Whole Lotta Woman. Marvin Rainwater, 1957

whole lotta woman
Hoy os traigo una muestra del mejor rockabilly. El título de esta canción recuerda a la de Led Zeppelin conocida por todos, Whole Lotta Love, que quizá se inspirara en esta para dar nombre a la suya. No sería la primera vez que Led Zeppelin se fijara en un tema anterior para sus composiciones y, sin ir más lejos, la melodía de Whole Lotta Love bebe, tal como reconocieron ellos mismos, del tema You Need Love, de Willie Dixon (1963).
El autor de Whole Lotta Woman, Marvin Rainwater, tenía sangre india en las venas –sus antepasados eran Cherokee–, y, aunque empezó su carrera en el mundo de la música clásica, en el momento en que escuchó a Roy Acuff se decantó por el country, y su característica voz de barítono lo hizo muy popular en la década de los 50.
La canción que nos ocupa salió al mercado en enero de 1958, si bien fue grabada en diciembre del año anterior en los estudios Bradley de Nashville. Rainwater contó para su trabajo con lo más granado de los instrumentalistas country del momento: Hank Garland (guitarra), Grady Martin (guitarra), Floyd “Lightnin'” Chance (bajo), Buddy Harman (batería) y Floyd Cramer (piano). Alcanzó el número 1 en Inglaterra y Rainwater se lanzó de cabeza a una gira por ese país para promocionar el disco.
Esta es la versión original de Marvin Rainwater de 1957.

El grupo británico de rock Johnny Kidd and the Pirates hizo esta versión en 1964.

En la cara B de ese single, versionaron en clave rock Your Cheating Heart, de Hank Williams.

Moe Bandy, el amante de los rodeos

moe bandy
Marion Franklin Bandy, Jr. nació en Meridian, Mississippi, la misma localidad de Jimmie Rodgers, el padre de la música country, en 1944. De hecho, Moe señaló en cierta ocasión: “Mi abuelo trabajaba en el ferrocarril con Jimmie Rodgers. Era su jefe en Meridian y dice que tocaba la guitarra todo el tiempo en el trabajo”.
El padre de Moe era miembro de un grupo country de aficionados, The Mission City Playboys, e intentó inculcar a su hijo el interés por la música y la belleza de la guitarra. Digo “intentó” porque, a la sazón, los intereses de Moe se encaminaban más a los rodeos y no fue hasta bastante más tarde que decidió dedicarse al country, con notable fortuna a partir de la década de los 70.
Cuando dejó atrás su ajetreada vida de competición en los rodeos, fundó un grupo llamado Moe and the Mavericks, con el que solía actuar en los bares con un estilo honky-tonk. En la década de los 60, compaginó su carrera musical con trabajos en el sector privado y, en 1973, se trasladó a Nashville siguiendo los consejos de su productor. Sus primeras canciones causaron sensación y le aseguraron un contrato con GRC Records. Su proyección subió entonces como la espuma y otros estudios empezaron a disputárselo, hasta que firmó con el prestigioso Columbia Records.
En 1979 se asoció con Joe Stampley, con quien grabó algunos dúos de cierto éxito a lo largo de la primera mitad de los 80; y aunque ha seguido trabajando –su último álbum, Lucky Me, es de 2016–, su estrella se ha ido apagando poco a poco. Escuchemos dos de sus mayores éxitos, ambos de 1975.
En primer lugar, uno de sus temas más conocidos, Bandy the Rodeo Clown, una especie de canción autobiográfica en la que el cantante recuerda sus inicios como participante en diversos rodeos, una vida repleta de sinsabores que lo lleva a calificarse como “el payaso de los rodeos”. Escrita por Sanger D. Shafer y Lefty Frizzell, fue incluida en el álbum homónimo de Bandy, Bandy the Rodeo Clown.

Uno de sus ídolos de juventud fue Hank Williams, a quien está dedicada la siguiente canción, obra de Paul Craft. Hank Williams, You Wrote My Life fue una de las primeras canciones que grabó para Columbia Records. La letra contiene numerosas alusiones a temas de Hank Williams como Your Cheating Heart, Moaning the Blues, Cold, Cold Heart

Adiós a un icono de los 90

Mel Tillis Memorial

Ayer nos sorprendía la noticia de la muerte de Daryle Singletary, a los 46 años de edad; oriundo de Georgia, residía en Nashville.

Desde niño, se apasionó por la música country –su primera grabación amateur fue el clásico de Hank Williams Your Cheatin’ Heart, a los doce o trece años–. Debutó en 1995 con su disco Daryle Singletary, al que pertenece I Let Her Lie (uno de sus temas más reconocibles y que pudimos escuchar aquí no hace ni siquiera un mes).

Este álbum fue el inicio de una fértil trayectoria que le abrió un hueco en la gran familia del country. Destinado a revitalizar la música country tradicional, con el cambio de siglo destacó, sobre todo, como cantante de versiones de grandes clásicos del country (sacó tres discos de esta naturaleza). Su último trabajo, American Grandstand, en colaboración con Rhonda Vincent, vio la luz en julio del pasado año.

El 31 de enero, hace un par de semanas, tuvo lugar en el Ryman Auditorium, la sede del Opry, un homenaje al gran Mel Tillis, fallecido en noviembre. Daryle estuvo allí, y hoy, tristemente, él es el centro del homenaje. Escuchemos ya algunas de sus canciones más populares.

A su disco de debut pertenece este Too Much Fun, obra de Curtis Wright y Jeff Knight, que llegó al puesto 4 de la lista Billboard.

Amen Kind of Love apareció en su segundo disco, All Because of You (1996). Trey Bruce y Wayne Tester compusieron esta canción sobre un hombre que ha encontrado el amor de su vida.

Daryle Singletary incluyó The Note en su álbum Ain’t It the Truth (1998). El tema había sido compuesto ya en los años 80 y el primero en grabarla fue Conway Twitty en Don’t Call Him a Cowboy. La letra se centra en la nota de ruptura que le deja su novia al narrador.

Como muestra de su último disco, American Grandstand, escuchemos dos pistas. Primero, el tema homónimo que lo abre y en el que Daryle Singletary canta a dúo con Rhonda Vincent.

Y Slowly but Surely, una canción con aire de country clásico en la que los narradores reconocen que “lenta pero ciertamente” se están enamorando el uno del otro.

La mano derecha de Hank

don helms

No es ninguna novedad que Hank Williams ha sido una de las figuras más definitorias e influyentes de la música country. Pero sería cuando menos injusto no reconocer a las personas que estuvieron detrás de él y que contribuyeron en gran medida a que llegará a ser quien fue.

Sin lugar a dudas, el trabajo de Don Helms a la steel guitar fue esencial en su obra. Donald Hugh Helms nació en 1927 en Alabama. Creció escuchando western swing, concretamente a Bob Wills, cuyo guitarrista Leon McAuliffe ejerció una gran influencia sobre él; y, a los 15 años, adquirió su primera steel guitar. Su carrera despegó cuando Hank Williams lo fichó en 1944 para formar parte de su grupo The Drifting Cowboys como intérprete de la steel guitar. Aunque abandonó el grupo al año siguiente para alistarse en el ejército –R.D. Norred y Felton Pruett lo sustituyeron por un tiempo–, en 1949 volvió a él y se convirtió en su alma. De hecho, aparece en unas 100 grabaciones de Hank Williams y en 10 de sus 11 números 1.

Entre esos hits se encuentran I’m So Lonesome I Could Cry (3 abr 2014), I Can’t Help It If I’m Still In Love With You (26 may 2016), Jambalaya (21 abr 2014, como el vídeo de la canción ya no está disponible lo podéis escuchar aquí), Hey, goodlooking (2 jun 2016) o Your Cheatin’ Heart –su última colaboración con Hank antes de su muerte– (25 abr 2014).

Bill Lloyd, conservador de los instrumentos de cuerda en el Salón de la Fama de la Música Country, declaró tras conocerse la noticia de su fallecimiento: “Después de la quejumbrosa voz de Hank Williams y sus excelentes melodías, en lo siguiente que piensas es en la steel guitar“.

Miembro desde 1984 del Salón de la Fama de la Steel Guitar –como veis, hay un Salón de la Fama para casi todo–, Don Helms nos dejó en 2008 en Nashville a los 81 años de edad.

Tras la muerte de su “mentor” en el año 1953, Helms siguió al pie del cañón y su instrumento engrandeció un montón de clásicos, como Walking after Midnight de Patsy Cline (6 jun 2014), Waterloo de Stonewall Jackson (16 jul 2016) o Long Black Veil de Lefty Frizzell (17 sep 2014).

Entre las canciones que todavía no he comentado en el blog y en las que podemos disfrutar de su arte, citaría Blue Kentucky Girl, de Loretta Lynn, escrita por Johnny Mullins en 1965.

Otro ejemplo es Cash on the Barrelhead, popularizada por The Louvin Brothers en 1956.

A lo largo de su carrera, Don Helms trabajó con figuras del country como Johnny Cash (con quien grabó para la Columbia sus primeros álbumes), Jim Reeves, Ferlin Husky, Webb Pierce, Ernest Tubb o The Wilburn Brothers. Pero su admiración por Hank Williams fue inalcanzable: según recoge Paul Hemphill, autor de una biografía sobre Williams, en sus conciertos, cuando se apagaban las luces, solía decir: “Ahora, cerrad los ojos y pensad en Hank”. Él no dejó de hacerlo y perpetuó su memoria colaborando igualmente con los hijos del cantante, Hank Williams, Jr. y Jett Williams, su hija póstuma.

 

El largo viaje de la noche hacia el día

Cadillac

You’ll cry and cry and try to sleep
but sleep won’t come the whole night through.
Hank Williams, Your Cheatin’ Heart

Tenía dieciocho años, y me pasaba las horas escuchando a Hank. Todos en Alabama nos sabíamos las letras de sus canciones: nos las aprendíamos en el bar de Tim McKenna y las rezábamos al volante de nuestros coches o en el oído de nuestra novia de aquel año, Ronnalee se llamaba la mía. Hank era un vaquero, lo que nosotros, y un poeta, lo que nosotros queríamos ser. Su rostro era el espejo de América: inocente y duro, cordial e impenetrable.
Mi padre conocía a su familia, e incluso alguna vez había hablado con él. Puede que Ronnalee se fijara en mí solo por ese detalle, y no estoy pecando de modesto. Nos habíamos conocido en la universidad, y esquivábamos el silencio de nuestras primeras citas hablando del Grand Ole Opry y del sabor a whisky de fuego que nos dejaron en el paladar los Drifting Cowboys, el grupo que Hank había ya disuelto. Por eso, no solo no me reprochó que le desencajara su agenda con el mandato de mi padre, sino que me recompensó con un beso. Tenía que llevar a Hank Williams a su concierto de Año Nuevo en el Teatro Palace de Canton, Ohio. Una tormenta de nieve le impediría cumplir con sus compromisos en Charleston, Virginia Occidental; pero gracias a mis buenos oficios, y salvo causa de fuerza mayor, mi cliente llegaría a tiempo de entrar en escena al compás del órgano Kilgen, una de las atracciones del Palace.
Mi padre, si no lo he dicho todavía, era dueño de una flota de taxis, y, antes de partir, me suplicó que le devolviera el Cadillac sin un arañazo en su carrocería azul. Podía confiar en mí. Hank podía confiar en mí. Y mi novia también. Tenía dieciocho años, y el mundo era sencillo, puro y confiable, como las canciones de mi ídolo.
Pero no lo era. Me equivocaba.
Aquel viaje envejecí. Tengo la impresión de que cada curva en la carretera me grabó un surco de decepción en la cara y de que cada fogonazo de luz me tiñó una cana en el pelo. Los ojos de Hank brillaban igual que en las fotografías que solía recortar de las revistas, pero su resplandor ya no lo animaban la sed de gloria o el anhelo ingenuo de la fama, sino únicamente el whisky y la morfina. Sus dolores de espalda lo habían convertido en un adicto al alcohol y las drogas. A sus veintinueve años, Williams semejaba un caballo sedado, no el jinete sobre la cabalgadura. Seguía siendo un cowboy, pero era un cowboy herido sobre su silla.
Apenas hablamos. En el silencio de la noche, yo era Caronte en la laguna Estigia y él mi pasajero. De vez en cuando, veía levantarse el ala de su Stetson blanco por el retrovisor y la paloma se echaba al coleto un generoso trago de whisky, fuego y más fuego para apaciguar la tortura de su espina bífida y sus últimos fracasos. Se había divorciado unos meses atrás, y en el Grand Ole Opry su nombre era ya la cuerda rota de su Martin.
Nos detuvimos en Knoxville, Tennessee, para descansar un poco en el hotel Andrew Johnson, el coloso de la ciudad. Con un hilo de voz, me pidió que llamara a un médico, y, cuando este se presentó, le administró vitamina B12 con morfina. No tardamos en ponernos otra vez en ruta, nubes del desierto, pero, a medida que avanzábamos, sentía que el Palace se alejaba cada vez más y que no llegaríamos a tiempo a nuestro destino. A la altura de Bristol, Virginia, le pregunté si tenía hambre y me susurró que no. Lo entendí –los muertos no suelen tener hambre–, pero yo estaba a punto de desmayarme y le sugerí que parásemos un momento en el Burger Bar, a lo que asintió con la cabeza, sin fuerzas, o quizá sin ganas, para pronunciar una palabra más. Devoré una hamburguesa y abrí los ojos con una taza de café bien cargado.
Llegó el amanecer a la ciénaga en que nos desplazábamos, y fue como una caricia que nos limpiara el barro de la noche. El cielo le devolvió su color al Cadillac de mi padre, y yo respiré aliviado, porque “solo” quedaban cuatrocientos kilómetros y tenía una jornada por delante para cubrirlos. Si la máquina se portaba bien, Hank podría descansar unas horas en el hotel antes de su improbable apoteosis en el Palace.
Mi honor –el honor de los Carr– estaba a salvo.
Juro que pensé: “Está durmiendo”, y no me chocó que su sueño fuera tan profundo y largo. La gente duerme por la noche, incluso los muertos, pero ¿qué hay de los muertos que siguen durmiendo al amanecer? Lo llamé, al principio en voz baja y luego más alta, pero no reaccionó. Frené en la primera gasolinera que vi para pedir ayuda, salí del asiento y le tomé el pulso para cerciorarme de lo que era ya evidente. Cuando se acercó el empleado, le dije: “Es Hank Williams. Está muerto”. Él se ocupó de informar a la policía.
Nunca quise hablar de su muerte con nadie. Amaba su música, pero no era su albacea testamentario. Guardé silencio hasta que mis pasos me llevaron un día, mucho tiempo después, al Burger Bar de Bristol, y vi que habían puesto a los platos el nombre de sus canciones. Le pregunté al camarero por la hamburguesa Your Cheatin’ Heart, y me contó que la hacían con una salsa secreta, chiles verdes, champiñones salteados, cebolla y queso.
Salí de allí, y lloré y lloré, y es cierto que el sueño no llegó en toda la noche, pero sí al amanecer. Entonces, y solo entonces, se me ocurrió contarlo todo –el largo viaje de la noche hacia el día–, para que todos lo supieran.

Hank con otros ojos

hank wiliams cover
La música country, y en particular el honky-tonk, le debe mucho, si no todo, a Hank Williams. Su importancia es tal, que incluso puede presumir de haber “inventado” el rock and roll con su primera canción, Move It On Over (1947).
Mucho se ha estudiado ya su figura, así que, para no ser repetitivo, me voy a centrar en las versiones que otras leyendas del country han ejecutado de clásicos suyos como Jambalaya, I saw the light, Howlin’ at the Moon y otros.
En 1978, para conmemorar el 25 aniversario de su muerte, el sello Mercury Records publicó una recopilación de 40 grandes éxitos del cantante: algunos de esos hits aparecerán hoy aquí pero, como he señalado, en la voz de otros cantantes como Johnny Cash, Patsy Cline o Willie Nelson.
Williams nació en 1923 en Alabama. Sufría de la espalda –espina bífida–, lo que le ocasionó graves dolencias a lo largo de su vida. De hecho, murió el día de Año Nuevo de 1953 a los 29 años de edad, por el abuso de calmantes para mitigar esos dolores. Falleció de camino a un concierto en Canton, Ohio, al que lo llevaba el estudiante Charlie Carr. En el trayecto pararon para visitar a un médico que le puso la inyección que presuntamente fue la causa última de su muerte.
Su carrera no fue, pues, excesivamente larga, pero sí muy fructífera –se conservan más de 200 grabaciones suyas en cinco años–. En 1947 le dio la mano al éxito, y ya nunca le abandonó.
Lovesick Blues, escrita por Friends y Mills en 1922 para el musical Oh, Ernest, fue revitalizada por Williams en una versión de 1949. Escuchémosla aquí en la voz de Patsy Cline, otra cantante que también falleció muy joven, a los 30 años. Esta versión es de 1960.

My Bucket’s got a Hole in it. También de 1949, fue escrita, como la anterior, unos años antes. Un joven Ricky Nelson –tenía 18 años cuando la versionó– la incorporó a su repertorio en 1958.

Como dije al principio, el rock, que eclosionó a partir de la segunda mitad de los 50, bebe en parte de Move it On Over, que se adelantó a su tiempo. Escuchemos aquí la versión de George Thorogood and the Destroyers (1978) en su disco Move It On Over.

I’m so lonesome I could cry (1949) es, en palabras de Elvis, “una de las canciones más tristes que he oído”. He aquí la interpretación de Johnny Cash de 1960, en su disco Now there was a song.

Os dejo ahora con la de Mr. Presley en el concierto que ofreció en Hawai en 1973.

Ahora es el turno de uno de los grandes de la música country, George Jones, quien en 1960 versionó este Howlin’ at the Moon.

Jambalaya. Estamos ante una de las canciones más versionadas de Hank Williams. Fue escrita y grabada por él mismo en 1952, tomando como inspiración la jambalaya, un plato a base de arroz y marisco de la cocina cajun. En 1973, y tras abandonar el legendario grupo CCR, John Fogerty grabó su primer disco en solitario con el título The Blue Ridge Rangers.

Como no podía ser de otra manera, el citado Elvis versionó numerosos temas de Hank Williams, entre ellos el archiconocido Your Cheatin’ Heart. Esta grabación, de 1958, no vería la luz hasta 1965; y había sido escrita por Williams en 1952, tras divorciarse de su primera mujer, Audrey Sheppard, el “corazón infiel” de la composición.

Termino la entrada con una versión de I saw the light, con la que Hank Williams solía terminar sus conciertos. Fue una de las primeras que grabó, en 1947, aunque no salió al mercado hasta el año siguiente. Willie Nelson y Leon Russell hicieron una excelente versión en su disco de 1979 One for the Road.

River of Country cumple 500 entradas

500
Tras poco más de un año y medio en la blogosfera, hoy publico la entrada número 500 de River of country; y qué mejor que brindaros una entrada especial para la ocasión, de esas que suben el tráfico, suscitan polémica y promueven sanos intercambios de pareceres o bien amenazas de muerte.
He aquí la lista de las listas. ¡Os presento las 10 mejores canciones de la música country! Lógicamente, la selección no ha sido tarea fácil, ya que, como todas las listas, esta es subjetiva y siempre es “doloroso” tener que dejar fuera a clásicos inolvidables.
Para intentar acotar algo el repertorio, y dar cabida a más artistas, me he limitado a una canción por intérprete. Todas han aparecido ya en algún momento en este blog, así que, para escucharlas y recabar más información sobre las mismas, os remito al correspondiente enlace.
La cuenta atrás ha comenzado…
10. Amarillo by morning. Esta canción situó la localidad de Amarillo (Texas) en el mapa. Aunque fue escrita en 1973, la versión más conocida es la de George Strait (1983).
https://riverofcountry.wordpress.com/2015/02/11/amarillo-by-morning-terry-stafford-1973/
9. Friends in Low Places. Escrita en 1989 y publicada en 1990, supuso la eclosión de la carrera de Garth Brooks.
https://riverofcountry.wordpress.com/2015/06/15/friends-in-low-places-dewayne-blackwell-y-earl-bud-lee-1989/
8. Your cheatin’ heart. No podía faltar Hank Williams, de quien he escogido una de las últimas canciones que grabó en vida, en una sesión del 23 de septiembre de 1952.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/04/25/your-cheating-heart-hank-williams-1952/
7. Mama tried. Uno de los temas recurrentes en la música country es el carcelario; esta canción de 1968 constituye el mejor ejemplo.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/11/24/mama-tried-merle-haggard-1968/
6. Coat of many colors. En numerosas ocasiones, Dolly Parton ha declarado que este tema, escrito en 1969 y publicado dos años más tarde, es su canción preferida entre todas las suyas.
https://riverofcountry.wordpress.com/2015/01/19/coat-of-many-colors-dolly-parton-1971/
5. Can the Circle Be Unbroken. A. P. Carter, el patriarca de la familia Carter, se sirvió de la melodía de un antiguo himno religioso de comienzos del siglo XX para este tema de 1935.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/01/11/can-the-circle-be-unbroken-carter-family-1935/
4. He stopped loving her today. Una de las mejores baladas country de amor es esta de George Jones. Original de 1980, sonó en el funeral del maestro en 2013.
https://riverofcountry.wordpress.com/2015/05/11/he-stopped-loving-her-today-bobby-braddock-y-curly-putman-1980/
3. The Gambler. Aunque fue la tercera versión –tras las de su propio autor Don Schlitz y Bobby Bare–, la de Kenny Rogers, de noviembre de 1978, es sin duda la más conocida. https://riverofcountry.wordpress.com/2015/04/27/the-gambler-don-schlitz-1978/
2. Crazy. Willie Nelson no aparece en esta lista como cantante –¡no podían estar todos!-, pero sí como compositor de este espléndido tema de 1961.
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/09/22/crazy-willie-nelson-1961/
1. I walk the line. El primer puesto lo ocupa el primer número 1 de Johnny Cash de su carrera (1956).
https://riverofcountry.wordpress.com/2014/05/26/i-walk-the-line-johnny-cash-1956/