Norte y Sur (yXVII)

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La canción con la que se abre esta última entrega de Norte y Surcheer up, boys!– surgió en los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra, concretamente en 1850.
No se sabe con exactitud su autor, pero sí que, al principio, el tema fue conocido como Wait for the Wagon, y que su letra, aunque tuvo diversas variantes –como acostumbran las canciones folk–, describía las proposiciones de un hombre a una mujer para que se fuera con él en su carromato.
Fue tal su popularidad, que llegó a interpretarse en los escenarios de Londres, y unos soldados confederados la adaptaron a esos tiempos marciales. Así nació The Southern Wagon, ya como una encendida defensa de los principios que inspiraron la Secesión: “no queremos un gobierno en el que el algodón no sea el rey, nuestra causa es justa y sagrada, nuestros hombres valientes y honestos”. Total, que en este carromato sureño viajan, junto con el presidente de la Confederación Jefferson Davis, el vicepresidente Alexander Stephens y P. G. T. Beauregard, uno de sus principales generales.
Bobby Horton nos dejó esta interpretación.

En el ya clásico Songs of the Civil War (1961), de Capitol Records, Tennessee Ernie Ford nos brindó esta versión.

Y, para terminar esta serie dedicada a la Guerra de Secesión, he elegido uno de los temas del maestro del fiddle John Hartford, fallecido en 2001. En esta grabación de The Secesh (Shiloh), que inyecta alegría en vena, vais a escuchar su clogging característico, esa forma de baile folk que consiste en marcar el ritmo con los zapatos. El título hace referencia a la batalla de Shiloh, que tuvo lugar en 1862 en Tennessee. La letra es muy sencilla: el soldado coge su petate y el rifle, y se dirige a Shiloh, donde le aguarda su destino.

En fin, espero que hayáis disfrutado de esta selección de música e historia que comencé el pasado 13 de enero. Yo me lo he pasado muy bien, la verdad, y ahora voy a buscar una nueva batalla. ¿Nos alistamos juntos?

Norte y Sur (VII)

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En las próximas entregas nos aproximaremos a uno de los lugares comunes de todas las guerras: las canciones que los soldados en el frente dedican a sus novias y mujeres.
La primera que vamos a escuchar, Lorena, fue escrita en 1856, unos años antes de que estallara la guerra, en Ohio –estado del norte–, pero fue tremendamente popular en ambos bandos durante el conflicto. Su autor, el reverendo Henry D.L. Webster, se la dedicó a un viejo amor, Ella Blocksom, cuyo rechazo provocó que abandonara su labor como pastor. Su amigo Joseph Philbrick Webster se ocupó de la música. Nostálgico y sentimental, el tema caló tan hondo entre las tropas sureñas, que hubo quien dijo que fue el culpable de que el Sur perdiera la guerra: al cantarla, los soldados se ponían en modo melancólico, y perdían las ansias de luchar. Max Steiner la incluyó en la banda sonora de Lo que el viento se llevó (1939) y, años después, en algunas escenas de Centauros del desierto (1956). La letra expone lo perdurable del amor: “Los años se arrastran lentamente, hay nieve en el terreno, el sol se pone en el cielo, hay escarcha donde antes había flores, pero los corazones laten tan cálidamente ahora como cuando se aproximaban los días del verano”.
En mi opinión, Tennessee Ernie Ford fue quien mejor supo captar el espíritu suave de la balada con su espléndida voz de barítono. Lo hizo en su disco Songs of the Civil War (1961).

Escuchemos al 97 Regimental String Band.

Tom Roush ha recuperado multitud de canciones de la Guerra Civil, entre ellas ésta.

Second South Carolina String Band versionó este clásico.

El virtuoso del fiddle y el banjo –y gran representante del bluegrass– John Hartford nos regaló esta versión.

Norte y Sur (II)

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Hoy nos vamos a centrar en un aspecto esencial de cualquier guerra: el factor humano. Según diversos estudios, en la de Secesión lucharon aproximadamente 2.750.000 soldados, de los que unos 2 millones nutrían las filas del Norte –los yankees, de uniforme azul– y el resto las del Sur –los rebeldes, de uniforme gris.
Al final de la contienda se estima que más de 600.000 soldados de ambos bandos perdieron la vida. Fue la guerra más sangrienta del siglo XIX, tras las guerras napoleónicas en Europa.
Los orígenes de la primera canción que os traigo –Southern Soldier– se remontan a los últimos años de la guerra en la región de los Apalaches, en las Carolinas. Esta melodía folk fue revitalizada en el disco del mismo nombre grabado por Second South Carolina String Band en 1997. La letra presenta a un soldado que se despide de su mujer, su hijo y su anciana madre para luchar por la causa del sur.

Escuchemos ahora Rebel Soldier, el lamento de un soldado confederado que se encuentra lejos de su hogar, solo tiene “una manta por mortaja” y siente nostalgia por todo lo que ha dejado atrás.
Johnny Rebel –alter-ego de Clifford Joseph Trahan– hizo esta versión.

Esta otra, obra de Waylon Jennings, apareció en un disco compilatorio de 1991, Songs of the Civil War.

Bobby Horton, nacido en 1948, se ha dedicado a recopilar canciones de la guerra civil americana.

Los soldados de la Confederación eran conocidos coloquialmente como Johnny Reb. Así precisamente se titula la siguiente canción, que, a diferencia de las anteriores, no data de los tiempos de la guerra, sino que es posterior. Johnny Horton la popularizó en un disco de 1959. Es un homenaje a todos los soldados “rebeldes” que lucharon hasta el final.

En 1966 Johnny Cash la grabó en su álbum Johnny Cash Sings Ballads of the True West.

Norte y Sur (I)

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Este 2015 conmemoramos los 150 años del fin de la Guerra Civil Americana –la Guerra de Secesión–, en la que se enfrentaron dos ideologías opuestas: quienes defendían la preeminencia de las decisiones de los estados individuales (conocidos como la Confederación o simplemente el Sur) y, por otro lado, los que querían que todos los estados tuvieran una legislación común (conocidos como la Unión o simplemente el Norte).
Entre los temas de fricción entre los estados estaba el de mantener esclavos. El Sur los necesitaba para que su economía, eminentemente agrícola, siguiera funcionando. Sin embargo, el nuevo presidente, Abraham Lincoln, se oponía a que la esclavitud se extendiera a los nuevos territorios anexionados a Estados Unidos. El terreno estaba abonado para que estallara la guerra. Solo hacía falta un detonante, y este fue el ataque de las tropas confederadas al fuerte Sumter, el 12 de abril de 1861.
Como este es un blog de música, escucharemos en diferentes entregas canciones muy populares en la época, muchas de las cuales han sido revitalizadas por artistas country. Empezaremos con los himnos de cada bando.
Así como en el Sur la canción más popular es pública y notoria, en el Norte hubo varias. Una de ellas, que proviene de una antigua canción gospel, es Battle Hymn of the Republic, que en ocasiones era cantada por soldados de ambos bandos. Escuchémosla en la voz de Johnny Cash.

Otra de las canciones más representativas del Norte fue Battle Cry of Freedom (1862). Escuchemos la versión de la banda de música del Regimiento de Cuerda número 97.

En el Sur, Dixie –también conocida como I wish I was in Dixie– fue la canción estrella. Compuesta por Daniel Decatur Emmet, que había nacido en Ohio, un estado del Norte, fue adoptada como himno oficioso por la Confederación. Se dice que era una de las preferidas de Lincoln y, al final de la guerra –que, como sabemos, ganó la Unión–, éste mandó tocar Dixie en los jardines de su residencia como gesto de reconciliación.
Escuchemos la versión del Second South Carolina String Band. La canción es una alabanza al Sur. El narrador desea estar en Dixie con sus campos de algodón, porque allí “los viejos tiempos no se olvidan”, y promete vivir y morir en Dixie.

Escuchemos otra versión canónica del himno de la Confederación.

La letra fue adaptada poco después para hacer referencia a la causa del Norte y se convirtió en To Arms in Dixie. Tennesse Ernie Ford incluyó una versión de la misma en su álbum Songs of the Civil War.