The River and the Thread

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Rosanne Cash (1955), hija del legendario Johnny Cash, presentó el pasado 14 de enero un nuevo álbum de tono intimista: The river and the thread, una sensible fusión entre el country y el folk.
Según Terry Staunton, de Record Collector, su padre se habría sentido profundamente orgulloso de este álbum, que ya suena como una de las joyas de este 2014.
Las alusiones a la geografía –Mobile, Memphis, Arkansas (el estado natal de Johnny) o el puente del Tallahassee– definen este canto a la naturaleza que, en cierto modo, es también un homenaje a la niñez de su padre. Editado por Blue Note y producido por John Leventhal, quien también ha ayudado a componer algunos de sus once temas, el cariño, fruto de un meticuloso trabajo artesanal, se nota en cada pista del trabajo, el décimo tercero de Rosanne, que emprendió su carrera musical en 1978.
Escuchemos la canción que abre el disco, A feather’s not a bird, en la que la compositora nos invita a viajar por las regiones del delta del Mississippi, y extraer así, como diría Thoreau, “todo el meollo a la vida”:

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Wabash Cannonball. Roy Acuff, 1936


Los trenes, siempre los trenes. La historia de la música country sería totalmente distinta sin los caballos de hierro. Sin ir más lejos, la que se considera primera canción relativamente comercial de la música country fue Wreck of the old 97, de Vernon Dalhart, que evocaba un accidente ferroviario ocurrido en 1903 cerca de Danville, Virginia, por el descarrilamiento de un tren de la serie 97.
La canción que nos ocupa hace referencia a otra línea de ferrocarril –esta vez ficticia– que pasaba a lo largo del río Wabash, y sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX, cuando apareció una melodía titulada The Great Rock Island Route. La letra sufrió numerosos cambios a lo largo del tiempo, hasta que la familia Carter grabó la canción en 1929, si bien no vería la luz hasta tres años más tarde.
Sin lugar a dudas, la versión canónica del tema es la del cantante de country Roy Acuff, quien vendió más de 10 millones de discos, una hazaña increíble teniendo en cuenta la época en la que la grabó, en plena Depresión americana. Otros artistas hillbilly –denominación que recibía durante los primeros años la música country– la reinterpretaron más tarde, y la última versión conocida data de 2012, cuando Chuck Mead la incluyó en su álbum Back at the Quonset Hut.
La letra es muy descriptiva y enumera las excelencias del paisaje que atraviesa esta línea de ferrocarril. Acto seguido, descubrimos que una chica de Birmingham, Tennessee, viaja en el tren, y su final revela que la canción está dedicada a la memoria de alguien cuyo cadáver era trasladado en este tren con destino a su descanso eterno, en Dixie, el sur de Estados Unidos.
La canción cumple con una de las premisas para cualquier éxito de la música country: su carácter agridulce. Roy Acuff, en una muestra de su sentido del humor, decidió dar un nombre a este “anónimo” viajero al Más Allá, a quien bautizó como Daddy Claxton. ¿Y por qué hablamos aquí de humor? Pues muy sencillo. En realidad, el nombre de Acuff, tal como figuraba en su partida de bautismo, era compuesto: Roy Claxton. Esta referencia, huelga decirlo, no aparece en la grabación de la familia Carter de 1929, en la que el cadáver respondía al nombre de Daddy Cleaton.