Un gran paso para Zager y Evans

in the year
Estos días hemos escuchado y escucharemos muchas noticias relacionadas con el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna. En River of Country también nos sumamos a estas conmemoraciones y nos detenemos en la canción que más sonaba aquel 21 de julio de 1969.
Como no podía ser de otra manera, se trataba de una canción futurista y de carácter distópico, In the Year 2525, subtitulada como Exordium and Terminus (Principio y Fin). El momento en que salió a la luz no pudo ser más apropiado, ya que aprovechaba el tirón que le brindaban los acontecimientos. Aquel fue, sin duda, el año de la ciencia ficción: pegaron con fuerza las películas 2001: Una Odisea del Espacio y El planeta de los Simios, y David Bowie arrasó con Space Oddity.
La canción que nos ocupa fue escrita en 1964 por Rick Evans, uno de los miembros del dúo. Tras no pocos problemas de financiación, consiguieron, al final, un pequeño préstamo para grabarla y produjeron su propio single, que publicaría el modesto sello Truth Records en 1968.
Su trabajo pasó casi desapercibido hasta el año siguiente, cuando el todopoderoso RCA Records se fijó en el dúo, de modo que Denny Zager y Rick Evans, dos amigos que se habían conocido en la universidad de Nebraska, constituyen un claro ejemplo de one-hit wonder, un grupo de un solo éxito. Su siguiente single no despegó y el dúo se rompió en 1971.
Vamos a fijarnos ahora en la lúcida letra de este tema, que predice una serie de situaciones que estamos viviendo mucho antes de 2525. In the Year 2525 habla del progresivo aislamiento del ser humano y de cómo la tecnología se adueña de nuestras vidas. He aquí la letra traducida:
En el año 2525,
si el hombre está vivo,
si la mujer sobrevive
esto encuentran:

En el año 3525
no tendrás que preocuparte por decir la verdad y por no decir mentiras,
todo lo que pienses, hagas o digas
estará en la píldora que tomaste hoy.

En el año 4545
no necesitarás los dientes, no necesitarás los ojos,
no habrá nada que mascar
ni nadie te mirará.

En el año 5555
los brazos te caerán ociosos,
las piernas no tendrán nada que hacer,
alguna máquina lo hará por ti.

En el año 6565
no necesitarás marido, no necesitarás mujer,
escogerás a tus hijos y a tus hijas
del fondo de un tubo de cristal.

En el año 7510
si Dios viene –debería conseguirlo para entonces–
mirará a su alrededor y dirá:
“Creo que es tiempo del Juicio Final”.

En el año 8510
Dios sacudirá su cabeza poderosa
Y o bien dirá: “Estoy complacido con dónde ha llegado el hombre”,
o bien lo destruirá todo y empezará de nuevo.

En el año 9595
me pregunto si el hombre seguirá vivo:
se ha llevado todo lo que la Tierra puede dar
y no le ha devuelto nada.

Ahora han pasado 10.000 años.
El hombre ha llorado un billón de lágrimas
por algo que nunca ha sabido.
Ahora el reinado del hombre ha terminado 

A través de la noche eterna
el brillo de las estrellas muy lejanas
dice que quizá solo ha sido ayer.

Esta es la grabación original de In the Year 2525, de Zager y Evans. El vídeo está convenientemente acompañado por imágenes de un clásico de la ciencia ficción, Metrópolis (1927).

El mismo año que triunfaban Zager y Evans, el cantante country Nat Stuckey la versionaba en New Country Roads.

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Rhiannon Giddens, un tesoro escondido

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Hace poco más de un mes Manuel Cerdà, uno de los más fieles seguidores de este blog, se mostraba entusiasmado por haber descubierto a Rhiannon Giddens y me sugería dedicarle una entrada. Pues vamos a ello, no sin antes animaros a visitar su blog https://manuelcerda.com/
Giddens, a sus poco más de 40 años, se ha convertido por derecho propio en una de las figuras más interesantes del panorama musical, ya sea en el folk, el blues, el soul, el jazz, el bluegrass o el género que se le ponga por delante. A los 20 años decidió estudiar ópera en el conservatorio Oberlin. Se dio a conocer con el grupo de folk Gaelwynd, y alcanzó mayor visibilidad todavía con otra formación del mismo estilo, Carolina Chocolate Drops, con la que sacó varios discos, el más conocido de los cuales fue Genuine Negro Jig (2010), Grammy al mejor álbum folk. Aquí destacó tocando el banjo y el fiddle. Más tarde emprendió una carrera en solitario que hasta ahora ha alumbrado tres discos: Tomorrow is My Turn (2015), Freedom Highway (2017) y There’s No Other, este último en colaboración con Francesco Turrisi, que vio la luz el pasado mes de febrero.
De su primera etapa, escuchemos Raggle Taggle Gypsies, versión de una canción folk escocesa que Giddens incluyó en Northern Lights (2005).

De su etapa con Carolina Chocolate Drops, podemos disfrutar de Your Baby Ain’t Sweet Like Mine, perteneciente al citado Genuine Negro Jig.

Su primer trabajo en solitario, Tomorrow is My Turn, lleva por título la adaptación al inglés del tema de Charles Aznavour L’amour c’est comme un jour, que ya cantara Nina Simone en 1975. Esta es la versión de Giddens.

Aquí tenéis a Charles Aznavour.

En 2017 llegó Freedom Highway, al que corresponde Birmingham Sunday, inspirada en la matanza perpetrada por el Ku Klux Klan en 1963 en un iglesia baptista de esa ciudad de Alabama.

We Could Fly fue escrita por Rhiannon Giddens y Dirk Powell.

También en su segundo trabajo en solitario está incluido At the Purchaser’s Option, el lamento de una mujer esclava: “Puedes tomar mi cuerpo, puedes tomar mis huesos, puedes tomar mi sangre pero no mi alma”, dice el estribillo.

Vamos a escuchar, finalmente, dos muestras de su último trabajo, There is No Other, quizás uno de los mejores discos que han aparecido este año. Empezamos con I’m On My Way.

A esta última obra también pertenece su versión de Wayfaring Stranger. Este clásico del folk parece haberse originado en el siglo XIX. La letra habla del accidentado viaje que es la vida. Un forastero que va por esta tierra de aflicción se dirige hacia su hogar celestial, un mundo donde no hay enfermedad, fatigas ni peligros.

Así se despidió del mundo Hank Williams

the log train
La última canción de la que se tiene constancia que escribió Hank Williams, semanas antes de su muerte, estaba dedicada a su padre, así que os voy a hablar un poco de él.
Elonzo Huble Williams, conocido por todos como Lon, nació en 1891. A los 24 años se casó con Jessie Skipper Williams, de solo 18 años. Cuando la Primera Guerra Mundial estaba a punto de acabar, fue llamado a luchar a los campos de Francia, donde sufrió una herida en la cabeza que le dejó secuelas no solo físicas sino también psicológicas: fue afectado por un mal muy común entre los soldados de la PGM, neurosis de guerra, e ingresado durante varios años. A la vuelta a Alabama, empezó a trabajar en una compañía de ferrocarril, en trenes que transportaban madera, y tuvo tres hijos. El menor de ellos fue Hank Williams, nacido en 1923.
Cuando Hank tenía seis años, la enfermedad de su padre se había agravado, y se manifestaba, además, en una parálisis facial, fruto de sus heridas de guerra. Entonces su mujer le internó en un hospital para veteranos, donde permaneció hasta 1938, por lo que Hank pasó gran parte de su infancia alejado de su padre. Aunque no convivieron juntos mucho tiempo, la figura paterna sí que ejerció una cierta influencia sobre él.
Por ejemplo, una de sus canciones de juventud –que no llegó a ser publicada– lleva por título I Wish I Had a Dad; y en esta que vamos a escuchar, The Log Train, rinde homenaje a la figura de su padre y a sus recuerdos de niñez, cuando este trabajaba en el ferrocarril. Llama la atención el sonido folk de la canción, en lugar del característico sonido country que era su seña de identidad. Según las notas que acompañan al recopilatorio Hank Williams: The Original Singles Collection (1990), esta fue la última canción que cantó en vida, en una reunión privada en las Navidades de 1952 (recordemos que murió el 1 de enero de 1953).
En la letra, Hank recuerda con nostalgia a su padre y termina diciendo: “Cuando vaya al cielo para quedarme siempre, escucharé el silbato del tren maderero”.
Aquí tenéis a Hank Williams interpretando The Log Train.

El grupo Girls, Guns and Glory hizo una espléndida versión en A tribute to Hank Williams Live (2015).

JAZZ con mayúsculas

take five
1 de julio de 1959. Tal día como hoy, hace 60 años, tuvo lugar una grabación histórica.
Hoy no vamos a hablar de country sino de jazz, aunque también acogeremos alguna versión realizada por figuras del country, sobre todo de bluegrass.
Esta es la historia del que se convertiría contra todo pronóstico en el single más vendido de la historia del jazz. Me refiero a Take Five, un tema escrito en un ritmo muy inusual para el jazz, 5/4, cuando lo normal es el de 4/4; y de ahí que el tema se llame Take 5.
Quizá el secreto de su éxito fuera que el disco en que apareció, Time Out, fuera “para todos los públicos” y no solo para los amantes recalcitrantes del jazz. El disco se grabó en tres sesiones –25 de junio, 1 de julio y 18 de agosto– y el tema en cuestión en la segunda. Se registró en los estudios de la Columbia en Nueva York, que, por cierto, estuvo a punto de no dar su visto bueno al trabajo, porque sus directivos no acababan de ver su potencial.
Take Five fue escrito por Paul Desmond, el saxofonista del cuarteto de Dave Brubeck, que fue quien la grabó por primera vez; y fue, de hecho, la única pieza del disco que no escribió el propio Brubeck. Al morir en 1977, Desmond legó los derechos de sus composiciones a la Cruz Roja que, desde entonces, ha estado ingresando gracias a Take Five unos 100.000 dólares anuales. En 2005, la Biblioteca del Congreso la eligió como una composición digna de ser preservada y recientemente fue incluida en el libro Los 1001 álbumes que debes escuchar antes de morir.
La grabación ha aparecido incontables veces en el cine y en la televisión, por ejemplo en Misterioso asesinato en Manhattan y Poderosa Afrodita, ambas de Woody Allen, o en series como Los Soprano o Los Simpson.
Escuchemos primero la versión original de Dave Brubeck.

Chet Atkins la tocó a la guitarra en su disco Alone (1973).

Escuchemos otra versión a la guitarra, obra de Tommy Jones.

La interpretación cantada de Carmen McRae fue tremendamente popular en los 60. Pertenece al disco Take Five Live (1961).

También el bluegrass se ha fijado en esta composición. El grupo String Cheese Incident la grabó en su disco Carnival ’99 (1999).

El virtuoso del banjo Ned Luberecki la incluyó en Take Five (1994).

Vamos ahora con un grupo de bluegrass japonés, Bluegrass 45. En su disco de debut, Run Mountain (1970), aparecía este clásico.

El grupo New York Ska Jazz Ensemble hizo un singular arreglo del tema en su álbum Step Forward (2008).

Por último, terminamos con Tito Puente, uno de los mayores representantes del jazz latino.

El Hank japonés

hank sasaki
Os presento a Masataka Sasaki. Nacido en 1937 en Fukuoka, capital de una de las islas del archipiélago japonés, desde niño empezó a interesarse por la música country que provenía de Estados Unidos, algo muy chocante en su país, ya que, a la sazón, ambas naciones eran enemigas. Cuando su afición llegó a oídos de los soldados norteamericanos destinados en la isla, le apodaron Hank, y con Hank se quedó como nombre artístico. De hecho, solía decir que éste fue uno de sus primeros ídolos musicales. En 1989 se trasladó a vivir a Nashville, donde empezó a ser conocido también como El cowboy japonés, y falleció en 2015. Escuchemos ya algunos de sus temas.
En 2007 escribió una canción de corte autobiográfico, dedicada a sus grandes influencias, aquellas que le animaron a emprender una carrera en este género: el citado Williams, Lefty Frizzell o Slim Dusty, un cantautor country australiano. Su título: Hank, Lefty, Slim Dusty and Me.

Vamos ahora con su adaptación de un conocidísimo clásico del góspel, Amazing Grace, un tema que se remonta al siglo XVIII. El narrador no puede más que agradecer su vida a la “sublime gracia que salvó a un desdichado como yo”.

Utilizando la misma melodía que el primer tema que escuchamos, Sasaki compuso Thank God for Country Music.

Coming Home (2014) pertenece a su último disco, del mismo nombre.

My Sweet Love Ain’t Around es una de las primeras canciones que grabó Hank Williams en noviembre de 1947. Aquí, su “homólogo” japonés hace su propia versión. En la letra, el protagonista se lamenta de que, ahora que su amor no está, la vida haya perdido toda la alegría para él.

Jimmie Rodgers consiguió un gran éxito en 1928 con T for Texas, T for Tennessee, hasta el punto de que se puede decir que el country nació con él. Hank Sasaki recuperó la melodía y la rebautizó como T for Tokyo, T for Tennessee. Aquí lo vemos en el café Lone Star de un barrio tokiota.

Al igual que hizo su maestro con el Jambalaya, uno de los platos más tradicionales de Alabama, el “otro” Hank cantó al Sukiyaki, una delicia de la gastronomía nipona; y lo hizo alternando en su letra el japonés con el inglés.

Los Cheyenes. El ritmo del garaje. José Miguel Gala, 2019

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En diciembre del pasado año dábamos cuenta en este blog de un libro de José Miguel Gala sobre Townes van Zandt. Pues bien: el mismo autor publica ahora otra obra sobre un grupo de rock español, Los Cheyenes, del barrio barcelonés de Poble Sec, compuesto por los hermanos Roberto y Joselín Vercher (guitarra solista y bajo, respectivamente), José María Garcés (guitarra rítmica y coros) y Ramón Colom (batería).
El sonido de esta formación bebía de las bandas de rock británico de renombre en los años 60, como The Kinks o The Hollies. Su trayectoria fue breve –su gran momento discográfico estuvo comprendido entre 1965 y 1967–, pero en los tres EPs y dos singles que grabaron dejaron la impronta su buen hacer musical. Hoy, son un grupo de culto entre los aficionados al beat, al garaje, al sonido sixties, al R&B, etc.
El libro de Gala no es muy extenso –apenas 80 páginas–, y la verdad es que nos quedamos con ganas de más. Los Cheyenes fueron muy buenos, y el autor también lo es. Cuenta con un prólogo de Mike Stax, que edita la revista Ugly Things, fundada en 1983, y un epílogo de Alejandro Díez, Alex Cooper, quien ha estado al frente de los grupos Cooper y Los Flechazos.
El trabajo se adereza con abundante material documental, como fotos, afiches, recortes de prensa…, todo ello cortesía de Joselín Vercher, uno de los fundadores de la banda, y la tirada, ¡daos prisa en comprarlo!, es de solo 100 ejemplares.
Escuchemos primero uno de los grandes éxitos de Los Cheyenes, Válgame la Macarena, que fue grabada poco después del famoso Flamenco de Los Brincos. El tema pertenece a su primer EP, que apareció en 1965.

Otra muestra de su talento es No pierdas el tiempo, que apareció en un EP al año siguiente.

Aquí tenéis varias muestras del numeroso material gráfico con que cuenta la obra (cortesía de Joselín Vercher).

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Hank de gira por Europa

nov 49 Welcomes WSM’s Grand Ole Opry at Neubiberg Air Base
En la actualidad raro es el músico –y no hablo solo de country– que puede prescindir de las giras para promocionar su carrera. Pero, por razones económicas, esto antes no funcionaba así, y lo anómalo era que un artista se pudiera permitir el lujo de salir de las fronteras de su mercado natural para ampliar su público. Pues bien: hasta en esto Hank Williams fue un pionero.
En noviembre de 1949, el Grand Ole Opry realizó su primera gira internacional y Williams, que se había incorporado a su nómina en junio de aquel año, participó en ella. Era un valor seguro: la noche de su debut en el Opry, y aplicando la inflación correspondiente, hizo ganar más de 10.000 dólares de 2019 a WSM, la empresa propietaria de la institución.
Según la carta de invitación de las Fuerzas Aéreas Americanas, en la gira participaron 29 figuras de la música country, entre ellas Red Foley (Clyde Foley), Minnie Pearl (Ophelia C. Cannon), Little Jimmy Dickens (James C. Dickens), Roy Acuff y el propio Hank, que aparecía registrado como Hiram Williams, su verdadero nombre.
La gira, cuyo objeto era entretener al personal de la Fuerza Aérea estadounidense, se prolongó 30 días y tocó suelo alemán, británico y de las islas Azores. No cabe duda de que 1949 fue un año memorable para Hank: en mayo, nació su primer hijo, Hank Williams, Jr.; en junio consiguió el sueño de su vida, entrar en el Grand Ole Opry; y, en noviembre, visitó Europa por primera y única vez en su vida.
Escuchemos la grabación para la radio –la televisión todavía no había despegado y carecemos de imágenes del evento– de Move It On Over, el 18 de noviembre en Berlín. La canción, editada en 1947, habla en clave de humor de un hombre a quien su mujer ha echado de la cama y le pide al perro que se haga a un lado para poder dormir junto a él.

En la presentación al fragmento radiofónico anterior, Hank era presentado como el chico del Lovesick Blues, título de una canción que éste había grabado a finales de 1948 y que, tras su aparición en febrero de 1949, se convirtió en uno de sus mayores éxitos. Aquí la tenéis.

Pocos días antes de esta gira, vio la luz uno de sus temas más emblemáticos, I’m So Lonesome I Could Cry (“una de las canciones más tristes que he oído nunca”, diría años después Elvis Presley), que grabó el 30 de agosto en Ohio. Escuchémosla.

Blaze, el outlaw country llega al cine

 

blaze foley
El próximo 24 de mayo se estrenará en España un biopic (#BlazeFilm) sobre Blaze Foley –cuyo nombre real era Michael David Fuller–, un artesano de la música country relativamente desconocido en España. Buen amigo de Townes van Zandt y admirador de Red Foley, tomó de éste su nombre artístico.
película, dirigida por Ethan Hawke, llegará a la gran pantalla de la mano tanto de Twelve Oaks Pictures (#12oakspictures) como de Elamedia Estudios (@elamedia) y está protagonizada por Ben Dickey, quien da vida al músico, y Alia Shawkat, que interpreta a su pareja, Sybil Rosen. Los papeles secundarios corren a cargo del ganador del Oscar Sam Rockwell, Charlie Sexton –como Townes Van Zandt– y Kris Kristofferson, en el papel del padre de Blaze.
Basada en el libro de memorias Living in the Woods in a Tree: Remembering Blaze, de Sybil Rosen, la cinta recrea la intensa vida de Foley desde su infancia en San Antonio (Texas) hasta su prematura muerte, a la edad de 39 años, en 1989, fecha en la que salió al mercado su disco más popular, Live at the Austin Outhouse (And Not There).
La película aspira a descubrir al gran público la figura de un gigante de la música y cuenta con una excepcional banda sonora que, sin duda, entusiasmará a los amantes del country y a los que todavía no lo son. Escuchemos algunos de los temas más inolvidables de este artista.
Una de las primeras canciones que escribió fue If I Could Only Fly (1977), que lanzó en single dos años después.

Otros dos grandes del outlaw country, Willie Nelson y Merle Haggard, la grabaron a dúo en Seashores of Old Mexico (1987).

Clay Pigeons pertenece al citado disco Live at Austin Outhouse.

John Prine versionó esta canción en Fair and Square (2005).

En Estados Unidos la película se estrenó en enero de 2018 en el festival de Sundance y, como parte de la promoción, el actor que encarna a Blaze Foley, Ben Dickey, nos regaló su propia versión del tema.

De viaje con el country

car trainplane
Como su propio nombre indica, la música country es música de campo y la mejor forma de explorarlo es haciendo un viaje, un concepto muy recurrente en este género, como vamos a ver en este repaso a esas canciones en las que el viaje, ya sea por carretera o en otro medio de transporte, desempeña un papel fundamental.
Empezamos con una canción de Willie Nelson, On the Road Again (1980), que ganó el Grammy a la mejor canción country al año siguiente. Willie la compuso para la banda sonora de Honeysuckle Rose, de Jerry Schatzberg. Su letra constituye una invitación en toda regla a ponerse en camino: “En la carretera otra vez, yendo a sitios en los que nunca he estado, viendo cosas que puede que no vea más, no puedo esperar para echarme a la carretera”.

John Denver compuso Take Me Home, Country Roads en 1971. Aquí habla de su deseo de que las carreteras comarcales le lleven a su casa en Virginia Occidental. Con más de un millón y medio de copias, se ha convertido en una de las canciones más conocidas de Denver.

Alabama Song, de Allison Moorer, habla de la importancia no ya del viaje como objetivo último, sino de las personas que nos acompañan en él. “¿Vas a Alabama? Me gustaría ver el Golfo de México. Si vas, llévame contigo. Pero si vas a California, está bien, cualquier sitio vale. Supongo que lo único que quiero es ir contigo”.

En 1964, Roger Miller grabó King of the Road, acerca de un vagabundo (“un hombre de medios sin ningún medio”) que ha hecho del movimiento su forma de vida, y a quien el ingenio de que hace gala le ha valido el sobrenombre de “rey de la carretera”.

En Leaving on a Jet Plane, también de John Denver, el viaje se hace más por obligación que por placer. El protagonista se despide de su amada antes de coger un avión que le separará de ella.

La canción que traigo a continuación, I’ve Been Everywhere, fue escrita en 1959 por Geoff Mack y popularizada tres años más tarde por Hank Snow. Un hombre que hace autoestop inicia una conversación con el tipo que le ha recogido, enumerando las ciudades por las que ha pasado.

Hemos escuchado varios ejemplos de canciones de carretera y otro de un viaje en avión. ¿Qué tal si nos montamos en el tren? 500 miles es un tema folk de autoría desconocida que fue popularizado a raíz del revival del folk en los años 60 del pasado siglo. En este lamento, el protagonista emprende un viaje en tren que le aleja 500 millas de su casa y se siente nostálgico por volver a ella. La primera grabación que se conserva es la de The Journeymen (1961).

Y, cómo no, no podía faltar en nuestro viaje una de las canciones más famosas de Johnny Cash, Folsom Prison Blues. Un recluso de esta prisión oye desde su celda el silbato del tren y envidia la libertad que deben sentir los viajeros que van en él.