Tom T. Hall, el contador de historias

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Nuestro cantante de hoy nació en 1936 en Kentucky. A los ocho años, su padre le regaló una guitarra, tres más tarde afrontó la muerte de su madre y, poco después, el accidente de caza de su padre, que le imposibilitó para trabajar.
Tom dejó la escuela y se empleó en una fábrica de tejidos. Su gran pasión era la poesía, y con el tiempo se convirtió en un gran narrador, lo que le valió el sobrenombre de “el contador de historias”.
Durante su adolescencia formó un grupo de corta duración, The Kentucky Travellers. A finales de los 50 se enroló en el ejército y, tras licenciarse, en 1961 empezó propiamente su carrera musical. Se mudó a Nashville, donde firmó con un modesto sello, New Key Publishing. Su éxito le llevó a ascender con la Mercury Records (1967) y, al año siguiente, escribió su canción más recordada, que escucharemos después.
Durante la década de los 70, siguió cosechando éxitos, tanto como compositor para otros como cantando sus propias canciones, The year that Clayton Delaney died –Clayton Delaney fue su profesor de música cuando era niño–, I love, Country is, (Old Dogs, Children and) Watermelon Wine. En 1971 entró en el Grand Ole Opry. Finalmente, se retiró como cantante en 1986, aunque siguió componiendo para otros (a lo largo de su vida, ha escrito canciones para Johnny Cash, Bobby Bare, Loretta Lynn, George Jones o Alan Jackson, entre otros). En 2008 entró en el Salón de la Fama de la Música Country, y, por último, ha destacado en su faceta como novelista, con obras como The Acts of Life, Homewords o Christmas and the Old House.
Su mayor éxito fue el que vamos a escuchar, Harper Valley PTA. La canción habla de la hipocresía de una típica localidad de provincias americana. La historia empieza cuando una niña llega del colegio con una nota en la que la dirección del centro advierte que su madre, viuda, es un mal ejemplo por llevar ropas inapropiadas y beber con otros hombres. La madre aprovecha una de las reuniones del colegio para poner las cartas sobre la mesa: a uno de los asistentes, Bobby Taylor, le recrimina que él le ha pedido una cita en más de una ocasión; a otra, la viuda Jones, le pide que tenga la decencia de cerrar las persianas cuando esté con sus amantes; a Shirley Johnson le dice que le huele el aliento a ginebra; al señor Baker le pregunta irónicamente la razón por la que su secretaria tuvo que abandonar la ciudad… Y, después de todo, ¿se atreven a decirle que no vale como madre?
La canción hace referencia a una serie de televisión muy popular en aquellos tiempos, Peyton Place, basada en la película homónima y en la que se abordaba la vida escandalosa de una pequeña e hipócrita ciudad. En 1968, Jeannie C. Riley grabó el single del tema en el sello Plantation Records, que vendió nada menos que seis millones de copias el primer año.

Esta es la versión de Loretta Lynn.

Otra de las grandes del country, Dolly Parton, la versionó también.

Aunque por su temática casi todas sus intérpretes han sido femeninas, entre las múltiples versiones encontramos, por ejemplo, la de Billy Ray Cyrus, una de las voces masculinas que la han cantado en su disco Trail of Tears.

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