El bluegrass entra en el Opry

dailey

Tras dos años –2015 y 2016– de puertas cerradas en el Grand Ole Opry, la institución ha incorporado en lo que llevamos de 2017 a dos nuevos miembros, Crystal Gayle, noticia de la que ya os di cumplida cuenta aquí, y, dos meses después, al dúo de bluegrass Dailey & Vincent, del que os voy a hablar hoy.

Jamie Dailey y Darrin Vincent actuaban como artistas invitados en el Grand Ole Opry en diciembre del pasado año, cuando fueron sorprendidos por la invitación de Marty Stuart, que ya forma parte de este selecto grupo. La ceremonia efectiva tuvo lugar el 11 de marzo, cuando Jeanny Seely, otra veterana del Opry, que este año celebrará medio siglo como miembro, actuó de maestra de ceremonias.

Durante el acto, los nuevos miembros tuvieron palabras de agradecimiento para otros dúos de bluegrass y de country que les han precedido en este honor, como Jim & Jesse, The Louvin Brothers o los Osborne Brothers. En su discurso, Dailey señaló la gran responsabilidad que supone ser miembro del Opry y reflexionó sobre la verdadera misión del artista: “La gente del público puede estar enferma, pasando por malos momentos, problemas financieros, quién sabe. Nuestro trabajo es salir al escenario e intentar que al final del espectáculo se sientan mejor que cuando entraron; ese es nuestro trabajo donde quiera que vayamos”.

El dúo ha recibido varias nominaciones a los Grammy y ha sido seleccionado tres veces como artistas del año por la Asociación Internacional de Bluegrass. Unos días después de ingresar formalmente en el Opry, como si de una fiesta sin fin se tratara, sacaron nuevo disco, Poets & Patriots.

Aunque estemos en pleno verano, adelantémonos a la Navidad y escuchemos Beautiful Star of Bethlehem, la canción que les lanzó a la fama. El tema pertenece a Christmas Grass Vol. 2 (2004).

Ahora, un ejemplo de gospel-bluegrass, By the Mark, tema que fue merecedor del premio a la mejor grabación gospel por la Asociación Internacional de Bluegrass en 2008. La letra dice: “Conoceré a mi salvador por la marca donde estuvieron los clavos”.

Escuchemos la canción con la que cerraron la velada en el Grand Ole Opry, I´ll Go to My Grave Loving You, que ya constituyera un éxito para The Statler Brothers, un grupo que ejerció gran influencia sobre ellos y a los que versionaron en un disco. Escuchemos la interpretación de Dailey & Vincent en su disco Sing the Statler Brothers (2010).

Finalmente, vamos a disfrutar de un tema extraído de su último disco, Poets and Patriots, That Feel Good Music. En su letra se cita el clásico del bluegrass Cotton Eyed Joe (aquí la podéis escuchar), como un ejemplo perfecto de la música que te hace sentir bien.

¡Sea crucificado!

lambslain

Hoy, Viernes Santo, se recuerda el día de la crucifixión de Cristo. Según la tradición cristiana, Jesús ofreció su sangre por nosotros, así que abordaremos una canción góspel que habla precisamente de eso –de la sangre–, y de cómo, metafóricamente, hemos de lavarnos en ella para salir purificados.

El tema que vamos a escuchar, publicado originariamente en 1878, lleva por título Are You Washed in the Blood?, y es obra de Elisha A. Hoffman, uno de los más prolíficos autores de canciones religiosas de todos los tiempos, hasta el punto que de su pluma salieron unos 2.000 himnos de esta naturaleza.

La letra concatena una serie de preguntas que abundan en la necesidad de tener siempre presente la sangre del Cordero: “¿Has ido a Jesús en busca de su poder purificador?, ¿te has lavado en la sangre del Cordero?, ¿están tus vestiduras sin mancha?, ¿están blancas como la nieve?”. Se han hecho multitud de versiones de este tema, las más conocidas en clave de bluegrass. Escuchemos algunas de ellas.

Carl Story, el conocido como “padre de la música góspel bluegrass”, y su grupo, The Rambling Mountaineers, la grabaron, y su trabajo apareció en un recopilatorio que comprendía sus obras entre 1942 y 1952.

Uno de los primeros grupos de bluegrass fue The Foggy Mountain Quartet. Aquí interpretan la canción con Earl Scruggs a la guitarra.

The Statler Brothers en Oh Happy Day (1969).

En un recopilatorio con las grabaciones de Red Allen entre 1962 y 1983 figuraba también este tema. Frank Wakefield, ¡nada menos!, es quien le acompaña a la mandolina.

Veamos una interpretación en directo de los Shenandoah Cut Ups en 1971.

Willie Nelson hizo su versión en Old Time Religion (1992).

The Charlie Daniels Band imprimió una gran energía a esta versión, aparecida en How Sweet The Sound: 25 Favorite Hymns and Gospel Favorites (2001).

Alan Jackson la incluyó en su disco Karaoke (2007).

Veamos a los Kings Highway en una actuación en el festival bluegrass de Jerusalem Ridge en 2008. El grupo está compuesto por Mark Hargis a la mandolina, Mike Fulkerson al banjo, Kevin Bowlds al fiddle y Byron Oost al contrabajo.

El dúo Joey + Rory la incluyó en Inspired: Songs of Faith and Family (2013).

La versión de Randy Travis aparece en Hymns: 17 Timeless Songs of Faith (2014).

Por último, una versión coral obra del Antrim Mennonite Choir, que salió en el disco Amazing Grace.

 

El amigo más fiel

shepherd dog
Se suele decir que el perro mostrará fidelidad a su dueño toda la vida, y esto es lo que sucedió con el perro que dio origen a la canción que vamos a escuchar hoy.
Su autor, Stuart Hamblen, era un gran aficionado a la caza. Según contó en diversas ocasiones, escribió este tema en el marco de una expedición en Sierra Nevada, una cordillera entre Nevada y California. Corría el año 1954 y, junto con un amigo, se adentró en esos bosques para practicar su deporte favorito. Les sorprendió una ventisca y buscaron refugio en una cabaña aparentemente abandonada. En realidad, estaba guardada por un perro, y Hamblen supuso que su dueño también estaría allí. Se trataba, efectivamente, de la cabaña de un explorador que había fallecido tiempo atrás y que seguía allí. Así nació This Ole House.
A partir de esta idea, Hamblen, especialista en música gospel, reflexionó sobre la muerte y lo efímero de la vida en este clásico del country gospel. En la misma cabaña, comenzó la canción con estos versos: “Esta vieja casa conoció a mis hijos, esta vieja casa conoció a mi mujer, esta vieja casa resonaba con risas”; pero, en la línea de las canciones gospel, no ve la muerte como algo negativo, sino como algo natural. Con el paso del tiempo, la casa ha envejecido (y su cuerpo también) y ya no puede ser reparada, al igual que su cuerpo. Cuando ve a un ángel mirando por un cristal roto de la ventana, se da cuenta de que “no siente dolor ni miedo” (la casa, en cambio, gime y tiembla cuando el viento nocturno extiende sus brazos). Y ya que “no va a necesitar la casa más”, se prepara para “encontrarse con los santos”.
Aunque el autor también la grabó, la de Rosemary Clooney en 1954 fue la versión que tuvo más éxito. La voz de bajo que la acompaña es la de Thurl Ravenscroft.

Escuchemos al compositor Stuart Hamblen en su grabación de 1954. Dos años después lo haría en su disco It is no secret.

Jimmie Dean la incluyó en Everybody’s Favorite (1963).

The Statler Brothers la versionaron en Flowers on the Wall (1966).

Shakin Stevens recuperó este clásico y le dio un toque rock que causó sensación en 1981.

Loretta Lynn hizo su propia versión en Van Lear Rose (2004).

Brenda Lee y Dolly Parton en Gospel Duets with Treasured Friends (2007).

Por último, escuchemos a Willie Nelson en Remember Me Vol. 1 (2011).

Y al tercer día…

how great
En este día en que conmemoramos la resurrección de Jesús, hablaremos de uno de los himnos evangélicos más célebres de todos los tiempos, How Great Thou Art (“Qué grande eres”).
El origen hay que buscarlo no en Estados Unidos, sino en tierras septentrionales europeas, concretamente en Suecia, donde en 1885 un joven predicador de 26 años, Carl Gustav Boberg, escribió el poema O Store Gud (“Oh gran Dios”).
Años después, durante una reunión religiosa, Boberg se enteró de que le habían puesto música, utilizando una vieja melodía sueca. El caso es que este himno fue del agrado de la jerarquía eclesiástica y se tradujo primero al alemán en 1907 y luego al ruso en 1912.
La primera versión en inglés data de 1925, por parte de E. Gustav Johnson, aunque la más conocida –y la que ha llegado hasta nuestros días– es la de un misionero británico que había emigrado a Estados Unidos procedente del este de Europa. Stuart K. Hine escribió la letra en los años 30 del pasado siglo y, desde entonces, ha formado parte del repertorio de gran parte de los artistas que han cantado gospel.
El narrador se asombra del poder de Dios, que se despliega en todo el universo. Vamos a escuchar distintas versiones de este himno cantadas por artistas country.
Tennessee Ernie Ford la grabó con acompañamiento coral de The Jordanaires en su álbum I Love to Tell the Story (1962).

Elvis Presley lo hizo para How Great Thou Art (1967).

Os dejo con la versión de Connie Smith, que la interpretó por primera vez en Back in Baby’s Arms (1969).

Dolly Parton la ha incluido en multitud de álbumes; el primero de ellos, A Real Live Dolly (1970).

Escuchemos a The Statler Brothers en Holy Bible New Testament (1976).

Martina McBride la incluyó en Amazing Grace (1995).

Alan Jackson la versionó en Precious Memories (2006).

En 2008 apareció el álbum colectivo How Great Thou Art: Gospel Favorites Live from the Grand Ole Opry, en el que Carrie Underwood nos regaló esta versión.

Country Urbano (XIII)

Memphis
32. Memphis, Tennessee. Nashville, que ya hemos visitado, es la capital del estado de Tennessee, pero no es su ciudad más poblada. Ese honor le corresponde a Memphis, cuna de Johnny Cash, Aretha Franklin y Elvis Presley. El tema que vamos a escuchar, también conocido como Memphis, lo escribió Chuck Berry, uno de los pioneros del rock and roll, en 1959, y, desde entonces, ha conocido multitud de versiones, también de cantantes country. El narrador pide ayuda a la operadora de información para ponerse en contacto con su sobrina Marie, de seis años de edad, que vive en Memphis.
Esta es la versión de Del Shannon, extraída de su disco Greatest Hits.

The Statler Brothers fue uno de los temas que tocaron en The Nashville Network.

He aquí la interpretación de Conway Twitty en Play, Guitar, Play (1977).

Un directo de Buck Owens de 1988.

Dejen sitio, que entra Faron Young.

Recientemente, Toby Keith la ha incluido en su disco Clancy’s Tavern (2011).

33. That’s how I got to Memphis. En esta canción, de Tom T. Hall, el narrador va a Memphis siguiendo los pasos de su amada. “Si me dices que ella no está aquí, seguiré el rastro de sus lágrimas; así es como llegué a Memphis”. Para los aficionados a las series, fijaos en que suena en el capítulo final de The Newsroom.
Tom T. Hall la incluyó en su álbum Ballad of Forty Dollars (1969).

Bobby Bare la grabó al año siguiente en This is Bare Country (1970), y el single llegó al tercer puesto de las listas de country.

Rosanne Cash la versionó en Somewhere on the Stars (1982), y su padre la acompañó.

Este es Buddy Miller en Your Love and Other Lies (1995).

En mayo de este año apareció Sonic Ranch, de Whitey Morgan, que posiblemente contenga la última versión de este pequeño clásico.

Sobre héroes y tumbas (V)

vietnam
En julio de 2012, los periódicos informaron de una curiosa noticia: las cartas de un soldado americano destinado en Vietnam habían llegado 43 años después a sus destinatarios.
Esta historia es real, y la que viene ahora es ficticia, pero nos sirve como introducción. Hank Snow publicó en 1966 A letter from Vietnam (to Mother), acerca de un soldado que escribe a su madre sobre la vida en el frente pocos días después de haber visto morir a su mejor amigo.

Otro tributo a los veteranos y a los caídos en Vietnam es More than a name on a Wall, escrita por Jimmy Fortune y convertida en un éxito por The Statler Brothers. Una madre va al muro donde se homenajea a las víctimas de la guerra y se dirige a Dios, anegada en lágrimas, diciéndole que su hijo es “más que un nombre en una pared”.

Muchos hombres se negaron en redondo a ir a la guerra, y cruzaron la frontera hacia Canadá. Esta es la historia que nos cuentan The Flying Burrito Brothers en My uncle. El protagonista acaba de recibir su carta de reclutamiento, que elude dirigiéndose a Vancouver, donde su tío le ha ofrecido un contrato por tres años, que nunca podrá agradecerle bastante. Allí carecen de esas leyes que “tienden a meter a los hombres bajo tierra”.

El valle de las sombras

shenandoah
La música folk, como hemos escuchado en más de una ocasión, ha ayudado a moldear la música country. Hoy la entrada está dedicada a una canción folk muy conocida, cuya popularidad aumentó gracias al género cinematográfico. Me refiero a Oh, Shenandoah (o simplemente Shenandoah). Sus orígenes se pierden en los albores del siglo XIX. El valle del río Shenandoah se encuentra en Virginia y, por ello, el gobierno del estado la intentó incluir por ley en su acervo musical. La iniciativa no prosperó, ya que, de hecho, la letra no cita explícitamente ese estado.
La primera versión escrita de la canción data de 1876, aunque probablemente surgiera mucho antes, cuando los aventureros, comerciantes de pieles de castor en su mayoría, navegaban por el río Missouri abajo (“a través del ancho Missouri”) y en ocasiones se establecían en este valle y se casaban con mujeres indias. La universidad Washington & Lee suele utilizar la melodía como himno, ya que la institución se encuentra, precisamente, en el corazón del valle de Shenandoah.
Tras esta pequeña introducción, vamos a escuchar algunas de las versiones más conocidas del tema.
Tennessee Ernie Ford fue una de las mejores voces masculinas que dio el country. La versionó en su disco The Folk Album (1971).

Glen Campbell lo hizo en The artistry of Glen Campbell.

El maccarthismo virtualmente acabó con la carrera de Paul Robeson. Escuchemos su magnífica interpretación.

The Statler Brothers la interpretaron en Big Country Hits.

Dave Alvin le dio un toque soul.

Arlo Guthrie, el hijo de Woodie Guthrie, ha recuperado esta canción folk en su disco Son of the Wind (1994).

Entre las versiones que no pertenecen a la música country, una de las mejores es la de la noruega Sissel Kyrkjebø.

Como decía antes, el cine contribuyó a popularizarla. En La conquista del Oeste, cuya banda sonora es de Alfred Newman, aparecieron fragmentos de este tema. Pero donde cobra un mayor protagonismo, y da nombre incluso a la película, es en El valle de la violencia (Shenandoah, 1965), dirigida por Andrew V. McLaglen e interpretada por James Stewart.

Y, sin salir del cine, escuchad este arreglo de Ennio Morricone de Oh, Shenandoah, en la voz de Peter Tevis para su álbum Un pugno di…West.