Calypso. John Denver, 1975

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La canción que vamos a escuchar hoy se encuentra a medio camino entre el folk y el country. Fue escrita por John Denver en homenaje a su amigo el científico francés Jean-Jacques Yves Cousteau, con quien compartía su pasión por la naturaleza.

Cousteau realizaba sus investigaciones oceanográficas a bordo del Calypso, un barco que el filántropo británico Loel Guinness le cedió para sus trabajos. Y, aprovechando que hay un estilo musical llamado Calypso, muy popular en el Caribe y América del Sur, y cuya seña de identidad son los tambores metálicos, Denver incorporó el sonido de unas campanas que recuerdan ese ritmo.

La canción se comercializó en 1975 junto con el single I’m sorry (que ya hemos escuchado aquí). La letra discurre sobre lo importante que es vivir siendo conscientes de la naturaleza que nos rodea y de todo lo que esta nos puede enseñar. También hay una referencia a The Silent World, título con el que se estrenó en Estados Unidos el documental de Cousteau Le monde du silence (1956).

John Denver incluyó el tema en su álbum Windsong (1975).

Hal Ketchum, cantante y pintor a tiempo parcial

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En 1953 nacía en Nueva York Hal Michael Ketchum. Allí despuntó como intérprete de rhythm and blues, aunque lo suyo era el country. A punto de cumplir 30 años, se trasladó a Texas, una tierra mucho más propicia para triunfar en este estilo.

Su álbum de debut, Threadbare Alibis, apareció en 1986, pero la popularidad no le tocaría hasta que se desplazara a Nashville. Allí firmó un contrato con Curb Records, sello en el que vio la luz su mayor éxito comercial, Past the Point of Rescue. Al año siguiente publicó su siguiente álbum, Sure Love, que, junto con el éxito alcanzado por Every Little Word, le valieron que el Grand Ole Opry le abriera sus puertas como miembro en 1994. Por si fuera poco, en 2002 expuso su obra pictórica en una muestra en Santa Fe (Nuevo México), confirmando que es un artista multidisciplinar. Su último trabajo, I’m the Trobadour, apareció en octubre de 2014.

Vamos con uno sus primeros singles, Past the Point of Rescue, de su álbum homónimo de 1991. Compuesto por el irlandés Mick Hanly, habla de un tipo que desea que su pareja vuelva a su lado para librarle de su desesperación, pero, en el fondo, duda de que a esas alturas pueda ser rescatado. Os dejo con la versión de Hal Ketchum.

Unos años antes la cantante irlandesa Mary Black había alcanzado visibilidad internacional con su álbum No Frontiers (1989), en el que grabó esta canción.

El grupo Dixie Chicks hizo lo propio en Little Ol’ Cowgirl (1992).

Termino con dos versiones folk. En la primera, John Wright se acompaña del fiddle en un directo en Vredenburg (Países Bajos).

Celtic Thunder, un grupo irlandés fundado en 2007, también la ha versionado.

 

Del McCoury, el amplificador del bluegrass

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Cuando nuestro protagonista nació en 1939, el presidente de Estados Unidos era Franklin Delano Roosevelt, y, ni cortos ni perezosos, los padres de Del McCoury le plantaron a su hijo el nombre de Delano. En su juventud, su hermano lo introdujo en la música de Flatt & Scruggs y aprendió a tocar el banjo, por lo que sus inclinaciones se orientaron pronto al bluegrass.

A principios de los 60 debutó en el Grand Ole Opry de la mano de otro de los grandes, Bill Monroe. Inmediatamente después empezó su carrera en solitario, primero con el efímero grupo Golden State Boys y luego con The Dixie Pals. En los 80, sus hijos comenzaron a trabajar con él y de este modo se formó The Del McCoury Band, que hasta la fecha ha obtenido dos Grammys: en 2005 por The Company We Keep y en 2014 por The Streets of Baltimore. En 2011, su impagable contribución a la música bluegrass le valió entrar en su Salón de la Fama. A sus 78 años, Del McCoury se mantiene muy activo en el mundillo, con conciertos y periódicas actuaciones en el festival de música bluegrass que él mismo fundó en 2008, el Del Fest.

Uno de sus mejores trabajos es su álbum titulado Del and The Boys (2001). Escuchemos el tema con el que se abre, 1952 Vincent Black Lightning, un tema que había sido compuesto diez años antes por el británico Richard Thompson. El título hace referencia a una marca de motocicletas muy populares a principios de los 50, y la historia que cuenta no puede ser más sencilla. En esta balada folk, un chico cae herido mortalmente por la policía tras intentar un robo a mano armada, y antes de fallecer le da las llaves de su motocicleta, su bien más preciado, a su novia.

Os dejo ahora con la versión original del autor, uno de los máximos representantes del folk-rock británico. La incluyó en su disco Rumor and Sigh (1991).

Robert Earl Keen revitalizó este tema en su reciente disco Happy Prisoner (2015).

La canción de la penitenciaría

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Hoy os voy a hablar de una canción folk interpretada por un músico de blues con una curiosa historia detrás.
El músico atiende al nombre de Huddie William Ledbetter, más conocido como Leadbelly, nacido en Louisiana en 1889. En su juventud, sorteó más de una vez las rejas por su carácter pendenciero. Al fin, en 1918 fue encarcelado por primera vez, acusado de asesinato. No llegó a cumplir íntegramente su pena, tanto por su buena conducta como porque, según cuenta la leyenda, el entonces gobernador de Texas lo indultó merced a la admiración que profesaba a su música. Pocos años después, en 1930, y en su Louisiana natal, pasó otra temporada a la sombra, esta vez por intento de homicidio.
Allí, los folkloristas John y su hijo Adam Lomax, que como en la película Un rostro en la multitud iban recorriendo prisiones a la caza de talentos locales, lo descubrieron. Fue entonces cuando entró en escena la canción que vamos a escuchar, Goodnight Irene, que Leadbelly cantó para ellos y que, en cierto modo, lo salvó por segunda vez de su condena (los Lomax recomendaron al gobernador su libertad, que ellos mismos supervisarían, y Leadbelly llegó a ser su chófer), si bien la razón oficial fue de nuevo su buen comportamiento.
Se cree que el tema fue compuesto a finales del siglo XIX por Gussie L. Davis. Leadbelly la aprendió de sus tíos, y, en cualquier caso, fue él quien la grabó por primera vez y reescribió su letra, de modo que se suele considerar de su autoría. A esta grabación seguirían otras como Cotton Fields, Midnight Special o In the Pines, todas ellas escuchadas en River of Country. Goodnight Irene es una canción de amor en la que el protagonista asegura que no dudaría en quitarse la vida si su mujer lo dejara.
Escuchemos, en primer lugar, la original de Huddie Ledbetter Leadbelly, en una de sus múltiples grabaciones, esta de 1935.

Tras la muerte de Leadbelly, el grupo folk The Weavers, del que formaba parte el legendario Pete Seeger, recuperó el tema en 1950.

Frank Sinatra la incluyó en su repertorio ese mismo año, siendo uno de los pocos temas folk que grabó en su vida.

Dos estrellas del country, Ernest Tubb y Red Foley, hicieron su propia versión también en 1950.

Uno de los grandes exponentes del sonido Nashville, Jim Reeves, la grabó en Girls I Have Known (1958).

Esta es la versión del grupo folk más famoso de los años 60, Peter, Paul and Mary.

Johnny Cash la incluyó en The Original Sun Sound of Johnny Cash (1964).

Sirva esta versión como homenaje a Leon Russell, fallecido el pasado 13 de noviembre. Su versión pertenece al disco Hank Wilson’s Back (1973).

Ry Cooder, acompañado al acordeón por Flaco Jiménez, la grabó para su Chicken Skin Music (1976).

Por último, os dejo con Boxcar Willie en Boxcar´s Best (1997).

Jimmy Driftwood, el profesor que componía canciones

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James Corbitt Morris nació en Arkansas en 1907. Su padre era cantante de folk, y aprendió a tocar la guitarra en el instrumento casero de su abuelo. Aun así, orientó su carrera profesional a la enseñanza y se hizo maestro, compaginando sus dos pasiones: la enseñanza y la música. Empezó a componer canciones, fundamentalmente de temática histórica, para suscitar el interés de sus alumnos por esta disciplina.
Uno de sus temas más recordados abordaba, por ejemplo, la batalla de Nueva Orleans -en 1814 la recién creada nación americana luchó contra los británicos, que intentaban recuperar el territorio perdido treinta años antes-. Editada en 1959, había sido escrita en 1936. Aquí podéis ver la entrada que dediqué a este clásico y escuchar la icónica versión de Johnny Horton, que la popularizó.
Prolífico autor, Driftwood escribió unas 1.000 canciones, de las que se conservan unas 300. Lo cierto es que no se dedicó en serio a la música -era una mera herramienta para apoyar su labor docente- hasta los 50 años. Fue entonces cuando un editor de Tennessee se fijó en él y le ofreció un contrato discográfico. Su popularidad llegó a tales extremos, que lo invitaron a cantar ante Nikita Kruschev en su histórica visita a EE.UU. de 1959, de la que el soviético se llevó un recuerdo de la música tradicional americana. Sus canciones fueron grabadas por Eddy Arnold, Johnny Cash o Hawkshaw Hawkins, entre otros. Murió a los 91 años en su Arkansas natal.
He had a long chain on, grabada en 1960, se inspira en una historia que le contaron. Durante la Guerra de Secesión, algunos hombres de Arkansas se negaron a luchar y fueron encarcelados por desertores. En aquel entonces los prisioneros eran encadenados con grilletes. Pues bien, uno de ellos consiguió escapar, y la canción relata cómo fue a pedir comida a la granja de un lugareño y este no se la negó. Nos encontramos ante una crítica a las condiciones inhumanas de los presidiarios: “No parecía un atracador, no parecía un ladrón, su voz era suave como la luz de la luna, un rostro lleno de pena y dolor”. Está disponible en el recopilatorio Americana, que Bear Family Records sacó en 1998, pocos meses después de su muerte. Escuchémosla.

Uno de los mejores grupos de folk de los años 60, Peter, Paul and Mary, nos regaló esta versión en In the Wind (1963).

Robert Earl Keen, Jr. la actualizó en su álbum What I Really Mean (2005).

Becky Buller, una violinista de bluegrass nominada en la pasada edición de los International Bluegrass Awards, la interpretó con su grupo.

Un músico en la corte del rey Gustavo

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Esta mañana nos sorprendía la noticia de que el premio Nobel de Literatura recaía, por primera vez, en un compositor y cantautor, Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, por “haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de la canción americana”. No podía ser una decisión más acertada, pues el Comité Nobel reconoce la importancia de la letra de las canciones, algo sobre lo que siempre he hecho hincapié desde esta humilde tribuna, River of Country.
Este reconocimiento se viene a sumar a los que Dylan ha cosechado en sus más de 50 años de carrera, jalonados por cerca de 80 discos (el último, Fallen Angels, apareció en mayo de este año): 11 Grammys, un Globo de Oro, un Oscar, el Pulitzer, miembro del Salón de la Fama de Compositores, la medalla de EE.UU. de la libertad otorgada por Obama… Tampoco era un extraño en el paraíso sueco: en 2000 fue merecedor en ese país del Polar Music Prize, el llamado Nobel de la Música.
Aunque su nombre llevaba años sonando entre los candidados, el hecho de que no escribiera novelas o ensayos, sino canciones, hacía que la consecución del premio no pareciera muy probable.
Pionero del rock and roll y maestro del folk, en temas como Like a Rolling Stone, Blowing in the Wind o A Hard Rain’s a-Gonna Fall está muy presente el componente de crítica social. Sin embargo, el versátil Dylan se ha bandeado bien en todos los estilos (blues, gospel, rockabilly e incluso pequeñas incursiones en el jazz en su último disco).
La música country jugó un papel decisivo en los inicios de su carrera. Durante su infancia era oyente habitual de emisoras locales de country, lo que lo llevó a interesarse también por el folk. En su recopilatorio Biograph (1985), que incluía una entrevista con Cameron Crowe, decía: “El rock and roll para mí no era suficiente. Había grandes frases pegadizas y ritmos atrayentes pero las canciones no eran serias ni reflejaban la vida de una forma realista. Esto cambió cuando conocí la música folk. Las canciones tienen más desesperación, más tristeza, más triunfo, más fe en lo sobrenatural y sentimientos más profundos”.
Los grandes clásicos del country comparten con el folk esta verdad, y Dylan se lanzó de cabeza al género. Sin más, vamos a escuchar algunas de sus canciones country más significativas. A lo largo de su discografía, encontramos tres discos fundamentalmente country: John Wesley Harding (1967), Nashville Skyline (1969) y New morning (1970).
Del primero de ellos, escuchemos I’ll Be your Baby Tonight, en el que destaca el uso de la pedal steel guitar, uno de los instrumentos country por antonomasia.

El siguiente trabajo de Dylan, también para la Columbia, fue Nashville Skyline, una inmersión en toda regla en el country –el disco fue presentado en el programa de Johnny Cash–. Una de sus canciones más recordadas, Lay, Lady, Lay, iba a aparecer en la película Cowboy de medianoche, pero no llegó a tiempo para el montaje. Se trata de una bella canción de amor en la que el narrador se prepara para pasar una noche de pasión junto a su pareja: “Cualesquiera colores que tengas en la mente, yo te los mostraré y los verás brillar”.

Escuchemos ahora una de las tomas eliminadas del disco, One more night. El narrador habla de su soledad después su reciente ruptura y admite con resignación que “una noche más, se ven las estrellas y la luna brilla pero ninguna luz brillará sobre mí”.

If not for you pertenece a New Morning (1970). El protagonista enumera todo lo que le debe a su pareja: “Si no fuera por ti la lluvia se acumularía, el cielo caería y el invierno no tendría primavera”.

Por último, escuchemos You Ain’t Going Nowhere, incluida en Greatest Hits Vol. II (1971) pero escrita con anterioridad, coincidiendo con el festival de Woodstock de 1967. La canción aparece en la banda sonora de I’m Not There (2007), de Todd Haynes. La letra habla de la futilidad de la vida, repleta de hechos anecdóticos que no conducen a ninguna parte.

La ceremonia de entrega, presidida por el rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo, tendrá lugar el próximo 10 de diciembre.

Fare Thee Well Love. The Rankin Family, 1992

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Hoy escucharemos extractos de un disco de música folk que fue decisivo para la carrera de los canadienses The Rankin Family. Fue su segundo trabajo, y, en un principio, lo editaron de forma independiente en 1990. La popularidad que alcanzaron en Canadá los puso en la órbita de Capitol Records, que reeditaría el disco dos años más tarde. Su importancia radica en la revitalización de la música celta (luego escucharemos una canción en gaélico).
La canción que lo abre lleva por título Orangedale Whistle. Fue compuesta por uno de los miembros del grupo, Jimmy Rankin, que actualmente prosigue su carrera en solitario.

También obra de Rankin, escuchemos ahora el tema que da título al disco, Fare Thee Well Love, en el que el narrador se despide de su amada. El single tuvo un considerable éxito en Canadá.

En el disco hay cabida para canciones tradicionales de autor desconocido, como esta Fair and Tender Ladies, que ya era conocida en tiempos inmemoriales en la región de los Apalaches con el título de Tiny Sparrow.

Este último tema ha tenido multitud de versiones. Escuchemos la de Anita Carter en 1962.

Vamos con otro tema de raíz tradicional –este cantado íntegramente en gaélico–, An T Each Ruadh (El caballo rojo).

Gillis Mountain fue escrita por Raylene Rankin en recuerdo de una montaña de su región natal de Canadá, Nova Scotia.

Grandpa Jones, el virtuoso del banjo

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Louis Marshall Jones nació en Kentucky en 1913 en una familia de músicos: su padre tocaba el fiddle y su madre era cantante. Su carrera comenzó a principios de los años 30 y ya en 1935 consiguió un contrato en una radio local. Fue entonces cuando empezó a utilizar el sobrenombre Grandpa (Abuelo), porque un compañero suyo le decía en broma que se levantaba muy gruñón por las mañanas.
A principios de los 40, empezó a trabajar en el sello King Records, pero tuvo que interrumpir su carrera para alistarse en la Segunda Guerra Mundial. A la vuelta siguió grabando para ellos y empezó a actuar en el Grand Ole Opry. En 1978 entró en el Salón de la Fama de la Música Country, e intervino regularmente en el Opry hasta su muerte a los 84 años.
Mountain Dew es un tema folk escrito por Bascom Lamar Lunsford en 1928. Unos años después, en 1935, su amigo Scotty Wiseman modificó un poco la letra original, y el resultado final le gustó tanto al primero que le vendió la canción, si bien Wiseman se ocupó personalmente de que Lunsford percibiera el 50% de los derechos.
El tal Lunsford ejercía como abogado en Carolina del Norte. Eran los años de la prohibición, y muchos de los casos que atendía tenían que ver con su destilación ilegal. Esa fue la inspiración para escribir Mountain Dew, que habla de un hueco en un árbol en el que “puedes poner un dólar o dos, pero cuando vuelves encuentras una jarra llena de rocío de la montaña”. La canción ensalza las bondades de este licor: “El predicador vino muy preocupado porque su mujer había tenido la gripe y quería que le vendiera un poco de ese rocío de la montaña”, “mi tía se compró un nuevo perfume y, para su sorpresa, cuando lo analizó, no era más que rocío de la montaña”, “mi tío es bajo pero se cree un gigante cuando le das una pinta de rocío de la montaña”. Grandpa Jones la grabó en 1947. Os dejo con él.

Este tema se ha convertido en un estándar del bluegrass, y The Stanley Brothers, maestros de este género, nos regalaron la siguiente versión.

Willie Nelson la grabó para su álbum The Willie Way (1972).

Los hermanos pioneros

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El country de los primeros años –la música hillbilly– experimentó un salto cuantitativo cuando, hacia mediados del siglo pasado, surgió el bluegrass (ver entrada 30 de enero de 2014). En el proceso que desembocó en el nacimiento de este estilo fueron decisivos los hermanos Monroe, que grabaron juntos entre 1936 y 1938.
Eran tres: Birch, Charlie y Bill. Al principio –desde los años 20; Bill, el más joven, se sumó en 1929– actuaban juntos; pero en 1932 el mayor, Birch, abandonó la música. Charlie y Bill se hicieron un nombre en las radios locales de la época, lo que suscitó el interés de la RCA, que los contrató en 1936 a través de su marca Bluebird Records. Hasta 1938 desplegaron una considerable energía: grabaron nada menos que 60 canciones. Luego, a principios de 1938 cada uno siguió su propio camino: Charlie fundó el grupo The Kentucky Pardners, y Bill otro llamado The Kentuckians, de corta vida.
No obstante, Bill llegaría a ser, con diferencia, el más conocido de los dos –sería apodado el padre de la música bluegrass–, y, a principios de los 40, se asoció con los Bluegrass Boys y siguió grabando con la RCA.
Escuchemos ya algunas de las primeras grabaciones de los hermanos Monroe.
New River Train pertenece a la primera sesión de grabación de los hermanos en Charlotte, Carolina del Norte, en febrero de 1936. El protagonista, harto de que su pareja tenga tantos amantes, regresa a su hogar en el tren New River.

Seguimos con la misma sesión de grabación. In My Dear Old Southern Home, como su propio nombre indica, evoca la niñez del narrador en el sur.

En octubre de ese mismo año grabaron The Forgotten Soldier Boy. La letra habla de un veterano de la Gran Guerra que se reincorpora a la vida civil y no encuentra sitio para él (“nos dijeron que cuando volviéramos seríamos los héroes de la tierra, pero cuando volvimos nadie nos ayudaba”).

Dos grabaciones más de octubre de 1936. La primera es The Old Crossroad, que insiste en que solo hay un camino para la puerta dorada que da acceso al cielo.

La segunda es otra canción góspel, My Saviour’s Train. El alma de un fallecido se dirige a casa en el tren del Salvador para reinar junto a Cristo.

Termino con una canción grabada en agosto de 1937 también en Charlotte, Carolina del Norte, titulada Sinner You Better Get Ready.

Destinado a la Gloria

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Hoy os voy a hablar de una película biográfica sobre Woody Guthrie, quizá el icono del folk más importante del siglo XX. La cinta lleva por título Bound for Glory y en España se estrenó utilizando el título de su canción más conocida, Esta tierra es mi tierra (ver entrada 10 abril).
Dirigida por Hal Ashby en 1976, la protagonizó David Carradine y consiguió dos Oscars de la Academia. Está basada en el libro homónimo de Woody Guthrie, escrito en 1943 a instancias del musicólogo Alan Lomax, que fue uno de los que más hizo por lanzarle a la fama. Cuenta unos pocos años de su vida, entre principios y finales de los años 30. Comienza cuando ya estaba casado (lo hizo en 1931) y termina cuando va camino de Nueva York en 1940, momento en que empieza a ser realmente conocido.
Guthrie nació en Oklahoma en 1912. Sufrió en sus carnes la Gran Depresión, subrayada por la feroz sequía que asoló su región natal durante la década de los 30. Como tantos naturales de Oklahoma y de otros lugares del centro de Estados Unidos, se vio obligado a emigrar a California para ganarse la vida. Gran parte del metraje ahonda en las vicisitudes a las que tuvo que hacer frente en esa odisea y presenta un concienzudo retrato de los personajes con los que se va encontrando. Radicado en Los Ángeles entre 1937 y 1939, trabajaría en una radio local, la KFVD, con su compañero Maxine Crissman, apodado Lefty Lou.
Escuchemos ya algunas canciones de su banda sonora. La cinta se abre con California Blues, en la que el autor expresa su deseo de ir a California porque allí “el agua sabe a vino de cerezas”.

Tom Joad le fue inspirada por la novela de Steinbeck Las uvas de la ira (1939).

En I Ain’t Got No Home, habla de una carencia común a todos “okies”, como eran llamados los emigrantes, procedentes en su mayor parte de Oklahoma: la ausencia de hogar.

Talking Dust Bowl Blues es un recitado acompañado por una guitarra, en el que Woody cuenta las peripecias de un viaje a California en un desvencijado coche. Una vez allí, comprende que no tiene nada de tierra prometida, ya que ni siquiera hay comida suficiente para todos.

Hard Travelin’ relata la dureza de los trabajos que ha desempeñado el narrador a lo largo de su viaje: cosechar, apilar heno, segar trigo o picar piedra.