No Vacancy. Merle Travis y Cliffie Stone, 1946

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A la manera del clásico de William Wyler Los mejores años de nuestra vida (1946), que refleja el proceso de adaptación de unos veteranos a la vida civil al término de la guerra, la música country también trató este tema.
No Vacancy fue compuesta en 1946 por Merle Travis y Cliffie Stone e interpretada por el primero. Escaló hasta el número 3 de las listas, convirtiéndose en el primer éxito importante de Travis, y fue el “culpable” de que Capitol Records se fijara en él y le hiciera un contrato.
La letra habla de un ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial. Mientras “las balas gritaban”, ponía sus esperanzas en el mundo que encontraría a su vuelta, cuando “el mundo fuera libre”; pero a la hora de la verdad, cuando se pone a buscar trabajo, se encuentra un nuevo enemigo: carteles de “no hay vacantes” por todos sitios.
En 2008 el sello Bear Family Records sacó la antología Dim Lights, Thick Smoke and Hillbilly Music con varias canciones de 1946, entre ellas esta de Merle Travis.

Glen Campbell la versionó en su primer álbum Big Bluegrass Special (1962), con la colaboración de Green River Boys.

Escuchemos la versión de Ricky Nelson en su álbum Bright Lights and Country Music (1966).

9 to 5 and Odd Jobs. Dolly Parton, 1980

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En noviembre de 1980 recibimos uno de los trabajos más conocidos de Dolly Parton, un disco conceptual cuyas canciones giraban en torno al trabajo. Llegó al número 1 de la lista Billboard, donde se mantuvo nada menos que diez semanas consecutivas.
Escuchemos el tema que le da título y su primer single, Nine to Five, que salía en la película Cómo eliminar a su jefe (1980), en la que interviene Dolly. La canción mereció cuatro candidaturas en los Grammy y se llevó dos premios, a la mejor canción country y a la mejor interpretación femenina. También fue nominada en los Oscars como mejor canción.
El título se refiere al turno del trabajo habitual en Estados Unidos (y tantos otros países), de 9 a 5. Comienza cuando la protagonista se sirve a toda prisa, en lugar de café, “una taza de ambición”, para, acto seguido, lamentarse de que su trabajo es bastante inútil: “Te dejan soñar para ver tus sueños rotos, no eres más que un peldaño en la escalera del jefe, a duras penas te ganas la vida y nunca te valoran”.

El segundo single, But you know that I love you, fue escrito por Mike Settle a finales de los años 60, y en la voz de Dolly Parton alcanzó la fama. Habla de la separación forzosa de una pareja por la larga jornada laboral de la chica: “Es una pena que el signo del dólar nos mantenga separados pero sabes que te amo”.

El último de los singles extraídos del disco fue su personalísima versión de The House of the Rising Sun, popularizada por The Animals en 1964. Sus orígenes se pierden casi en la noche de los tiempos: su primera grabación conocida, en clave blues, fue obra de Tom Clarence Ashley y Gwen Foster para el sello Vocalion en 1933. Os dejo con ella.

Y ahora, la versión de Dolly Parton.

El álbum nos brinda también clásicos del country que popularizaron otros artistas. Es el caso de Detroit City, que ya escuchamos en la voz de Bobby Bare, Jerry Lee Lewis y George Jones (aquí podéis ver la entrada). Esta es Dolly Parton.

Por último, vamos con su interpretación de Dark as a Dungeon (1946), de Merle Travis. Un minero se lamenta de sus duras condiciones de trabajo y aconseja que nadie se dedique a ello, porque está “oscuro como una mazmorra”.

Estas dos últimas canciones fueron eliminadas de la reedición del disco en 1983 y recuperadas en otra posterior de 2009.

Steel Guitar Rag. Leon McAuliffe, 1936

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Hoy os traigo todo un clásico, responsable de que la steel guitar tenga un papel tan destacado en la música country. Steel Guitar Rag fue compuesta por Leon McAuliffe en 1936. Según recuerda este en un documental sobre su proceso de creación, a los 14 años aprendió a tocar el instrumento, que ya era muy utilizado en la música hawaiana. Aunque McAuliffe negó haber oído nunca el tema del guitarrista Sylvester Weaver Guitar Rag, grabado en 1927, las similitudes entre ambos son tan evidentes que resulta difícil de creer. Juzgad vosotros mismos.

Vamos sin más a escuchar la primera grabación de Steel Guitar Rag, que le debemos a Bob Wills y su grupo los Texas Cowboys, acompañados a la steel guitar por el propio autor, Leon McAuliffe, en septiembre de 1936. La grabación fue tan popular durante la Segunda Guerra Mundial, que no había gramola en Estados Unidos en que faltara este tema.

Escuchemos otra versión de McAuliffe con los Cimarron Boys.

Este tema instrumental ha sido versionado en multitud de ocasiones, por ejemplo por Chet Atkins, que la incluyó en su álbum Down Home.

Veamos un vídeo de un programa navideño presentado por Johnny Cash de 1976, en el que una joven Barbara Mandrell interpreta la melodía.

Uno de los mejores steel guitarist de todos los tiempos fue Buddy Emmons. Aquí lo vemos a mediados de los 80 junto con Phil Baugh, del Lawton Kicks Jazz Ensemble.

Hank Thompson la incluyó en su disco Hank Thompson & His Brazos Valley Boys.

Diez años después de la composición original, Merle Travis le añadió letra y, de nuevo, arrasó. “La steel guitar suena de una forma tan celestial –dice Travis–, que puedes oír cantar a los ángeles y tu alma se alegrará con una melodía de la steel guitar”.

Siempre estarás en nuestra mente

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Los compositores suelen quedar relegados a un segundo plano, eclipsados por la personalidad de los cantantes, a menudo de primera fila, que interpretan sus canciones.
Sin embargo, hay excepciones, y es de justicia rendir homenaje a una de ellas, Wayne Carson, que falleció el pasado lunes a la edad de 72 años. Nacido en Denver, Colorado, se interesó muy pronto por la música, escuchando discos de country de Merle Travis. En 1962 se trasladó a Nashville, donde conoció a Chet Atkins, quien le ayudó a abrirse camino como compositor.
Un buen puñado de artistas se han beneficiado de sus composiciones, como Conway Twitty, Elvis Presley, Willie Nelson, Brenda Lee, Eddy Arnold o los Beach Boys, por citar solo algunos ejemplos. Pero, sin duda, su trabajo más inolvidable fue la colaboración con Johnny Christopher y Mark James que alumbró Always On My Mind (1972), que pudisteis escuchar en la entrada que dediqué a Willie Nelson, en la que “pinchaba” tanto la versión de Elvis Presley como la de Nelson.
Escuchemos ahora la de Brenda Lee del mismo tema:

Unos años antes, cuando tenía 24, Carson escribió otro de sus mayores éxitos, The Letter (1967), número 1 para los Box Tops, un grupo de Memphis de blue-eyed soul (soul blanco). La letra habla de la alegría de un hombre que recibe una carta de su pareja, en la que le dice que no puede vivir sin él.

Joe Cocker, fallecido el año pasado, nos brindó otra versión de The Letter tres años después.

En 1967, los Box Tops grabaron otro tema de Carson, Neon Rainbow, un fastuoso elogio de la noche –“Las luces de la ciudad calientan las más frías noches, la gente sonríe con caras electrizadas y esas luces relampagueantes no dejan pregunta sin respuesta”–, como antítesis de la vida diurna, en la que “la gente ya no sonríe y nadie abre la puerta hasta que llega la noche”.

Conway Twitty grabó I see the Want To in Your Eyes (1974), que evoca la nostalgia por un amor perdido: “En tu sonrisa veo un deseo tranquilo y suave como las ascuas de un fuego antes violento”.

Carson también hizo sus pinitos como cantante y, en 1973, grabó el álbum Life Lines, si bien, como digo, se dedicó sobre todo a la composición, algo que no pasó desapercibido al Salón de la Fama de los Compositores de Nashville, que lo nombró miembro en 1997.

Los albores del country-rock

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Hacia finales de la década de los 60, el country, con muchos años de historia a sus espaldas, se hermanó con el rock, que había surgido en los años 50. Así nació el country-rock.
Uno de sus primeros cultivadores fue el gran Ricky Nelson (luego Rick Nelson), que había sacado su primer álbum en 1957. En 1966, adelantándose a su tiempo, publicó Bright Lights and Country Music, en el que barnizó de rock exitosos temas de nuestro género. Aunque el álbum no llegó a las listas country, injustamente en mi opinión, sí que marcó un antes y un después en su evolución. Hoy vamos a escuchar parte de este disco, primero los temas originales y después las versiones de Nelson.
En primer lugar, el tema que da título al disco, Bright Lights and Country Music, un original de Bill Anderson coescrito con Jimmy Gately en 1965. La letra habla de la influencia positiva que ejercen las luces brillantes y la música country para olvidar los desengaños amorosos. Con todos vosotros, Bill Anderson.

Os dejo ahora con la versión de Ricky Nelson.

El autor de la siguiente canción, Doug Kershaw, creció rodeado de la tradición cajun de Nueva Orleans. Junto con su hermano Rusty, grabó este Louisiana Man en 1961, donde desgrana la vida típica de un hombre de Louisiana que va a pescar al bayou, vende las pieles de los animales que caza, se esfuerza por mantener a su familia numerosa…

Comparadla ahora con la versión de Ricky Nelson.

Otro de los temas versionados por Nelson fue Kentucky means paradise, escrito por Merle Travis en 1947, y que se resume en una exaltación de la vida en ese estado.

De nuevo, Ricky Nelson.

Truck Driving Man, el himno de los camioneros, fue escrita por Terry Fell en 1954.

Ricky Nelson lo condujo así.

Otro Nelson, en este caso Willie, escribió Hello Walls en 1962 y la incluyó en su álbum …And Then I Wrote. La canción habla de la soledad: un hombre que ha sido abandonado le cuenta sus problemas a las paredes, la ventana, el techo, que, naturalmente, le contestan solo con el eco.

La versión de Ricky Nelson, cuatro años después.

La única canción específicamente escrita para el disco fue You just can’t quit, con la que Ricky Nelson se reveló como un escritor de canciones country de primer nivel. Aquí dice que, por muchas adversidades que te presente la vida (aunque se rían de ti, tus amigos desaparezcan o te hagan sentir como un payaso), no puedes abandonar.

At Folsom Prison. Johnny Cash, 1968

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Uno de los mejores discos en directo que ha dado la música country ha sido este At Folsom Prison, que Johnny Cash grabó en un concierto en esa prisión de California el 13 de enero de 1968.
El álbum es uno de los más emblemáticos de Johnny y, en parte, le valió el sobrenombre de El hombre de negro, que le acompañaría el resto de su carrera, ya que solía cantar canciones de tema sombrío vestido de ese color.
A Cash siempre le había atraído la idea de actuar en una cárcel, pero sus productores se mostraban reacios a la idea. Todo cambió cuando se fue a la Columbia, bajo la supervisión de Bob Johnston, quien le animó a cumplir su sueño.
Muchos años antes, Cash había visto un drama carcelario, Inside the walls of Folsom Prison (1951), de Crane Wilbur, que le inspiraría el single Folsom Prison Blues (ya escuchado aquí). Se dirigió a Sacramento (California), donde el entonces gobernador del Estado Ronald Reagan se entusiasmó con la idea. En sus dos actuaciones, Johnny estuvo acompañado por Carl Perkins –que cantó su éxito Blue Suede Shoes– y los Statler Brothers –que hicieron lo propio con Flowers on the Wall–. A los cuatro meses, salió el disco, que se convirtió unánimemente en un éxito de crítica y público –en 2003, año de la muerte de Cash, había vendido más de tres millones de discos– y, en 1968, alcanzó el primer puesto de los álbumes country. Ha sido reeditado, además, en multitud de ocasiones: en 1999, y, merced a su éxito, prácticamente cada año hasta 2013.
Dark as a dungeon, de Merle Travis, es un tema sobre la dura vida en las minas de Tennessee. Al final, el cantante advierte que, como esta actuación está siendo grabada, los presos no pueden decir “hell” o “shit”, ni nada parecido.

I still miss someone es obra del propio Cash y su padre, Roy.

T. J. Arnall escribió Cocaine Blues. La historia habla sobre un hombre que mata a su mujer bajo la influencia del whisky y la cocaína y es condenado a 99 años en la penitenciaría de San Quintín.

Escuchemos ahora una de las canciones sobre trenes más conocidas, Orange Blossom Special. Fue escrita en 1938 y ha conocido multitud de versiones.

The Long Black Veil fue un éxito para Lefty Frizzel en 1959. Ya hemos escuchado su versión. Os dejo ahora con la del “hombre de negro”.

El rey de las cuerdas

Instrumentos de Cuerda
¿Qué sería del country (y de la música del siglo XX en general) sin la guitarra? Para mostrar su importancia, nadie mejor que el protagonista de hoy, Joe Maphis, que pasó a la historia por su forma “explosiva” de tocar la guitarra, ejerció una gran influencia sobre el maestro Chet Atkins, y mereció con toda justicia el sobrenombre de “El rey de las cuerdas” (y es que no sólo tocaba la guitarra, sino cualquier instrumento de cuerda que se le pusiera por delante).
Su carrera profesional comenzó a principios de los 50 junto a otro gran guitarrista, Merle Travis. A la sazón utilizaba una Mosrite, que Semie Moseley le fabricó específicamente para él, y que hoy puede verse en el Salón de la Fama de la Música Country de Nashville. Maphis admiraba profundamente el estilo de Maybelle Carter a la guitarra y se puede decir que la admiración era mutua. Cuando Maphis murió en 1986, Johnny Cash y su mujer June Carter Cash, hija de Maybelle, se ocuparon de enterrarlo en una tumba al lado de su madre y el marido de ésta.
Escuchemos una de sus primeras composiciones, Pickin’ and Singin’.

En 1953 grabó Dim Lights, Thick Smoke junto con su mujer, Rose Lee.

Ahora vamos con uno de los discos más importantes de su carrera, Fire On the Strings (1957), un título en absoluto hiperbólico, ya que imprime puro fuego a la guitarra.
Aquí tenéis el tema que da título al disco.

Flyin’ Fingers es otra muestra de su virtuosismo.

Un año antes de que saliera ese disco, sacó el single Guitar Rock and Roll, con un estilo rockabilly.

Os dejo ahora con el clásico del bluegrass Katy Warren Breakdown.

Otro instrumento de cuerda esencial para el country es el banjo. Escuchad este Floggin’ the Banjo (“Azotando el banjo”).

Por último, otro ejemplo de sus destrezas con el banjo, Twin Banjo Special, en el que toca con su mujer.

Blood, sweat and tears. Johnny Cash, 1963

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A principios de los años 60, la carrera de Johnny Cash resultaba cada vez más convincente, y así lo demuestra este disco grabado en 1962, que se comercializó al año siguiente a través de Columbia/Legacy.
El disco, con un excepcional Luther Perkins a la guitarra, se compone de nueve pistas, todas ellas sobre historias laborales. Cash utilizó algunos de los temas para su emblemático At Folsom Prison (1968).
Como es sabido, el título se inspira en una célebre cita de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: “No puedo ofreceros más que sangre, sudor y lágrimas”.
Empecemos con el único single que salió del disco, Busted. La canción fue escrita por Harlan Howard y trata sobre las penurias de un granjero para mantener a su familia. Pide ayuda a su hermano, pero este pasa del tema, por lo que finalmente tiene que abandonar y buscarse la vida de otro modo.

Casey Jones tiene un toque de country folk. La canción cuenta la historia real de un empleado de ferrocarril que murió como un héroe en un accidente laboral, intentando parar su tren para evitar el choque con otro de mercancías, lo que salvó muchas vidas.

El padre de la música country, Jimmie Rodgers, compuso este Waiting for a train, versionado por Cash en este disco.

Para terminar, escuchad Nine Pound Hammer, de Merle Travis, el autor del famosísimo Sixteen Tons.

Sixteen tons. Merle Travis, 1946

Este tema es uno de los más fácilmente reconocibles de la música country, ya que ha traspasado todas las fronteras imaginables y cuenta con versiones en países como Brasil (Roberto Neves), España (José Guardiola), México (Alberto Vázquez), Francia (Armand Mestral), Alemania (Freddy Quinn), Italia (Adriano Celentano) o incluso Taiwan (Chang Loo).
Otro lugar donde triunfó fue en la antigua Unión Soviética, por la imagen demoníaca que traslada del empresario, y en Moscú llegó a inaugurarse un local para conciertos llamado Dieciséis toneladas, donde cada vez que hay uno pinchan esta canción.
La versión original fue grabada por Merle Travis, aunque la más conocida es la que hizo Tennessee Ernie Ford en 1955, que se convirtió en un éxito inmediato. Aunque se considera que Travis, además de grabarla la compuso, en los años 60 del pasado siglo George S. Davis dijo que él había creado una canción en los años 30 llamada “Nine to ten tons”, un antecedente más que obvio de este gran éxito.
El padre de Merle Travis era minero, y la canción habla de este oficio. Hay un verso que parece escrito hoy, en plena crisis económica: “Mejor no me llames, no puedo ir, debo mi alma al almacén de la compañía”. En la época de la Depresión, e incluso antes, se puso de moda el llamado truck system, que consistía en que las empresas, en lugar de pagar a sus empleados con dinero, lo hacían con mercancías producidas por la propia compañía. Así, el empresario lograba un doble objetivo: “colocaba” sus productos al tiempo que se aseguraba del destino que el obrero daba a su “salario”, que se iba en pagar las deudas contraídas por este, un sistema conocido como debt bondage. Lo podemos ver en Las uvas de la ira, donde a la familia Joad le pagan por su trabajo con bonos que sólo se pueden canjear en determinados establecimientos. Esta explotación es la que veladamente denuncia Sixteen tons.
La letra habla de la dureza del trabajo del minero, que se refleja en la dureza de su carácter. “La gente dice que un hombre está hecho de barro, sangre, piel y huesos pero un hombre tan débil no puede aguantar tanto”. Acto seguido, se hace referencia a la difícil infancia del narrador: “Nací un día en que el sol no brillaba, fui criado en un cañaveral por una leona”. Después de tantos problemas no es de extrañar que el protagonista termine siendo violento: “Si me ves, apártate. Muchos no lo hicieron y muchos murieron”.
Os dejo con la versión original de Merle Travis:

Aquí tenéis la versión más conocida de Tennessee Ernie Ford: