Mama Tried. Merle Haggard, 1968

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Escuchemos hoy una de las grandes canciones del country, o, para no pecar de grandilocuencia, de Merle Haggard, que es, sí, uno de los maestros del género. No es una canción enteramente autobiográfica, aunque las experiencias personales de Haggard –arrestado en varias ocasiones a lo largo de su vida– le inspiraron algunos fragmentos.
Trata de un chico, huérfano de padre –Haggard también lo era–, que comienza una vida delictiva y termina en prisión. “A pesar de todas las enseñanzas dominicales –dice– me dirigía hacia el mal hasta que mamá no pudo retenerme más”. El narrador se lamenta por el dolor que ha causado a su madre, tras ser condenado a cadena perpetua, sin derecho a libertad condicional, cuando sólo tenía 21 años. El culpable es solo él. Su madre, queda claro, intentó educarle mejor.
Os dejo con la grabación original de Merle Haggard en 1968.

The Grateful Dead la cantó en el festival de Woodstock en 1969.

Este mismo año The Everly Brothers la grabaron para su álbum Roots.

Joan Baez la interpretó en 1969, aunque su versión no vio la luz hasta 1993 en Rare, Live and Classic.

Para terminar, la versión de otro de los representantes del outlaw country, Johnny Cash.

Bobby Bare, cuando el country se une con el folk

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Robert Joseph Bare nació en 1935 en Ohio. A finales de los años 50, empezó su carrera profesional en la Capitol Records, sin demasiado éxito. Sin embargo, Chet Atkins, de la RCA, se fijó en él, y le contrató para su sello. Fue entonces cuando le llegó su gran momento. En 1970 cambió de discográfica por Mercury Records y trabajó junto a uno de los grandes compositores del género, Kris Kristopherson –autor, entre otras, de Me and Bobby McGee o Help Me Make it Through the Night–. Pero Bobby echaba de menos la libertad que le daba la RCA y volvió a fichar por ellos dos años después. Aquí alcanzó su único número 1, Marie Laveau (1974). Tras probar con la Columbia Records, su éxito decayó durante los años 80 y, de hecho, desde 1983 sólo ha conseguido sacar tres discos. En 2013, no obstante, entró a formar parte del Salón de la Fama de la Música Country, mientras que su hijo Bobby Bare Jr., nacido en 1966, también se dedica a la música, en su caso al country-rock.
Centrémonos en la faceta folk de este artista, escuchando su 500 Miles Away From Home, una grabación de 1963 de un tema compuesto por Heddy West dos años antes. Con él, alcanzó el número 5 en Estados Unidos.

La versión original de este tema fue interpretada por The Journeymen en 1961. Se trata del lamento de un viajero que se encuentra lejos de su hogar, y “su nombre ya no vale ni un penique”.

En el disco College Concert (1962), de The Kingston Trio, descubrimos otra versión del tema.

Aunque, probablemente, una de las más conocidas sea la de Peter, Paul and Mary (1962).

Joan Baez, en una grabación para la BBC, dejó también su impronta.

Por terminar con las versiones en inglés, la hija del gran Johnny Cash, Rosanne Cash, nos regaló esta brillante interpretación.

Vayamos ahora a las Naciones Unidas del country. En primer lugar, escuchad la versión en francés, titulada Et j’entends siffler le train (“Y oigo el silbato del tren”), un éxito de Richard Anthony de 1962.

Os dejo ahora con la adaptación al alemán que hizo Peter Beil en 1963, Ein Zug fährt duch die Nacht (“Un tren viaja por la noche”).

Tisic Mil (“Mil millas”) es la versión en checo de este clásico, obra de Waldemar Matuska (1967).

También existe una versión en sueco, Saa länge du älskar är du ung (“Mientras ames, eres joven”) de los Hootenanny Singers.

Green green grass of home. Curly Putman, Jr., 1965

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El primero que grabó esta nostálgica canción, que habría de ser el mayor éxito en la carrera de Claude Putman Jr., fue Johnny Darrell; pero la fama le llegó con la interpretación de Porter Wagoner, que alcanzaría el puesto 4 de las listas.
Su génesis tuvo mucho que ver con el cine. Putman se inspiró en la escena final de La jungla de asfalto (1950), en la que Sterling Hayden, hacia el final, y ya moribundo, se esfuerza por llegar a su granja rodeada de “hierba verde”, donde había transcurrido su infancia y de la que guardaba los mejores recuerdos.
Nuestra canción comienza cuando un hombre vuelve a su hogar, y allí se encuentra con todos los que han significado algo en su vida. Pero pronto la letra da un giro tenebroso: ese viaje transcurre solo en su imaginación, puesto que el narrador se encuentra encarcelado y aguardando su ejecución. Cuando al romper el alba camine entre el sacerdote y el guardián que le conducirán al patíbulo, será también capaz de tocar la hierba verde del hogar.
Escuchad la versión de Porter Wagoner publicada por el sello RCA Records en 1965.

Ese mismo año, Bobby Bare la incluyó en su disco Bobby Bare’s Country.

He aquí la versión de Jerry Lee Lewis en su disco Country Folks for City Folks (1965).

Tom Jones, al año siguiente de oír la versión de Jerry Lee Lewis, de quien llegó a ser un buen amigo, se enamoró de la canción y quiso grabarla él mismo (hasta entonces no se había sumergido en el océano country). Y arrasó, hasta el punto de que fue el primer single de Decca Records en Reino Unido que vendió más de un millón de copias. Su versión fue número 1 en Inglaterra, Irlanda, Noruega y Australia.

En 1967 Roger Miller la versionó en su álbum Walkin’ in the Sunshine.

Esta grabación corresponde al disco Mama Tried, de Merle Haggard (1968).

Una jovencísima Joan Baez la cantó en 1969.

Elvis Presley, en 1975, reinterpretó la melodía.

Por último, Kenny Rogers nos dejó esta versión en 1977.

Abilene. Bob Gibson y John D. Loudermilk, 1963

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Sirva la entrada de hoy como homenaje a un gran cantante de country que nos dejó hace menos de un mes –el 17 de septiembre– de un ataque al corazón. Me refiero a George Hamilton IV, nacido en 1937 en Carolina del Norte, que empezó su carrera en el pop y, tras instalarse en Nashville, cambió su registro al country.
En Estados Unidos hay dos ciudades con el nombre de Abilene: una en Texas –la más grande– y la segunda en Kansas, fundada con anterioridad y donde, por cierto, reposan los restos de Dwight D. Eisenhower. Bob Gibson, uno de los compositores de este tema, quiso dejar claro que su fuente de inspiración fue la ciudad ganadera de Kansas, así como la película Abilene Town (1946), con Randolph Scott. Aunque Gibson no sea hoy muy conocido, sí que lo fue en los años 60, entre otras cosas porque descubrió a una entonces desconocida Joan Baez en el festival de folk de Newport y porque escribió grandes éxitos para The Byrds, The Kingston Trio, Simon & Garfunkel o Peter, Paul and Mary, entre otros.
Abilene fue el mayor éxito de la carrera de George Hamilton IV, llegando al número 1 de las listas. Su letra tiene un aire nostálgico: el autor está solo, viendo pasar los trenes, y desea que le lleven a Abilene, la ciudad más bonita que ha visto y “donde las mujeres no te tratan mal”. Escuchemos su interpretación en la película Hootenanny Hoot, de 1963.

En 1964, un joven Waylon Jennings, de 17 años, nos deleitó con esta versión.

Lefty Frizzell, una guitarra hecha a medida

Lefty-Frizzell William Orville Frizzell, más conocido como Lefty Frizzell, nació en Texas en 1928. Su niñez y adolescencia transcurrieron en Arkansas. Gran admirador de Jimmie Rodgers, se convirtió en un virtuoso de la guitarra y hasta rivalizó en los honky-tonks con el mismísimo Hank Williams, con quien se semejó, además, en su vida turbulenta. Lo llamaban Lefty desde sus años de escuela, cuando derribó a un compañero con la mano izquierda. A los 19, fue acusado de violar a una menor y pasó unos meses en la cárcel, lo que no afectó a su carrera, ya que, al salir, firmó un contrato con la Columbia y varias de sus grabaciones alcanzaron lo más alto de las listas. En 1950 empezó a actuar en el Grand Ole Opry. Sin embargo, su excesiva afición a la bebida hizo que, a partir de finales de esa década, su carrera y su salud se resintieran. Siguió trabajando incansablemente, aunque con menor éxito, hasta el año de su muerte, 1975, a causa de un derrame cerebral. Su influencia en estrellas del country posteriores –como Merle Haggard, George Jones o Willie Nelson– fue enorme, y su hermano menor David, nacido en 1941, siguió sus pasos y aún hoy se encuentra en activo. Su guitarra, una Gibson J-200 de 1949 hecha especialmente para él por Paul Bigsby, era una auténtica prolongación de su sensibilidad y sus manos. Durante un tiempo, se conservó en el Salón de la Fama de la música country, y actualmente pertenece a la colección particular de la familia Frizzell. Una de sus mejores interpretaciones es Long black veil (1959), producida por Don Law, editada por Columbia Records, y escrita por Danny Hill y Marijohn Wilkin, que, además, tocaba el piano en la grabación original. La canción llegó al puesto 6 de las listas de country, y raro es el artista que no la ha grabado desde entonces. Así, nos encontramos con las versiones de Johnny Cash junto con Joni Mitchell, Sammi Smith, Emmylou Harris, Joan Baez, David Allan Coe o, más recientemente, en 2006, Bruce Springsteen. Con la historia que nos cuenta, se podría hacer una novela… o una película de humor negro: en una noche oscura se comete un asesinato, y se inicia la investigación pertinente para detener al culpable. La justicia procede interrogando al protagonista de la canción, a quien considera sospechoso. Aunque él no ha sido, se niega a presentar una coartada porque estaba con la mujer de su mejor amigo y prefiere morir a traicionarla. Finalmente, es ajusticiado, su amante presencia la ejecución y visita su tumba con un largo velo negro (de ahí el título). Y todo con tal de no descubrir su secreto…

La canción de las mil versiones


Seguimos desgranando el folk. Hoy os traigo una canción de autor desconocido, que se remonta, al menos, a 1870, y que surgió tal vez en la zona de los Apalaches. La primera vez que se puso negro sobre blanco su letra –aunque, siendo un tema tradicional, esta presenta diversas variantes– fue en 1917, de la mano de Cecil Sharp. El tema se conoce con distintos títulos: In the pines, Where did you sleep last night o Black Girl.
Probablemente una de las versiones más conocidas sea la del bluesman LeadBelly, que se aficionó a ella entre 1944 y 1948.

Escuchemos ahora la versión bluegrass que grabó Bill Monroe del clásico.

En este mismo estilo, el grupo The Louvin Brothers nos deleitó con esta interpretación en el año 1956.

Otra versión cruzó el charco. En Reino Unido, el grupo The Four Pennies nos la sirvió en bandeja en 1964 con un toque más pop.

También la música cajun le ha echado el ojo. Traduciendo su letra al francés, Nathan Abshire la grabó con el nombre de Ma Negresse (también conocida como Pine Grove Blues).

Estos son solo unos pocos ejemplos. Os invitamos a escucharlos y a que no paséis por alto las versiones de otros artistas de la talla de Joan Baez, Grateful Dead, Pete Seeger o Dolly Parton, entre muchos otros.

Can the circle be unbroken. Carter Family, 1935

En los orígenes de la música country, cuando esta empezó a ser comercial y a sonar en todas partes, destacaron sobre todo dos figuras: Jimmie Rodgers y la familia Carter. Al bueno de Jimmie ya se lo hemos presentado, y la canción que ahora nos ocupa pertenece, cómo no, a la familia Carter.
Al contrario que la anterior, Can the circle be unbroken presenta una temática mucho más sombría, casi tétrica, ya que nos cuenta los sentimientos angustiosos que provoca en el narrador la muerte y el posterior funeral de su madre.
Sus raíces se hunden en la música americana y, como no podía ser de otra manera, Pete Seeger, principal estudioso de este género, fijó su atención en este himno de tintes religiosos.
En 1988, y en el marco de los revivals que resucitaron esta música, se añadió una nueva estrofa en la que el mensaje de la canción resultaba más esperanzador. Esta melodía ha gozado de gran vigor en la historia de la música americana, con un gran número de versiones de la mano de cantantes de la talla de Bob Dylan, Joan Baez, John Lee Hooker, Johnny Cash o Willie Nelson. No es extraño que, en ocasiones, se aluda a ella como Will the circle be unbroken, debido a que se basa en una canción anterior de este nombre, escrita por Ada R. Habershon y Charles H. Gabriel en la primera década del pasado siglo.
El bluegrass, un subgénero de la música country, halla en esta canción a una de sus principales adalides. Sus primeras grabaciones corresponden, en efecto, a este subgénero, así como a la música gospel, de temática religiosa.
Aunque su primera grabación se remonta a 1927, fue publicada por el sello discográfico Banner en forma de sencillo en el mes de agosto de 1935, acompañado por el tema Glory to the lamb en la cara B.
La composición original, como hemos apuntado, es triste, elegíaca, y su letra tiene unos matices de lo más pictóricos. A través de una potente imagen del narrador, que ve por la ventana cómo el coche fúnebre se lleva el cuerpo de su madre (le dice al enterrador que conduzca con cuidado, por el valor del alma que lleva consigo), llegamos al cementerio, donde depositarán los restos de la mujer. Luego, cuando el narrador vuelve a casa acompañado de sus llorosos hermanos y hermanas, se encuentra triste y solo.