Feliz Navidad y feliz rockabilly

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Si ayer escuchábamos un villancico tradicional francés fuera del country, hoy regresamos a nuestro terreno con un clásico de finales de los 50.

Una de las primeras variantes del rock and roll fue el rockabilly, que caló sobre todo en el Sur de Estados Unidos, donde ya había germinado el country –conocido entonces con hillbilly–. De la fusión de ambos nombres surgió precisamente el término rockabilly.

Vamos con un ejemplo de este estilo acorde con estas fechas. Rocking Around the Christmas Tree es un tema escrito por Johnny Marks en 1958. En octubre de ese mismo año, fue grabado por Brenda Lee, que a la sazón tenía 13 años, en uno de los primeros éxitos de su carrera. En la grabación, Floyd Cramer toca el piano y Grady Martin la guitarra. A día de hoy se estima que la canción ha tenido más de un millón de descargas digitales.

A raíz de ese trabajo, la canción se convirtió en un clásico instantáneo para este día, y numerosos cantantes country la han incorporado a su repertorio. Lynn Anderson la incluyó en su disco The Christmas Album (1970).

El grupo Alabama hizo lo propio en Christmas Vol. 2 (1999).

Lee Ann Rimes abrió su disco What a Wonderful World (2004) con una versión de este tema.

Y me despido por hoy con la grabación de Toby Keith en A Classic Christmas (2007). ¡Que terminéis de pasar un buen día de Navidad bailando alrededor del árbol!

 

For the Good Times. Kris Kristofferson, 1970

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La canción que vamos a escuchar hoy pertenece al disco de debut del gran Kris Kristofferson, disco del que ya hemos escuchado en este blog Sunday Morning Coming Down, Me and Bobby McGee y Help me make it through the night. El tema que os traigo hoy también fue tratado por el blog La Guitarra de las Musas (aquí podéis ver la entrada), donde pudimos disfrutar de alguna de las múltiples versiones que se han hecho del mismo (algunas aparecerán aquí de nuevo).
For the Good Times es una estupenda balada que hace recuento de los rescoldos de una relación que ha llegado a su fin: “No estés tan triste. Sé que ha terminado pero la vida sigue y el mundo seguirá girando”. El narrador, entonces, anima a su pareja a que finja amarle una vez más. Por los viejos tiempos.
Kristofferson empezó a componer la canción ya en 1968, aunque no la grabaría hasta dos años más tarde. Os dejo con su versión original.

La grabación de Ray Price el mismo año de su composición fue un tremendo éxito y contribuyó a convertirla en un clásico del country. El cantante consiguió, además, varios premios en la Academia de Música Country: canción y single del año.

Ese mismo año Lynn Anderson la incluyó en Rose Garden. Contaba entonces con 22 primaveras.

Kenny Rogers la grabó junto con su grupo The First Edition. Esta grabación apareció en Love Songs (1989), en colaboración con otras figuras de la música.

Rita Coolidge, quien se casaría con Kristofferson en 1973, también versionó este tema y lo incluyó en Out of the Blues (1996), dándole un toque levemente jazzístico.

Escuchemos ahora la versión de Anne Murray en su álbum Country Crooning (2002).

Esta fue una de las últimas canciones que grabó Johnny Cash. Inédita hasta 2010, apareció en American VI: Ain’t No Grave.

Willie Nelson sigue incansable a sus 83 años. Prueba de ello es que este año ha sacado dos discos. El último de ellos, el pasado septiembre, es un tributo a Ray Price, fallecido en 2013; y en él Nelson recupera una selección de los mejores temas interpretados por Price. Por supuesto, no podía faltar For the Good Times.

Adiós a una mujer que abrió nuevos caminos

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El domingo nos despertábamos con una triste noticia para el country: la muerte de toda una pionera, Jean Shepard, a los 82 años de edad. En River of Country ya me ocupé de su figura (aquí podéis consultar la entrada que le dediqué).
Históricamente, en los años 40 y 50, el country parecía un terreno abonado para los artistas masculinos. Jean Shepard, junto con Kitty Wells, contribuyeron a que esto dejara de ser así, y abrieron el camino para otras mujeres como Loretta Lynn, Lynn Anderson, Tammy Wynette, Patsy Cline o Dolly Parton, que se hicieron un merecido hueco en la industria.
En 1955, se convirtió en la primera artista femenina en llegar al Grand Ole Opry, institución de la que formaría parte durante 60 años. Su gran oportunidad le llegó cuando cantó junto a Hank Thompson, quien quedó tan impresionado que convenció a Capitol Records para que le hiciera un contrato. Otro de los hitos de su carrera fue editar en 1956 uno de los primeros álbumes conceptuales de la música country, Songs of a Love Affair, también escuchado aquí.
A ese disco le siguieron nada menos que 24 de estudio y más de 70 singles. Shepard siempre abogó por mantener la música country “pura”, sin influencias del pop. Así, en una entrevista concedida en noviembre de 2015 decía sin ambages que “el country de hoy ya no es country y soy muy firme sobre ello. Se lo diré a cualquiera que quiera oírlo y a los que no también. La música country de hoy no es genuina”. Un poco antes, en 2013, y en respuesta a unas desafortunadas declaraciones de Blake Shelton en las que “ninguneaba” la música country tradicional, Jean salió a la palestra para defender el gran legado de la época dorada. En 2014 publicó su autobiografía, Down Through the Years, en la que diseccionaba la música country en los tiempos en que esta estaba repleta de sueños y sabiduría. Aunque la enfermedad del Parkinson se la haya llevado, siempre podremos escuchar sus canciones.
Su primer single fue Crying Steel Guitar Waltz (1952), cuyo título hace referencia al sonido lastimero, parecido a un llanto, de la steel guitar. La canción fue escrita por Shorty y Dolly Long.

Al año siguiente llegó uno de sus grandes éxitos, A Dear John Letter, un dúo junto a Ferlin Husky. Una mujer escribe a un soldado que ha partido a la guerra para anunciarle que se ha casado con su hermano.

Cuando Bill Anderson, el compositor de la siguiente canción, Slippin’ Away, fue homenajeado por sus 50 años de música country, Jean Shepard cantó este tema, que ya había convertido en un éxito en 1973. Una pareja asiste impotente a la desintegración de su amor: “Siento cómo se escapa entre los dedos, lentamente, en unos pocos días más se habrá ido”. Llama la atención la espléndida voz que conservaba a tan avanzada edad.

Rocky Top. Felice and Boudleaux Bryant, 1967

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El matrimonio de compositores más conocido de la música country nos obsequió en 1967 con este clásico del bluegrass. La compusieron en apenas diez minutos mientras trabajaban en una serie de canciones lentas, a modo de descanso en su rutina, y de ahí el ritmo rápido y alegre que le imprimieron.
La letra exalta la vida en libertad en una ciudad ficticia de Tennessee, donde no hay “humo contaminado ni facturas de teléfono”, y se ha adherido tan profundamente a la piel de ese estado, que su gobierno la ha nombrado una de sus canciones oficiales.
Los primeros en grabarla fueron The Osborne Brothers en 1967.

Lynn Anderson le confirió su toque en 1970.

Buck Owens y The Buckeroos la incluyeron en el álbum dedicado al bluegrass Ruby and Other Bluegrass Specials (1971).

Conway Twitty también hizo su propia versión en el álbum Hello Darlin’ (1970).

Crystal Gayle la interpretó en un concierto en Canadá en 1982.

Veamos ahora a la familia Carter en el programa de Johnny Cash.

El grupo de country-rock Nitty Gritty Dirt Band la incorporó a su repertorio en Dirt, Silver and Gold (1976).

Charlie Daniels hizo una gira en 2006 que le llevó a tocar para las tropas estadounidenses desplegadas en Irak. Escuchemos su interpretación.

John Prine, el otro Bob Dylan

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Este gran compositor nació en 1946 en Illinois. A los 14 años su hermano le enseñó a tocar la guitarra y desde entonces supo que se dedicaría a la música. Dejó su trabajo como cartero local y, tras pasar por el ejército –estuvo destinaron en Alemania–, volvió a Estados Unidos. En Chicago se le solía ver tocando en bares, y fue el crítico Roger Ebert, mi querido Roger Ebert, quien habló de él por primera vez.
Entró en contacto con el compositor Steve Goodman, y su trabajo tocó los oídos de Kris Kristofferson, gracias a cuya mediación firmó un contrato con Atlantic Records en 1971. Su primer disco, John Prine, rindió a la crítica de la época, que lo saludó como al “próximo Dylan”, y este dijo nada menos que el material de su aprendiz era “puro existencialismo proustiano”. En los setenta presentó Sweet Revenge (1973), Common Sense (1975) y Bruised Orange (1978), y en 1984 fundó su propio sello, Oh Boy Records, donde editaría gran parte de su trabajo posterior, como Fair & Square (2005), por el que ganó un Grammy.
El legendario Johnny Cash señaló en su autobiografía que su Big Four de compositores particular lo conformaban Guy Clark, John Prine, Steve Goodman y Rodney Crowell, mientras que Roger Waters, de Pink Floyd, también ha reconocido su deuda con él.
Paradise, una de sus canciones de cabecera, apareció en su disco de debut John Prine (1971). La inspiración le surgió de un recorte de prensa que le envió su padre, sobre las duras condiciones de trabajo de una mina de carbón en una localidad de Kentucky llamada Paradise. Unos años después la volvió a grabar para su álbum German Afternoons (1986).

La canción tiene multitud de versiones. Escuchemos algunas de ellas.
John Denver la grabó en Rocky Mountain High (1972).

The Everly Brothers la incluyeron por primera vez en Pass the Chicken and Listen (1973).

Tom T. Hall, en su álbum The Magnificent Music Machine (1976).

Lynn Anderson la incorporó a All the King’s Horses (1976).

Johnny Cash la grabó para el disco de Columbia The Adventures of Johnny Cash (1982).

Anne Murray, la primera superestrella canadiense

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Anne Murray nació en la provincia de Nueva Escocia (Canadá) en 1945, y su nombre es hoy sinónimo de música canadiense. Fue la primera artista no estadounidense que consiguió un disco de oro y la primera canadiense que ganó el premio al Mejor Álbum del Año de la Asociación de Música Country. Más de 50 millones de discos vendidos avalan su trayectoria.
Murray se interesó por la música a temprana edad. Su voz era alabada por todos, y aprendió a tocar el piano. Debutó en 1968 con el álbum What About Me, y un año después su segundo disco la catapultó a la fama, con el tema Snowbird, que escucharemos luego, entre sus pistas.
Su popularidad fue in crescendo y la industria del country estadounidense se fijó en ella tras su aparición en el programa de Glen Campbell. Durante los años 70 y 80, encadenó un éxito tras otro: Danny’s Song (1972), A Love Song (1973), You needed me (1978), A Little Good News (1983), Just Another Woman in Love (1984)… y muchos más. Tras mermar los aplausos en la siguiente década, se acabó retirando de los escenarios en 2008, y actualmente reside en Toronto.
Su primer número 1 fue Snowbird (1970), escrita un año antes por otro canadiense, Gene MacLellan. La canción se puede encuadrar en el country-pop y, aunque han sido muchos los artistas que la han grabado desde entonces, la versión más conocida sigue siendo la de Murray. Pertenece a su álbum This Way is my Way (1969) y el single fue el primer disco de oro de una artista canadiense en solitario, y el primero que acogió el recién fundado Salón de la Fama de la Música Canadiense en 2003. La protagonista quiere romper con sus ataduras, y se pregunta por qué su vida no es como la de un pájaro de nieve, que no necesita más que extender sus alas y salir volando hacia un lugar sin preocupaciones.

Lynn Anderson la incluyó en su disco Rose Garden (1970).

Ese mismo año Loretta Lynn la grabó en Coal Miner’s Daughter.

“El hombre que podía hacer hablar a la guitarra”, Chet Atkins, la incluyó en For the Good Times (1971). Su interpretación le valió un Grammy a la mejor actuación instrumental de country.

Os dejo con la versión de Hank Snow en su álbum Award Winners (1971).

Adiós a un icono

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Esta mañana nos ha sorprendido la noticia de la muerte de una de las referencias de la música country, Lynn Anderson. Anderson llevaba el country literalmente en las venas ya que sus padres eran compositores. Su muerte ha llegado inesperadamente a los 67 años cuando acababa de sacar un nuevo álbum, Bridges, publicado el pasado 9 de junio. Os dejo con uno de los temas de este álbum, Drift Away, una versión de un clásico de 1972.

Con motivo de su muerte, aquí tenéis la entrada que dediqué el pasado 29 de diciembre a la canción más famosa de su carrera, (I never promised you a) Rose Garden. Uno de los versos de la canción adquiere en este momento una significación especial: “Acompáñame y comparte los buenos tiempos mientras podamos”.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/12/29/rose-garden-joe-south-1970/

Bill Anderson, Bill el susurrador

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James William Anderson nació en 1937 en Carolina del Sur, aunque creció en Georgia, donde estudió Periodismo y simultaneó los libros con un programa de radio local.
Su primera composición fue City Lights, grabada por Ray Price en 1958 y años después, en 1975, por Mickey Gilley (en ambas ocasiones llegó al primer puesto de las listas). El éxito llevó a Anderson a trasladarse a Nashville y fichar por Decca Records.
Su primer número 1, ya como cantante, fue en 1962 con Mama Sang a Song. A partir de entonces fue considerado uno de los mejores compositores de música country de todos los tiempos –en 1975 entró en el Salón de la Fama de los Compositores de Nashville–, y hasta la fecha su carrera se compone de más de 50 álbumes.
Su melodiosa forma de cantar, así como la inserción de estrofas recitadas en sus composiciones, hizo que se le conociera como Bill el susurrador, y así tituló la autobiografía que publicó en 1989. Ha escrito canciones para estrellas como Wanda Jackson, Connie Smith, Lynn Anderson, Conway Twitty, Jim Reeves y, entre las nuevas, Brad Paisley, Kenny Chesney o George Strait. Incluso Aretha Franklin, más allá de las frontera del country, ha cantado alguno de sus temas.
Su ojo para los negocios es proverbial. En Anderson, Carolina del Sur –así llamada por un general de la guerra de Independencia contra Gran Bretaña–, una cadena de restaurantes adoptó el nombre de una de sus canciones, Po’ Folks (1961). Bill se planteó demandarlos, pero al final vendió los derechos por una suculenta suma. Listo, muy listo.
Su canción Still es quizá su tema más conocido. El single salió en 1963, producido por Owen Bradley para Decca Records. Se trata de una balada de amor en parte hablada. Un hombre, desesperado porque su novia le ha dejado, le escribe una canción: “Aunque me rompiste el corazón y estemos lejos, te amo todavía”. Escuchemos ya a Bill el susurrador…

Resurrexit, sicut dixit

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O lo que es lo mismo: “Ha resucitado, como dijo”. Después de unos días de sufrimiento –traiciones, crucifixión, dolor por la muerte de Jesús…–, hoy nos levantamos con una buena noticia. El Salvador ha cumplido su promesa y ya podemos poner nuestra mano en su mano.
Precisamente, esto es lo que dice la canción que vamos a escuchar hoy. Put your Hand in the Hand es un alegre tema gospel-pop, muy apropiado para festejar el Domingo de Resurrección. La compuso el canadiense George MacLellan en 1970, y en su letra nos invita a confiar plenamente en “el hombre que calmó las aguas”, a quien también se refiere como “el hombre de Galilea”. Otro de los consejos que nos da es que nos miremos a nosotros mismos, para ver a los otros “de forma diferente”.
La también canadiense Anne Murray fue la primera en grabarlo para su álbum Honey, Wheat and Laughter (1970).

El tema fue popularizado por el grupo Ocean, que se desmanteló en 1975 y lo grabó cuatro años antes, en el 71. Llegaron a vender más de un millón de copias de este single.

Una de las mejores versiones es la de Elvis Presley, perteneciente a su álbum Elvis Now (1972).

Os dejo con las interpretaciones de tres grandes voces femeninas; en primer lugar, Lynn Anderson en su disco Nashville goes pop (1977).

Ahora, Loretta Lynn en I wanna Be Free (1971).

Por último, Joan Baez en su álbum Blessed Are… (1971).

El cantante sudafricano Ray Dylan la incluyó en Goeie ou Country – Op Aanvraag.

Esta es la versión de Sandy Posey en Ladies of 60’s country-pop, disco en el que colaboró con Jeanne Pruett y Donna Fargo.

Cindy & Bert hicieron una versión en alemán llamada Ich fand eine Hand (“Encontré una mano”).

Take me home country roads. Taffy Nivert, Bill Danoff y John Denver, 1971

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Con el tiempo, esta sería la canción más identificable de John Denver, hasta entonces un compositor relativamente desconocido cuyo mayor éxito había sido Leaving On a Jet Plane, ya escuchada aquí.
La historia se desarrolla en Virginia Occidental, aunque, curiosamente, ninguno de los tres coautores conocía este estado. Empezaron a escribirla Bill y Taffy Danoff, luego marido y mujer, y su amigo John Denver les ayudó a terminarla.
La idea surgió de un viaje en coche por las sinuosas carreteras del estado de Maryland con motivo de una visita familiar, pero al final cambiaron la localización, pensando en un amigo suyo que residía en Virginia Occidental. En principio la idea era que Johnny Cash la interpretara, pero, cuando John Denver la cantó, se la cedieron a él, tan bien lo hizo.
Take me home, country roads es casi un himno oficioso de Virginia Occidental, estado al que describe como “casi el paraíso”. A los políticos de turno esto les ha dado mucho juego y, en 2008, en las primarias demócratas del estado, Hillary Clinton hizo alusión a estas palabras.
El primero en grabarla fue su autor, John Denver.

En 1971, Eddy Arnold la versionó en su álbum Loving Her Was Easier.

El mismo año, Lynn Anderson sacó su disco How Can I Unlove You, al que pertenece este tema.

Claude François cosechó un gran éxito con su versión en francés, J’ai encore ma maison (1973).

Un país muy alejado geográficamente de la música country, pero bastante seguidor de este estilo, es, curiosamente, República Checa. Escuchemos la adaptación al checo de Pavel Bobek con el título Veď mě dál, cesto má.

En la serie que dediqué el pasado mes de febrero a los temas country en otros idiomas, La Babel del Country, tuvimos oportunidad de escuchar la versión en finlandés de esta canción, Vanha Tie, de Kari Tapio, que podéis volver a escuchar aquí.
Tras este paseo por Europa, volvemos a Estados Unidos con la mención del disco Rockin’ in the Country, obra de Daryle Singletary de 2009, en el que también se incluye.