Danny Boy, la esencia de Irlanda

danny boy

Pocas veces un solo título se identifica tanto con un país como en el caso de Danny Boy e Irlanda.

Sin embargo, ¿quién diría que su letra no fue escrita por un irlandés sino por un inglés? ¡La música no tiene fronteras! Su autor fue, en efecto, un abogado británico que destacó en su faceta como compositor –se cree que escribió la letra de nada menos que 3.000 canciones populares–. Se llamaba Frederic Weatherby y la alumbró en Bath (Inglaterra) en 1910, si bien su popularidad le llegó dos años más tarde, cuando su cuñada irlandesa, que había emigrado como tantos compatriotas a Estados Unidos, le envió la melodía de Londonderry Air, una nostálgica tonada muy popular en Irlanda. Weatherby adaptó la letra a esa música y la publicó, finalmente, en 1913.

No se sabe con certeza quién fue el creador de la melodía, aunque se suele citar el nombre de Rory Dall O’Cahan, quien vivió allá por el siglo XVII.

El tema se hizo muy popular y en 1915 se grabó por primera vez. Teniendo en cuenta el contexto en el que prosperó, durante la Primera Guerra Mundial y los años que condujeron a la independencia de Irlanda (1921), la interpretación más extendida es que habla de un anciano padre que despide a su hijo, que va a partir a la guerra, y le insta a volver cuando haya teminado y rece una oración ante su tumba. Aunque no es una canción expresamente religiosa, raro es que no suene en los funerales irlandeses.

Considerada un himno no oficial por parte de muchas comunidades de estadounidenses y canadienses de ascendencia irlandesa, como la melodía nació en el condado de Derry (Irlanda del Norte), también es muy apreciada allí, especialmente en el ámbito deportivo.

Escuchemos ya algunas grabaciones de esta canción por relevantes figuras de la música country.

Aunque las primeras grabaciones de Danny Boy fuera de Europa ya habían tenido lugar en los años cuarenta merced a Glenn Miller o Bing Crosby, entre otros, el primer cantante de country que se fijó en ella fue Slim Whitman en 1955.

Conway Twitty fue el primero en incluirla en un disco de larga duración. Su versión pertenece a Saturday Night (1959).

Johnny Cash grabó Danny Boy en dos ocasiones: una en Orange Blossom Special (1965) y otra hacia el final de su vida en American IV: The Man Comes Around (2002). Escuchemos la segunda de ellas.

Jim Reeves la grabó como single en 1961.

La versión de Ray Price pertenece a su disco homónimo, Danny Boy (1967).

Glen Campbell grabó un álbum con varios temas folk en The Artistry of Glen Campbell (1972); entre ellos se incluía Danny Boy.

Una de las últimas canciones que grabó Elvis Presley antes de morir fue esta en febrero de 1976.

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La mano derecha de Hank

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No es ninguna novedad que Hank Williams ha sido una de las figuras más definitorias e influyentes de la música country. Pero sería cuando menos injusto no reconocer a las personas que estuvieron detrás de él y que contribuyeron en gran medida a que llegará a ser quien fue.

Sin lugar a dudas, el trabajo de Don Helms a la steel guitar fue esencial en su obra. Donald Hugh Helms nació en 1927 en Alabama. Creció escuchando western swing, concretamente a Bob Wills, cuyo guitarrista Leon McAuliffe ejerció una gran influencia sobre él; y, a los 15 años, adquirió su primera steel guitar. Su carrera despegó cuando Hank Williams lo fichó en 1944 para formar parte de su grupo The Drifting Cowboys como intérprete de la steel guitar. Aunque abandonó el grupo al año siguiente para alistarse en el ejército –R.D. Norred y Felton Pruett lo sustituyeron por un tiempo–, en 1949 volvió a él y se convirtió en su alma. De hecho, aparece en unas 100 grabaciones de Hank Williams y en 10 de sus 11 números 1.

Entre esos hits se encuentran I’m So Lonesome I Could Cry (3 abr 2014), I Can’t Help It If I’m Still In Love With You (26 may 2016), Jambalaya (21 abr 2014, como el vídeo de la canción ya no está disponible lo podéis escuchar aquí), Hey, goodlooking (2 jun 2016) o Your Cheatin’ Heart –su última colaboración con Hank antes de su muerte– (25 abr 2014).

Bill Lloyd, conservador de los instrumentos de cuerda en el Salón de la Fama de la Música Country, declaró tras conocerse la noticia de su fallecimiento: “Después de la quejumbrosa voz de Hank Williams y sus excelentes melodías, en lo siguiente que piensas es en la steel guitar“.

Miembro desde 1984 del Salón de la Fama de la Steel Guitar –como veis, hay un Salón de la Fama para casi todo–, Don Helms nos dejó en 2008 en Nashville a los 81 años de edad.

Tras la muerte de su “mentor” en el año 1953, Helms siguió al pie del cañón y su instrumento engrandeció un montón de clásicos, como Walking after Midnight de Patsy Cline (6 jun 2014), Waterloo de Stonewall Jackson (16 jul 2016) o Long Black Veil de Lefty Frizzell (17 sep 2014).

Entre las canciones que todavía no he comentado en el blog y en las que podemos disfrutar de su arte, citaría Blue Kentucky Girl, de Loretta Lynn, escrita por Johnny Mullins en 1965.

Otro ejemplo es Cash on the Barrelhead, popularizada por The Louvin Brothers en 1956.

A lo largo de su carrera, Don Helms trabajó con figuras del country como Johnny Cash (con quien grabó para la Columbia sus primeros álbumes), Jim Reeves, Ferlin Husky, Webb Pierce, Ernest Tubb o The Wilburn Brothers. Pero su admiración por Hank Williams fue inalcanzable: según recoge Paul Hemphill, autor de una biografía sobre Williams, en sus conciertos, cuando se apagaban las luces, solía decir: “Ahora, cerrad los ojos y pensad en Hank”. Él no dejó de hacerlo y perpetuó su memoria colaborando igualmente con los hijos del cantante, Hank Williams, Jr. y Jett Williams, su hija póstuma.

 

In Spite of Ourselves. John Prine, 1999

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Hoy vamos a escuchar varias piezas de un álbum de dúos de canciones clásicas que vio la luz en 1999. Quizá porque no seguía la corriente principal del country-pop que triunfaba en esos momentos, no le fue del todo bien –se quedó en un discreto puesto 21 de las listas–, una injusticia dada la calidad de su contenido. La crítica, al menos, sí que reconoció sus encantos.

El disco fue la oportunidad para que John Prine colaborara con sus cantantes de country femeninas preferidas –en todas se pone al micrófono con una mujer–, así como para rescatar los temas folk con los que había crecido. En las notas que acompañan al álbum, Prine escribe: “Hice una lista con mis cantantes femeninas preferidas de country y las primeras nueve dijeron que sí. No me lo podía creer”.

La canción con la que se abre lleva por título We´re not the jet set, compuesta por Bobby Braddock en 1974. La letra juega con el hecho de que Roma, París o Atenas son consideradas ciudades muy románticas, pero, para llegar a esos lugares desde Estados Unidos, sobre todo en los años 70, había que ser por lo menos “de la jet set”. Los protagonistas no lo son, y descubrimos que en realidad se encuentran en Paris (Tennessee), Rome (Georgia) y Athens (Texas). Prine la interpreta con Iris DeMent.

Este clásico del country fue todo un éxito para un legendario dúo del country, el formado por George Jones y Tammy Wynette.

Escuchemos ahora So sad to watch good love go bad. Aquí, la pareja protagonista se lamenta de que su amor ha tocado a su fin. Os dejo con la versión que aparece en el álbum, en la que Prine canta con Connie Smith.

La canción data de 1960 y fue escrita por Don Everly, quien la grabó junto a su hermano. Esta es la versión original de The Everly Brothers.

I Know One es una canción escrita por Jack Clement. El protagonista se muestra dispuesto a perdonar a su pareja en el momento en que vuelva a su lado. “Si necesitas a un tonto que te perdone, conozco a uno”, dice la letra. Escuchemos su dúo con Emmylou Harris.

Jim Reeves la grabó por primera vez en 1960.

La canción que da título al disco, In spite of Ouselves, es la única que fue escrita por John Prine y, a mi juicio, es una de las mejores del mismo. Prine, que la interpreta con Iris DeMent, la escribió para la banda sonora de una película de Billy Bob Thornton, Daddy and Them. Se trata de una canción alegre en la que una pareja se halla en la cumbre de su amor: “A pesar de nosotros mismos, terminaremos sentándonos en un arcoíris”.

No está aquí: ha resucitado

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Esta semana tan intensa para el mundo cristiano toca a su fin con el Domingo de Resurrección, que celebraremos aquí con otro tema góspel.

It is no secret what God can do fue escrito a principios de la década de los 50 por Stuart Hamblen. Este había gozado de cierto éxito en los primeros tiempos del country y es considerado uno de los primeros cowboys cantantes, que proliferaron en la radio y el cine allá por los años 30. Su estilo de vida –dio varias veces con sus huesos en la cárcel por delitos de desorden público– no hacía pensar, ni mucho menos, que terminaría escribiendo canciones de temática religiosa, si bien era hijo de un pastor metodista de Texas.

En la época en que trabajaba en el mundo del espectáculo en California, se hizo amigo del actor John Wayne y del predicador Billy Graham y, gracias a este último, se convenció de que tenía que cambiar de vida. Y tanto fue así, que en las elecciones presidenciales de 1952, las que ganó Eisenhower, fue candidato por el Partido de la Prohibición, aunque no consiguió más que unos 70.000 votos. Su aversión por el alcohol le ocasionó, por cierto, no pocos problemas con los patrocinadores de su programa, ya que se negaba a anunciar bebidas alcohólicas.

Según cuenta la leyenda, en una conversación con su amigo John Wayne, sorprendido este por su “reforma”, Hamblen le dijo: “No es ningún secreto lo que Dios ha hecho por mí”, a lo que el actor replicó que eso sonaba a canción y le recomendó que se pusiera manos a la obra para escribirla.

Hamblen le hizo caso y el resto es historia. El consejo de John fue óptimo, y la canción se considera hoy el primer crossover hit –un éxito que cruza las fronteras de su género– del góspel. A modo de ejemplo, llegó al número 1 de las listas pop gracias a las versiones de Jo Stafford o Elvis Presley, entre otros.

La letra habla del inmenso poder de Dios en nuestras vidas: “No es ningún secreto lo que Dios puede hacer; lo que ha hecho por otros lo hará por ti. Con los brazos abiertos, te perdonará”.

La primera grabación de este clásico es la de Bill Kenny, del grupo The Ink Spots junto con The Song Spinners, en 1951.

Ese mismo año Jo Stafford hizo su propia versión.

Escuchemos ahora una del propio autor, Stuart Hamblen, en su álbum It is no secret (1956).

En España, Elvis Presley es recordado sobre todo por su faceta rock, pero en Estados Unidos sus grabaciones góspel gozaron de gran éxito. En 1957 grabó It is no secret what God can do, que vio la luz en Elvis’ Christmas Album.

Su éxito hizo que todo el mundo quisiera incorporarla a su repertorio. Al año siguiente lo hizo Jim Reeves en God Be with You.

Willie Nelson la incluyó en How Great Thou Art (1996), con un espléndido acompañamiento de piano.

En 2007 apareció la recopilación Ultimate Gospel, de temas de esta naturaleza grabados por Johnny Cash a lo largo de su vida.

Por último, escuchemos la versión de la conocida reina del góspel Mahalia Jackson.

 

Nos volveremos a encontrar

 

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Hoy toca desviarnos un poco del camino, ya que hablaremos de una cantante que no se dedicó a esto del country, aunque no dejaremos de escuchar versiones de sus temas más famosos en la voz de personalidades de este género. Vera Lynn, nuestra protagonista, fue todo un fenómeno de la música popular allá por los años 40, y si hablamos de ella en este blog es porque justo hoy cumple 100 años. Un desvío más que justificado, pues.

Nacida en un barrio de Londres en 1917, saltó a la fama cuando, a sus poco más de 20 años, grabó We’ll meet again, escrita en 1939 por Ross Parker y Hughie Charles, y empezó a ser conocida como “la novia de las Fuerzas Armadas”. A muchos de vosotros, especialmente a quienes vengáis del rock, su nombre os sonará por la referencia que hace Pink Floyd en The Wall, concretamente en Vera, donde se pregunta: “¿Recuerda alguien aquí a Vera Lynn? ¿Recordáis cómo decía que nos volveremos a encontrar un día soleado?”. Si, por el contario, lo vuestro es más el cine, habréis escuchado su canción más emblemática, We’ll Meet Again, en ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964), de Stanley Kubrick.

En una entrevista concedida en 2009, Lynn explicó que intentaban elegir con el mayor cuidado sus canciones, para que fueran alegres y los soldados que añoraban a sus mujeres y novias se identificaran con ellas. Pues bien: a juzgar por el éxito que tuvo, lo consiguió.

En primer lugar, vamos a escuchar su canción más emblemática, We’ll Meet Again (1939). Se trata de un tema nostálgico en el que un soldado que va a partir a la guerra consuela a sus allegados en el trance de la despedida, diciéndoles que volverán a encontrarse un día soleado, no sabe dónde ni cuándo; y los invita a seguir sonriendo hasta que los cielos azules, con su fuerza, alejen las nubes negras.

Tres años después, la melodía cruzó el Atlántico rumbo a Estados Unidos, y Benny Goodman grabó el tema con la aportación vocal de Peggy Lee.

Escuchemos ahora la versión de Frank Sinatra en su disco Frank Sinatra Sings Great Songs from Great Britain (1962).

Y disfrutemos, como apunté al principio, de una interpretación country de altura, la de Johnny Cash, en una de sus últimas grabaciones. Apareció en American IV: The Man Comes Around (2002). Cash moriría al año siguiente, lo que aporta un significado más hondo a la letra.

Vamos ahora con otro hit de nuestra estrella, The White Cliffs of Dover, que grabó en 1942. Escrita el año anterior por Walter Kent y Nat Burton, se convirtió también en una de las enseñas musicales de la Segunda Guerra Mundial. Aquí, un soldado recuerda cómo sobrevuelan los pájaros sobre los acantilados blancos de Dover.

En América, la orquesta de Glenn Miller acompañó a la voz de Ray Eberle.

Al igual que sucedía con We’ll Meet Again, esta también fue grabada por uno de los grandes del country de la década de los 50 y 60, Jim Reeves.

Vera Lynn grabó A nightingale sang in Berkeley Square, de Eric Maschwitz y Manning Sherwin, en 1940. Otra canción nostálgica en la que el protagonista recuerda cómo conoció a su mujer en Mayfair mientras un ruiseñor cantaba en Berkeley Square.

Bobby Darin la incluyó en Oh! Look at me now (1962).

Otro de los temas con que asociamos a Vera Lynn es There’ll Always Be an England, canción patriótica escrita durante el verano de 1939. El momento no podía ser más oportuno, y la guerra, que estalló en septiembre de ese año, se ocupó de convertirla en un éxito. Sus autores fueron los mismos de We’ll Meet Again, Parker y Charles. Despidámomos con la voz de Vera Lynn… ¡y que cumpla muchos más!

 

La canción de la penitenciaría

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Hoy os voy a hablar de una canción folk interpretada por un músico de blues con una curiosa historia detrás.
El músico atiende al nombre de Huddie William Ledbetter, más conocido como Leadbelly, nacido en Louisiana en 1889. En su juventud, sorteó más de una vez las rejas por su carácter pendenciero. Al fin, en 1918 fue encarcelado por primera vez, acusado de asesinato. No llegó a cumplir íntegramente su pena, tanto por su buena conducta como porque, según cuenta la leyenda, el entonces gobernador de Texas lo indultó merced a la admiración que profesaba a su música. Pocos años después, en 1930, y en su Louisiana natal, pasó otra temporada a la sombra, esta vez por intento de homicidio.
Allí, los folkloristas John y su hijo Adam Lomax, que como en la película Un rostro en la multitud iban recorriendo prisiones a la caza de talentos locales, lo descubrieron. Fue entonces cuando entró en escena la canción que vamos a escuchar, Goodnight Irene, que Leadbelly cantó para ellos y que, en cierto modo, lo salvó por segunda vez de su condena (los Lomax recomendaron al gobernador su libertad, que ellos mismos supervisarían, y Leadbelly llegó a ser su chófer), si bien la razón oficial fue de nuevo su buen comportamiento.
Se cree que el tema fue compuesto a finales del siglo XIX por Gussie L. Davis. Leadbelly la aprendió de sus tíos, y, en cualquier caso, fue él quien la grabó por primera vez y reescribió su letra, de modo que se suele considerar de su autoría. A esta grabación seguirían otras como Cotton Fields, Midnight Special o In the Pines, todas ellas escuchadas en River of Country. Goodnight Irene es una canción de amor en la que el protagonista asegura que no dudaría en quitarse la vida si su mujer lo dejara.
Escuchemos, en primer lugar, la original de Huddie Ledbetter Leadbelly, en una de sus múltiples grabaciones, esta de 1935.

Tras la muerte de Leadbelly, el grupo folk The Weavers, del que formaba parte el legendario Pete Seeger, recuperó el tema en 1950.

Frank Sinatra la incluyó en su repertorio ese mismo año, siendo uno de los pocos temas folk que grabó en su vida.

Dos estrellas del country, Ernest Tubb y Red Foley, hicieron su propia versión también en 1950.

Uno de los grandes exponentes del sonido Nashville, Jim Reeves, la grabó en Girls I Have Known (1958).

Esta es la versión del grupo folk más famoso de los años 60, Peter, Paul and Mary.

Johnny Cash la incluyó en The Original Sun Sound of Johnny Cash (1964).

Sirva esta versión como homenaje a Leon Russell, fallecido el pasado 13 de noviembre. Su versión pertenece al disco Hank Wilson’s Back (1973).

Ry Cooder, acompañado al acordeón por Flaco Jiménez, la grabó para su Chicken Skin Music (1976).

Por último, os dejo con Boxcar Willie en Boxcar´s Best (1997).

25 años sin Dottie West

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Hoy, 4 de septiembre, se cumple un cuarto de siglo desde que los amantes de la música country perdiéramos la pureza y la sinceridad de la voz de Dottie West (cuyo resumen biográfico podéis ver aquí).
West fue una de las pioneras que, en los años 60, abrió el camino para que otras mujeres triunfaran profesionalmente en este género, sumándose a nombres como Patsy Cline, Tammy Wynette o Loretta Lynn –de hecho, Dottie fue la primera mujer en conseguir un Grammy en 1965–. El 30 de agosto de 1991 se disponía a dar un concierto en el Grand Ole Opry cuando su coche se averió. Pidió a su vecino George Thackston, de 81 años, que la llevara, y un exceso de velocidad provocó el accidente a resultas del que murió cinco días más tarde. Tenía 58 años.
El año anterior había afrontado algunos problemas fiscales con la justicia, de los que parecía ir saliendo a flote. En una entrevista dijo: “Soy una superviviente. Puedes derribarme con una piedra pero más vale que tengas una gran roca para que no me levante”. Al enterarse de su muerte, su amigo Chet Atkins señaló: “Somos mucho más pobres debido a su pérdida. Era una de las mejores cantantes que había. Podía hacer cualquier cosa con la melodía de una canción y siempre he sentido que era una de las personas más agradables que he conocido”.
Todavía nos queda su música, que no es poco. Escuchemos, pues, alguno de sus temas más populares.
Su primera entrada en las listas fue Let me off at the corner (1963).

Love is no excuse es un dúo junto a Jim Reeves grabado en 1964.

Como apuntaba más arriba, Dottie fue la primera mujer que se llevó un Grammy en una categoría country. El tema responsable fue Here Comes My Baby (1964), producido por Chet Atkins.

Junto a su primer marido escribió Would you Hold it Against Me, perteneciente a su álbum Suffer Time (1966). La canción es ya todo un icono del sonido Nashville.

En 1969 West sacó el álbum Dottie and Don, junto a Don Gibson. Escuchemos su primer single, Rings of Gold.

Country Sunshine (1973) pertenece a su álbum homónimo. El tema fue utilizado como sintonía para un anuncio de Coca Cola en Estados Unidos, y de ahí su popularidad.

En los años 70 hizo varios dúos con Kenny Rogers. Uno de ellos fue All I Ever Need is you (1979).

Este tema ya había sido grabado por Ray Charles en 1971 para su álbum The Volcanic Action of my Soul.

La última grabación de Dottie West fue en julio de 1991 con el cantante de country noruego Arne Benoni, cuando este viajó a Nashville para actuar en el Grand Ole Opry. Lleva por título As for me.

Floyd Cramer, uno de los arquitectos del sonido Nashville

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Nacido en Louisiana en 1933, Cramer creció en Arkansas. Su primer trabajo en el mundo del country le llegó a través del Louisiana Hayride, un programa de radio de su estado natal que alcanzó su apogeo en los años 50. En 1953 editó su primer single, y su primer LP, Honky-Tonk Piano, salió en 1957.
Chet Atkins lo introdujo en la corriente del sonido Nashville, y le fichó para su sello RCA, donde permaneció hasta principios de los 80. Como pianista, Cramer desarrolló un estilo muy particular, que supo interpretar el rumbo que tomaría el country de los 50, y su pericia hizo que trabajara con grandes como Patsy Cline, Brenda Lee, Jim Reeves o Eddy Arnold, entre otros. Como curiosidad, uno de los primeros y más famosos singles de Elvis Presley, Heartbreak Hotel, contaba con su presencia al piano, al igual que su versión de Are You Lonesome Tonight? Uno de sus últimos éxitos en las listas fue su versión del tema principal de la serie Dallas (1980). Falleció en 1997 y fue nombrado miembro del Salón de la Fama de la Música Country a título póstumo seis años después.
Vamos con una composición totalmente instrumental escrita por él mismo, Last Date. En primer lugar, escucharemos su versión original de 1960, que figura en el disco del mismo nombre y fue incluida en el Salón de la Fama de los Grammy.

Skeeter Davis le añadió letra –escrita junto a Boudleaux Bryant– y la grabó con el título My Last Date (With You) en su álbum Here’s the Answer (1961).

El guitarrista Duane Eddy la interpretó con el autor en 1963 en otra versión instrumental.

Conway Twitty le puso nueva letra y la tituló (Lost Her Love) On Our Last Date, grabándola en I Can’t Stop Loving You (1972). El narrador recuerda cómo dejó marchar a la ligera a su amada.

La versión de Emmylou Harris recuperaba la letra escrita por Conway Twitty. La grabó en 1982.

En Familia (V)

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A la manera de las estrategias de marketing de hoy en día, que reúnen a varios artistas famosos para una grabación, en julio de 1931 la RCA Victor hizo lo propio y sentó así un precedente. En la sesión de Louisville, Kentucky, la discográfica citó a los mayores iconos de la música hillbilly de la época, Jimmie Rodgers y la familia Carter. Escuchemos esta grabación.

Ahora, tres temas que se “enlataron” en febrero de 1932 en Atlanta, Georgia.
El primero es de corte religioso: hace referencia a la tierra donde seremos eternamente jóvenes, el cielo: “He oído sobre una tierra en una playa lejana. Es el hermoso hogar del alma construido por Jesús en las alturas; allí nunca moriremos, es una tierra donde nunca envejeceremos”. Vamos ya con este Where We’ll Never Grow Old, un góspel escrito tal vez en 1914 por James C. Moore.

En 1962 Jim Reeves la incluyó en su álbum We Thank Thee.

Tell Me that You Loved Me habla con amargura de la separación que vivieron los protagonistas en el río, mientras “la luna nos miraba, las estrellas parecían orgullosas, el río murmuraba al mar, las gotas de rocío besaban las rosas que se sonrojaban”.

En Happiest Days Of All el narrador recuerda en su vejez los días felices que pasó junto a su amada, recogiendo conchas en el mar: “Aunque mis cabellos están plateados y grises, los votos que hicimos en la orilla están frescos en mi recuerdo”.

En el programa de radio que comenzaron a hacer a partir de 1938, fruto de su contrato con la cadena de radio XERA (con sede en México pero cerca de la frontera con Texas), interpretaron una versión reducida de esta canción. Está fechada en 1939.

Country Urbano (XXXVIII)

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102. Girl in Saskatoon. Dentro de nuestra serie de ciudades celebradas por el country, no todas van a ser estadounidenses. Hoy empiezo una miniserie que se desarrolla en otros países. Uno de los grandes, Johnny Cash, compuso este tema junto con Johnny Horton en 1960, fecha en que también salió como single. Un par de años después, un trágico suceso azotó a esta ciudad canadiense: una joven de 23 años, Alexandra Wiwcharuk, fue encontrada muerta tras haber sido violada y golpeada. Actualmente, el misterio sigue sin resolverse. Se dice que cuando Johnny Cash se enteró de la noticia se negó a cantar la canción en público, si bien apareció en su álbum Heart of Cash (1968). En la letra, el narrador se queja del frío que hay que pasar para llegar a este destino, pero compensa porque “arde por casarse con la chica de Saskatoon”.

103. Cabo San Lucas. Vamos ahora a latitudes mucho más cálidas, a los vecinos meridionales de Estados Unidos, México. En el extremo de la provincia de Baja California, se encuentra esta ciudad costera, a la que Toby Keith cantó en su álbum That Don’t Make me a Bad Guy (2008). Keith escribió el tema con Eddy Raven. El protagonista, que está solo en Cabo San Lucas, llama a su exnovia y le propone mandarle un billete para que vaya con él. Por cierto, esta ciudad fue una de las más afectadas por el huracán Odile en septiembre de 2014.

104. Mexicali Rose. En la frontera entre México y California, se encuentra esta ciudad. El origen de la tonada se remonta a 1923, cuando fue publicada por primera vez con música de Jack Tenney –que luego sería uno de los máximos representantes del Comité de Actividades Anti-Americanas– y letra de Helen Stone. En 1935 Gene Autry la convirtió en uno de sus mayores éxitos y cuatro años más tarde se incluyó en la banda sonora de Mexicali Rose, protagonizada por el propio Autry. Se trata de una balada en la que el narrador pide a su amada que le espere, porque él tiene que irse temporalmente.

Jim Reeves hizo su propia versión en Moonlight and Roses (1964).