Un edificio vivo

Portrait of Canadian musician Joni Mitchell seated on the floor playing acoustic guitar, November 1968. This image is from a shoot for the fashion magazine Vogue. Mitchell wears a loose-fitting white dress. (Photo by Jack Robinson/Getty Images)

Portrait of Canadian musician Joni Mitchell seated on the floor playing acoustic guitar, November 1968. This image is from a shoot for the fashion magazine Vogue. Mitchell wears a loose-fitting white dress. (Photo by Jack Robinson/Getty Images)

Veo la música como arquitectura fluida.

I see music as fluid architecture.

Joni Mitchell

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Lefty Frizzell, una guitarra hecha a medida

Lefty-Frizzell William Orville Frizzell, más conocido como Lefty Frizzell, nació en Texas en 1928. Su niñez y adolescencia transcurrieron en Arkansas. Gran admirador de Jimmie Rodgers, se convirtió en un virtuoso de la guitarra y hasta rivalizó en los honky-tonks con el mismísimo Hank Williams, con quien se semejó, además, en su vida turbulenta. Lo llamaban Lefty desde sus años de escuela, cuando derribó a un compañero con la mano izquierda. A los 19, fue acusado de violar a una menor y pasó unos meses en la cárcel, lo que no afectó a su carrera, ya que, al salir, firmó un contrato con la Columbia y varias de sus grabaciones alcanzaron lo más alto de las listas. En 1950 empezó a actuar en el Grand Ole Opry. Sin embargo, su excesiva afición a la bebida hizo que, a partir de finales de esa década, su carrera y su salud se resintieran. Siguió trabajando incansablemente, aunque con menor éxito, hasta el año de su muerte, 1975, a causa de un derrame cerebral. Su influencia en estrellas del country posteriores –como Merle Haggard, George Jones o Willie Nelson– fue enorme, y su hermano menor David, nacido en 1941, siguió sus pasos y aún hoy se encuentra en activo. Su guitarra, una Gibson J-200 de 1949 hecha especialmente para él por Paul Bigsby, era una auténtica prolongación de su sensibilidad y sus manos. Durante un tiempo, se conservó en el Salón de la Fama de la música country, y actualmente pertenece a la colección particular de la familia Frizzell. Una de sus mejores interpretaciones es Long black veil (1959), producida por Don Law, editada por Columbia Records, y escrita por Danny Hill y Marijohn Wilkin, que, además, tocaba el piano en la grabación original. La canción llegó al puesto 6 de las listas de country, y raro es el artista que no la ha grabado desde entonces. Así, nos encontramos con las versiones de Johnny Cash junto con Joni Mitchell, Sammi Smith, Emmylou Harris, Joan Baez, David Allan Coe o, más recientemente, en 2006, Bruce Springsteen. Con la historia que nos cuenta, se podría hacer una novela… o una película de humor negro: en una noche oscura se comete un asesinato, y se inicia la investigación pertinente para detener al culpable. La justicia procede interrogando al protagonista de la canción, a quien considera sospechoso. Aunque él no ha sido, se niega a presentar una coartada porque estaba con la mujer de su mejor amigo y prefiere morir a traicionarla. Finalmente, es ajusticiado, su amante presencia la ejecución y visita su tumba con un largo velo negro (de ahí el título). Y todo con tal de no descubrir su secreto…

La música nos lleva a todos sitios

LastWaltz_Logo
Lo dijo Robbie Robertson, el guitarrista del grupo de rock The Band. Su concierto de despedida, The Last Waltz, tuvo lugar en 1976, y Martin Scorsese lo filmó, añadiendo entrevistas con los miembros del grupo para una película que se estrenó en 1978, y que es, os lo aseguro, una obra maestra.
En dicho concierto actuaron artistas de la talla de Muddy Waters, Neil Diamond, Eric Clapton, Joni Mitchell o la estrella del country Emmylou Harris. Esta última intervino en una de las mejores canciones del grupo, Evangeline, que, según confesó más tarde el gran Levon Helm, otro de los miembros de The Band, fue escrita por Robertson la noche inmediatamente anterior al concierto.
Evangeline es ya un clásico sureño, que capta a la perfección el sonido de Luisiana. La acción nos sitúa en las orillas del río Mississippi, donde una chica, la que da nombre a la canción, espera la llegada de su amado, un tahúr que vive de jugar en los barcos que cruzan dicho río.
Os sugiero que prestéis especial atención a la música de violín o fiddle con que empieza el tema, que, sin duda, gana mucho con la actuación virginal de Emmylou.
Quitémonos los sombreros, y mandemos un cariñoso recuerdo a los únicos supervivientes de esta mítica banda, Garth Hudson y el citado Robbie Robertson.