Una noche histórica

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Hoy voy a dar cuenta de la 28ª edición los premios de la asociación internacional de bluegrass, que tuvieron lugar el pasado 28 de septiembre en Raleigh (Carolina del Norte).

Lo más destacado de esta edición fue que, tras más de un cuarto de siglo, una mujer, Molly Tuttle, obtuvo el premio a la mejor guitarrista bluegrass. Nacida en California hace 24 años, Tuttle lleva prácticamente la mitad de su vida dedicada a la música. Su padre, profesor, le enseñó a tocar la guitarra, y a los 11 años ya estaba actuando por ahí.

Como ejemplo de su trabajo, escuchemos Good Enough, de su disco Rise, aparecido en junio.

El palmarés quedó como sigue:

Artista del año: Earls of Leicester. El grupo, cuyo último trabajo lleva por título Rattle & Roar (2016), consigue este premio por tercer año consecutivo.

Grupo vocal del año: Flatt Lonesome. Triunfaron ya en esta categoría el año pasado. Su último disco ha sido Runaway Train (2015).

Grupo instrumental del año: Michael Cleveland y Flamekeeper.

Canción del año: I am a Drifter de Volume Five. Obra de Donna Ulisse y Marc Rossi, pertenece al disco Drifter (2016).

Álbum del año: Balsam Range, Mountain Voodoo. Balsam Range, grupo fundado en 2007, no es nuevo en la plaza del bluegrass: en 2014 recibieron ya los premios de Artista del Año y Grupo Vocal del Año.

Vocalista femenina del año: Brooke Aldridge.

Vocalista masculino del año: Shawn Camp.

Artista emergente del año: Volume Five.

Grabación gospel del año: I Found a Church Today, de los Gibson Brothers.

Grabación instrumental del año: Fiddler’s Dream de Michael Cleveland.

Acontecimiento grabado del año: I’ve Gotta Get a Message to You, de Bobby Osborne, Sierra Hull, Alison Brown, Rob Ickes, Stuart Duncan, Trey Hensley, Todd Phillips, Kenny Malone, Claire Lynch y Brian McDowell. Se trata de una nueva versión bluegrass de un tema popularizado por los Bee Gees en 1968.

En 2017 se cumplen 50 años de la aparición de la canción más conocida de The Osborne Brothers, Rocky Top (ya escuchada aquí). Por ello, la asociación del bluegrass invitó a ambos hermanos –de 79 y 85 años, respectivamente– a interpretarla en la gala. Escuchémosles acompañados de los músicos anteriormente citados.

Intérprete de banjo del año: Noam Pikelny.

Intérprete de bajo del año: Alan Bartram.

Intérprete de dobro del año: Josh Swift.

Intérprete de fiddle del año: Patrick McIvinue.

Intérprete de guitarra del año: Molly Tuttle.

Intérprete de mandolina del año: Sierra Hull.

 

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Una aflicción interminable

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Ayer Cristo fue crucificado y mañana resucitará pero hoy, ay, los cristianos se sienten huérfanos y perdidos, ya que Dios no está…

He tratado de que la canción de hoy fuera la más apropiada para este día. El tema, Lost Soul, se encuentra a medio camino entre el bluegrass y el góspel, y se lo debemos a Doc Watson y su familia.

A principios de los años 60 se dio una revitalización de la música folk americana. Ralph Rinzler y Jeff Place, dos musicólogos de Folkways Records, se pusieron en contacto con Watson para que este grabara una colección de temas tradicionales utilizando el banjo y el fiddle. Entre ellos, este Lost Soul, que aparecería en el disco The Watson Family (1963). El mismo sello lo reeditaría en 1990 en formato CD, con varias pistas adicionales grabadas en los 70.

El tono es tan sombrío, que los responsables de una película de terror, Beneath, la incluyeron en su banda sonora, lo único bueno de la cinta junto con el The End. La letra presenta un tétrico panorama el día del juicio final, cuando “todos nosotros, pecadores, partiremos a una aflicción interminable”. El narrador se arrepiente de su vida, pero sabe que es demasiado tarde: “Aunque pido ayuda, es en vano porque estoy condenado para siempre. Si pudiera revivir todos los años pasados, los dedicaría a la causa de mi Salvador, pero nunca más volverán a mí”. Cada verso es repetido como si fuera un eco, para darle mayor gravedad al asunto. Alegría no le falta…

Vamos ya con este clásico del bluegrass, interpretado por Doc Watson y su familia.

¡Sea crucificado!

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Hoy, Viernes Santo, se recuerda el día de la crucifixión de Cristo. Según la tradición cristiana, Jesús ofreció su sangre por nosotros, así que abordaremos una canción góspel que habla precisamente de eso –de la sangre–, y de cómo, metafóricamente, hemos de lavarnos en ella para salir purificados.

El tema que vamos a escuchar, publicado originariamente en 1878, lleva por título Are You Washed in the Blood?, y es obra de Elisha A. Hoffman, uno de los más prolíficos autores de canciones religiosas de todos los tiempos, hasta el punto que de su pluma salieron unos 2.000 himnos de esta naturaleza.

La letra concatena una serie de preguntas que abundan en la necesidad de tener siempre presente la sangre del Cordero: “¿Has ido a Jesús en busca de su poder purificador?, ¿te has lavado en la sangre del Cordero?, ¿están tus vestiduras sin mancha?, ¿están blancas como la nieve?”. Se han hecho multitud de versiones de este tema, las más conocidas en clave de bluegrass. Escuchemos algunas de ellas.

Carl Story, el conocido como “padre de la música góspel bluegrass”, y su grupo, The Rambling Mountaineers, la grabaron, y su trabajo apareció en un recopilatorio que comprendía sus obras entre 1942 y 1952.

Uno de los primeros grupos de bluegrass fue The Foggy Mountain Quartet. Aquí interpretan la canción con Earl Scruggs a la guitarra.

The Statler Brothers en Oh Happy Day (1969).

En un recopilatorio con las grabaciones de Red Allen entre 1962 y 1983 figuraba también este tema. Frank Wakefield, ¡nada menos!, es quien le acompaña a la mandolina.

Veamos una interpretación en directo de los Shenandoah Cut Ups en 1971.

Willie Nelson hizo su versión en Old Time Religion (1992).

The Charlie Daniels Band imprimió una gran energía a esta versión, aparecida en How Sweet The Sound: 25 Favorite Hymns and Gospel Favorites (2001).

Alan Jackson la incluyó en su disco Karaoke (2007).

Veamos a los Kings Highway en una actuación en el festival bluegrass de Jerusalem Ridge en 2008. El grupo está compuesto por Mark Hargis a la mandolina, Mike Fulkerson al banjo, Kevin Bowlds al fiddle y Byron Oost al contrabajo.

El dúo Joey + Rory la incluyó en Inspired: Songs of Faith and Family (2013).

La versión de Randy Travis aparece en Hymns: 17 Timeless Songs of Faith (2014).

Por último, una versión coral obra del Antrim Mennonite Choir, que salió en el disco Amazing Grace.

 

Un amigo que comparte todas nuestras penas

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Con motivo de la celebración de la Pascua os ofreceré cada día clásicos del góspel que, a fuerza de versiones, se han hecho un hueco en este género.

Hoy, Jueves Santo, cuando conmemoramos la Última Cena, escucharemos What a friend we have in Jesus, uno de los temas góspel más conocidos. Su origen demuestra que de la sucesión de tragedias pueden salir los poemas más hermosos, y digo poemas porque el germen de esta canción fueron unos versos de Joseph M. Scriven, un poeta irlandés de familia acomodada cuya novia se ahogó accidentalmente el día antes de la boda.

Scriven emigró entonces a Canadá, donde se refugió en la religión para sobrellevar su pérdida. Unos años más tarde, la tragedia le visitó de nuevo. Próximo a casarse con su prometida Eliza Roche, esta contrajo neumonía y murió como consecuencia de ella. En 1855, le llegaron noticias de que su madre, todavía en Irlanda, se encontraba gravemente enferma y, a modo de consuelo, le escribió un poema, que luego se convertiría en nuestro What a Friend we have in Jesus.

En un principio, no lo publicó y no fue hasta diez años más tarde que se supo que era suyo. En este himno religioso escuchamos: “Cuánta paz nos perdemos, cuánto dolor innecesario soportamos, solo porque no llevamos todo a Dios en oración”. El poeta se pregunta también: “¿Podremos encontrar un amigo tan fiel que comparta todas nuestras penas?” Los últimos años de la vida de Scriven estuvieron marcados por problemas de salud y fuertes depresiones, hasta su muerte en 1866… también ahogado (no se sabe si por accidente o se suicidó). Poco después de su muerte el poema llegó a oídos de un abogado y compositor de Massachussetts, Charles Crozat Converse, quien decidió ponerle música.

Tennessee Ernie Ford la grabó en Sings from his Book of Favorite Hymns (1962).

Escuchemos a Glen Campbell para Favorite Hymns (1989).

Willie Nelson en How Great Thou Art (1996).

Alan Jackson la incluyó en Precious Memories (2006).

Brad Paisley hizo una versión instrumental a la guitarra en Play (2008).

El único álbum góspel de Ronnie Milsap hasta la fecha es Then Sings My Soul (2009). Escuchemos su versión.

El tema también ha sido traducido a diversas lenguas y, en particular, en Asia goza de cierta popularidad. Escuchemos la versión en japonés, traducida como Itsukushimi Fukaki.

Termino con otra versión exótica, esta en hindi. Sunil Solomon canta Yeshu Kaisa Dost Piara.

Crece la familia del Salón de la Fama

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Uno de los mayores honores en la música country es ser nombrado miembro de su Salón de la Fama. El pasado 5 de abril se anunció la terna agraciada de este año, que se sumará a los 130 nombres que ya forman parte de él, desde que abriera sus puertas en 1961. El encargado del anuncio fue Vince Gill, miembro desde 2007. ¿Quiénes protagonizarán la ceremonia de ingreso de este otoño? A saber:

Jerry Reed (cuya biografía podéis ver aquí) es el único miembro de este año ya fallecido –en 2008–. Chet Atkins, nada menos, solía referirse a él como el mejor guitarrista del mundo. También hizo sus pinitos en la gran pantalla, sobre todo en películas de carácter comercial junto a Burt Reynolds.

The Unbelievable Guitar and Voice of Jerry Reed (1967) fue el primer disco de este guitarrista. A él pertenece Guitar Man, sobre un tipo que deja su trabajo en un taller para tocar la guitarra en distintos puntos de la geografía estadounidense. El éxito le da la espalda hasta que triunfa en un club de Alabama.

Años más tarde, la grabó Elvis Presley, insistiendo en que Jerry tocara la guitarra.

Se suele decir que “lo bueno de la música country es que siempre cuenta una historia”. Pues bien, el siguiente miembro del Salón de la Fama contribuye a que así sea. Me refiero al compositor Don Schlitz, autor de la letra de temas tan memorables como The Gambler –cantada por Kenny Rogers y uno de los primeros temas que escribió–, Forever and Ever, Amen –popularizada por Randy Travis– o When You Say Nothing At All, grabada por Keith Whitley y Alison Krauss. En Nashville, hay un coqueto café, el Bluebird, con actuaciones country en directo, en el que se considera todo un honor salir al escenario. Don Schlitz fue un habitual casi desde el comienzo.

Midnight Girl in a Sunset Town (1986) fue escrita por Schlitz para el dúo country Sweetheart of the Rodeo, que la grabaría en su álbum de debut. Su protagonista es una chica que vive en una ciudad provinciana que no colma sus inquietudes. Esta “chica de medianoche en una ciudad crepuscular” reza para llegar a ser alguien en la gran ciudad.

Pero el rostro más conocido de este año es Alan Jackson, de 58 años, quien entra en el Salón de la Fama en la categoría de Era Moderna. Su trayectoria es apabullante: más de 20 álbumes –desde que se diera a conocer con Here in the Real World–, más de 60 millones de discos vendidos en sus 27 años de carrera profesional y canciones tan emblemáticas como Chattahoochee o Midnight in Montgomery. También es miembro del Grand Ole Opry y ha hecho incursiones en el gospel y el bluegrass.

Escuchemos Freight Train, de su álbum homónimo de 2010. Escrita por el compositor canadiense Fred Eaglesmith, el narrador confiesa querer ser un tren de mercancías para llegar rápidamente al lugar donde vive su novia.

River of Country os desea Feliz Navidad

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Un año más han llegado las fiestas navideñas. Y qué mejor que celebrarlo con el clásico del gospel Amen, amen, de ambiente navideño.
Ignoramos su fecha de composición, pero no así su primera grabación, obra de The Wings of Jordan Choir de 1949. Sin embargo, el tema no alcanzaría todo su potencial hasta más de una década más tarde, cuando el actor y compositor Jared Hairston –que falleció a los 98 años– tomó la melodía e hizo un arreglo para la banda sonora de Los lirios del valle (1963), en la que Sidney Poitier interpretaba este espiritual negro.
Era la época de los derechos civiles, por lo que el momento no pudo ser más apropiado, convirtiéndose en un éxito instantáneo. La letra cuenta la historia del nacimiento de Jesús según el relato bíblico, que va intercalando con la invocación “Amen”. De este modo, se nos presenta a Jesús en el pesebre un día de Navidad, en el templo predicando a los sabios y ancianos, en el Jordán donde bautizaba Juan, sumando discípulos a la orilla del mar o rezando a su Padre en el jardín.
Como decía, Sidney Poitier la popularizó en Los Lirios del valle (1963). Escuchemos la versión de su banda sonora.

Ese mismo año Harry Belafonte la incluyó en Streets I have Walked.

Curtis Mayfield, que se había sumado al grupo The Impressions, escuchó la versión de Poitier, y le gustó tanto que no pudo resistirse a interpretarla él mismo. Fue todo un éxito en 1964.

La versión de Johnny Cash pertenece a Orange Blosson Special (1965).

Ottis Redding en The immortal Otis Redding (1968).

La Atlanta Symphony Orchestra fue fundada en 1945. En un concierto para celebrar su 25 aniversario interpretaron este clásico del gospel navideño.

Vamos ahora con una versión instrumental debida a Floyd Cramer, el pianista que daría forma al sonido Nashville. Corresponde al disco Sounds of Sunday (1973).

Larnelle Harris la incluyó en Christmas Carols for the Young Messiah (1995).

¡Feliz Navidad y que disfrutéis de estas fiestas!

Un músico en la corte del rey Gustavo

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Esta mañana nos sorprendía la noticia de que el premio Nobel de Literatura recaía, por primera vez, en un compositor y cantautor, Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, por “haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de la canción americana”. No podía ser una decisión más acertada, pues el Comité Nobel reconoce la importancia de la letra de las canciones, algo sobre lo que siempre he hecho hincapié desde esta humilde tribuna, River of Country.
Este reconocimiento se viene a sumar a los que Dylan ha cosechado en sus más de 50 años de carrera, jalonados por cerca de 80 discos (el último, Fallen Angels, apareció en mayo de este año): 11 Grammys, un Globo de Oro, un Oscar, el Pulitzer, miembro del Salón de la Fama de Compositores, la medalla de EE.UU. de la libertad otorgada por Obama… Tampoco era un extraño en el paraíso sueco: en 2000 fue merecedor en ese país del Polar Music Prize, el llamado Nobel de la Música.
Aunque su nombre llevaba años sonando entre los candidados, el hecho de que no escribiera novelas o ensayos, sino canciones, hacía que la consecución del premio no pareciera muy probable.
Pionero del rock and roll y maestro del folk, en temas como Like a Rolling Stone, Blowing in the Wind o A Hard Rain’s a-Gonna Fall está muy presente el componente de crítica social. Sin embargo, el versátil Dylan se ha bandeado bien en todos los estilos (blues, gospel, rockabilly e incluso pequeñas incursiones en el jazz en su último disco).
La música country jugó un papel decisivo en los inicios de su carrera. Durante su infancia era oyente habitual de emisoras locales de country, lo que lo llevó a interesarse también por el folk. En su recopilatorio Biograph (1985), que incluía una entrevista con Cameron Crowe, decía: “El rock and roll para mí no era suficiente. Había grandes frases pegadizas y ritmos atrayentes pero las canciones no eran serias ni reflejaban la vida de una forma realista. Esto cambió cuando conocí la música folk. Las canciones tienen más desesperación, más tristeza, más triunfo, más fe en lo sobrenatural y sentimientos más profundos”.
Los grandes clásicos del country comparten con el folk esta verdad, y Dylan se lanzó de cabeza al género. Sin más, vamos a escuchar algunas de sus canciones country más significativas. A lo largo de su discografía, encontramos tres discos fundamentalmente country: John Wesley Harding (1967), Nashville Skyline (1969) y New morning (1970).
Del primero de ellos, escuchemos I’ll Be your Baby Tonight, en el que destaca el uso de la pedal steel guitar, uno de los instrumentos country por antonomasia.

El siguiente trabajo de Dylan, también para la Columbia, fue Nashville Skyline, una inmersión en toda regla en el country –el disco fue presentado en el programa de Johnny Cash–. Una de sus canciones más recordadas, Lay, Lady, Lay, iba a aparecer en la película Cowboy de medianoche, pero no llegó a tiempo para el montaje. Se trata de una bella canción de amor en la que el narrador se prepara para pasar una noche de pasión junto a su pareja: “Cualesquiera colores que tengas en la mente, yo te los mostraré y los verás brillar”.

Escuchemos ahora una de las tomas eliminadas del disco, One more night. El narrador habla de su soledad después su reciente ruptura y admite con resignación que “una noche más, se ven las estrellas y la luna brilla pero ninguna luz brillará sobre mí”.

If not for you pertenece a New Morning (1970). El protagonista enumera todo lo que le debe a su pareja: “Si no fuera por ti la lluvia se acumularía, el cielo caería y el invierno no tendría primavera”.

Por último, escuchemos You Ain’t Going Nowhere, incluida en Greatest Hits Vol. II (1971) pero escrita con anterioridad, coincidiendo con el festival de Woodstock de 1967. La canción aparece en la banda sonora de I’m Not There (2007), de Todd Haynes. La letra habla de la futilidad de la vida, repleta de hechos anecdóticos que no conducen a ninguna parte.

La ceremonia de entrega, presidida por el rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo, tendrá lugar el próximo 10 de diciembre.

Daddy Sang Bass. Carl Perkins, 1968

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Uno de los padres del rockabilly, Carl Perkins, fue el autor de este tema popularizado por Johnny Cash. La canción incorpora partes del estribillo del himno gospel Will the Circle be Unbroken, escrito en 1907 por Ada Habershon (letra) y Charles Gabriel (música). El patriarca de la familia Carter, A.P., se inspiró también en él para Can the Circle Be Unbroken (1935), ya escuchada aquí.
Perkins pidió permiso a los supervivientes de los Carter para utilizar partes de la melodía. En la letra hay una alusión a la vida personal de Cash: cuando este tenía 12 años, su hermano mayor, Jack, falleció por un accidente con una sierra en el molino donde trabajaba (“Yo y mi hermano nos reuniremos allí” (en el cielo). La canción narra la vida de una familia de granjeros cuya única alegría es la música, que les ayuda a sobrellevar su dura existencia. “Papá cantaba con voz de bajo, mamá con voz de tenor, el canto parece ayudar a un alma atribulada”.
Cash fue el primero en grabarla para su álbum The Holy Land (1969) y el single, aparecido el año anterior, fue nominado por la Asociación de la música country al mejor del año. La grabación cuenta con las voces de June Carter y The Statler Brothers.

El propio autor, Carl Perkins, la grabó al año siguiente para su álbum Greatest Hits.

The Statler Brothers la incluyeron en Oh, Happy Day (1969).

Skeeter Davis la versionó en Mary Frances (1969).

Escuchemos a Mel Tillis en Who’s Julie (1969).

Ahora, Glen Campbell en Oh Happy Days (1970).

Connie Smith y Nat Stuckey la cantaron a dúo en Sunday Morning (1970).

La otra I Saw the Light

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Ayer os hablaba de la película biográfica I Saw the Light. Hoy os voy a hablar de la canción que inspira su título, o no exactamente de esa canción, que ya apareció en este blog (aquí podéis revisar la entrada), sino de otra que tiene una melodía muy parecida y en la que, a buen seguro, Hank Williams se inspiró para su clásico. Se trata de He Set Me Free, un tema gospel obra del prolífico compositor Albert E. Brumley de 1939. Brumley, que compuso unas 800 canciones, fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la música gospel, así como del de los Compositores de Nashville.
El autor compara el mundo con una cárcel de la que nos liberará Jesús. “Antes vivía como un pájaro en una prisión, no conseguía liberarme de mi aflicción. Entonces Jesús vino y escuchadme, gloria a Él, me liberó”. Aunque fue escrita en 1939, no fue grabada hasta dos años más tarde por el grupo Chuck Wagon Gang.

Connie Smith la interpretó en su álbum Great Sacred Songs (1966).

Legacy Five, un grupo de gospel sureño compuesto actualmente por Scott Fowler, Scott Howard, Josh Feemster, Matt Fouch y Trey Ivey, la grabaron en 2003.

Los cantantes de gospel Bill y Gloria Gaither, marido y mujer, la interpretaron en directo en 2012, acompañados por toda la congregación de su iglesia.

Ahora, y de la mano de The Bluegrass Church Band, una versión en clave bluegrass.

Escuchemos a otro grupo gospel actual, Covenant Quartet, en una grabación de 2015.

En Familia (III)

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Un año después de las legendarias sesiones de Bristol, de las que os hablé en la anterior entrega, Ralph Peer, entusiasmado con su descubrimiento, convenció a la familia Carter para que fuera a la sede central de la compañía Victor, en Camden, New Jersey. Esa vez, les pagó 75 dólares por canción en lugar de los 50 del año anterior, y grabó con ellos dos días, el 9 y el 10 de mayo de 1928. Hoy hablaremos de algunas de esas canciones, que aparecen en nuestro recopilatorio.
Keep on the Sunny Side fue escrita en 1899 por Ada Blenkhorn y compuesta por J. Howard Entwistle; pero quienes la popularizaron de verdad fueron los Carter. Se trata de una canción religiosa para infundir esperanza: “Hay un lado turbulento y oscuro en la vida pero también un lado soleado. Confía en el Salvador que siempre te tiene a su cuidado”. La inspiración le llegó a Ada Blenkhorn mientras cuidaba de su sobrino, enfermo en una silla de ruedas, que le pedía siempre que le llevara por el lado soleado de la calle. Maybelle Carter reveló que la habían aprendido del tío de A.P Carter, profesor de música. En la tumba de A.P. Carter, fallecido en 1960, hay un disco de oro con esta canción, que el grupo solía utilizar como sintonía para un programa de radio que presentaron desde finales de los años 30. Escuchemos la grabación que volvieron a hacer de este tema en 1936.

John Hardy Was a Desperate Man (o simplemente John Hardy) es una canción folk basada en un hecho real. Este personaje, trabajador del ferrocarril en Virginia Occidental, mató a Thomas Drews una noche de 1893 por 75 centavos en el curso de una pelea de juego. Acusado de asesinato en primer grado, fue condenado a morir en la horca el 19 de enero de 1894, y se dice que en la cárcel se volvió un hombre muy religioso y que fue bautizado el día antes de su ejecución.

River of Jordan es una canción gospel en la que el autor enumera las razones por las que va a cruzar el río Jordán: para comer en la mesa de bienvenida, para cantar en el coro celestial, para ponerse las zapatillas doradas y para sentarse al lado de Jesús.

Cuando en 1993 la discográfica Rounder sacó su primera recopilación con las grabaciones de la familia Carter, escogió como título Anchored in Love (el disco se llamó Anchored in Love: The Complete Victor Recordings). Compuesta por A.P Carter, es también de corte religioso. El narrador se muestra satisfecho de estar “al fin anclado en el amor divino”.