invitación formal a formar parte del Opry. Dos años después ingresó en esa institución –el pasado mes de septiembre se celebró un concierto en su honor para festejar sus 50 años, un hito que solo han conseguido dos mujeres más, Loretta Lynn y Connie Francis–. En 1969 fichó por Decca Records. Su popularidad no paraba de crecer y multitud de artistas grababan sus canciones.

Hoy, Seely sigue residiendo en Nashville y continúa en activo, aunque ya no con la visibilidad de antaño. El pasado mes de enero sacó el álbum Written in Song.

Os dejo con su canción más conocida, Don’t Touch Me. El tema había sido escrito por su marido Hank Cochran, autor de clásicos del sonido Nashville como I Fall to Pieces de Patsy Cline o Make the World Go Away de Eddy Arnold (ambas escuchadas aquí). En un primer momento Buck Owens se mostró interesado en grabarla pero Cochran se la ofreció primero a su mujer, ya que consideraba que era más adecuada para una voz femenina. La grabación data de 1966.

Ese mismo año Wilma Burgess hizo su propia versión.

Tammy Wynette la incluyó en su disco de debut Your Good Girl’s Gonna Go Bad (1967).

Lorrie Morgan en War Paint (1994).

Por último, escuchemos a George Jones en It Don’t Get Any Better than This (1998).

Merle Travis, el trovador de las minas

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Merle Robert Travis nació en un pueblo minero de Kentucky en 1917. Su infancia le inspiraría algunos de sus éxitos más sonados, como Sixteen Tons o Dark as a Dungeon. De familia pobre, ni siquiera pudo comprarse una guitarra, por lo que aprendió a tocarla con una que le hizo su hermano. Su estilo asombraba a todo el mundo y, a los 20 años, era ya toda una institución en el mundo del folk, cuando el country ni siquiera se llamaba country. Sin ir más lejos, Chet Atkins era un devoto admirador suyo.

Tras un breve lapso en el que sirvió como marine durante la Segunda Guerra Mundial, reanudó su carrera y alcanzó entonces sus mayores éxitos: Divorce Me C.O.D., No Vacancy (ya escuchada aquí) o So Round, So Firm, So Fully Packed, que escucharemos luego.

Otro de sus grandes éxitos fue Sixteen Tons, cuya popularidad se la debemos, sin embargo, a la versión de Tennessee Ernie Ford de 1955. Su carácter pionero se afianza si recordamos que uno de los primeros LPs o discos de larga duración en la historia del country fue suyo, Folk Songs of the Hills (1947).

En 1953 Travis apareció en la película De aquí a la eternidad interpretando su éxito Re-enlistment Blues. En 1970 entró en el Salón de la Fama de los Compositores de Nashville y siete años después en el de la Música Country. Falleció en 1983 de un ataque al corazón.

Entre su numerosa producción, vamos a escuchar su segundo single en alcanzar el primer puesto de las listas. Merle Travis escribió So Round, So Firm, So Fully Packed en 1947 con la colaboración de Cliffie Stone y Eddie Kirk. El narrador se inspira en varios eslóganes publicitarios para alabar a su chica. Así, “tan redondos, tan firmes, tan perfectamente empaquetados” hace referencia a un anuncio de Lucky Strike y, cuando dice “simplemente pregunta al hombre que posee una”, se refiere a otro anuncio de los automóviles Packard. “Tiene una pausa tan refrescante” alude, a su vez, a un anuncio de Coca-Cola de los años 40. Esta es la versión original de Merle Travis de 1947.

A ese mismo año pertenecen las dos versiones que vamos a escuchar ahora. La primera es obra de Johnny Bond.

Os dejo con la de Ernest Tubb.

Eddy Arnold la grabó en dos ocasiones, en 1954 y dos años después. Escuchemos esta última.