Un revulsivo contra la esclavitud

slaves
Hablemos hoy de uno de esos temas herederos de la tradición popular cuyos orígenes se pierden en la nebulosa de los tiempos. Me refiero a Michael, row the boat ashore, una canción ya conocida en tiempos de la Guerra Civil o Guerra de Secesión. Ignoramos el nombre de su autor o autores, pero no se nos escapa que este espiritual negro empezó a cantarse por los esclavos de la isla de Santa Elena, en Carolina del Sur (colonia fundada, por cierto, en el año 1566 por un asturiano, es decir, uno de los primeros asentamientos europeos de lo que hoy es Estados Unidos).
La canción, consuelo para los esclavos que trabajaban en las plantaciones, no tardó en convertirse en un símbolo para los abolicionistas. Recopilada en 1867 en el libro Slave Songs of the United States –obra de Charles Pickard Ware, William Francis Allen y Lucy McKim Garrison–, esta tonada folk sería revitalizada en los años sesenta del pasado siglo por el movimiento de los derechos civiles.
Se trata de una canción de corte religioso y, como suele ocurrir en los temas de tradición popular, la letra no presenta una única versión. En todas ellas se invoca al arcángel San Miguel para que preste su ayuda a los esclavos en su esfuerzo por llevar remando la barca hasta la orilla, y cita también el río Jordán, lugar donde, según la Biblia, fue bautizado Jesucristo.
The Highwaymen fue un grupo folk de cinco miembros, una de cuyas cumbres fue su versión de este tema, con el título Michael (1960).

El que ha sido considerado el artista británico de más éxito antes de los Beatles, Lonnie Donegan, consiguió un gran éxito en el mercado de su país en 1961.

Pete Seeger, redescubridor de la música popular americana, la incluyó en sus discos en varias ocasiones, la primera en el álbum en directo Sing Out with Pete! (1961).

Escuchemos ahora una versión en clave rock, interpretada por Johnny Rivers en Johnny Rivers Rocks the Folk (1965).

El cantante hispano Trini Lopez la incorporó a The Folk Album (1965).

Peter, Paul and Mary la interpretaron en Around the Campfire (1998).

La cantante israelí Rika Zaraï hizo una versión en francés, Michaël est de retour (1964).

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Folk sin fronteras

folk music
Una de las canciones con que automáticamente asociamos al gigante del folk Pete Seeger, al que rendí homenaje tras su muerte, es If I had a Hammer.
En 1949, Seeger, declarado comunista, escribió junto con Lee Hays esta canción, inspirada en la hoz y el martillo de la antigua bandera soviética. Fue presentada por primera vez el 3 de junio de ese año en Nueva York, en una cena del Partido Comunista de Estados Unidos, que no dejó de llamar la atención del Comité de Actividades Antiamericanas. Seeger fue llamado a declarar y condenado a un año de prisión, aunque la sentencia fue anulada y no pisó la cárcel.
The Weavers, el grupo de Seeger, Hays, Gilbert y Hellerman, la grabó en 1950 con el sello Hootenanny Records. Esta es la versión original con el título The Hammer Song.

Su éxito fue bastante limitado hasta que la grabaron Peter, Paul and Mary en 1962, que llegó al puesto 10 de las listas.

Aún mejor acogida tuvo la versión de Trini Lopez, nacido en Texas de ascendencia hispana, que llegó al número 3. La incluyó en su disco de debut Trini Lopez at PJ’s (1963).

Antes de pasar a otros idiomas, escuchemos la versión country de Johnny Cash y su mujer June Carter.

La popularidad de If I had a Hammer ha traspasado fronteras. Rita Pavone la adaptó al italiano con el título Datemi un martello. Aquí la interpreta en la Raidue en 1964.

Claude François, francés nacido en Egipto, puso voz a Si j’avais un marteau.

¿Alguien sabe búlgaro? Esta versión de Emil Dimitrov se titula Ako Imaj chuk y es de 1968.

El chileno Víctor Jara la convirtió en El martillo en su disco en el álbum Pongo en tus manos abiertas (1969).

En República Checa gustan mucho el folk y el country americano. Kladivo, de Valdemar Matushka, es buena muestra de ello.

Y termino con un vídeo de Pete Seeger en un concierto benéfico en Saratoga Springs, Nueva York, en septiembre de 2013. Faltaban solo cuatro meses para que muriera. Tenía 94 años. Puede que no creyera en Dios. Puede que él fuera Dios.