Disco del mes (febrero)

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El 26 de febrero salió a la venta el último disco del veterano Willie Nelson, de 82 años. Summertime: Willie Nelson Sings Gershwin ha sido editado por Legacy Recordings, la discográfica actual del maestro.
No es la primera vez que Nelson nos deleita con su cariño por los estándares del jazz. En 1978 alcanzó gran éxito con su álbum Stardust, que incluía una versión del clásico de Gershwin Someone to watch over me, que también aparece aquí y escucharemos luego.
Cuando en noviembre del pasado año a Willie le dieron el Premio Gershwin, anunció su intención de grabar un disco con algunos de sus temas. Hace unas semanas, el cantante explicaba en un vídeo promocional que no le había resultado nada fácil la selección de 11 canciones, y que tomó como base la recopilación que en su día hizo Frank Sinatra, uno de sus cantantes preferidos.
En el disco podemos disfrutar de dos dúos: uno con Cindi Lauper, Let’s Call the Whole Thing Off, y otro con Sheryl Crow, Embraceable You.
Escuchemos ahora la última pista del álbum y la que le da título, Summertime. Se trata de una composición de 1934 que apareció el año siguiente en la ópera Porgy and Bess, con música de George Gershwin y letra de DuBose Heyward. Parafraseando otra canción de Gershwin, ¿quién podría pedir nada más?

Este es el dúo entre Nelson y Cindi Lauper de Let’s Call the Whole Thing Off, canción compuesta en 1937 para la película Shall We Dance.

Termino con su versión de Somebody to Watch Over Me. Gershwin la compuso con letra de su hermano y colaborador habitual, Ira, para el musical Oh, Kay (1926).

Summertime: Willie Nelson Sings Gershwin en Amazon

Leyenda del country, leyenda del jazz, leyenda del blues…

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La canción que os traigo hoy se propone el “más-difícil-todavía”, y sale airosa del empeño: fusionar tres de los grandes estilos de música del siglo XX.
Jimmie Rodgers, nacido en Meridian –Mississippi– en 1897, supo fusionar a la perfección el country con el blues, y tuvo un relevante papel en el nacimiento del rock and roll, que florecería a los veinte años de su muerte.
Por otra parte, en 1901 nació en Nueva Orleans otra leyenda, Louis Armstrong, que se convirtió por derecho propio en una figura fundamental del jazz.
Pues bien: en el tema de hoy, Standin’ On the Corner, grabado el 16 de julio de 1930, colaboraron estos dos gigantes de la música. Lo escribió Jimmie Rodgers, a la trompeta podemos escuchar a Louis Armstrong, y al piano a la segunda mujer de este, Lili Hardin Armstrong.
Rodgers se hizo famoso gracias a su serie Blue Yodels, y este tema en concreto cierra la serie Blue Yodel number 9. La historia se desarrolla en Memphis, donde un vagabundo “avisa” a un policía que le “agarra del brazo” de que él y los suyos no son bienvenidos.
Escuchemos el original de Jimmie Rodgers.

Muchos años después, en 1970, Louis Armstrong versionó de nuevo este clásico junto con otro de los grandes del country, Johnny Cash, en el programa The Johnny Cash Show.

La crucifixión

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No hay una canción más apropiada para el Viernes Santo que esta que os traigo hoy: Were you there when they crucified my Lord?
No conocemos a su autor, pero sí su fecha de publicación, 1899, en el libro Old Plantation Hymns, de William Eleazar Burton. A lo largo de los años, se ha convertido en un emblema para las Iglesias Evangélicas en general y la Episcopaliana en particular, una rama de la Iglesia Anglicana en Estados Unidos. Por cierto, según el escritor y teólogo americano Howard Thurman, este era uno de los himnos religiosos preferidos de Mahatma Gandhi, a quien tuvo ocasión de entrevistar. Se articula en torno a una serie de preguntas a los fieles, y la respuesta siempre es la misma: “A veces me causa temblor o desazón”.
Escuchemos la versión más conocida, y en mi opinión la mejor: la de Johnny Cash y la familia Carter, que se ocupa de los coros. Se grabó en el disco Ring of fire: The best of Johnny Cash (1963), editado por Columbia Records.

En 1971, Max Roach la vistió con un traje de jazz.

La gran dama del gospel Marion Williams la incluyó en su disco I can’t keep it to myself (1993).

Por último, una sentida versión: la de Stuart Churchill en una grabación de la CBS en 1950.

Ronnie Milsap, el cantante ciego

Ronnie Milsap
El protagonista de hoy nació en Carolina del Norte en 1943. Sufría una enfermedad congénita y se quedó sin visión a temprana edad. Fue educado por sus abuelos –su madre lo había abandonado–, hasta que ingresó en un colegio especial para ciegos, donde estudió música clásica y se especializó en tocar el piano.
Le interesaban todos los estilos: el góspel, el rhythm and blues, el country, el rock and roll…, y, a principios de los años sesenta, se lanzó profesionalmente a la música. Su primer single data de 1963, si bien el éxito le llegó al trasladarse a Nashville. En 1971 salió su primer LP y quiso el azar que conociera a Charley Pride, quien le recomendó para su sello, la RCA de Chet Atkins, con la que firmó un contrato en 1973. Su carrera subió como la espuma –a lo largo de su vida ha tenido 40 números 1, sólo por detrás de George Strait y Conway Twitty–.
En 1975 ganó el primero de sus seis Grammy y, en los ochenta, siguió cosechando éxitos con títulos como She Keeps the Home Fires Burning, In love o Snap your Fingers. En 1993, dejó la RCA para fichar por Liberty Records, donde su éxito no fue ni mucho menos comparable al que había tenido antes. Hoy, sigue en activo y en abril de este año entró en el Salón de la Fama de la Música country.
Su single It was almost like a song (1977) fue el mayor éxito de su carrera. La balada, escrita por Hal David y Archie Jordan, llegó al número 1 de la Billboard. La letra habla sobre la felicidad que experimentó el narrador con un nuevo amor, a quien compara con una canción. Cuando se separan, su corazón roto llora por ella “casi como en una canción”, pero ésta “demasiado triste para escribirla”. Años después, en 1990, Milsap utilizaría este título para su autobiografía.

Dionne Warwick, que interpretó otras composiciones de David, también puso voz a ésta de manera espléndida.

Es una balada lenta que se presta a otros estilos. El cantante de jazz Johnny Hartman nos dejó una versión que el gran Clint Eastwood incluyó en la banda sonora de su película Los puentes de Madison

Escuchemos a Johnny Mathis, esta vez con un estilo más soul.

Kenny Rogers, uno de los artistas country más comerciales

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El texano Kenneth Donald Rogers nació en 1938 en el seno de una familia numerosa (eran 8 hermanos). Su carrera musical empezó a mediados de los años 50 en un grupo de rockabilly, The Scholars; después, pasó por el jazz con la efímera banda The Bobby Doyle Three; y más tarde formó el grupo The First Edition, donde cosechó su primer éxito, Ruby, Don’t Take Your Love to Town (ya escuchado aquí). En 1976, tras la ruptura de la formación, empezó su carrera en solitario e hizo algunas incursiones en el pop, como en Lady, escrita por Lionel Richie. Fue en esta época cuando Rogers sorprendió al público con sus canciones más emblemáticas, como Lucille (un homenaje a su madre), Coward of the County o The Gambler. A finales de los 70, empezó a colaborar con la estrella Dottie West, con quien ejecutó, entre otros, su famoso dúo Everytime Two Fools Collide. También colaboró con Dolly Parton en la magnífica Islands in the Stream (1983), que vendió la nada desdeñable cifra de dos millones de unidades solo en Estados Unidos. En los años 80 y 90, su éxito continuó imparable, y hoy se estima que ha vendido más de 100 millones de discos a lo largo de su carrera.
Otra faceta suya es la de actor: en 1982, interpretó Un paquete con seis, de Daniel Petrie, otro éxito de taquilla, ya que no de crítica. Y la de escritor: en septiembre de 2013, publicó su primera novela, What Are the Chances, escrita junto con Mike Blakely. Ese mismo año entró en el Salón de la Fama de la Música Country.
She believes in me, escrita por Steve Gibbs, fue uno de los grandes éxitos de Kenny Rogers en 1979. Su letra, de tono romántico, se centra en el trabajo nocturno del protagonista, un cantante-compositor a quien la suerte nunca ha sonreído. Su mujer, a pesar de todo, sigue creyendo en él. Os dejo con la versión original de Kenny Rogers.

Dos años después, el cantante André Hazes adaptó la letra al holandés en este Zij gelooft in mij.

La balada ha traspasado las fronteras del country, y el artista irlandés Ronan Keating la versionó para su disco de 2004 Turn It On. El tema fue un verdadero éxito en el mercado británico.

En 2011, Scotty McCreery la interpretó en el programa de televisión American Idol.

El jazz de Nueva Orleans

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Como sabemos, uno de los pilares sobre los que se asienta el country es el jazz. Hoy viajaremos a una de las ciudades con más música en vena de Estados Unidos, Nueva Orleans, donde el jazz dio sus primeros pasos.
Fue aquí donde surgió a principios del siglo XX –antes de que empezara el country– la música Dixieland, también conocida como jazz de Nueva Orleans. El estilo causó furor y fue exportado a Chicago y Nueva York por las grandes orquestas, las llamadas big bands. De la fuente inagotable del jazz bebieron otros estilos musicales: el swing, el rhythm and blues e incluso el rock and roll.
Para comprender mejor la música Dixieland, qué mejor que unos ejemplos…
Quizá la melodía más conocida de este estilo sea When the Saints Go Marching In, un tema de carácter religioso en el que se dice que, cuando los santos vayan marchando, “me quiero encontrar entre ellos”. Esta es la versión de The Dukes of Dixieland.

Otra de las canciones más características de este grupo fue el antiguo espiritual negro Down by the Riverside.

Ahora, una grabación histórica, Livery Stable Blues (1917), de Original Dixieland Jass Band (que luego cambiaría la grafía a jazz). ¡Esta se considera la primera grabación de jazz de la historia!

A nadie se le escapa que uno de los máximos representantes de este tipo de música fue un muchacho nacido en Nueva Orleans (Louisiana), Louis Armstrong. Escuchemos su versión de Basin Street Blues, una melodía escrita en 1926 por Spencer Williams.

Jack Teagarden, el Padre del trombón, nos dejó este clásico, Dame Blanche.

Riverboat Party es otro de los clásicos instrumentales de música Dixieland. El río del título es el Mississippi. Aquí la escuchamos en la interpretación de la Dixieland Band Čakovec, en un concierto en la República Checa, en 2009.

Os dejo con Royal Garden Blues, interpretada por Bix Beiderbecke en 1927.

Esta es la grabación que hizo King Oliver de Dippermouth Blues en 1923. Aunque la autoría no está clara, algunos se la atribuyen a Louis Armstrong.

El también nacido en Louisiana Kid Ory escribió Muskrat Ramble en 1926. Escuchémosla en la versión de The Bobcats.

Canciones para enmarcar. Jaime Urrutia, 2014

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De nuevo, una recomendación literaria con la que espero resolver vuestras dudas sobre el mejor regalo para estas Navidades. Su autor es Jaime Urrutia, y no voy a perder el tiempo presentando aquí su currículum. ¿Quién no conoce a Jaime Urrutia? De verdad, si alguno de vosotros no ha oído aún sus mejores canciones –¿pero es que tiene alguna que no lo sea?– solo puedo exclamar: “¡Qué barbaridad!”.
El libro en cuestión es Canciones para enmarcar y lo ha publicado Larousse Editorial, que sabe de estas cosas. Se trata de una selección de cincuenta y tantos títulos –como los años que tiene el autor, qué curioso– y que hará las delicias de todos los amantes de la música. Os lo prometo.
Porque Jaime Urrutia, rockero y tal, es sobre todo un tipo “open-minded”, que no se cierra a nada salvo a la pereza intelectual. Hay de todo en Canciones para enmarcar: rock, pop, soul, jazz, copla, músicas del mundo y, por supuesto, country. El “álbum” se abre con A Summer Place, de Percy Faith y su orquesta, y se cierra con Just like a woman, de Bob Dylan. Y, entre medias, sí, clásicos que ya conocemos en este blog como Proud Mary, de la Creedence, que os voy a pinchar en esta entrada, Crazy, de Patsy Cline, Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd, y I walk the line, de Johnny Cash.
Hay una diferencia sustancial entre este libro y otros que se arriman a su ascua: Jaime Urrutia no se pasa con los datos o los nombres propios, sino que nos habla desde su experiencia y nos descubre cómo estos temas lo han ido construyendo como artista y como persona. La música, me parece, es una arquitecta del alma. Por eso, Canciones para enmarcar es sobre todo un libro de sensaciones y recuerdos, en el que su autor conjura a los ángeles que lo han llevado en volandas por los cielos de la felicidad. Leyendo Canciones para enmarcar, uno siente, entonces, que está leyendo la autobiografía de Jaime Urrutia pero, de repente, comprende que no es así. Que, en realidad, este libro es también nuestra autobiografía. Porque, ¿quién no se llevaría California Dreamin’ a una isla desierta? ¿O quién no cree que Aretha Franklin es pura magia vocal (y consonante)? ¿O quién puede concebir a Elvis sin In the ghetto?
Canciones para enmarcar incluye también un cuadernillo central a modo de álbum personal con ilustraciones a todo color. Si leéis este libro y de verdad “estáis preparados para flipar”, “vais a ser testigos de algo especial”.

Canciones para enmarcar
Jaime Urrutia
240 págs. 14,90 euros.
Larousse Editorial. Barcelona (2014).

Y os dejo, ahora sí, con Proud Mary, de la Creedence.

Modern Sounds in Country and Western Music. Ray Charles, 1962

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Este disco supuso un encuentro en la cumbre entre el country, el jazz y el rhythm and blues. Ray Charles lo publicó en abril de 1962 en el sello ABC-Paramount, donde trabajaba desde 1959. El proceso de grabación fue extremadamente rápido. Lo concluyó en tres sesiones durante la primera quincena de febrero, entre los estudios de Nueva York y Hollywood. Y fue todo un éxito, en una época en la que los artistas afroamericanos lo tenían muy difícil en la escena musical (la lucha por los derechos civiles estaba en su máximo apogeo).
El primer single que vio la luz fue I can’t stop loving you, de Don Gibson. La producción corrió a cargo del propio Ray Charles junto con el director de orquesta Sid Feller. A raíz de este trabajo, la carrera de Charles despegó como un cohete y, en los Grammy de 1963, el disco fue nominado al mejor álbum del año, mientras que la canción citada ganaba el premio a la mejor grabación de rhythm and blues. En octubre de 1988, Rhino Entertainment editó el disco en CD con tres temas adicionales, uno de ellos el clásico de Jimmie Davis You Are My Sunshine, que ya hemos escuchado aquí.
Escuchemos ahora una selección de los temas que componen el disco. Empezamos con dos composiciones de Hank Williams versionadas por Ray Charles. La primera es You Win Again de 1952.

Escuchad ahora Hey, Good Looking, que escribió Hank en 1951 basándose en una melodía de Cole Porter.

De 1955 data You Don’t Know Me, de Cindy Walker y Eddy Arnold, que fue quien la grabó por primera vez. Ray Charles le dio un sutil toque rhythm and blues.

Una de las mejores baladas country sobre perdedores es Born to Lose, de Ted Daffan. La versión de Ray Charles resulta memorable: su interpretación, aliñada de tristeza y desesperación, es muy personal.

El matrimonio formado por Felice y Boudleaux Bryant escribió en 1957 Bye, Bye, Love, la canción de más éxito de los Everly Brothers, también incorporada por Charles al disco.

La colina de los arándanos

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El tema que os traigo hoy fue propio de las big bands, aunque después se dejara arrullar por multitud de versiones en todos los estilos: rock, country, jazz… Escrita en 1940 por Vincent Rose, con letra de Larry Stock y Al Lewis, la escuchamos por primera vez en la voz de Gene Autrey (ver entrada 1 de abril), que la cantaba en la película The Singing Hill. La canción nos habla de la emoción del narrador cuando encuentra a su amada en la colina de los arándanos (“el viento en los sauces tocaba una dulce melodía de amor”), y, aunque esta felicidad terminó demasiado pronto, “todavía eres parte de mí”.
Esta es la versión original de Gene Autrey en la referida película.

La más popular fue, en cambio, la del pionero del rock y el rhythm and blues Antoine Domino, más conocido como Fats Domino (1956).

Elvis Presley la grabó a su manera un año después.

Un gran guitarrista de rock, Duane Eddy, presentó una personalísima versión instrumental en 1959.

Escuchemos, cómo no, las versiones de afamados cantantes country. En primer lugar, la de Skeeter Davis en de 1961.

Ahora le toca el turno a Loretta Lynn (1971).

Jerry Lee Lewis, maestro del country y el rock, interpretó este tema en su álbum Southern Roots (1973), acompañado de su inseparable piano.

Y, para terminar, escuchemos una versión muy curiosa por el inusual intérprete que la ejecuta, el mismísimo presidente ruso Vladimir Putin.

Las grabaciones de Bristol: el debut de los grandes

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Hasta ahora hemos visto algunas grabaciones de música country: las de Eck Robertson con Henry C. Gilliland, Fiddlin’ John Carson o Vernon Dalhart. Todas ellas tenían un punto en común: los artistas debían desplazarse a Nueva York para grabar, ya que las discográficas no contaban con ninguna otra sede. Esto cambió en 1927, cuando algunos productores visionarios de la Okeh Records o la Columbia decidieron enviar personal de su compañía en busca de nuevos talentos en el centro y el sur de Estados Unidos, caldo de cultivo de la música country.
Ralph Peer era uno de ellos. Dejó la Okeh por la Victor Talking Machine Company y fundó un estudio de grabación en la pequeña localidad de Bristol, Tennessee, concretamente en un almacén de sombreros de State Street. Pidió ayuda a su amigo Stoneman para localizar nuevos talentos en las zonas rurales y, siguiendo su consejo, se trasladó a los Apalaches –sobre todo Georgia, Carolina del Norte y Tennessee– y reclutó a varios músicos de la zona.
Entre el 25 de julio y el 5 de agosto de 1927, se desarrollaron maratonianas sesiones de grabación en Bristol, en las que actuaron el propio Ernest Stoneman, quien formó un grupo, los Dixie Mountaneers, Ernest Phipps, Eck Dunford, los Blue Ridge Corn Shuckers, Blind Alfred Reed o B. F. Shelton, todos ellos de carrera efímera.
Sin embargo, las sesiones sirvieron para descubrir a dos gigantes de la música country: la familia Carter (cuyas grabaciones tuvieron lugar el 1 y 2 de agosto) y Jimmie Rodgers (que lo hizo el 4 de agosto).
La familia Carter grabó los siguientes temas: Bury me under the weeping willow, Little Log Cabin by the Sea, The poor orphan child, The storms are on the ocean, Single girl, married girl y The wandering boy. Por su parte Jimmie Rodgers hizo lo propio con The soldier’s sweetheart y Sleep, Baby, sleep.
Estos once días en Bristol sirvieron para descubrir tanto a la población americana como al resto de discográficas lo lucrativo que podía ser el negocio del country y, por ello, se les puede considerar el Big Bang del género.
Todo se lo debemos, en fin, al productor Ralph Peer, que publicó a artistas de jazz como Fats Waller, Louis Armstrong, Jelly Roll Morton, música popular de Hoagy Carmnichael, las Andrews Sisters o Glenn Miller, y a otros artistas country. El conjunto de su carrera le valió ser miembro del Salón de la Fama del country.
De la familia Carter, aquí tenéis The poor orphan child.

Y de Jimmie Rogers vamos a escuchar su nana Sleep, baby, sleep, con su inconfundible yodel. Será como un dulce viaje al pasado…