Un forajido de leyenda

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Ríos de tinta (y de celuloide) han corrido sobre la figura de Jesse James, uno de los más emblemáticos ladrones de bancos y trenes que haya existido nunca.

Hijo de un predicador que falleció cuando Jesse era niño, en su juventud luchó en la Guerra de Secesión en el bando confederado –era oriundo de un estado sudista, Missouri–, después de que su granja fuera brutalmente atacada por las tropas de la Unión. Resultó herido hacia el final de la misma y, tras la derrota de los suyos, se asoció con su hermano mayor, Frank, que moriría por causas naturales a los 72 años, y empezó su vida de forajido.

Después de unos años de clandestinidad, un nuevo miembro entró en su banda. Se llamaba Robert Ford, y fue el hombre que lo traicionó y mató en abril de 1882, cuando su mentor tenía 34 años y el judas 20. Este moriría, a su vez, en 1892, asesinado en un saloon de Colorado. Hasta aquí el breve resumen de la vida de Jesse James. El folk, como no podía ser menos, también ha tenido que decir algo al respecto. Aunque no se conoce con certeza cuándo fue compuesta, probablemente a finales del siglo XIX, Jesse James –también conocida como The Ballad of Jesse James– fue el homenaje de la música a la figura de este bandolero que, gracias a un periodista con el que trabó amistad, empezó a ser considerado por el pueblo como una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres (algo que, según los historiadores, no es más que una mera leyenda). La primera grabación que se conserva de este tema es la de 1919 de Bentley Ball. En 1924, Buscom Lamar Lunsford le siguió los pasos. El tema apareció en 1939 en la escena final de la película Tierra de audaces, de Henry King, sobre la vida de Jesse James.

Escuchemos la versión de Woody Guthrie (1944).

El escocés Lonnie Donegan, el artista británico de mayor éxito antes de Los Beatles, hizo su propia versión en 1956.

Eddy Arnold la incluyó en su álbum Thereby Hangs a Tale (1959).

The Kingston Trio nos brindó esta interpretación en Close Up dos años después.

Este clásico se suele tocar en clave bluegrass. La versión más conocida dentro de este estilo es la de The Country Gentlemen en 1968.

El gran Johnny Cash la grabó en 1979 para su álbum The legend of Jesse James, aparecido el año siguiente.

Y, para terminar, Ry Cooder, que nos ofreció este instrumental para la banda sonora de The Long Riders (1980).

 

Red Dirt Girl. Emmylou Harris, 2000

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El álbum que vamos a escuchar hoy no es un álbum country al uso. Este trabajo de Emmylou Harris tiene un sonido casi hipnótico. La artista escribió –ya en solitario, ya en colaboración– once de las 12 canciones que lo componen, y eso que hasta entonces se había limitado casi siempre a interpretar canciones de otros. De hecho, solo repetiría esta experiencia como autora en Stumble into Grace (2003).

A lo largo de su extensa carrera, Emmylou ha trabajado en diferentes sellos, pero Nonesuch Records –la dicográfica bajo la que vio la luz este trabajo– ha sido una de las más recurrentes. Dirigida durante más de 30 años por Robert Hurwitz, se convirtió en toda una institución en la industria, editando a autores de todos los espectros musicales, como Astor Piazzola, Stephen Sondheim, Bjork, Caetano Veloso, Pat Metheny o Ry Cooder… Bajo el dilatado liderazgo de Hurwitz, el sello consiguió 42 Grammys.

Como curiosidad, este álbum, que en su día se alzó con el Grammy en la categoría de folk contemporáneo, aparece en la publicación 1001 álbumes que debes escuchar antes de morir (2005). Escuchemos ya algunos de sus temas.

El disco se abre con The Pearl, cuya letra nos plantea una metáfora no demasiado halagüeña del significado y el destino final de la vida. “Nuestro camino está gastado, nuestros pies pobremente pertrechados, elevamos nuestras plegarias hacia la probabilidad y tememos que el silencio sea la voz de Dios”. En otra estrofa se dice: “La aflicción es constante y las alegrías breves, las estaciones vienen y no traen consuelo, el tiempo es un ladrón brutal y descuidado que se lleva nuestra suerte pero deja nuestra pena”.

Rodney Crowell colaboró con Emmylou en Tragedy. De manera poética la letra describe el dolor de la narradora ante la negativa de su pareja a involucrarse plenamente en su relación. “Habría pagado a lo largo de los años un precio más valioso que los rubíes y las lágrimas para mantenerte seguro a mi lado pero tus sospechas, tu miedo y tu promesa de no dejar a nadie acercarse a ti eran tu trinidad. Una tragedia”.

Guy Clark se alió con Harris para escribir una elegía al padre de esta, veterano de la guerra de Corea. El título, Bang the Drum Slowly, hace referencia a un clásico de las canciones de cowboys, Cowboy’s Lament, en el que se dice: “Golpea el tambor suavemente, toca la gaita humildemente”.

My Baby Needs a Shepherd es más bien una oración de una madre para que su bebé esté seguro en el mundo. Está estructurada como una nana en la que la protagonista dice: “Mi bebé necesita un pastor, está allí sola perdida en la colina, necesita un ángel, nunca aprendió a volar”.

El tema que da título al disco es Red Dirt Girl, que cuenta la historia de una chica sureña y todas sus desventuras hasta su fin, incluyendo la muerte de su hermano en la guerra de Vietnam o su matrimonio, que la sumió en una profunda depresión.

La única canción del disco que no fue escrita por Emmylou Harris, sino por Patti Griffin, es One Big Love, más positiva que las anteriores, ya que la protagonista se abre a las posibilidades que le trae un nuevo amor.

La propia autora, Patti Griffin, la grabó en su disco Flaming Red (1998).

La canción de la penitenciaría

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Hoy os voy a hablar de una canción folk interpretada por un músico de blues con una curiosa historia detrás.
El músico atiende al nombre de Huddie William Ledbetter, más conocido como Leadbelly, nacido en Louisiana en 1889. En su juventud, sorteó más de una vez las rejas por su carácter pendenciero. Al fin, en 1918 fue encarcelado por primera vez, acusado de asesinato. No llegó a cumplir íntegramente su pena, tanto por su buena conducta como porque, según cuenta la leyenda, el entonces gobernador de Texas lo indultó merced a la admiración que profesaba a su música. Pocos años después, en 1930, y en su Louisiana natal, pasó otra temporada a la sombra, esta vez por intento de homicidio.
Allí, los folkloristas John y su hijo Adam Lomax, que como en la película Un rostro en la multitud iban recorriendo prisiones a la caza de talentos locales, lo descubrieron. Fue entonces cuando entró en escena la canción que vamos a escuchar, Goodnight Irene, que Leadbelly cantó para ellos y que, en cierto modo, lo salvó por segunda vez de su condena (los Lomax recomendaron al gobernador su libertad, que ellos mismos supervisarían, y Leadbelly llegó a ser su chófer), si bien la razón oficial fue de nuevo su buen comportamiento.
Se cree que el tema fue compuesto a finales del siglo XIX por Gussie L. Davis. Leadbelly la aprendió de sus tíos, y, en cualquier caso, fue él quien la grabó por primera vez y reescribió su letra, de modo que se suele considerar de su autoría. A esta grabación seguirían otras como Cotton Fields, Midnight Special o In the Pines, todas ellas escuchadas en River of Country. Goodnight Irene es una canción de amor en la que el protagonista asegura que no dudaría en quitarse la vida si su mujer lo dejara.
Escuchemos, en primer lugar, la original de Huddie Ledbetter Leadbelly, en una de sus múltiples grabaciones, esta de 1935.

Tras la muerte de Leadbelly, el grupo folk The Weavers, del que formaba parte el legendario Pete Seeger, recuperó el tema en 1950.

Frank Sinatra la incluyó en su repertorio ese mismo año, siendo uno de los pocos temas folk que grabó en su vida.

Dos estrellas del country, Ernest Tubb y Red Foley, hicieron su propia versión también en 1950.

Uno de los grandes exponentes del sonido Nashville, Jim Reeves, la grabó en Girls I Have Known (1958).

Esta es la versión del grupo folk más famoso de los años 60, Peter, Paul and Mary.

Johnny Cash la incluyó en The Original Sun Sound of Johnny Cash (1964).

Sirva esta versión como homenaje a Leon Russell, fallecido el pasado 13 de noviembre. Su versión pertenece al disco Hank Wilson’s Back (1973).

Ry Cooder, acompañado al acordeón por Flaco Jiménez, la grabó para su Chicken Skin Music (1976).

Por último, os dejo con Boxcar Willie en Boxcar´s Best (1997).

La primera canción del hombre de negro

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Cuando Johnny Cash volvió de Alemania, donde había estado destinado por el ejército, y se reintegró a la vida civil a la edad de 22 años, se dedicó de lleno a la música country. En 1954 fichó por Sun Records, un sello fundado dos años antes por Sam Philips y que también se haría con otro de los grandes, Elvis Presley.
En julio de 1954, That’s All Right, de Elvis, constituyó un sonoro éxito para la compañía, y Sam Phillips, su dueño, reclamó a Johnny una canción similar, de ritmo rápido. Junto con Marshall Grant y Luther Perkins, Cash escribió Hey Porter, y la grabó el 1 de septiembre de 1954, aunque no salió al mercado hasta mayo del año siguiente. Para componerla, el hombre de negro se inspiró en su propia experiencia: habla de un tipo que regresa a su hogar sureño tras una larga temporada fuera y se muestra entusiasmado con su vuelta. El viaje tiene lugar en tren, esto es, se inserta en la tradición de las canciones ferroviarias de country. “Eh, mozo, ¿me dices la hora? ¿cuánto falta para cruzar la línea Mason-Dixon?” (una línea imaginaria que suele considerarse la frontera cultural del Norte y el Sur de Estados Unidos).
Escuchemos la grabación original de Johnny Cash, que ha aparecido en varios de sus discos.

Ry Cooder la recuperó para Into the Purple Valley (1972).

En el disco conjunto de homenaje a Johnny Cash Kindred Spirits: A Tribute to the Songs of Johnny Cash (2002), Marty Stuart nos regaló esta versión.

Ricky Skaggs, el niño prodigio

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Ricky Lee Skaggs nació hace 60 años en Cordell, Kentucky. A los seis, ya tocaba la mandolina y colaboraba con el legendario Bill Monroe, padre del bluegrass. Posteriormente, entró en contacto con Lester Flatt y Earl Scruggs e intentó ingresar en el Grand Ole Opry, donde lo rechazaron porque todavía era un niño. Formó su primer grupo, los Clinch Mountain Boys, con 16 años, y cuatro después grabó su primer disco, That’s It. Su talento innato le llevó a colaborar con Vince Gill o Emmylou Harris y en los años 80 se convirtió en la voz más autorizada y modélica del bluegrass, dignidad que ha ostentado hasta ahora.
El productor y guitarrista Chet Atkins dijo de él: “Él solo ha salvado la música country”. Con 14 Grammys en sus vitrinas, su último disco, Hearts Like Ours, en colaboración con Sharon White, se puso de largo en septiembre del pasado año; y, junto con la citada White y Ry Cooder, este mes está recorriendo toda la geografía estadounidense en una gira.
Compuesta por Earl Scruggs, Lester Flatt, Carl Butler y Earl Sherry en 1960, Ricky Skaggs grabó Crying My Heart Out Over You en 1981, y al punto se convirtió en uno de sus grandes temas. El single lo lanzó el sello Epic y no tardó en alcanzar lo más alto de las listas (fue el primer número 1 para Skaggs). La letra es el lamento de un hombre que ha perdido a su compañera (“esos ojos azules ahora sonríen a alguien nuevo”), y llora tanto, que hasta el corazón se le sale del pecho.

Los maestros del bluegrass, y coautores de la canción, Earl Scruggs y Lester Flatt ya la habían grabado en su disco Dim Lights, Thick Smoke and Country Music (1960).

Norte y Sur (XIII)

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Comencemos con una efeméride. Tal día como hoy de hace 150 años, el 9 de abril de 1865, el general Lee rindió su ejército en Appomattox (Virginia), lo que selló el fin de la Guerra de Secesión con la victoria unionista. Los soldados pudieron reanudar el curso de sus vidas y de eso precisamente hablaremos en la entrada de hoy: del regreso al hogar desde el frente de batalla.
La canción más popular sobre este tema fue When Johnny comes marching home, que, en realidad, se escribió dos años antes de que acabara la guerra. Su autor, Patrick Gilmore, un letrista de ascendencia irlandesa, se sirvió de la melodía de Johnny Fill Up the Bowl (“Johnny, llena el cuenco”), también conocida como For Bales (“Por los fardos de heno”). Escuchémosla.

En el folk, la paternidad de las canciones resulta a menudo confusa. Es el caso de Johnny, I hardly knew ye, con la que también comparte melodía. The Irish Rovers versionó esta canción, que se remonta unos 250 años atrás en el tiempo.

Os dejo ahora con una conocida adaptación que se hizo durante la guerra, tocada por el Second South Carolina String Band. La letra hace referencia a la alegría que inundará a todos “cuando Johnny vuelva a casa”.

Esta es la interpretación de Dolly Parton durante una celebración del 4 de julio, fiesta nacional.

El director de orquesta Mitch Miller nos dejó esta otra versión de carácter coral.

Finalmente, películas como La conquista del Oeste, Yankee Dandy, Lo que el viento se llevó, Nacido el cuatro de julio y muchas otras la incorporaron a su banda sonora.
I’m going back to Dixie es una canción escrita en 1874, una vez finalizada la guerra, por C. A. White. Fue muy popular entre los soldados que regresaban del frente. El maestro del bluegrass John Hartford incluyó una versión de la misma en su disco Goin’ Back to Dixie (1992).

En el marco de una convención de instrumentistas del fiddle, escuchemos a los especialistas del banjo Wayne Shrubsall y Peter Feldman, miembros de The Old Time Band.

Tom Roush la revitalizó en 2011.

Al finalizar la Guerra de Secesión, comenzó el período de la “reconstrucción”, en el sentido literal y también en el figurado. No todo el mundo toleró el nuevo orden de cosas, y sobre eso habla la siguiente canción. Había rebeldes que no aceptaban ser “reconstruidos”. La letra de Unreconstructed Rebel –también conocida como I’m a good old rebel– está narrada por un soldado sureño que no comparte en absoluto los valores de los “yankees”, se alegra de haber luchado contra ellos y no quiere el perdón por nada de lo que ha hecho.

He aquí la interpretación del Second South Carolina String Band.

La película Forajidos de leyenda la incluyó en su banda sonora, con música de Ry Cooder.

Tiempo de necesidades

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Es difícil encontrar una película tan honesta como la que os recomiendo hoy, cuya banda sonora se funde a la perfección con la historia. Se titula Sounder (1972), la dirigió Martin Ritt y se ambienta en las regiones del Sur de Estados Unidos durante la Gran Depresión. En la película, especifican que la acción se desarrolla en Louisiana en 1933, aunque el libro en que se basa, obra de William Armstrong, no es tan preciso con las coordenadas. Fue en esta zona donde eclosionó el country y su hermano mayor, el blues, que acapara la banda sonora de Henry Saint Clair Fredericks, más conocido por su sobrenombre artístico de Taj Mahal, ganador años más tarde de dos Grammys por sendos álbumes de blues y que, además, tiene un pequeño papel en la película. El tema principal, casi un leitmotiv en la cinta, es un gospel-blues sobre los difíciles tiempos de la Depresión en las regiones rurales de Estados Unidos. Se trata de Needed Time, que contó con la colaboración de Sam Lightnin’ Hopkins, que también lo canta. Os dejo con ella. Escuchad ahora la versión de Taj Mahal. Otra gran versión se la debemos a Eric Bibb, que actualmente reside en Helsinki. Merece mucho la pena. Escuchemos ahora una pieza totalmente instrumental, Jailhouse Blues, del citado Taj Mahal, que no es sino un suave lamento. Su estilo recuerda al de otro grande del blues, Ry Cooder, y es que, no en vano, fueron compañeros profesionales a principios de los 60. La banda sonora se editó en formato CD en 1997 y es, al igual que la película, altamente recomendable.

El blues, pilar sobre el que se asienta el country

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Hace dos semanas os hablaba de la génesis del country y del papel que desempeñó la música Dixieland. Hoy me voy a centrar en otra de las piezas de la espina dorsal del country: el blues, que surgió a finales del siglo XIX en las zonas rurales afroamericanas del Sur de Estados Unidos.
Las canciones blues son un lamento por las arduas condiciones de trabajo, las rupturas sentimentales o cualquier otro tipo de “calamidad”. Pocos años después, en la década de los 20, surgió el country blues, con dos subgéneros fundamentales: el Delta Blues –más rural y originado en el delta del Mississippi– y el Piedmont Blues, que comenzó en la costa este de Estados Unidos. Por lo general, en el country blues el instrumento que más se utiliza es la guitarra. Veamos algunos ejemplos:
Empezamos por el llamado Padre del Blues, W. C. Handy, que compuso uno de los primeros temas de blues que se recuerdan, Memphis Blues (1912).

Dos años después, Handy compuso su otra gran obra, St. Louis Blues.

Otro de los pioneros del country blues fue Big Bill Broonzy, cuya carrera empezó en los años 20. Una de sus numerosas grabaciones es esta See See Rider, también conocida como C.C. Rider (1934).

Blind Willie McTell nació en Georgia. Al inicio de su carrera, dedicó una canción a una ciudad de dicho estado: el famoso Statesboro Blues. Seguramente, muchos de vosotros la recordaréis por la versión que hizo años después The Allman Brothers Band. Escuchemos la original de 1928.

Robert Johnson, uno de los grandes del Delta, es uno de los cantantes de blues mejor conocidos de esta época por la reedición de sus grabaciones completas en 1961, más de 20 años después de su muerte. Escuchemos una de sus mejores composiciones, Kind Hearted Woman Blues, de 1936.

A continuación, una canción que se ha convertido en casi un himno para Chicago: Sweet Home Chicago, de 1937.

Uno de los máximos exponentes del Piedmont Blues fue Arthur Blind Blake. Os dejo con su Early Morning Blues, de 1926.

En esta selección no podía faltar la considerada Madre del Blues, Gertrude Pridgett, Ma Rainey. Escuchémosla en esta grabación histórica de 1923, Boweawel Blues, uno de los blues más antiguos de los que se tiene noticia. El boweavel era una especie de escarabajo que causaba estragos en las cosechas de algodón, cultivo típico del sur de Estados Unidos.

Si hay otra voz femenina que puede competir con Ma Rainey, esa es la de Bessie Smith. Escuchemos la primera canción blues que alcanzó el millón de copias, toda una hazaña para 1923. Aquí va Downhearted blues, compuesta por Alberta Hunter y Lovie Austin.

Uno de los grandes representantes de la generación actual de blues es Ry Cooder. En 1986 participó en la banda sonora de la película Crossroads, de la cual escucharemos dos temas.
El primero es Walking Away Blues.

Escuchemos ahora su interpretación de Viola Lee Blues, escrita por Noah Lewis.

Se suele decir que, para ser un buen bluesman, hay que haber nacido en el delta del Mississippi. El ejemplo que os traigo para terminar demuestra que esto no es del todo cierto, ya que Dave Alvin –llamado El rey de California– nació en California, y nos ha dejado este magnífico East Texas Blues.