Un artista único que deja un hueco difícil de llenar

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Con estas palabras el agente de Cocker dio a conocer la noticia de su muerte en Colorado, a los 70 años de edad. Joe Cocker nació en Sheffield (Inglaterra) y comenzó su extensa carrera en 1961 bajo el nombre artístico de Vance Arnold.
Muy recordada fue su intervención en el festival de Woodstock de 1969, a partir de la cual eclosionó su carrera, que se resume en nada menos que cuarenta discos y a la que puso el broche de oro el pasado mes de junio, con un concierto en el Hammersmith Apollo de Londres.
Aunque Cocker siempre será recordado por su trayectoria en el rock y su voz de tintes soul, en su último trabajo, Fire it Up (2012), hizo una pequeña incursión en el country, con la canción I´ll Walk in the Sunshine Again, obra de Keith Urban.

Comparadla ahora con la interpretación de su autor, Urban, también un cantante de éxito en el género.

Canciones para enmarcar. Jaime Urrutia, 2014

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De nuevo, una recomendación literaria con la que espero resolver vuestras dudas sobre el mejor regalo para estas Navidades. Su autor es Jaime Urrutia, y no voy a perder el tiempo presentando aquí su currículum. ¿Quién no conoce a Jaime Urrutia? De verdad, si alguno de vosotros no ha oído aún sus mejores canciones –¿pero es que tiene alguna que no lo sea?– solo puedo exclamar: “¡Qué barbaridad!”.
El libro en cuestión es Canciones para enmarcar y lo ha publicado Larousse Editorial, que sabe de estas cosas. Se trata de una selección de cincuenta y tantos títulos –como los años que tiene el autor, qué curioso– y que hará las delicias de todos los amantes de la música. Os lo prometo.
Porque Jaime Urrutia, rockero y tal, es sobre todo un tipo “open-minded”, que no se cierra a nada salvo a la pereza intelectual. Hay de todo en Canciones para enmarcar: rock, pop, soul, jazz, copla, músicas del mundo y, por supuesto, country. El “álbum” se abre con A Summer Place, de Percy Faith y su orquesta, y se cierra con Just like a woman, de Bob Dylan. Y, entre medias, sí, clásicos que ya conocemos en este blog como Proud Mary, de la Creedence, que os voy a pinchar en esta entrada, Crazy, de Patsy Cline, Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd, y I walk the line, de Johnny Cash.
Hay una diferencia sustancial entre este libro y otros que se arriman a su ascua: Jaime Urrutia no se pasa con los datos o los nombres propios, sino que nos habla desde su experiencia y nos descubre cómo estos temas lo han ido construyendo como artista y como persona. La música, me parece, es una arquitecta del alma. Por eso, Canciones para enmarcar es sobre todo un libro de sensaciones y recuerdos, en el que su autor conjura a los ángeles que lo han llevado en volandas por los cielos de la felicidad. Leyendo Canciones para enmarcar, uno siente, entonces, que está leyendo la autobiografía de Jaime Urrutia pero, de repente, comprende que no es así. Que, en realidad, este libro es también nuestra autobiografía. Porque, ¿quién no se llevaría California Dreamin’ a una isla desierta? ¿O quién no cree que Aretha Franklin es pura magia vocal (y consonante)? ¿O quién puede concebir a Elvis sin In the ghetto?
Canciones para enmarcar incluye también un cuadernillo central a modo de álbum personal con ilustraciones a todo color. Si leéis este libro y de verdad “estáis preparados para flipar”, “vais a ser testigos de algo especial”.

Canciones para enmarcar
Jaime Urrutia
240 págs. 14,90 euros.
Larousse Editorial. Barcelona (2014).

Y os dejo, ahora sí, con Proud Mary, de la Creedence.

La colina de los arándanos

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El tema que os traigo hoy fue propio de las big bands, aunque después se dejara arrullar por multitud de versiones en todos los estilos: rock, country, jazz… Escrita en 1940 por Vincent Rose, con letra de Larry Stock y Al Lewis, la escuchamos por primera vez en la voz de Gene Autrey (ver entrada 1 de abril), que la cantaba en la película The Singing Hill. La canción nos habla de la emoción del narrador cuando encuentra a su amada en la colina de los arándanos (“el viento en los sauces tocaba una dulce melodía de amor”), y, aunque esta felicidad terminó demasiado pronto, “todavía eres parte de mí”.
Esta es la versión original de Gene Autrey en la referida película.

La más popular fue, en cambio, la del pionero del rock y el rhythm and blues Antoine Domino, más conocido como Fats Domino (1956).

Elvis Presley la grabó a su manera un año después.

Un gran guitarrista de rock, Duane Eddy, presentó una personalísima versión instrumental en 1959.

Escuchemos, cómo no, las versiones de afamados cantantes country. En primer lugar, la de Skeeter Davis en de 1961.

Ahora le toca el turno a Loretta Lynn (1971).

Jerry Lee Lewis, maestro del country y el rock, interpretó este tema en su álbum Southern Roots (1973), acompañado de su inseparable piano.

Y, para terminar, escuchemos una versión muy curiosa por el inusual intérprete que la ejecuta, el mismísimo presidente ruso Vladimir Putin.

Make the world go away. Hank Cochran, 1963

eddy-arnold-make-the-world-go-away-rca-victor-2 Esta balada country es uno de los máximos exponentes del sonido Nashville, ese tipo de música que fusiona el country más clásico con el sonido orquestal, y cuyas canciones solían incluir coros que suavizaban el sonido honky-tonk de finales de los 40 y principios de los 50. La letra y la música son obra de Hank Cochran, un compositor de gran popularidad en los años 60, que escribió, entre otros, para Patsy Cline, Ray Price o Eddy Arnold. El secreto del éxito de este tema –que ha conocido multitud de versiones– radica en su carácter melódico. El narrador pide a su amada que le quiera como antes, seguro de que, con su amor, hará que el mundo desaparezca para no tener que soportar el peso sobre sus hombros. El primero en grabarla fue Ray Price en 1963. Os dejo con su interpretación. Ese mismo año, el soul también se aproximó a este tema de la mano de Timi Yuro y su potente voz. En 1964, Jim Reeves versionó esta canción; fue la última que grabó antes del accidente de aviación que acabó con su vida. La versión más famosa es la que vais a escuchar ahora. Pertenece a Eddy Arnold, quien la grabó para la RCA en un single producido por Chet Atkins. Tiene el honor de ser la única que llegó al primer puesto de las listas country y se convirtió en una de las más representativas de Arnold. Elvis Presley probó con todos los géneros musicales: gospel, rock, country… En 1970 hizo una incursión en el country con su disco Elvis Country: I’m 10,000 Years Old, donde nos deleitó con esta versión tan suya. Por último, escuchemos la de los hermanos Donny y Mary Osmond, que la cantaron en 1975, cuando tenían 18 y 16 años respectivamente.

Faron Young, el sheriff cantante

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Faron Young nació en Luisiana en 1932. De niño le regalaron una guitarra y empezó a interesarse por la música country y a idolatrar a Hank Williams, a quien fue a conocer en uno de sus conciertos. Cuando este murió en 1953, Faron fue designado su sucesor por la semejanza de sus estilos.
Su carrera profesional se inició a partir de su asociación con Webb Pierce –entrada del 28 de mayo–, con quien ejecutó varios dúos y sus primeras grabaciones dentro de un modesto sello. Al año siguiente, en 1952, firmó con la todopoderosa Capitol Records y entró a formar parte del Grand Ole Opry, institución de la que formaría parte hasta 1965.
Tras un breve intermedio debido a su alistamiento en la guerra de Corea, cultivó sin descanso el honky-tonk y se convirtió en una de las estrellas country más relevantes del momento. También probó fortuna en el mundo del cine y actuó en diversos westerns de bajo presupuesto; su apelativo, “el sheriff cantante”, proviene de uno de los papeles que interpretó.
Sin duda, Faron Young y su productora tenían muy buen ojo para escoger las canciones, y así, pudo trabajar con los grandes compositores country: Joe Allison, Don Gibson o Willie Nelson (Young fue uno de los primeros en grabar uno de sus temas). En 1971, cambió la Capitol por la Mercury Records, donde alcanzó sus últimos éxitos antes de que su carrera empezara a declinar en los años 80. Deprimido por su mala salud, Young se suicidó en 1996. ¿Cuántos artistas country han terminado voluntariamente con su vida? Pocos, muy pocos.
Live fast, love hard, die young (1955) fue uno de sus mayores éxitos, del que gozó casi al principio de su carrera. Su letra es muy sencilla. El cantante presenta una declaración de intenciones que le servirá de guía en el curso de su vida: vivir rápido, amar mucho, morir joven y dejar un buen recuerdo. Young declaró que al principio detestaba este tema y que lo grabó tan solo porque su discográfica le obligó a ello. Tras el éxito que cosechó –fue su primer número 1–, terminó gustándole, claro.

El pionero del rock Eddie Cochran la grabó con un amigo y en un garaje cuando solo contaba 16 años, si bien esta versión no vio la luz hasta 1997 en el álbum Rockin’ it Country Style.

Un todoterreno en concierto

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Claude Russell Bridges, más conocido por su nombre artístico, Leon Russell, es un músico incansable: inició su carrera allá por 1956, a los 14 años, y todavía a sus 72 (¡casi seis décadas después!) sigue en activo.
Los fans del country en España estamos de enhorabuena, ya que, en el marco del festival Leyendas con Estrella, Russell actuará por primera vez en nuestro país. En concreto, ayer día 8 lo hizo en Madrid y hoy se desplaza a Bilbao para ofrecernos una muestra de su arte.
Russell nació en Oklahoma y, en su adolescencia, se trasladó a Tulsa, donde empezó a tocar en clubes nocturnos. En los años sesenta empezó a trabajar con Phil Spector y colaboró estrechamente con Joe Cocker. En su extensa carrera ha colaborado también con grandes de la talla de Ray Charles, Gram Parsons, Elton John, Willie Nelson, Frank Sinatra, The Byrds o los Rolling Stones, por citar solo unos pocos.
Leon nunca se ha puesto límites: se ha dedicado al gospel, al country, al folk, al rhythm and blues y, cómo no, al rock (en 2011 fue presentado en el Rock and Roll Hall of Fame). Y ha ejercido de productor, arreglista, cantante, pianista…, es decir, todo un todoterreno musical.
Escuchemos una de sus composiciones más emblemáticas, A song for you (1970), en la que demuestra su competencia al piano. Es la canción que abre su disco Leon Russell, y posteriormente sería versionada por Ray Charles, Donny Hathaway o Amy Winehouse. He aquí la original.

El country marca su territorio (II)

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3. Alabama Song. A diferencia de Cowboy Copas, Allison Moorer, la creadora de esta canción, sí nació en Alabama, y su amor por la tierra se nota en los sugerentes lugares que va citando. La cantautora, de 41 años, debutó en 1998 con este tema, y hasta la fecha ha editado ocho discos de estudio, dos álbumes compilatorios y 16 discos sencillos.

4. Old Alabama. Damos un salto en el tiempo hasta 2011, cuando Brad Paisley sacó este single perteneciente al álbum This is Country Music. Con la colaboración instrumental del grupo Alabama, la canción incluye referencias a canciones clásicas sobre este estado, tales como Why Lady Why, Love in the first degree o Dixieland Delight. Su sabor nostálgico añade profundidad a la letra.

5. Sweet Home Alabama. Indudablemente, es la canción que primero se nos viene a la cabeza cuando hablamos de Alabama. Obra de la banda de rock sureño Lynyrd Skynyrd, fue publicada en 1974 y grabada el año anterior en unos estudios de Georgia. Este clásico, creado por Ed King, Gary Rossington y Ronnie Van Zandt, fue compuesto como una especie de respuesta contrariada a dos canciones de Neil Young, Southern Man y Alabama, que abordaban los temas del racismo y la esclavitud en Alabama, denigrando, en opinión de Lynyrd Skynyrd, al estado. Además, la canción contiene referencias al gobernador George Wallace o al escándalo Watergate.

Truck driving man. Terry Fell, 1954

El año que marcó el Big Bang del rock asistió también al nacimiento de uno de los temas country más populares, un sincero homenaje a una de las profesiones más asociadas a este género: la de los camioneros, que ya iban mereciendo su propio himno.
Terry Fell (1921-2007), nacido en Alabama, perdió a su padre a los 13 años y, al igual que Leon Payne (ver The lost highway), se trasladó a California, en esta ocasión acompañado de su madre. En 1959, Fell se alistó en el Ejército y fue destinado a Alemania Occidental, donde conoció a un joven Elvis Presley, que estaba haciendo allí el servicio militar.
Aunque fue Fell quien grabó originariamente la canción, la versión más conocida es la de Buck Owens de 1965. Nos hallamos ante un inmenso clásico del country, cuya letra ha triunfado aquí y allá, como podemos comprobar en la versión noruega de Nordre Sving Blandede Mannskor.
La letra nos habla de un camionero que hace una parada en un bar de carretera de Texas, el Hamburger Dan, donde ha oído que sirven el mejor café del mundo. A cambio de que la camarera se lo sirva, él se compromete a pinchar una canción en la gramola, The truck driving man, y, mientras, nos enteramos de que se dirige a San Antonio, Texas, y de que “cuando lo llamen a la gloria y se lo lleven de este mundo se dirigirá con su camión hacia el cielo”.
Aquí tenéis la versión de Buck Owens:

El otro Deep Purple

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Después de ver el título de esta entrada, estaréis pensando: pero, ¿no era éste un blog de música country? Lo es. Y, aun así, hoy vamos a hablar de Smoke on the water, que, como sabemos, es la canción más popular del grupo británico Deep Purple, un clásico del rock más clásico.
En fin. Todo tiene un motivo, ya lo veréis. Más de 20 años antes de este tema, Red Foley utilizó el mismo título para una canción patriótica de western swing. En 1944, en la recta final de la guerra, el público de Estados Unidos necesitaba que le levantaran el ánimo. Red Foley cumplió con creces sus expectativas gracias a este tema que se mantuvo como número 1 durante 13 semanas consecutivas. Al año siguiente, por cierto, Bob Wills presentó su propia versión, que también alcanzó el número 1 durante dos semanas.
La letra habla de las excelencias del ejército y la armada americanas, que lograrán vencer al enemigo y “acabarán con las dictaduras de Hitler e Hirohito”.
He aquí la versión original de Red Foley.

Escuchemos ahora la versión de Bob Wills, con un toque más swing.

La música nos lleva a todos sitios

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Lo dijo Robbie Robertson, el guitarrista del grupo de rock The Band. Su concierto de despedida, The Last Waltz, tuvo lugar en 1976, y Martin Scorsese lo filmó, añadiendo entrevistas con los miembros del grupo para una película que se estrenó en 1978, y que es, os lo aseguro, una obra maestra.
En dicho concierto actuaron artistas de la talla de Muddy Waters, Neil Diamond, Eric Clapton, Joni Mitchell o la estrella del country Emmylou Harris. Esta última intervino en una de las mejores canciones del grupo, Evangeline, que, según confesó más tarde el gran Levon Helm, otro de los miembros de The Band, fue escrita por Robertson la noche inmediatamente anterior al concierto.
Evangeline es ya un clásico sureño, que capta a la perfección el sonido de Luisiana. La acción nos sitúa en las orillas del río Mississippi, donde una chica, la que da nombre a la canción, espera la llegada de su amado, un tahúr que vive de jugar en los barcos que cruzan dicho río.
Os sugiero que prestéis especial atención a la música de violín o fiddle con que empieza el tema, que, sin duda, gana mucho con la actuación virginal de Emmylou.
Quitémonos los sombreros, y mandemos un cariñoso recuerdo a los únicos supervivientes de esta mítica banda, Garth Hudson y el citado Robbie Robertson.